Resurrección

Resurrección1

Resulta que una cadena de televisión programa una serie sobre la Biblia y arrasa en audiencia. Es natural, te dices, el libro de los libros está lleno de escenas de lo divino y lo humano. A ti casi te apasionaban más estos pasajes que aquellos. A saber, Caín liquidando a su hermano a golpe de quijada de burro, Sansón derribando las columnas a las que estaba encadenado, Moisés separando las aguas del mar Rojo,  Salomé llevando en bandeja la cabeza del Bautista, Josué y las famosas trompetas de Jericó, el pobre soldado Malco desorejado por San Pedro,  y Jesús resucitando a Lázaro. Donde no había acción había magia.

¿Cómo no iban a aprovechar eso los cineastas norteamericanos? Repasaban las Escrituras por encima y luego hacían esas películas fascinantes que te fijaban en la butaca del cine Colón o del Príncipe Alfonso con un pegamento infalible. Entonces todas las de ese género eran de romanos, aunque cupieran en ella tirios, troyanos, cartagineses, bárbaros y  hasta el sursum corda. Luego vinieron los cultos latiniparlos del séptimo arte y las definieron como peplum. Da igual, con un nombre u otro siempre te apasionaban. Y te reconforta que así siga siendo, pues ese espíritu ingenuo que respiraban te hacen sentir cada vez que las ves el aliento de lo humano y de lo divino.

2

Dicen los evangelios que cuando murió el Señor, el día se oscureció hasta confundirse con la noche, se desataron las furias de la naturaleza y se rasgó el velo del templo de Jerusalén.

-Verdaderamente, ahora se que este hombre era el Hijo de Dios- dijo sobrecogido el soldado que acababa de traspasar de un lanzazo el cuerpo de Jesús.

No venía en el Nuevo Testamento, pero tú sabes que aquel soldado era Longinos, porque te lo explicó un cura  del mismo nombre al que de niño le preguntaste por qué se llamaba casi como un reloj de marca. Se sabía bien la historia del santo de su nombre, y te dijo que luego el lancero, arrepentido o literalmente acojonado, pidió la baja en el ejército romano y se convirtió en un eremita para alcanzar la santidad.

Y tú, cosas de chaval, imaginaste que otros soldados de Quo Vadis o de La túnica sagrada se llamarían Certino, Dogmo, Omego, Duwardo o Cauno. O sea, como Longinos, pero derivados de otros relojes que sólo conocías entonces por los anuncios.

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Te has acordado hoy de Longinos porque es domingo de resurrección, y escuchabas la Pasión según san Mateo de tu venerado Bach mientras fuera seguía llorando el cielo. Lloraba aún a  pesar de que este debería de ser un día especialmente gozoso.

Entretanto guisabas a fuego lento unas patatas a la riojana, que es una gloria de nuestra cocina, y luego las despachaste tan a gusto con tu hija y tus nietas. Y aunque hace sólo hace unos días la química de tu tratamiento te hacía las digestiones imposibles, jugaste después una partida de parchís con ellas junto a la chimenea  y te sentiste feliz. Poco a poco la tarde se metió irremisiblemente en agua y y así, gota a gota, se acabó abatiendo  la noche del día más importante para la cristiandad.

Tal vez no sea demasiado respetuoso mezclar en tu meditación lo humano de este plato tan racial con lo divino de la celebración del día. Pero te rondaba por la cabeza Longinos, y concluyes que, después de su fechoría,  peor lo tuvo él para llegar a la santidad, y sin embargo lo logró. Además, probaste tu salud repitiendo de patatas con chorizo, con lo que en cierto modo tenías que celebrar también tu propia resurrección. Aleluya, aleluya.

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7 Responses to “Resurrección”


  1. 1 Pedrito abril 1, 2013 en 5:23 pm

    ¡Inagotable placer, el de la lectura de literatura duendil!
    Y más todavia, cuando incluye buen menu y favorable parte de salud del cocinero en dia de Pascuas … Enhorabuena !
    Y ya que van creciendo las nietas, te sugiero pruebes a suplir el cansino parchis por un juego algo más malicioso.
    Mi carrera abuelil se ha visto gratamente amenizada – con o sin diluvio – por apasionantes viajes en ferrocarril de Edimburgo a Kiev como de Erzurum a Cadiz … hablamos de esto en caunto me llames !!!

    interes te facilitaré

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  2. 2 Palinuro abril 1, 2013 en 9:32 pm

    Me sumo al aleluya gozoso de la Pascua y al de las patatas a la riojana con repetición incluida. Vas por buen camino, Duende.

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  3. 3 José Ramón abril 1, 2013 en 10:17 pm

    Pues celebro que repitieras patatas a la riojana, que es plato contundente y magnífico. Te veo muy bien.

    Y así, lateralmente, y como has hablado de peplum, aprovecho para decir a los programadores de las televisiones (que sé que leen este blog con fruición) que las películas de romanos no tratan todas necesariamente de la Pasión de Cristo. Ni siquiera tratan todas del cristianismo, ni de los padecimientos ni avatares de los cristianos.
    Lo digo porque todos los años cae Espartaco. (Este año, en dos días seguidos, una versión reciente y luego la clásica).
    La historia que se narra en Espartaco está datada hacia el 75 o 70 a.C. (a.C. = antes de Cristo. AN-TES-DE-CRIS-TO).
    Lo de que al final crucifiquen a tantos no es porque fueran cristianos, sino porque los romanos tenían esa fea costumbre.
    (A ver si el año que viene nos ponen Ben Hur, Barrabás, La Túnica Sagrada, Quo Vadis, La Vida de Brian, etc, pero no Espartaco).

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  4. 4 Bête en sauce abril 2, 2013 en 6:55 pm

    Bien, Duende. Sólo le ha faltado en su santoral Rolexo y Breittlingo. Y a ver si tengo el gusto de probar sus patatas a la riojana antes de acabe el tiempo litúrgico del Regina Coeli, que acaba de empezar. Cúidese.

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    • 5 El Duende de la Radio abril 2, 2013 en 11:50 pm

      Es probable que Breittling y Rolex ya existieran entonces, pero los primeros relojes de que tuve conocimiento eran Omega, Duward, Certina y Longines.

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  5. 6 Ana abril 2, 2013 en 8:38 pm

    Me parece un buen menu el de las patatas a la riojana,me alegra mucho que te sentasen bien y las hayas tomado en tan buena compañia.Un beso duende

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  6. 7 Ángela abril 5, 2013 en 9:56 pm

    El apetito es siempre un muy buen síntoma. Me alegro mucho!!.

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