Chapeau

Te gustaría poder llevar sombrero toda tu vida para poder descubrirte ante lo que vale la pena...

Te gustaría  llevar sombrero toda tu vida para poder descubrirte ante lo que vale la pena…

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No sabes si ha sido la fibra óptica o Imagenio quien te ha llevado a casa mucho cine añejo del que de verdad te gusta. Thrillers, cine negro y western satinados de  noches americanas y de peleas a puñetazos que jamás dejaban sangre, hematomas ni dientes rotos. Un día te enteraste de que los cristales de las ventanas por las que salían arrojados del salón los  malos del Oeste en realidad estaban hechos de caramelo, y te sonreíste inocentemente por las trampas del cine. Antes ya te habías hecho muchas preguntas. ¿Por qué los vaqueros nunca se echaban azúcar en sus cafés? ¿Por qué jamás se veía comer a sus caballos, con lo que galopaban en cada película? ¿Por qué a las mujeres guapas les decían bonitas? ¿Por qué siempre que se abría una puerta y aparecía un hombre con pelo blanco secándose las manos con una toalla había nacido un bebé? ¿Por qué se presentaban todos con el apellido, que luego repetían después de haber dicho el nombre? (Earp, Wyatt Earp era la fórmula clásica, como luego diría igualmente  Bond,  James Bond)

Y sobre todo: ¿por qué los sombreros de Humphrey Bogart, James Cagney, Kirk Douglas, John Wayne,  Fred Mac Murray, Clark Gable y Dana Andrews, sólo unos ejemplos, no dejaban marca en su pelambrera? Lo dices porque tú te hiciste mayor. Primero no necesitabas sombrero, luego la edad te despejó la coronilla, que se te escarchaba en invierno y  te picaba en verano por el sol. Y cuando te pusiste uno como el de tus héroes de la pantalla te lo quitabas luego y te encontrabas la cabellera moldeada cual  flan de arroz.

2

Afortunadamente tomaste nota de lo que suelen aconsejar los optimistas: cada problema que te pone la vida es una oportunidad que se te ofrece. Te llegó el tumor, se te cayó el pelo, sentiste frío en la cresta y solicitaste un sombrero no para componer la figura, sino para protegerte. Y así, de inmediato, te regalaron hasta cuatro que cumplían con creces su función. Te los ponías, te sentabas en un banco a mirar el horizonte, extendías el brazo sobre el respaldo y si te veían de espaldas parecías un Pessoa o un Gerardo Diego de bronce de esos que plantan ahora en las calles, o un personaje escapado de un cuadro de colores firmado por Eduardo Úrculo.

-Eso es tener buena suerte- te dijo tu amigo Homper sorprendido Para acumular cuatro sombreros en el viejo Oeste tenías que gastar no menos de cuatro balas.

Además, cuando te lo quitabas tu cabeza era la que era, sin formas extrañas que alterasen tu perfil. Por fin podías usar sombrero sin afectación y sin temor alguno.

3

Te hacía gracia aquel anuncio de posguerra que se atrevió a poner en los periódicos la sombrerería RAVE: Los rojos no usaban sombrero. No era del todo cierto. Azaña siempre aparecía en las fotos con él. Y don Niceto Alcalá-Zamora –por cierto, el único Niceto del que has tenido noticia nunca- no digamos. Y te preocupaba en cierto modo los nuevos ritos sociales que deberías adoptar si lo llevabas. Viste a la generación de tu abuelo y de tu padre destocarse ante las señoras, cuando saludaban a un amigo, cuando pasaba un entierro, al despedir al tren y hasta al cruzar ante la puerta de una iglesia. Y pensabas que tú, más bien conservador, aunque quizás no tan tajante como el sombrerero RAVE, tendrías que hacer tuyos modales parecidos.

-Son manías de viejos- te subrayaba tu amigo Homper sin sorprenderse esta vez- Y ahora nos empiezan a parecer naturales porque, querámoslo o no, y por mucho que presumamos de espíritu joven, nos vamos haciendo viejos.

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Sí se queda perplejo Homper en cambio al observar la acumulación de muertos  famosos últimamente. Sin ir más lejos, en una semana, Margaret Thatcher, Sara Montiel, Jesús Franco, Bigas Luna y José Luis Sampedro.

-¿Te has fijado que se mueren incluso los de toda la vida?

-Pues claro-le dices-Es que nos vamos haciendo mayorcitos, y cada día quedan menos por delante de nosotros para ir desfilando. Cuando éramos jóvenes llegabas a las esquelas o a los obituarios de los periódicos y no conocías más que a Churchill o a Marañón. Eran muchos menos los  famosos que caían cada año. Pero ahora…

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De todos ellos sólo conociste personalmente a José Luis Sampedro, con quien coincidiste en el Hoy por hoy cuando él trataba de humanizar la economía con sus teorías y tú sólo eras pura caricatura radiofónica. No puedes hablar de su talla como economista, porque no sabes nada del asunto. Tampoco alcanzas a entender cómo se lograría la utopía que el volcánico apóstol de los insumisos reclamaba en sus últimos años. Sí tienes en cambio pruebas de su sensibilidad y de su calidad humana. Un día, recién enviudado de su primera esposa, confesaba en una entrevista cómo pese a la extrema crueldad de su última enfermedad él miraba enamorado y desesperado – fueron palabras suyas- “aquel cuerpo que era un despojo  y que tanto significaba para mí”. En otra ocasión te atreviste a pedirle un favor y no sólo te recibió en su casa amablemente y lo cumplió con largueza, sino que por satisfacer tu curiosidad te explicó cómo escribía sus libros.

-Este es mi ordenador-dijo enseñándote un pequeño bloc- Aquí apunto mis notas y voy abocetando mis ideas. Y luego desarrollo  éstas escribiendo a mano en folios. Los del manuscrito de Octubre, octubre, puestos en el suelo uno sobre otro –se reía de su  exagerada fecundidad- me llegaban por encima de la cintura.

Y el maestro era alto.

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Vas quemando etapas de tu enfermedad con el sombrero puesto. Y mientras te lo  tienes que levantar jubiloso porque tu oncóloga te dice que no necesitarás más sesiones de quimioterapia y para saludar en este día soleado a la auténtica primavera, te congratulas también de poder despedir con respeto a los que quieres y admiras  que, por pura lógica de la vida, se van despidiendo de ella.

Supones   de sentido común ir encajando las piezas de este puzzle que es la existencia con la mayor naturalidad. Y aunque no sabes si cuando recuperes la cabellera perdida el sombrero volverá a dejarte marca, te propones seguir usándolo para descubrirte ante todo lo que merece la pena. Por ese hombre admirable, por ese amigo que se va, por esa angustia superada, por esa alegría que apunta la primavera, por respeto a la vida y a la muerte, por la esperanza de que de verdad escampe el panorama… chapeau.

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9 Responses to “Chapeau”


  1. 1 kaiamsterdam. abril 12, 2013 en 11:30 am

    Chapeau!!!

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  2. 2 Bête en sauce abril 12, 2013 en 2:17 pm

    ¡Qué alegría, Duende! Ésa sí que es una noticia para echar el chapeau al aire, como dicen que hizo “Voltaire”. Y qué bonito post. Hay que celebrarlo.

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  3. 3 julia abril 12, 2013 en 2:22 pm

    ¡¡¡Chapeau por nuestro Duende que cada día nos lo explica todo mejor!!!
    Me gusta a mí esta práctica de descubrirse los caballeros auténticos, ante una mujer, al entrar en un local, en un ascensor, etc…Se nota la clase y educación en todos estos detalles, y en algunos más que a mí no se me escapan. Sin embarglo ahora, no digo el sombrero, sino esas gorrillas tan a la moda que muchos, muchísimos, parece que no se la quitan ni para dormir ¡qué espanto! y nadie dice nada….Sin ir más lejos, en la despedida a Sara Montiel, nuestra Sara, ví a un personajillo (y digo personajillo porque con la gorra perpetua no se merece otra identificación) al que le estaban haciendo una entrevista una de las cuarenta emisoras que por alli andaban y, a pesar de era un más que respetable tanatorio, pues continuó con su gorrilla y con su entrevista sintiéndose seguro que originalíiiiiiisimo. ¡ El muy hortera! A ese, ya no hay manera de enderezarle porque no creo que cumpla ya los sesenta….
    Y en otra ocasión,hace dos o tres años, en una boda de tronío, muy elegantes todos, en una iglesia de La Florida (Madrid) uno de los invitados creo que tío de la novia,- esta se casaba con un sobrino nuestro – pues llegó a los primeros bancos y allí se sentó con un flamante jipijjapa, preciosísimo. Yo esperé pacientemente los diez primeros minutos y viendo que no tenía ninguina intención de quitárselo, me acerqué a él muy despacito y con mucho aplomo, dulzura y educación, le dije que estábamos en una iglesia, lugar sagrado y que por respeto se debía de descubrir. ¡Ah, pues no lo sabía! me contestó. Se lo quitó y a otra cosa mariposa.
    Pues, hasta la próxima, Duende. Me alegro que estés afrontando la última sesión de quimio ésto pinta muy requetebién! Me alegro. Un abrazo.

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  4. 4 Chita abril 13, 2013 en 12:31 am

    Que bonito y que alegría tu mejoría! Aquí hay que quitarse el sombrero ante ti! Un abrazo enorme.

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  5. 5 Ángela abril 13, 2013 en 3:09 am

    Qué noticia más buena la de tu oncóloga!! No sabes cuánto me alegra!!. Disfruta de todo el explendor de la primavera que el campo tiene que estar impresionante este año. Te mando un beso muy fuerte.

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  6. 6 franciska abril 13, 2013 en 9:38 am

    Pues a partir de ahora deberias siempre llevar sombrero, es un “acabado” perfecto de elegancia, nunca entendí porque se dejo de llevar como remate de elegancia en la indumentaria masculina. Ademas, suele favorecer al que lo lleva.¿ A que te has visto favorecido?. Aunque te crezca el pelo, buenisima noticia, no prescindas de él. ¿Que seria de Humphrey sin sombrero, ? su mirada quedaria en la mitad, y ¿ de Clint Eastwood? al que has olvidado. Apuntate a los miticos.

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  7. 7 Palinuro abril 14, 2013 en 9:51 am

    Me sumo al elogio al sombrero. Y a los que lo añoran. No solo hombres.¿Qué me decís de los tocados femeninos de nuestra infancia?
    Ocurrente, sugerente y, como siempre, aderezado de ese toque de fino humor tu comunicación de hoy, Duende.
    Levanto mi sombrero para celebrar tu avance frente a tu mal y la recuperación de tu capacidad para la marcha.
    Que sigan las buenas noticias.

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  8. 8 Ana abril 14, 2013 en 9:06 pm

    Me alegro mucho duende de las buenas noticias,con un tiempo ya por fin de primavera espero disfrutes de esos paseos que tanto te gustan.Un abrazo

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  9. 9 Monti abril 14, 2013 en 10:51 pm

    Por fin alguien me da una buena noticia, me alegro que la quimio se acabe ya, cada dia que pase sera mejor que el anterior.

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