Un amante de las margaritas

El filósofo Cunegundo de Érfurt no pasó a la historia `por haber acuñado el concepto de las personas-margaritas...

El filósofo Cunegundo de Érfurt no pasó a la historia `por haber acuñado el concepto de las personas-margaritas…

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Consciente de que un día cualquiera será de momento el más importante de tu vida, te propones convertir el 3 de mayo en una joya para el recuerdo. El sol traspasando el fresco de la mañana  estuca el panorama con un brillo y una viveza de colores como no habías visto aún esta primavera. Noches de un frío aún casi invernal, jornadas impolutas de sol sincero con algunas pequeñas nubes por la tarde que parecen hacerle cosquillas al azul del cielo. Este es el día. Paseas por la dehesa de Navalcán bordeando su embalse y cuando crees que esa visión de naturaleza exultante te hará caer en éxtasis te cruzas con un tipo cuyo rostro irradia serenidad y alegría.

-Buenos días- te dice extendiendo su mano- Cunegundo de  Erfurt, filósofo. Para servirle.

Te quedas pasmado. Creías que estas cosas sólo le pasaban a Homper. Pero no te planteas más dudas sobre la verosimilitud del encuentro. Si no es Cunegundo de Erfurt serás su espíritu, así que respondes a su saludo presentándote y a continuación le haces una delicadísima pregunta.

-Oiga, Cunegundo. Y si es usted filósofo…¿cómo puede ir de feliz por la vida?

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-Es la historia de una imprudencia- te dice poniendo en su mirada un acento de melancolía.

Te invita entonces a sentarte sobre unas rocas musgosas al borde de un arroyo de los que sólo cantan cuando la dehesa está sobrada de agua. Y te cuenta que su espíritu vaga en el anonimato desde que en la última reunión de filósofos que mantuvo en vida su contemporáneo Duns Scoto le amonestó y le acusó de falta de corporativismo.

-¿Qué le hiciste?

-Contestarle con sinceridad. Yo estaba ya en las últimas, presto  a morirme con el consuelo de que al menos mi nombre figuraría entre los grandes pensadores de la historia por algunos de mis escritos. Entonces Duns Scoto me preguntó si había algo que me hubiera reportado más felicidad que la sabiduría. La pregunta tenía trampa: si contestaba que sí es que no era un verdadero filósofo, porque nosotros debemos amar la sabiduría por encima de todo. Pero si se decía que no, mentía, lo que tampoco es de recibo en nuestra profesión. Lo cierto es que si eres sabio de verdad  conoces la naturaleza humana y sus miserias, y entonces no puedes ser feliz. Yo quería morirme en paz, así que había elaborado como contraposición mi propia  teoría, a despecho de que lo dijeran los maestros. Le dije a Duns Scoto que lo que más grato me había hecho la vida no era la sabiduría, sino haber encontrado en mi camino muchas margaritas.

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Cunegundo de Erfurt había propinado un segundo sopapo a tu capacidad de sorpresa. ¡Un filósofo que reparaba en las margaritas!

-Por eso me tienes aquí- dijo señalando las margaritas blancas que florecían en el arroyo y las muchas otras que moteaban de amarillo el verde pasto- La margarita es una flor sencilla y sonriente siempre. Aparece en el esplendor de la primavera, te saluda amablemente y se despide dejándote un pellizco de felicidad. Como esas personas simpáticas que, sin entrar decisivamente en tu vida, te dejan una impresión positiva cuando las conoces. La suma de muchas de estas margaritas humanas te llena  mucho más que la sabiduría, que no da más que problemas para la razón.

Suspiraste para que el espíritu de las margaritas y el recuerdo de tus margaritas humanas te oxigenara a fondo.

-Ya…Por eso no figurabas en nuestros manuales de Filosofía. Aparecían Sócrates, Platón, Duns Scoto, Tomás de Aquino, Kant, Schopenhauer, Ortegapero ni una palabra de Cunegundo de Erfürt.

-Me hicieron el boicot –dijo el espíritu de Cunegundo si mostrar en su gesto ni un leve asomo de reproche- No pudieron soportar que un hombre de pensamiento pasase a los anales de la historia como alguien que ponderó como importante el valor social de la simpatía. Si no vas de torturado por la vida, no hay quien te tome en cuenta para nada.

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Continuasteis el delicioso paseo entre las margaritas. Te acordaste de tu encantadora sobrina Margarita, una joya desde niña, tan alegre y luminosa como ese día de mayo.

-A veces los nombres marcan a quien los llevan –le dijiste al sabio-Y a esta Margarita de ojos azules siempre alegre seguro que le hubieras dado matrícula de honor.

-Puede. A mí también me gustaba mucho Margarita Gautier, aunque no se si era ella en realidad o  esta nueva actriz que llaman Greta Garbo

Llamar nueva actriz a la Garbo…Confirmaste entonces que paseabas con el espíritu de un filósofo del pasado.  No te importaba, de todos se aprende, y el día era como para embalsamarlo tal cual y recordarlo siempre. Repasaste mentalmente en voz alta todas las persona- margaritas que te habían echado un guiño en tu caminar por la vida, citaste sus nombres y sus méritos, te declaraste conegundófilo eventual… Pero ya nadie te escuchaba. El filósofo de Erfurt se había evaporado, y sólo los rebaños de margaritas aprovechaban su momento efímero recordándote que habían nacido para impartir nociones básicas de felicidad.

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7 Responses to “Un amante de las margaritas”


  1. 1 Bête en sauce mayo 4, 2013 en 6:28 pm

    Bellísima historia, Duende. Me apunto a la escuela cunegundófila, aunque por estas misteriosas tierras los espíritus que vagan son más bien almas en pena, como aquel Fiz de Cotovelo, amigo de WFF… (Si me encuentro a uno, ni caso).

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  2. 2 joselopapos mayo 4, 2013 en 8:38 pm

    ¡Ah, mi querido duende, qué bueno eres! (ahora te dirían, eres un crak). Hacía tiempo que no me pasaba por aqui (comentando algo) aunque te sigo a diario. Gracias por tantos regalos, este de las margaritas me ha conmovido especialmente. Mucho mejor ser una margarita que un sabio triste.

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  3. 3 julia mayo 4, 2013 en 11:22 pm

    Querido amigo de Cunegundo, ya es imaginación la tuya…y qué bien sabes narrarla. Atónita me tienes. Aplaudo tu gusto por la naturaleza tan florida y llena de margaritas en estos preciosos momentos que ha explosionado la primavera en todo su esplendor. ¡A disfrutarla mientras dura! Un abrazo. Cuídate.

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  4. 4 Ángela mayo 5, 2013 en 4:27 am

    Le encantará a Margarita este post, sin duda.

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  5. 5 franciska mayo 5, 2013 en 3:14 pm

    Antes se decía que cuando los chicos decían de alguna chica a un amigo¡,¡te voy a presentar a una amiga que es muy simpática,¡ pensaban .-horror, debe de ser feísima…porque antes de esa cualidad tan importante, había otras por delante, que contaban más. …. Me alegro mucho que los sabios valoren esa cualidad. . Porque cuando encuentras a alguien simpático, te da la vida..

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  6. 6 Pedrito mayo 5, 2013 en 10:49 pm

    Paseandome tambien por estos floridos parajes – al igual que el amigo Joselopapos – no me resisto a sumarme al club de los cunegundófilos para aplaudir el arte con el que aupas la humilde margarita que, con tanta generosidad, ilumina estos dias campos y veredas que no me canso de recorrer … guardándome bien bueno de deshojar ninguna.
    Gracias, querido Duende, por las joyitas con que esmaltas nuestras pantallas, y un beso de mi parte a esta encantadora sobrina Margarita, de triple A ( Activa, Animosa y Alegre ), copia conforme del recuerdo que dejó a sus 11 sobrinos nuestra queridissima tia Marguerite, hermana de mi madre, cuyos risueños ojos azules siguen alegrando desde el más allá nuestros multitudinarios encuentros de familia …

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  7. 7 Zoupon mayo 6, 2013 en 1:16 pm

    Nunca había pensado en que los nombres marcan a las personas hasta que un día en la radio pusiste el ejemplo de Stradivarius y Gillete, que recuerdo con una sonrisa. Desde entonces lo he pensado más veces, de hecho quise llamar a un hijo Gastón, por el previsible tajo que su llegada al mundo iba a pegar a mi bolsillo. Bueno, y por hacer el chiste de:

    – ¿Y cómo se llamará el niño?
    – Gastón.
    – ¿Gastón?
    – Sí, Gastón, como su madre.

    Por suerte su madre considera extravagante mi sentido del humor, y no lo comparte.

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