Cabezas a pájaros

Canarios amarillos1

Te invitan a cenar a su casa tus amigos Carlos y María Luisa, y la cena te resulta sumamente agradable. Carlos es de Pontedeume, y María Luisa, que con sus bellísimos ojos recuerda mucho a Yvonne  de Carlo –una estrella deslumbrante del Hollywood  de los años cincuenta- de Écija, pero en el menú manda más Galicia que Andalucía. Tú no le pones ninguna pega, naturalmente, estás enseñado a comer de todo, y aunque no debes cometer excesos, los cometes, porque es el cumpleaños de Carlos y hay mucho que festejar. La carne es débil. Cuando piensas aquello de a vivir, que son tres días, y además a la debilidad la tuya se le tienta con  delicias del mar recién llegadas del Cantábrico, más.

A vivir, y si son sólo tres días que al menos queden llenos de  recuerdos gratos.

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A la cena asisten también Chencho Arias, más conocido por su socarronería y su facundia televisiva que por sus libros, siendo así que estos también suelen ser divertidos y esclarecedores. Al último, titulado Los presidentes y la diplomacia lo subtituló con la frase Me acosté con Suárez y me desperté con Zapatero. A ti te gustan especialmente los libros que aprovechan su tema para refrescar cualquier tramo de la historia, como es el caso de este. Y eres consciente de que a los amigos hay que comprarles, leerles y elogiarles los que publican. En este caso por suerte no has tenido que fingir. El de Chencho es un ensayo detallado y ameno sobre lo que ha sido la política exterior de España  desde que el autor  empezó a prestar sus servicios como diplomático a los distintos gobiernos de la democracia. Se lee con interés y con sonrisas, porque él sabe poner la sal y pimienta incluso a los temas más áridos para el profano. Pero entiendes que tampoco hay que hacerle la ola por el hecho de que sea amigo, y te tomas la libertad de trasladarle una pequeña crítica.

-Para mí que el subtítulo le perjudica al libro-  le dices- porque induce a pensar que va a  ser una boutade, cuando luego resulta que es muy riguroso.

Y piensas que a Chencho, con fama observador ingenioso y desprejuiciado, también le puede pasar lo que a ti, que te da un cierto pudor desdecir tu fama de humorista caricato o excéntrico y te sientes inseguro cuando tienes que ser serio.

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Sin embargo afirmas algo muy en serio: esta cena te será especialmente provechosa, pues tu anfitriona te señala un camino esperanzador. Ella sufrió hace años otro cáncer, y sin embargo, cautivo y desarmado el enemigo, luce hoy rozagante como una rosa de primavera. Además, sabe de ti porque te lee.

-¿Y cómo te da por escribir esas historias y bromear con estas cosas?-te pregunta con una sonrisa.

Y tú te encoges de hombros sin saber qué responder. Piensas que debe de ser porque tienes la cabeza a pájaros.

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Recuerdas que tu casa natal había dos saleros que eran un par de gorriones de plata. No eran los más apropiados para echar sal en el huevo frito, pues con la humedad los granos blancos solían quedarse atrancados en el orificio del pico y no circulaban, pero tu madre tenía debilidad por ellos. Años después, le regalaste otro par de pajarillos de cristal de Murano que compraste en tu primer viaje a Venecia. Eran cursilísimos, no obstante lo cual a ella le gustaron mucho, y los depositó sobre la cómoda de la sala donde se recibía a las visitas. De las paredes de ésta colgaban dos medallones decimonónicos de sus abuelos niños con dos jilgueros posados en los dedos de sus pequeñas manos. Además su hermano, Augusto Gil Lletget, fue un eminente ornitólogo. Tenía este una novia eterna que se llamaba Pepita, compañera en el Museo de Ciencias Naturales, donde ambos trabajaban, pero le sorprendió la muerte, ya sesentón, sin que le hubiera dado tiempo a pedirle la mano, porque se pasaba el día observando aves, tomándoles las medidas o diseccionándolas.

-Un día en el campo nos asustamos porque no apareció a la hora de la comida -te contaba tu madre- Y cuando regresó por la noche  se excusó diciendo que había estado observando a un martín-pescador en el río Arbillas, y que no era cosa de interrumpir esa maravilla de la naturaleza.

Se puede decir por tanto que eres de casta pajarera.

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A los pobres pajarillos que cantaba san Francisco de Asís le hicieron mucho daño la película de Hitchcock, las palomas urbanitas y la invasión de cacatúas chillonas que ahora colonizan los jardines de Madrid. De repente eso de tener un pajarito, que era una aspiración de tu niñez, se convirtió en algo siniestro, o una invitación al mal fario. Tu propia esposa declaraba su poca simpatía por todo bicho que volara, hasta que, a la vejez viruelas, impulsada por no se sabe qué mandato de ternura, ha comprado a sus nietas una pareja de canarios que ahora animan con sus trinos a la familia.

Ánimo –te parece que dicen en su gorjeo- Ya has visto a María Luisa…¡Tú también puedes!

Creías hasta ahora que ya habías adormecido el gen del tío Augusto, y hasta frunciste el ceño cuando recibiste a los canarios  como nuevos inquilinos de la casa de Candeleda. Pero después de que a Maduro se le apareciera el ínclito comandante Chávez en forma de volátil para animarle a que cumpla su misión histórica,  por qué no va a ser verdad que tu tío el ornitólogo también  te está diciendo desde el más allá que le eches un par de cojones y venzas al cáncer.

Lo de los cojones no es muy de tu familia, que siempre fue bien hablada. Aunque vaya usted a saber, con tanta cabeza a pájaros…

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8 Responses to “Cabezas a pájaros”


  1. 1 Monti abril 7, 2013 en 3:58 pm

    Desde pequeña mi padre me enseñaba un libro con las fotos de todas las aves y sus caracteristicas y despues de los años ese libro le siguen viendo mis hijas y aprendiendo con su abuelo, por muchos libros que he buscado para regalar a mi padre, nunca he encontrado algo parecido, imposible por mucho que se busque no hay algo mas bonito que ese libro que ya tiene mas de 50 años. ¿ Sabes quien se lo regalo? Si, tu tio Augusto.

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  2. 2 Ángela abril 7, 2013 en 6:03 pm

    Monti, seguro que Cheles tu padre supo exprimir ese volumen, como nadie. Recuerdo a tu hermano instruyéndonos sobre los diferentes trinos de los pájaros que habitaban el Monte Rincón. Hemos oído mucho hablar del Tío Augusto, me hubiera encantado haberlo conocido. Un beso a todos.

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  3. 3 Zoupon abril 7, 2013 en 6:54 pm

    En el año 1896 se publicó una ley para proteger a los pájaros insectívoros, es decir, a las aves de tamaño igual o inferior al zorzal serrano, cuyo artículo 2 ordenaba:

    En las puertas de los Ayuntamientos se pondrá un cuadro en que se lea:
    “Los hombres de buen corazón deben proteger la vida de los pájaros y favorecer su propagación. Protegiéndolos, los labradores observarán cómo disminuyen en sus tierras las malas hierbas y los insectos. La ley prohíbe la caza de pájaros y señala pena para los infractores”.

    En las puertas de las escuelas se pondrá un cuadro en el que se lea:
    “Niños, no privéis de la libertad a los pájaros; no los martiricéis y no les destruyáis sus nidos. Dios premia a los niños que protegen a los pájaros, y la ley prohíbe que se les cace, se destruyan sus nidos y se les quiten las crías”.

    Curiosamente, esta ley estuvo nominalmente en vigor hasta el año 1995 en que fue expresamente derogada, y aunque nunca se le hizo mucho caso (como a tantas y tantas leyes oportunas), mi hermano conserva como oro en paño un precioso cartel de escuela que sí cumplía este precepto, y que es prueba de que hasta la letra de la ley puede ser hermosa.

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    • 4 Luis Fi-Fe abril 7, 2013 en 7:12 pm

      Zoupon, eres un pozo de sabiduría. Yo no tenía ni idea de que tal ley hubiera existido nunca. Si recuerdo, por el contrario, a vendedores de jilgueros que ofrecían su mercancía en diminutas jaulas a la puerta de mi colegio. y a una dama que un día compró todos los pajaritos paraabrirles la puerta a continuación y darles la libertad.

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  4. 5 Bête en sauce abril 8, 2013 en 6:22 am

    Preciosa evocación de su infancia y de los pájaros, querido Duende. Gracias a su blog decidí hace unos meses volver a leer “En busca del tiempo perdido” donde el Arbillas es la Vivonne y el jilguero el chardonneret. Acabo de terminar “Combray”, que es como el Candeleda de su infancia que usted revive tan bien. Esta mañana, levantado “de bonne heure”, he comenzado “Un amour de Swann”, con el salón de Mme Verdurin y todas esas caricaturas mundanas en las que Proust vierte su “mauvais lait” (“mauvaise” diría quien yo me sé, aunque no se dice ni una cosa ni otra), pero no es tan sublime. Por cierto, es excelente la traducción de Pedro Salinas para la edición de Alianza de 1996. Siga usted cuidándose y alimentando nuestros espíritus.

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  5. 6 julia abril 8, 2013 en 6:21 pm

    En los recuerdos de nuestra niñez siempre hay un pájaro, o dos, o más. No es que fuéremos especialmente aficionados ni entendidos en aves, pero en nuestra casa apareció un loro traído de la antigua Guinea por un amigo de nuestro padre, al que bautizamos como Roque y allí que convivió con toda la familia durante bastantes años para nuestro deleite pues, como era un loro por si no os habiáis enterado, repetía todo lo que oía y resultaba divertidísimo oirle decir el nombre de nuestro padre, a grito pelao, imitando al cartero voceando por el patio para que bajaran a por el correo….Y luego vinieron los periquitos que siempre compraba mamá por parejas y se nos escapaban constantemente por las ventanas de la galería. Y luego el de Pilarica, nuestra tata por excelencia, a quien yo un día decidí que había que suministrarle vitaminas para que cantara y le debí de dar un exceso de dosis y el pobrecito apareció tieso a la mañana siguiente….Desde entonces no hay más experiencias sobre pájaros ni ganas tengo.
    Espero que llegue la hermana que ya se anuncia, para organizar la célebre comida de huevos encapotados…y algo más caerá.
    Lo que hace falta que el Duende se encuentre en buenas condiciones físicas y anímicas para afrontar una comida y que su cuerpo lo aguante sin quejarse. Verás como sí. Le diré a mi espía que se vaya enterando de cómo se encuentra nuestro invitado.
    Hasta pronto. Un abrazo.

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  6. 7 Bête en sauce abril 11, 2013 en 7:13 am

    Duende no se pierda la foto de AFP en ABC p.5 con el pajarito de Chávez posado sobre la cabeza de Maduro. Y que pase un buen día¿

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  7. 8 Fausto abril 12, 2013 en 8:03 am

    Ayer un Pinzón se chocó contra mi ventana mientras comia, se quedó aturdido en el alfeizar, moribundo todavía caliente la dama del bosque lo estrechó entre sus manos con la ternura que cualquiera quiséra para sus últimos estertores. No había solución pero el gesto y la intención engrandecian su figura.Todavía caliente inició el rigor mortis y todos los recuerdos de todos mis pájaros muertos vinieron a mi.Repipi, que murió decapitado por una puerta y encontró justa sepultura en el monte del Rincón con los honores de un Jefe de Estado, un canario que murió en Asturias en su propia jaula con las zarpas de un gato y tantos pájaro sin nombre que fueron acribillados por mis perdigones.Ahora ya no mato sangre caliente. Adoro los pájaros y sigo asesinando peces bajo el agua fria del Cantábrico. Me debato entre el ecologismo y la caza intentando encontrar un frágil equilibrio.

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