Los pastilleros y el señor Alzheimer

Tomar muchas pastillas te obliga a usar pastillero. Y ordenar las que te tienes que tomar en una semana y saber donde las guardas es una buena manera de hacer trabajar al coco  y de preveni el mal de Alzheimer...

Tomar muchas pastillas te obliga a usar pastillero. Y  llenar el pstillero con las pastillas que coresponden a cada día es una buena buena manera de hacer trabajar al coco y de prevenir el  Alzheimer…

1

Inevitable obsesión, viendo la firmeza con que el señor Maduro acusaba a los enemigos de la República Bolivariana de Venezuela de haber inoculado el cáncer que se llevó por delante al glorioso caudillo Chávez. Inevitable. Por la noche, en el sueño te rondó el fantasma de esa vecina mal encarada a la que un día le llamaste la atención por su falta de delicadeza.

-Señora- le sugeriste al ver en el ascensor un sospechoso charquito amarillo y sorprenderla luego entrando  apresuradamente en casa con su mascota-Se habrá dado cuenta de que el perrito necesitaba unos minutos más en el parque, ¿no?

No le gustó a la respetable dama que invocaras el elemental mandamiento cívico de que  cada dueño de un animalito de compañía es responsable de sus excrementos. Y peor aún le sentó que un día  de invierno dejase el saco de la basura  en el descansillo y  le reprochases finamente que no se molestara en bajarlo al contenedor correspondiente.

-Si me sacase usted esa castañera de Lladró tan bonita que luce en la mesita de su hall sería otra cosa- dijiste con la mejor de tus sonrisas- porque eso da categoría a cualquier descansillo. Pero reconozca que abrirse la puerta del ascensor y contemplar entre su puerta y la mía esto no es lo más agradable.

-Perdone- farfulló entre dientes mientras tragaba su ración de quina- Es que hacía tanto frío…

Te sonrió con odio mal contenido desde entonces cada vez que os cruzabais. Y un día quiso poner paños calientes y sellar definitivamente el conflicto ofreciéndote una pastas de almendra riquísimas que le habían mandado de su pueblo. No te diste cuenta de que su rostro había un rictus de bruja de Blancanieves cuando te invitó a que cogieras una, o incluso dos o tres. Picaste, como picas siempre con los dulces de pueblo, sin saber que las pastas estaban envenenadas Luego caíste en un profundo sueño que se transformó en pesadilla, y en él aparecía el nuevo caudillo Maduro para recordarte que tu ingenuidad te había perdido, y que te habían hecho la misma pirula que a su héroe nacional, que en paz descanse.  Santo cielo, qué mal rollo.

2

El perro del doctor Javier Hornedo corría mejor suerte que el de la vecina, aunque quizás hubiera precisado: ma non tanto. El doctor Hornedo, una autoridad en oncología, coincidía contigo en que es  madrugador y corredor de fondo, pero mucho más riguroso que tú. Salía a correr con su perro por el monte del Pardo a las seis de la mañana, hiciera frío o calor. Hasta que un día de invierno, observó que cuando el perro barruntaba sus pasos en la oscuridad de su casa y veía aparecer sus Adidas corría a refugiarse desesperadamente bajo el sofá.

-Tan pronto no, por favor- sugerían sus gruñidos- No me hagas la putada de salir ahora con este frío…

Tú mantienes una cierta amistad con el doctor Hornedo. Tratándose de un profesional tan solicitado ya es un lujo que atendiese tu llamada y se ofreciera para supervisar tu tratamiento. Con él coincidiste, además, en una serie de deliciosos viajes de ópera por algunas de las más bellas capitales europeas. Aprovechabais entonces para correr juntos por las mañanas, bien fuera por la bahía de Nápoles o junto al río Neva helado, cuando os llevaron a San Petersburgo y tuviste la oportunidad de conocer una ciudad que admirabas desde que leíste la fascinante biografía de Pedro el Grande que escribió Robert K. Massie, altamente recomendable para cualquier curioso de la historia. Por cierto que este zar tampoco se andaba con chiquitas para afianzar su poder, pues no dudó en matar a su propio hijo por un quítame allá esas discrepancias, pero fue el que modernizó la atávica Rusia de su tiempo y el fundador de esa maravillosa ciudad lacustre que abrió el viejo imperio a Occidente. No te consta que le embalsamaran una vez muerto, y eso a pesar de su grandeza, quizás porque medía casi dos metros y daba más trabajo que el coronel Hugo Chávez. Tampoco vas a pugnar tú porque te conviertan en muñeco parafinado cuando la diñes, ni aunque te quepa la gloria de haber sido el creador del villancico de las Muñecas de Famosa. Vanidades post mortem, las justas. Lo de ser ninot indultat ad eternum, que siga quedando para los grandes histriones de la historia.

3

Cuando un ignorante enciclopédico como tú tiene ocasión de pasar un rato con una eminencia, aprovecha y pregunta igual que un niño. ¿Y cómo te dio por especializarte en oncología? ¿Y cómo se forma un cáncer? ¿Y qué es una metástasis? ¿Y por qué mata tanto? No entendiste la mayoría de las respuestas de  Javier Hornedo al respecto, pero sí en cambio recuerdas  que te aleccionó sobre el esfuerzo mental que exige la prevención de otros males propios de la edad  madura, como es la pérdida de memoria. La tuya es flaca, más y más cada día que pasa, pero no siempre corres o patinas a la orilla del Neva helado con un amigo sabio, y lo inusual cuelga en el cerebro momentos imperdibles como esos. Así que se te grabó perfectamente el ejercicio que aconsejaba hacer todos los días para mantener fresca la memoria..

-Imagínate que avanzas por un largo pasillo con muchas puertas a cada lado. Eliges una puerta, a la que asignas un número. La abres y entras un una habitación en la que hay un gran bargueño con numerosos cajones. Imaginas que en cada uno de ellos vas guardando una cosa: aquí las llaves, en el segundo cajón, tus monedas, en el tercero tu cartera de bolsillo, el cuarto tu móvil, en el quinto las gafas de sol….Vas llenando todos los cajones con objetos que usas diariamente. Y repites con tu memoria todos los días lo mismo: avanzar por el pasillo, entrar por la puerta justa, ir abriendo uno a uno todos los cajones y recordar el objeto que depositaste allí.

4

Te acuerdas de que cuando regresabas del colegio, y antes de los seriales radiofónicos Dos hombres buenos y Diego Valor, que te apasionaban, ofrecía Radio Madrid una seción de cuentos dedicados. A Mari Tere, para que se cure pronto de su anginas, con todo el cariño de su madrina, La Ratita Presumida. La ratita cantaba con una voz insoportablemente cursi y almibarada esta bella canción: Limpio mi casita, tranlaranlarita/ Barro, friego y coso, tranlaranlaroto…/ Y todos los días, la misma tarea/ más  lo hago contenta por quien algo lo vea…Pobre ratita,  pensar que luego vendrían las Bibianas Aídos y anatematizarían su modelo de virtudes sociales.

Da igual, tú no necesitas ser feminista. Sólo eres un un tipo ligeramente tocado que vives solo. Los días sin asistenta te toca ser  ratita presumida a tiempo completo. Y ahora, en tu condición de enfermo, una vez a la semana debes añadir a las labores clásicas del ama de casa la faena que más te estresa: sentarte  en una mesa, abrir las cajas de los medicamentos y  los pastilleros de toda la semana e ir rellenando, una a una y sin equivocarte, cada una de las cuatro cajitas en las que se subdivide cada día. Un Omeprazol, un antiinflamatorio y un analgésico en la del desayuno, un antiinflamatorio y un analgésico en la de la comida, lo mismo en lo de la cena, y un somnífero en la cajita señalada con una luna menguante para la hora de dormir. Aparte de algún que otro antigripal o digestivo donde caiga. Desgraciadamente, con tan abundante pastillamen no queda sitio para una píldora de Viagra, por si a última hora apareciera un hada madrina para ayudarte a quitarte el corsé, tan excitante para ella como para un hombre desabotonarle  a un hada el liguero. El orden  no lo arregla todo.

Luego está lo de preparar y clasificar la abundante burocracia que apareja tu tratamiento. Volantes de cita, volantes de prueba, autorizaciones de tu sociedad médica, análisis, recetas, informes, radiografías, DVD con otras pruebas radiológicas…Demasiado tragín para un jubilado pacífico al que le sube la tensión y padece sobrecargas de adrenalina cada día que tiene que echar una carta al buzón o cambiar una bombilla fundida.

Eso sí, tu amigo el doctor Hornedo puede estar contento. No sabemos si con esta gimnasia mental lograremos contener el cáncer. Pero-vaya lo uno por lo otro- al menos le haremos esperar algo  al señor Alzheimer.

Anuncios

6 Responses to “Los pastilleros y el señor Alzheimer”


  1. 1 julia marzo 10, 2013 en 7:11 pm

    ¡Vaya trajín que nos traemos, Duende! Tú, para nuestra gran alegría y satisfacción le has cogido gusto estos días a tu blog, y yo, no puedo leerte, sin enviarte un comentario. Claro, que ni punto de comparación, al fin y al cabo yo soy una/o más entre tus infinitos seguidores, y tú eres quién verdaderamente trabaja y se exprime el “caletre”.
    Por cierto, el Dr. Javier Hornedo debe de ser hermano de mis amigas Marta y….pues se me olvidó cómo se llama la otra, lo que demuestra el tiempo que hace que no las veo. Pero recuerdo que era una familia muy numerosa y que los padres vivían en Serrano, encima de Hevia. Bueno, aquí lo que importa es que desaparezcan tus males y que te dejes aconsejar por buenos y especializados galenos.
    Besos, Julia

    Me gusta

  2. 2 Bego marzo 12, 2013 en 2:21 pm

    Vale duende!!! Me parece genial tu blog de hoy..correr por San Petersburgo, aunque haga un frío horroroso, me parece algo para privilegiado para los españolitos que tenemos alma de maleta pero que se quedaron en consigna… En cuanto a nuestro amigo alemán, ahora tengo uno italiano que se llama Franco Detterioro… Besos mil!!

    Me gusta

  3. 3 begoña marzo 12, 2013 en 10:03 pm

    Jajjajajjjjaaa… Querida tocaya me acabas de abrir los ojos. Ese plasta que desde hace un tiempo me acosa sin cesar, es ese CABRONCETE ITALIANO.
    ¿Cuándo nos vemos? Bss

    Me gusta

  4. 4 José Ramón marzo 12, 2013 en 11:26 pm

    -Niña, ¿cómo se llama ese alemán que me tiene loquita?
    -Alzheimer, abuela.
    (Una chorrada que me hizo gracia, como ahora me ha hecho mucha gracia ese italiano: Franco Deterioro).
    Duende: Sigue colocando cada pastilla en su casilla. La vida es voluntad y determinación, e imponerse a las agresiones aunque sea por aburrimiento y cansinismo. Tú pon cada pastilla en su sitio, incansablemente, y no habrá rayo que te parta, porque si estás atento a lo tuyo eres indestructible.
    Me apunto “Pedro el Grande”, de Robert K. Massie, en mi lista de libros pendientes. (Creo que ya hay unos 65.000 en la lista. Por cada libro que leo entran ocho o nueve).

    Me gusta

  5. 5 neFausto de la Alcarria marzo 13, 2013 en 3:56 pm

    No se si le llega al Duende mi mensaje desde la Acarria nevada que no es el Neva pero casi lo parece. Esquiaremos hoy sobre el monte alcarreño? Creo que soy el único esquiador de la Alcarria, desciendo hasta el pantano de Entrepeñas cuando se corta la carretera, son seis kilómetros de pista azul que sólo se les permite a unos pocos vagos y maleantes que optimizan sus escasos recursos. No se paga forfait el remonte es un par de coches con cadenas.Eso si sólo con nieve virgen y sólo un par de horas hasta que la nieve se dehace.
    Es triste leer al duende y sus ordenes pastillares el optimismo es la sangre en las enfermedades de larga duración. Mantener la moral, es más importante que medicarse. Afortunadamente tienes imaginación, recuerdos y una vida muy rica. Yo diria que plena.
    El mirlo espera su desayuno de muesli junto a los carboneros, todavía no ha llegado el pica-pinos. Hoy tienen hambre y frio, la nieve les pone las cosas difíciles.
    Pasa poco por aquí mi debil conexión a internet es casi lo único que me salva de la locura quijotesca.Busco en las cenizas de mi chimenea mi destino, leo en la llama con olor a enebro que vienen años difíciles para la lírica, se acabaron las subvenciones del estado de bienestar. El libro de papel está a punto de morir y me alegro por los bosques. Los últimos incendios de la estación seca estaban amenazando su equilibrios. El mundo está cambiando tan deprisa que cuesta seguir al día. Me noto sobreinformado. Casi me está empezando a dejar de interesar lo que pasa con el Papa, Urdangarín, Diego Torres, Barcenas y Cosprdal. Estoy con Caprile temo a Maduro. Me importa poco la Fumata. No me estrañaría que resurgiera Esperanza Aguirre de la mano de Guardiola para fundar la nueva España de las arruinadas autonomias.Juntos de la mano como las muñecas de Famosa que tanto poularizaste.Vendrán por Navidad como los Turrones del Almendro. Cuando florezcan los Almendros era la Clave del 23 F. Justo cuando empezó lo más duro de Bárcenas.Será el nuevo Tejero que acojonará al sistema? Sólo se que no se nada pero tengo canas en la fantasía y mientras vea nevar en mi jardin, me preocupa bastante poco si el sistema se cae. Las clases medias acabarán sus dias en un museo antropológico. Un profesor, si todavía existen, se lo mostrará a unos niños ricos como si fera el hombre de Atapuerca.

    Me gusta

  6. 6 Bête en sauce marzo 13, 2013 en 7:19 pm

    Hay que ver, Duende, cuánto talento convoca usted en su blog. Pasmado me he quedado leyendo lo bien que escribe y discurre el neFausto que me precede en el comentario. (Yo, por mi parte, he hallado una pieza de bibliofilia que mezcla a los humoristas con el origen de sus dolencias. Como lo oye. Le haré llegar una página por un propio). Que siga usted mejorando y animándonos a todos.

    Me gusta


Comments are currently closed.



Siluetas de RNE

Duendes suscritos:

Suscripción

Suscripción por email

Publicaciones:

PARAÍSO DE HOJALATA
Una Infancia de Hojalata

Ir directamente a

Blog Stats

  • 1,338,133 hits

A %d blogueros les gusta esto: