Mejor en lo peor

El carbonero común no quiere saber nada de la encuesta de la EPA...

Afortunadamente, el carbonero común no quiere saber nada de la encuesta de la EPA

1

Cuando despiertas aún está la luna llena suspendida en el cielo para recibirte.

-Buenos días.

Buen detalle.

Sin duda se ha percatado del feo vicio que te persigue desde que a Franco le dio por morirse gota a gota y esperabas anhelante el parte del equipo médico habitual, o sea, que la luna te ha sorprendido ya escuchando la radio. Tus padres se engancharon a Marconi durante la Guerra Civil para escuchar el parte, tu generación se hilvanó con el transistor en la transición para quedar definitivamente cosido a él el 23 F. A tenor de lo que escuchas hoy, si no tienes el corazón de piedra pómez, como parece a menudo por la frialdad de muchas de tus reacciones, debes empezar por cuestionar los buenos deseos de la luna.

-Buenos días…¿de qué?

Resulta que la EPA le ha dado a nuestros barandas el enésimo machetazo en sus planes de recuperación. Y que entre las urgencias de la troika europea y las drásticas medidas de nuestro gobierno, la cola del paro, de la miseria y de la desesperanza crecen y crecen sin cesar.

En estas condiciones la luna debe entender que sea casi irresponsable sentirse a gusto y considerar, simplemente, que hoy pueda vivirse un buen día. Así que organizas tu primer soliloquio moral de la jornada en torno a este debate: ¿es legítimo ir a contracorriente y sentirte hoy mejor que antes de la encuesta de la EPA?

2

No lo puedes evitar, pero te has retirado al campo a tomarle el pulso a la primavera y ese primer contacto con la naturaleza después de días capitalinos te ha puesto contento. Con perdón. Recuerdas los teatrillos con que jugabas de niño, en los que tras una estructura de cartón gruesa silueteada y decorada como el telón de una bombonera del siglo XIX colgaban una serie de decorados que le daban profundidad al escenario y enriquecían la perspectiva. Primero un bosque, luego una montaña, en otro decorado un verde prado surcado por un río, y en el forillo del fondo, sobre un risco empingorotado en el que se recorta la luna, un castillo iluminado. Y circulando por entre ellos y las figuritas de los personajes, tu propia fantasía, impaciente por aproximar aquella mentirijilla plástica a la realidad soñada.

Algo de esa magia encuentras en la nueva visita a tu observatorio de Gredos. Lo que es en invierno una vista desnuda de los árboles caducifolios rendidos de tristeza es ahora una explosión de vida vegetal en distintos planos por entre los cuales te mueves con la misma emoción con que lo hacían las princesas y los caballeros de capa y espada en el teatrillo de cartón. Será una belleza efímera, como la de todas las primaveras, pero entretanto ayuda a olvidar la cruda realidad.

3

¿Es legítimo distraerse así mientras tu país se duele de miseria y de indignación? Te encoges de hombros incapaz de vislumbrar siquiera una sola receta. En estos momentos das gracias a Dios de no ser nadie. No ser Rajoy,  ni ningún otro político, ni el Papa,  ni empresario, ni gurú de la economía, ni banquero, ni hombre de pensamiento, ni periodista, ni tertuliano, ni gente de peso en la sociedad. Estás feliz de ser una anotación al margen. En estos momentos incluso no le tienes ninguna envidia a Dios. Probablemente él también está abrumado por las estruendosas meteduras de pata de su  querido género humano.

-Debería haberle hecho un poco más listo-estará pensando- Ahora todos me señalarán a mí como responsable último de esta carajera.

4

Entretanto dos simpáticos carboneros picotean en tu ventana, y suscitan otras dudas más asequibles, aunque tampoco las sabrás contestar. ¿Son pareja? ¿La misma pareja de todos los años, que quiere anidar bajo el mismo hueco de la misma teja?¿Vienen aquí porque les gusta el sitio o para presumir, porque saben que los miras?

Entretanto pones en marcha la primera fabada que piensas tomar desde que los médicos te pusieron en estado de alarma. Estos mismos médicos han decidido que el tumor está tranquilito y contenido, y que tú quedas libre de obligaciones hasta el control de junio y sólo debes responder a lo que te pide el cuerpo. Esta misma semana atendiste a la invitación de Julia y probaste tu salud despachando los huevos encapotados que te prometió en este mismo blog. Deliciosos. Y comoquiera que que el invierno nos quiere dar este fin de semana su último beso, y van a bajar las temperaturas, y tienes las fabes y el compango esperando desde hace meses, y has consultado con tu amigo Pablo Estrada, natural de Grado, los tiempos de cocción y la recomendación de coronar los ingredientes clásicos con una cebolla, un tomate y una zanahoria, que deberán retirarse al final con toda la grasa superflua que absorberán, y además te encanta la fabada y puedes echártela en la andorga con la seguridad de no convertirte en un Vesubio en erupción sobre dos piernas, pues te pierdes en estas debilidades y te olvidas de que la vida es un drama.

5

Ma non tanto. El martes, a la vuelta de tu última revisión con indulgencia cuasi plenaria sonó el teléfono, levantaste el auricular y escuchaste una voz fresquita y tierna, perfectamente modulada.

-Abuelo. Estoy muy contenta porque sé que estás…-y aquí la voz más repipi del mundo de tu querida nieta Marina  titubeó prudentemente-… mejor.

Estás mejor, como aventuraba la niña repipi, cuando todo está peor. Y crees que, aunque  suene a afrenta, debes proclamarlo. Porque es cierto que sólo eres uno entre cuarenta millones de españoles, pero en esa infinitésima proporción, gracias a ti España está ligeramente menos peor.

 

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6 Responses to “Mejor en lo peor”


  1. 1 Ángela abril 26, 2013 en 5:41 pm

    Me parece conpletamente patriótico es estos tiempos que corren, estar un poquito menos mal, y nos alegramos bien los que nos asomamos por aquí. Mi abuelo solía decir que el buen apetito era un certificado de salud, a por la fabada, q ue estará mucho mejor mañana. Seguro que a la realidad, no le pasará lo mismo, y desgraciadmente llegaremos al 30% de desempleados en este país. Yo creo que la Ministra del Desempleo, como ya la llaman, debería dimitir.

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  2. 2 Aldara abril 26, 2013 en 6:20 pm

    Si tú estás mejor España está mejor. Y no hay más que hablar. ¡Cuánto me alegro!!! Besos y abrazos desde Chile.

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  3. 3 begoña abril 26, 2013 en 9:11 pm

    Disminuye el centollo (así llama un paisano de San Cosme a su cáncer), comes fabada, disfrutas del campo en primavera… ¡ENHORABUENA! La vida empieza a pintarse otra vez de colores. Beso gordo y mucho ánimo.

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  4. 4 Palinuro abril 27, 2013 en 9:59 am

    Es lógico buscar la bondad allí donde se halle cuando nos rodea un mundo acosado por maldades: pobreza, paro, violencia, corrupción,…
    Disfrútala, Duende: tu mejoría personal, tu candeledana primavera y tu fabada.
    Amén

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  5. 5 Ilustrado de refino abril 27, 2013 en 10:31 pm

    Sublime artículo, Duende. Y muy proustiano su recuerdo del teatrillo. (Todos estamos un poco proustituidos, me dijo usted recientemente). Espero que las fabes le produzcan el mismo efecto que la magdalena mojada en el té y nos siga deleitando con su introspectiva prosa jubilosa mientras su salud se va restableciendo para alegría de todos los que lo queremos.

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  6. 6 maribel abril 28, 2013 en 10:02 am

    cuantisimo me alegro de tu mejoria, querido duende y aumque España este muriendose poco a poco es agradable oir ajgo bueno!!!!! yo ya hago como las avertruces ni oigo la radio ni pongo la tele no quiero saber……saludos y besos

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