Fe de vida de la primavera

Cerezos en lorAsombrado. De repente se hace presente la primavera, ha brotado la flor los de los cerezos y desde tu casa puedes escuchar el murmullo de dos corrientes de agua que, avivadas por el deshielo súbito, bajan de la sierra más contentas que nunca. A una, la de poniente,  le llaman arroyo o garganta Candeledilla. Tiene un nombre modesto, como Candeleda, pero de segunda división. Sin embargo es mucho más arrogante que otros cursos de agua que, al contrario que éste, se quedan secos en verano. Ahora bien puede pavonearse: en algunos tramos particularmente empinados, sus pequeñas cascadas y toboganes discurren por un cauce de roca y verdor rodeado de robles y castaños, y si lo miras de abajo arriba se asimila a los ríos que hace año y medio viste en las Highlands de Escocia. Recortas idealmente la escena y piensas que sí, que efectivamente podrías estar allí.

A tu izquierda, por saliente, también se hace presente otro murmullo de agua. Este no es más que un regato, un maniantal  tan sobrado ahora que rebosa y culebrea por una pequeña montañita de rocas musgosas y robles gorjeando como un pajarillo un poco cursi. Es cursi, pero vale un potosí.  Si el placer de escuchar un curso natural de agua se vendiera en algún sitio, no tendría precio. Es curioso, leíste en una ocasión que Harley Davidson había protegido legalmente el peculiar sonido de los motores de sus motos, que es parte de su leyenda. No soportaba que otras marcas pudieran imitarlo. Pero nadie es dueño de sonidos que surgen espontáneamente, sin patente ni copyright, y que son un regalo para cualquiera que sepa apreciarlo.  Los dos o tres `primeros gorgoteos de una botella de vino cuando escancia su precioso contenido en la copa, por ejemplo. El canto del agua que se precipita ladera abajo mientras contemplas el Valle del Tiétar en la primera jornada de auténtica primavera: tu emoción de este día.

Porque el resto era una especie de cansancio dulce, de procesar el egoísmo que genera tu enfermedad olvidándote del mundo, de dejar pasar las horas en un dolce far niente, leyendo al sol a ratos, dando paseos cortos, visitando a las gallinas o cortando camelias para que tus nietas llenen floreros mientras tú destilas como puedes el malestar de estómago que te impone la quimioterapia. No es grave. En días como éste te olvidas de él, te quedas maravillado al sol disfrutando del paisaje, y tu existencia queda suspendida en el aire como si fuera uno de esos arpegios de Debussy que no sabes cómo ni cuando va a estallar.

P.S. Hay que ver la de chorradas que se te ocurren algunas tardes.

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8 Responses to “Fe de vida de la primavera”


  1. 1 kaiamsterdam. abril 13, 2013 en 11:39 pm

    Que maravilla de chorradas!!

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  2. 2 Rafael Aguirregomoscorta Urquijo abril 13, 2013 en 11:58 pm

    Ya le cambiaba yo los sonidos que usted escucha por el ruido que oigo cada vez que pasa un coche por encima de una tapa de alcantarilla situada bajo mi ventana: klin klon klin klon…..

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  3. 3 Ilustrado de refino abril 14, 2013 en 6:13 am

    Deliciosas chorradas, Duende. Muy parecidas a las que inspiraron a JRJ para escibir en día parecido “Dios es azul / la flauta y el tambor / anuncian ya por fin la cruz de primavera…”. O a nuestro contemporáneo Vicente Valero “Para decir por fin la primavera / para decirla toda, enteramente, / por fin y hasta el final…”. Que tenga usted un buen día!

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  4. 4 julia abril 14, 2013 en 6:06 pm

    Nada de chorradas, Duende, tú sí que sabes….Y es verdad que la primavera ha llegado de repente, sorprendiéndonos a todos. Y tú, desde Candeleda, podrás disfrutarla mejor y apreciar el verdor de la hierba, los brotes de los árboles, ese rumor del agua que no cesa y que te invade de paz y de gozo. Yo me conformo, desde mi ventana de un primer piso en pleno Madrid, que sí, que es verdad que también disfruto de mi gran privilegio de observar lois progresos de nuestro pequeño jardín. Y estoy bastante preocupada porque tenemos dos hermosísimos y viejos olmos que han sido podados, quizá con demasiada contundencia a principios del invierno, y no veo atisbos de brotes todavía por ningún sitio ¿Se los habrán cargado ? Seguro que en cualquier momento me dan una agradable sorpresa. Porque cuando alcanzan todo su esplendor, se convierten en dos magníficos árboles que me ocultan de los fisgoneos de la casa de enfrente, que es lo bueno, con los calores.
    Ya ha llegado la isleña, ya está aquí desde ayer, así que ya puedes ir reponiéndote de tus efectos colaterales y, cuando tengas el estómago en condiciones avisas, ¿de acuerdo? Deseo que no tardes mucho en reponerte y coger fuerzas. Un abrazo.

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  5. 5 Cristina García Orcoyen abril 14, 2013 en 8:05 pm

    Hola Duende,
    A mi la entrada de esta tan esperada y radiante primavera me ha cogido en Suiza, en Zurich esta mañana y ahora continua en Montreux, al borde del lago Leman.
    He disfrutado de tus sensaciones escuchando el murmullo de las casacadas en Candeleda, porque cuando he podido estar allí en días similares también he sentido que el mundo se paraba a mi alrededor para rendir homenaje a tanta belleza y alegría de la naturaleza.
    Ahora se está poniendo el sol en el lago y también es muy bello. Las montañas enfrente ,casi al alcance de la mano , todavía con su corona de nieve se reflejan en las tranquilisimas aguas del lago mientras al fondo el cielo toma un precioso color rojizo. El alma se inunda de paz y por unos momentos me parece estar a salvo de todo mal.
    Esta mañana antes de coger el tren para venir aquí , donde tengo que trabajar esta semana, he dado un largo paseo por Zurich y me he encontrado con un curioso desfile de niños vestidos de las diferentes épocas históricas de la región . Carretas adornadas y bandas de música , una para cada grupo, desfilaban por las soleadas calles llenas de gente disfrutando del tiempo y del espectáculo . También desfilaban grupos de comunidades de emigrantes, con trajes regionales. Uno llevaba la bandera española y era de gallegos, con su banda de gaiteros. Luego venían chinos, peruanos, turcos, portugueses y otros, todos desfilando felices junto a los niños suizos, con sus profesores de colegio. Tiraban caramelos y dulces a la gente y todos nos apresurábamos a pillar alguno.
    Yo he venido a este viaje con dos penas grandes en el corazón y no he podido dejar de pensar en todo lo bella que es esa felicidad robada a la primavera y me he sentido reconfortada.
    Gracias por haberme dado la oportunidad de compartir contigo y con tus amigos que te siguen esta tarde de magia.
    Cristina García Orcoyen

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  6. 6 Fausto abril 15, 2013 en 8:28 am

    Rompen los narcisos sus tesoros amarillos,abiertos los cerezos, rosados los prunos,verdea ya el almendro,azulea el romero. La Alcarria saluda los primeros cantos de ruiseñor que canta hasta cuatromil veces cada noche.Agotador tributo al amor ¿Quién dedica tanto aliento? cobrando sólo un pico, sólo un coito, un par de huevos. Tendremos que aprender a cantar por el placer de oirnos, cantar al sol o la luna para agradecer que existimos, que estamos aquí para bañarnos en su vitamina, para hacer fotosíntesis, y sacarle todos los minerales a la tierra.No importa nada, estamos aquí para vivir. Estamos obligados a ello.Nada más importa.

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  7. 7 Aldara abril 15, 2013 en 2:43 pm

    En casa ha llegado la primavera de la manera más rara, pero la he vivido con intensidad. No me la ha anunciado el canto de ningún ruiseñor, sino los golpes del desmontaje de los andamios que se levantaban en mi patio y en mi fachada, pero son golpes que a mí me suenan a campanas, a mirlo y a torrenteras, porque al desmontar esos andamios caen las sombras, y las lonas, y se hace la luz en mi piso por primera vez desde hace dieciocho meses de bombilla y medio luto. Vivo en una casa de ciento treinta años, aquejada de mil achaques en su osamenta de madera, que ha sido intervenida para sustituír su esqueleto de vigas podridas por una nueva estuctura. Ha acabado la obra, y el streptease de mi patio al caer las vestiduras que recubrían los andamios me ha supuesto un subidón a lo Botticelli. Me da que viendo desaparecer tanto hierro la casa se siente como una quinceañera que por fin puede besar sin complejos tras la visita final al ortodoncista. La mía es una primavera urbana y muy privada, porque mi casa este año se ha iluminado de una manera especial. Por no hablar del Retiro, donde se te espera para que des fe de vida de su explosión verde y jugosa. Que sea pronto.

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  8. 8 maribel abril 16, 2013 en 4:55 pm

    nada de chorradas tu debes escribirnos lo que ye apetezca que nosotros te leeremos avidamente…. cuidate mucho y besos

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