Historia de una saeta

Te da tanta pena por esos cofrades que ven suspendida la procesión de su Cristo por culpa de la lluvia que...

Te dan  tanta pena por esos cofrades que lloran cuando se suspende la procesión de su Cristo por culpa de la lluvia…

1

El pobre cofrade Miguelón lloraba sin consuelo, porque por tercer año consecutivo las lluvias habían impedido sacar a procesionar a su Cristo.

-No hay derecho-te decía entre sollozos- ¿Pero, además de hombre, no nos decían que es también Dios?…. ¿Y Dios no se da cuenta  de que permitiendo este diluvio está tirando piedras contra su propio tejado?

Tú le mirabas con el corazón encogido. Y mientras, por una parte, envidiabas su fe, por otra agradecías que tus dudas te evitaran más sufrimientos que los que ya te han tocado en la lotería de la vida.

-Y lo peor es que los hermanos de la cofradía no podemos hacer nada- rezongaba desesperado entre sollozos-Y que volveremos a  entrenarnos y a prepararlo todo esperando el Viernes Santo del año que viene y a saber si no vuelve a llover….

Te dio tanta pena Miguelón que te propusiste ayudarle. Te propusiste hacer lo que estuviera a tu alcance para que las lluvias, que tanto te gustan, fueran el año que viene un poco menos crueles con los auténticos devotos de la Semana Santa.

2

E imaginaste que eras uno más entre el gentío que esperaba el paso de Cristo en la procesión de Viernes Santo de 2014. Y que justo cuando esta doblaba la esquina y enfilaba la calle en la que tú estabas, un año más se abrió el cielo y empezó a derramar sus lágrimas por la pasión y muerte del Señor. Reconociste a Miguelón entonces porque un capirote enloquecido tiró con rabia su cirio encendido contra el suelo y golpeándose la cabeza con sus puños gritó.

-¡No puede ser!…¡Otro año más no, por Dios!…

Y ya estaba el presidente de la cofradía dispuesto a dar las órdenes para guarecer el paso del Cristo en la primera iglesia del recorrido previsto cuando te arrancaste de entre la multitud que empezaba a abrir los paraguas, te plantaste ante el paso del Cristo y te hincaste de rodillas ante él. Y, como aunque te falta algo de fe te sobra la afición a cantar, te salió del alma  una saeta que decía así.

                                             ¡Ay Jesús crucificado!

                                          Somos muchos los que somos

                                          muy devotos de tu paso

                                          y llevamos todo el año

                                         esperando el Viernes Santo

                                          para sacarte, Señor,

                                          en tu cruz procesionando

 

                                           ¡Ay, mi Cristo amenazado!

                                          Tú que mueres por nosotros

                                          después de ser flagelado

                                          y de espinas coronado

                                         y que después de tres días

                                         estarás resucitado…

                                          …¿no podrías contentarme

                                          con un pequeño milagro?

 

                                           Pide, por favor, al cielo

                                           que por ti no llore tanto

                                           Para que pase tu paso

                                           y te sigamos pidiendo

                                           perdón por nuestros pecados

 

                                           ¡Mójate, Jesús e impide

                                            que el cielo siga llorando

                                            para que crezca mi fe

                                            y no te guarden mojado!…

3

Tú estabas a lo tuyo, y no te enteraste de nada. Estabas arrebatado por el entusiasmo que pusiste en la saeta, quizás con alguna copa de más, como ausente, tal vez narcotizado por la emoción. Lo cierto es que no te diste cuenta de nada. Pero Miguelón te contó luego que pasó algo que ni siquiera él, que es un hombre rebosante de fe, podía creer.

Lo vieron sus ojos, tardó en convencerse de que no flipaba y de que no se trataba por tanto de una alucinación. Pues sucedió que en el momento en que terminó tu saeta, la imagen del Cristo cobró vida, y ante el estupor de los asistentes, se desclavó de la cruz, se bajó del paso con un salto de atleta y, sin dar tiempo a que le cortaran el paso los seguratas ni a que le atendieran los de la Cruz Roja, se perdió entre la muchedumbre para regresar un minuto después con un elegantísimo impermeable de lona encerada. Y con la misma naturalidad con que había descendido del paso subió a él, trepó hasta la cruz, se giró dando la cara al público, abrió sus brazos y posó el dorso de sus manos contra el travesaño para que los clavos ocuparan su lugar sin que nadie interviniera en ello.

-Ea, ya está hecho el milagro-dijo el Cristo ante el pasmo general- Que siga la procesión, no se hable más.

4

El rostro del Cristo recuperó entonces la misma expresión que tenía antes de la saeta, aunque algunas beatas aseguran que parecía ligeramente más aliviado. El caso es que inclinó la cabeza hacia la derecha, levantó los ojos al cielo –Dios mío, Dios mío, por qué me has abandonado- y en ese mismo momento el Cristo vivo se convirtió en la misma imagen barroca que fue siempre protegida, eso sí, con un elegantísimo impermeable.

Y entonces Miguelón volvió a llorar, pero esta  vez de alegría. Él asegura que te gritó gracias, mil gracias por la saeta, pero tú, ya lo has subrayado, flotabas en un sueño, y no estabas para nada. Sólo te consta que ha solicitado a sus hermanos que la cofradía se titule desde ahora del Cristo del Impermeable. No crees que la idea sea bien acogida, pues ya sabes lo tradicionales que son las celebraciones de Semana Santa, y hay que respetarlas. Sólo estás contento porque piensas que cumpliste como amigo, y que a lo mejor en el cielo toman nota y en adelante programan el tiempo   para evitar que, como decía Miguelón, Dios acabe tirando piedras contra su propio tejado.

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10 Responses to “Historia de una saeta”


  1. 1 Isabel marzo 30, 2013 en 1:30 am

    Buenísimo

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  2. 2 Capótegui marzo 30, 2013 en 8:09 pm

    Preciosa historia de Semana Santa! Pero respecto al desenlace, no sé si decantarme por el milagro de un Cristo vivo y hablador a lo Guareschi o a lo ‘Marcelino Pan y Vino’, o temerme lo peor: que el paro acuciante haya forzado a Sevilla importar las deplorables pasiones vivientes que tanto gustan aquí por Vizcaya, de Valmaseda a Berango, y el Cristo del Impermeable no sea sino un contratado municipal más, a modo de senegalés haciendo de Baltasar. Un abrazo. Ignacio

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  3. 3 maribel marzo 31, 2013 en 1:42 pm

    bueno esta claro que la crisis tambien estropea el tiempo………saludos

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  4. 4 confusa marzo 31, 2013 en 7:55 pm

    Maravilloso ensueño,que bien llevas la españa dolorosa.
    Siento tanta alegria cuando en mi bandeja de entrada esta tu correo, porque sé que sigues enredando y plantando cara a los puñeteros devenires.
    Animo amigo que aún nos quedan muchos conciertos que cantar.

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  5. 5 Vitin marzo 31, 2013 en 9:27 pm

    Bueno luis , pues para los racionalistas y científicos ( médicos?) también existe naturalmente la duda. Nos acompaña y ayuda.
    Abrazo fuerte. Adelante

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  6. 6 Cap Llenrisca marzo 31, 2013 en 9:41 pm

    Sublimes irreverencias, Duende, que al Dios de los “porsis”, que si algo tiene ese sentido del humor, le habrán encantado

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  7. 7 julia marzo 31, 2013 en 11:50 pm

    ¡Magnífica la procesión del Cristo del Impermeable. Tu imaginación y la forma de relatarlo son para nota alta, muy alta, 9,5 ¿qué te parece?
    Y con mi sentido tan pragmático, irreverencias aparte, me parece una excelente idea…
    Los embalses están a rebosar ¡cómo no! y nuestras botas, paraguas, y hasta nosotros nos van a tener que escurrir…eso sí, espero una primavera resplandeciente, sí pero ¿cuándo?
    Cuídate mucho, que la humedad es múuu mala.
    Un abrazo. Julia

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  8. 8 Begoña abril 4, 2013 en 10:42 am

    Me encanta la historia!!! qué maravillosa imaginación tienes…

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  9. 9 Zoupon abril 4, 2013 en 1:09 pm

    El clásico macho español, que no llora en público (y asegura que tampoco en privado) así le arranquen uno a uno todos los pelos del bigote, no tiene el más mínimo reparo en romperse en llanto cuando no puede procesionar su paso o cuando su equipo de fútbol pierde la final. Es un fenómeno muy curioso que ninguna universidad americana ha estudiado todavía.

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  10. 10 Ángela abril 5, 2013 en 10:10 pm

    Asturias lucirá radiante esta primavera, si es que llega alguna vez.

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