Audrey te regala un par de guantes

"Sometimes dreams come throot", dijo Garci cuando recibió su Oscar. Y es verdad. Audrey Hepburn reaparecio en tu vida y te mando un par de guantes...

“Sometimes dreams come throot”, dijo Garci cuando recibió su Oscar. Y es verdad. Audrey Hepburn reaparecio en tu vida y te mando un par de guantes…

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La vida es un descubrimiento constante. A los dieciséis  años comprendiste que Menéndez Pelayo era algo más que una calle ancha que bordea El Retiro por el lado este  y empalmaba con  General Mola. Don Marcelino era un señor orondo y barbado que aparecía en el Díaz- Plaja, tu manual de literatura, que le cuadraba como prototipo de sabio. El sabio acababa en la calle Alcalá y daba paso al soldado, que seguía su camino hacia el note de Madrid.

A  Mola  le apeó del callejero la democracia, por haber sido el director  del golpe militar del 18 de julio y el jefe del Ejército del Norte. La gente nos quedamos siempre con el detalle más importante de las biografías, sin caer en la cuenta de que estas a veces pasan por alto guiños curiosos y desconcertantes. Hace poco leíste que el generalote de gafas de culo de vaso –debía de sufrir miopía-, además de dirigir las operaciones militares con mano de hierro, oh paradojas, se entretenía en fabricar juguetes de invención propia, y además dejó escrito un manual de ajedrez. O sea, que su temible personalidad escondía también una cuota de inocencia y, como se le supone a todos los  pomares, fischeres y karpoves de este mundo, de culto a la inteligencia. Quién lo diría.

El sabio santanderino en cambio resultaba menos contradictorio. Un extravagante plan de estudios del  momento (todos los planes de estudios, por uno u otro motivo, acaban siéndolo) había decidido que el  curso  Preuniversitario con el que te despedías del colegio se dedicara a temas nonográficos. Mira que te gustaba ya literatura, y que hay talentos en los que podías haber puesto tu atención con el mayor interés. Pero alguna lumbrera del Ministerio de Educación Nacional decidió que te olvidaras de todo y  estudiaras en profundidad la figura del polígrafo don Marcelino Menéndez y Pelayo, y en especial su Historia de las ideas estéticas, que es justamente el tipo de apasionante libro de bolsillo que un chico de dieciséis años se lleva a la cama como lectura preferida. Qué rollo de curso. Sólo aprendiste que aquel ilustre era un lector infatigable, que orilló el amor –aunque las malas lenguas le acusaran de putero- porque le quitaba tiempo para la lectura, y que sintiéndose ya cerca de la muerte se lamentaba así de la vita brevis.

 –¡Qué pena morirme, cuando me queda tanto para leer!

Vamos, que lo leía todo.

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Tú no has leído tanto, a pesar de que la televisión apareció en tu vida cuando ya no eras un impúber. Pero eres un ratón de diccionario, un tipo que desde hace muchos años, cuando no entiendes una palabra tiras de él y te ilustras para comprenderla. Y tienes memoria para recordar donde hallaste aquella palabra enigmática que te llevó al diccionario. Descubriste barboquejo en El candor del padre Brown, de Chesterton, la  palabra teso en alguna novela de Delibes, borborigmo en Contrapunto de Huxley y metempsicosis en alguno de las sesudas páginas de don Marcelino. Sabes lo que estos vocablos raros significan  porque te fastidia desconocer las múltiples palabras que uno emplea diariamente a humo de pajas. Y no recuerdas a cuento de qué fue, pero sí que metempsicosis es la doctrina según la cual las almas, después de la muerte transmigran a otros cuerpos.

Tal vez fuera eso, la metempsicosis, lo que necesitabas para explicar ese extraño suceso o ese pequeño y maravilloso milagro que te aconteció hace sólo unos días.

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Vas contando tu vida post tumoren porque piensas que puede ser una terapia más para el regreso a la normalidad. En esa normalidad de cabeza poco ordenada, ya lo contaste, perdiste un guante en el autobús. Le añadiste a la historia, completamente banal, algo de sal y pimienta de propia Minerva. ¿Por qué no podría haberlo encontrado una dama encantadora? ¿Por qué no podía ser esta tu adorada Audrey Hepburn, que veinte años después de su muerte, sigue siendo una inmortal?…

Hace poco leíste una novela de Juan José Millás titulada El mundo en la que el autor recordaba haber paseado en su infancia por un barrio donde se cruzaba con los muertos, como si estos siguieran gozando de buena salud y salieran de sus tumbas a tomar el fresco. El niño de El sexto sentido, película que alcanzó mucho éxito, veía muertos como quien contempla el vuelo de una mosca, y no digamos los niños de Los otros. De cuando en cuando el hombre se fatiga de racionalidad, y le da por crear mundos en los que la frontera entre la vida y la muerte se desdibuja. Tanto, que casi acabamos creyéndonoslo. La ciencia tampoco se duerme por buscar lo imposible. Lo último que te ha sorprendido en este sentido es que hay un científico que está dispuesto a embarazar a una mujer –robusta y de anchas caderas la tiene que buscar- con espermatozoides obtenidos no se sabe cómo para que nazca de su vientre ese homo sapiens con cara de bestia que hasta ahora sólo conocíamos en su versión digital.

Tu historia podría ser un caso de esos, o incluso de metempsicosis. Pero queda más bonito interpretarla como si fuera un cuento de aquellos que convertía en películas inolvidables Frank Capra.

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Pues a los dos días de subir el post del guante perdido, un mensajero se personó en tu palomar y te hizo entrega de un gran sobre. Lo abriste y encontraste en su interior una fotografía de 42 x 30 de la mismísima Audrey mirándote fijamente a los ojos, como si viniera  a tu casa para ajustar todas las cuentas sentimentales pendientes contigo desde hace tantos años. No era su mirada lo único que te impresionaba. La foto venía envuelta en un papel de celofán transparente, que sujetaba contra el papel, cruzados sobre los delicados hombros de aquel ángel inmortal, dos guantes de piel para hombre junto con este escueto mensaje:

Un beso

                                             Me los encontré…¡¡en el metro!!

Te acordaste de la frase de José Luis Garci cuando recibió su Oscar y quiso agradecerlo con su desastroso acento inglés de la calle de Narváez: Dreams sometimes come trooth. Te quedaste pasmado, maravillado del ingenio y la ternura de Audrey para sorprenderte. Y estabas tan nervioso cuando fotografiaste su envío con la cámara de tu móvil que el pulso te temblaba, y con toda seguridad, la foto nunca podrá expresar el profundo agradecimiento y la incontenible emoción que te produjo ese regalo del más allá.

Bendita metempsicosis, o lo que sea. Y casi bendito el tumor, que tiene a tantos ángeles de la guarda pendientes de hacerte la vida feliz.

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7 Responses to “Audrey te regala un par de guantes”


  1. 1 Ilustrado de refino enero 29, 2013 en 11:19 pm

    Preciosa historia, Duende. Y que descanse usted bien, sin borborigmos, que hoy llamarían tormenta perfecta intestinal, porque todo se ha convertido en tormenta perfecta.

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  2. 2 Julia enero 30, 2013 en 12:58 am

    Y ya el colmo sería que te estuvieran bien y fueran de tu agrado, calentitos, piel fina…Por la foto así lo parecen y me alegraría muchísimo.
    D. Marcelino leía mucho, como nos cuentas, no “escribía mal” y debiste terminar de él hasta el gorro o casi, pero tú lo haces con tanta soltura, gracia y donaire que me tienes “pasmá”. Gracias Duende.

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  3. 3 Ángela enero 30, 2013 en 6:01 am

    Qué bonita historia!!, como diría Millás la realidad supera a la ficción. Disfruta los guantes, disfruta de Audrey y no dejes de sorprendernos con tu post tumoren diario.

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  4. 4 Zoupon enero 30, 2013 en 12:38 pm

    Pues es lo menos que la Hepburn podía hacer por tí, con la devoción inmensa que le tienes.

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  5. 5 franciska enero 30, 2013 en 4:39 pm

    No hay nada más que creer para que muchas cosas se hagan realidad. Ya , lo siguiente ,sera que se te aparezca en persona, y a ver que haces, tanto esperarla, haz el favor de estar preparado.

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  6. 6 Maria febrero 1, 2013 en 1:16 am

    Sorprenderte es difícil, pero el ingenio de esta Hepburn tan cercana, habra iluminado tu día y esto es mas que si la mismísima hubiera aparecido en tu vida. Gracias Audrey!!!

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  7. 7 Teresa Alonso-Lasheras marzo 4, 2013 en 3:37 pm

    Gracias mil Luis,
    <nos ha emocionado leer tu blog y tu recuerdo de nuestro padre, Antonio.
    Un fuerte abrazo,
    Teresa, Isabel y Luis Alonso-Lasheras

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