En ocasiones oigo voces…

Quién podía imaginar que una simple advertencia de la megafonía del metro londinense pudiera convertirse en un mensaje de amor...

Quién podía imaginar que una simple advertencia de la megafonía del metro londinense pudiera convertirse en un mensaje de amor…

1

El sábado llovía, y a pesar de ello estabas razonablemente contento.

Es más, se te ocurrió pensar que te gustaría ser Dios, aunque te aburriera mucho la condena a ser eterno. Qué horror, imaginar una eternidad en la que se seguiría hablando de la crisis, y de Bárcenas, y de Urdangarín, y de la intransigente señora Merkel,  y de las independencias de los que están encoñados con la independencia, y de la doctrina Parot y del incierto futuro de las pensiones, y de la sanidad, y de todo el estado del regularestar, porque ya no se puede hablar de estado del bienestar.

En realidad sólo envidiabas de Dios su omnisapiencia. Y no la deseabas para desentrañar las grandes incógnitas que planean sobre nuestro futuro, y que por lo visto sólo Él sabe. Sino para conocer exactamente el número de gotas de lluvia que habían caído sobre ese trozo de campo donde apacientas tus horas de retiro. Un capricho: la sabiduría inútil. Los sabios de la tierra acaban queriendo saberlo todo, e incluso encuentran explicación para cualquier fenómeno,  pero ninguno sabrá el número exacto de gotas que derrama un chaparrón. Para eso sólo debe de estar Dios, piensas tú.

Que también sepa, quizás, cuando se acabarán las molestias digestivas que comporta el tratamiento de tu enfermedad, esos torpedos de gas que te estallan en la boca entre quimioterapia y quimioterapia. Además de dañino, qué mal educado y que poco fino es el cáncer, caramba, siempre obligándote a disimular los eructos por aquí y por allá, como don Augusto, aquel profesor de literatura que tuviste en el bachillerato. Era un buen maestro y una gran persona, y te ponía muy buenas notas. Pero debía de padecer también malas digestiones, y se quedó en tu recuerdo tanto por sus saberes como por sus indisimulables flatulencias. Qué puñetera y sectaria acaba siendo a veces la memoria.

2

El domingo hacía un día luminoso, espléndido. Con las cumbres de Gredos nevadas y el ancho Valle del Tiétar  más verde y encharcado de diamantes que  nunca, tenía la vista desde tu casa algo de postal alpina, la luz de de esos paisajes de películas tipo Sonrisas y lágrimas, tan bonitos y cursis que a veces parecen falsos.

Debías por tanto sentirte feliz. Además, estabas dispuesto a escribir sobre la tierna historia de Mrs. Oswald, la viuda de aquel actor inglés cuya hermosa voz  dejó grabado para el metro de Londres  unos avisos para prevenir a los viajeros.

Mind the gap –decía la voz del actor- And stand clear of the door, please.

Mrs. Oswald no vivía cerca de Embankment, pero a menudo tomaba el metro hasta allí sólo para escuchar a su marido, que murió hace once años. Su voz le reconfortaba el corazón y le traía recuerdos vivos del amor de su vida. En lugar de ir al cementerio y rezar por él, iba a esa estación –la única  de la red de metro que aún emitía sus grabaciones, porque en las demás sonaba ya una de esas voces de mentirijillas que producen los ordenadores- y veía llegar trenes y entrar y salir viajeros mientras escuchaba a su querido marido aconsejando a los viajeros que tuvieran cuidado de no meter el pie en el hueco entre el andén y el vagón y despejaran las puertas. El texto no era  un verso de Shakespeare precisamente, pero Mrs. Oswald probablemente suspiraba al escucharlo, e incluso puede que se le humedecieran los ojos por la emoción.

Lamentablemente, un día echó en falta esa voz. Cosas de la modernización: los avisos que antes repetía Lawrence Oswald habían sido regrabados por una voz mecánica e impersonal. Entonces Mrs. Oswald escribió a la dirección del metro londinense y les pidió un favor.

-Si pudieran facilitarme una copia de la grabación de mi marido, Lawrence…-suplicó- Si no, no volveré a escuchar su preciosa voz, y me daría mucha pena.

Dice la prensa que a los burócratas del Tube les enterneció tanto la demanda de la anciana que están intentando hacer una excepción a los sistemas telemáticos que impone la modernidad. Harán bien si reponen la voz de Oswald, porque la estación de Embankment será entonces para los turistas  un hito tan romántico como el que marcaron  Robert Taylor y Vivian Leigh cuando se besaban apasionadamente en el Puente de Waterloo.

3

Te fuiste a la cama con la esperanza de que tus sueños fueran variaciones sobre esta bonita historia de amor póstumo. Mala cosa fue que se te ocurriera escuchar las noticias de última hora, y, entre ellas, las que brinda a los agoreros Chipre, que antes era una isla, un país pequeño, y el menos significativo en términos económicos para la Unión Europea, pero que ahora se ha convertido para España  en un nódulo diminuto tan peligroso como los que conviven contigo en los pulmones. Lo cual que con esta metáfora, y teniendo en cuenta que hoy empezabas un nuevo ciclo de quimioterapia y tenías que madrugar para el consabido análisis, la esperanza se rebozó de pesadilla, y acabaste por no pegar ojo.

Eso si, la vigilia te dio la oportunidad de acordarte de que si alguno de tus lectores es tan devoto de las reliquias de voz como Mrs. Oswald, no tiene que ir a ninguna estación de metro para escuchar la tuya. Basta con que pinche –aquí mismo, en la columna de la derecha- el podcast de la entrevista que te hizo semanas atrás Pilar Socorro en su programa Siluetas de Radio Nacional de España y escuche.  Sabes que tu dicción  no es tan pulcra y bien timbrada como la de Lawrence Oswald, pero como el personal ya está advertido de que no hay que meter la pierna en el hueco ni agolparse en las puertas del metro, cuentas otras cosas que a lo mejor distraen de Chipre y otros fantasmas de actualidad que nos inquietan.

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11 Responses to “En ocasiones oigo voces…”


  1. 1 Ángela marzo 19, 2013 en 8:01 pm

    Preciosa historia la de hoy!!. Un recuerdo cariñoso desde aquì a D. Augusto, también mi profesor de Latín en El Pilar y mucho ánimo: a por la siguiente sesión!!.

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  2. 2 Garós marzo 19, 2013 en 10:22 pm

    Vaya, Duende, he ido a escuchar su bien timbrada voz -y las sabias cosas que habrá dicho- haciendo click donde usted indica y me sale que esa página no existe ya o que ha cambiado el URL ¿Habré hecho algo mal? Por lo demás, preciosa historia la de Mrs Oswald.

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  3. 3 Luis Fi-Fe marzo 19, 2013 en 11:52 pm

    Estimado Garós (¿otro título más del Marqués de Betanzos?
    He pinchado en el enlace y en este ordenador al menos sí escucho la entrevista: eso sí, he pinchado una segunda vez en donde pone “Audio”, a la derecha,y ha empezado a sonar después de una larga introducción musical que no se de dónde viene.

    Yo de estas cosas no entiendo, pero si no lo escucha aquí vaya directamente al buscador de Google y meta SILUETAS de PILAR SOCORRO, donde están colgadas todas las entrevistas hechas en los últimos meses en este prohgrama de RNE. También supongo que podrá entrar a través de la web de RNE.

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  4. 4 Atticus 444 marzo 20, 2013 en 11:56 am

    Veo o intuyo que estas bien de animo, me alegro mucho.
    un fuerte abrazo mas.
    Atticus 444

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  5. 5 Aldara marzo 20, 2013 en 3:16 pm

    Mucho
    ánimo con la quimio. Un abrazo fuerte!!!

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  6. 6 José Ramón marzo 20, 2013 en 10:13 pm

    Una bella historia la de Mrs Oswald.
    Me ha gustado mucho, Duende.
    Ánimo y a por todas.

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  7. 7 Garós marzo 21, 2013 en 8:09 am

    Fi-Fe, al fin he conseguido oirlo en Siluetas, mezclado con Estrella Morente y otras glorias nacionales. De hecho, lo estoy oyendo ahora mismo hablando de Jarabo y otros ilustres pilaristas. Da usted muy bien como entrevistado. Por cierto, espero que lo de esas personas poco capacitadas que se han ganado la vida con el Derecho no vaya por quien yo estoy pensando .

    (Garós es, en efecto, un título más del marquesado. Es un título pontificio que afortunadamente rehabilité antes del cambio de Papa porque este progresista que han elegido los cardenales en un momento de despìste del Espíritu Santo capaz es de acabar con los títulos nobiliarios y hasta con los prelados domésticos).

    Cuídese usted mucho y que gane el Atletii

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  8. 8 PETRA MARÍA CORTÉS DURÁN marzo 21, 2013 en 6:50 pm

    Querido Luis:me ha gustado mucho la historia de Mrs Oswald. Siempre que escucho en Madrid el largo” al llegar el tren tenga cuidado de no meter el pie entre coche y andén”, pienso en lo fácil que es decir “Mind in the gap” . 🙂 He escuchado tu entrevista y me ha gustado mucho sobre todo la fuerza de tu voz…Esperamos tus noticias, un abrazo.

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  9. 9 PETRA MARÍA CORTÉS DURÁN marzo 21, 2013 en 6:55 pm

    Él “in” me sobra, perdón.

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  10. 10 begoña marzo 22, 2013 en 12:17 am

    Cómo me gustaría tener una referencia de las voces que me han hecho sentir!!!… Creo que, debido a mi pésimo oído, es lo único que no consigo recordar y lo echo tanto de menos.
    Ánimo Luis, estoy segura de tú vas a vencer.

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  11. 11 gallego abril 28, 2013 en 12:05 pm

    eduardo sotillos palet en “siluetas”…..

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