El post número 1000

Mil1

Recuerdas el tiempo en el que mil era mucho. Mil pesetas, aquel billete verde que te permitía soñar. Mil quinientas, tu primer sueldo en octubre de 1963 en una agencia de publicidad  a la que sólo ibas por las tardes para escribir anuncios mientras por las mañanas tratabas de aprender derecho. Seguramente te marcó también la potencia que se infiere de la palabra mil. Mahler dejó escrita una Sinfonía de los Mil. Alguien llevó al cine la vida de la desdichada Ana Bolena y tituló la película Ana de los mil días. George Duby  dejó escrito El año mil, que se cernía como una amenaza bíblica sobre la Edad Media y acabaría siendo un año como los demás. Recuerdas el gol número mil de Pelé, y un anuncio que hacía grandes a muchas compañías de teatro: Mañana, mil representaciones de La Muralla, de Los intereses creados, de La ratonera, de Se infiel y no mires con quién…

No sabes `por qué mil tiene que hacer más ruido que 999, que ya es bastante, o que 1001, que suena como a menos que mil, quizás porque parece un poco desgraciadito, pero que es más. El caso es que la naturaleza humana es simplona, y necesita broches, clips mentales, marbetes, etiquetas, cerrar fechas y consagrar acontecimientos con cualquier pretexto redondo, como la cifra mil, que tiene tres ceros, y que puede ser mucho o no tanto, pero que sigue haciéndonos creer que después de ella la vida ya no será igual.

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Para ti llegar al post número mil de este blog sólo significa algo de la fuerza de voluntad que te ha faltado en casi todo lo demás. Perseverar en la idea de escribir si no todos los días al menos todas las semanas, aunque nunca tuvieras claro el sentido y la dirección de tu escritura. Nunca habías sido capaz de mantenerte tan firme en nada, porque los buenos propósitos se te iban en pompas de jabón. Te hubiera gustado que las mil entradas, engastadas una detrás de otra en el collar de un relato único, vinieran a decir algo, pero te sirven al menos como muescas singulares en el revólver con el que vas disparando la  munición de tu vida.

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Para certificar que no hay nada nuevo bajo este milenio, transmites telegráficamente lo que te pasa. Escribes en un amanecer de cielo cubierto y oscuro, delante de la jaula de los canarios, que ya han empezado a cantar. A ti te  encanta que parezca un día de otoño en primavera.  Por la ventana ves el jardín apabullante de verde y rosas. Los árboles están en su esplendor: parece que entre ellos puede aparecer un gnomo, o un hada, o la niña de la primera película de Frankestein buscando florecillas alrededor del regato por el que cascabelea el agua que baja del monte.

Se te han quedado muy grabados en la memoria los dos nidos de oropéndolas que Jose te mostró ayer: recordabas la emoción  que era descubrir un nido cuando eras niño. Uno de ellos, perfectamente anclado en una higuera,  tenía tres huevos pintones. En el otro, construído en las ramas de un roble, ya había peletorros, o sea, pajaritos de pelo. No es nada fácil ser Peeping Tom de oropéndolas, porque además de  vistosas son rápidas y huidizas, así que el descubrimiento te agregó un plus de felicidad extra, como cuando rocías de azúcar las porras recién hechas, las mojas en el café con leche y te las metes en la boca. Cuántas delicias, con mil o sin mil posts.

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También estabas contento por haber ido a la peluquería después de tres o cuatro meses de lucir una cabeza de quimioterápico. No es que ya seas Sansón, pero ocurre que la pelusilla que en el diminuto cuerpo de los peletorros tiene su gracia, en tu pescuezo sugiere descuido e incluso falta de aseo. Así que vas al peluquero y le dices que te quite los tolanos. Tolanos, sí señor, que según el diccionario son los pelillos del cogote. Llegabas a los mil posts y también celebrabas que conocías una palabra más, regalada el día anterior por tu prima Belén, que fue quien te la avisó.

Mil posts y no se sabe cuántos tolanos en tu haber. Chico, qué rico eres.

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Zoupon, al que debes otorgar el premio de mejor comentarista entre los muchos que te han distinguido con sus comentarios, sugería que para celebrar la efeméride  tú escribieras el inicio de un cuento y los que quisieran fueran agregándole breves capítulos, a ver qué salía. Agradeces mucho su intención, y estás dispuesto a secundarla  si alguien por ahí tiene la claridad necesaria para organizar la original iniciativa y te la cuenta. Hace dos años iniciaste una aventura similar con tu amiga Aldara y un tercer personaje al que  no llegaste a conocer. Durante tres o cuatro capítulos resultó un disparate divertido, pero llegó un momento en que nadie sabía cómo atar cabos.

Claro, que  tú tampoco dejas nunca un cabo bien atado.

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Por lo demás tu cáncer sigue tranquilo, supones que adormilado  ahí dentro, sin molestar demasiado. Cumpliendo su función de darle un poco más de sentido a esta tu manía de escribir bitácora de rumbo variable. Tampoco sabes si te va a acabar funcionando la cirugía reparadora que te aplicaron en la espalda. Te sigue doliendo a ratos, y tienes tus dudas. No dudas en cambio de que lo más notable del día de los mil es que, escrito este post, te pondrás al volante y regresarás a Madrid para cantar esta tarde con tus compañeros del Bach Atelier dos cantatas y un motete del vicedios Juan Sebastián Bach. Hubo un tiempo en que tampoco creías que logros de esta categoría fueran posibles. Para bien o para mal, la vida te sigue dando sorpresas.

 

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13 Responses to “El post número 1000”


  1. 1 julia junio 7, 2013 en 3:00 pm

    ¡¡¡Enhorabuena Duende!!! Ya lo creo que hay que celebrar tu post número 1000 y muchas más cosas, entre otras que sigues deleitándonos con gran frecuencia y que tus ocurrencias y facilidad para relatarlas son únicas e intransferibles. Muchas gracias.
    Estaba con la idea de asistir esta tarde al Coro Bach Atelier pero,mira tú por dónde, se me torcido el plan. Tengo una cena ineludible por parte de marido y, de momento, no tengo el don de la omnipresencia. ¡Ya quisiera! Pero, según he oído asistirá una buena representación familiar. Lo importante es que os salga bordado y que cunda el buen comienzo de esta idea. Ayer, en la página 65 de mi querido ABC, venía una buena reseña, bien documentada. Seguro que se pone la Basílica a rebosar. Ya me contarán.
    Cuídate. Un abrazo.

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  2. 2 Espiga junio 7, 2013 en 4:44 pm

    Mi querido duende, pese a lo poco lúdica que soy me uno feliz a cualquier celebración de los 1.000! Mil es muchísimo, en otro formato equivaldría a un par de libros, como mínimo. Y sí, supone una gran fuerza de voluntad ( también el Castro y los mercantiles y administrativos la requerían, así que no es la primera vez que la demuestras) y mucha disciplina y deseos de comunicar y, y, y…
    Lanzo la idea para que tus amigas/lectoras organicen alguna celebración.
    Y tras cumplir ayer mi tarea de abuela canguro hoy podré ir a escucharte. Así qué ENHORABUENISIMA y hasta dentro de un rato

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  3. 3 Ángela junio 8, 2013 en 9:02 am

    1000!!! Enhorabuena desde Ponferrada.

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  4. 4 Palinuro junio 8, 2013 en 11:34 am

    …y que las siga dando, si son tan excelentes como el hito número 1000 de tus entregas, el retroceso – o, al menos, el ten con ten – de tu dolencia y la presentación de vuestro Bach Atelier que demostró que hasta el semidiós de la música puede ser asequible a los simples mortales con la feliz escenificación de ayer en la hermosa basílica de San Miguel. ¡Ah, por primera vez hasta llegué a creerme que algún día también yo puedo llegar a cantar algo del maestro de Eisenach! Gracias por vuestra iniciativa de animar al público a participar en el concierto. Buena ruta.

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  5. 5 Ignacio Jáuregui (a) Capótegui junio 8, 2013 en 5:36 pm

    El tercer personaje, el que no llegaste a conocer, te saluda (tomándose la libertad de tutearte) y te da la enhorabuena por este post nº 1000, y las gracias por recordar aquel momento de gloria que no llegó a cuajar, aquella historia a tres teclados (tú, Aldara y un servidor) de una tal Pepita y una escalera parafílica, con la que uno se lo pasó francamente bien, mientras duró. Y uno, que a más de grafómano letraherido es matasanos titulado, quiere expresarte un hervidero de admiración, el que empezó hace más de veinte años oyéndote imitar a Jacques Chirac en RNE, que se ha mantenido durante décadas de radioescucha, y que en este momento se desborda ante tu inteligencia como paciente al enfrentarte al mihura que te ha tocado.
    Y eso que nunca te he oído cantar a Bach.
    Toda mi confianza para esa vertebroplastia que espero poco menos que mágica, y un abrazo grande desde la Tierra Media (o sea la que queda entre el macizo de Urquiola y el puerto de El Abra, más o menos).

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  6. 6 José Ramón junio 8, 2013 en 7:45 pm

    Enhorabuena, Duende, por tus mil posts.
    No estoy de acuerdo en lo que dices: “Te hubiera gustado que las mil entradas, engastadas una detrás de otra en el collar de un relato único, vinieran a decir algo”. Yo creo que dicen mucho. Creo que todos tus lectores lo creemos. Nos dices mucho.
    Sí estoy completamente de acuerdo contigo en que Zoupon es el mejor comentarista, (Sin ánimo de menoscabar a ningún otro).
    Pues eso, que enhorabuena y a por otros mil (para empezar).

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  7. 7 Pemberton junio 9, 2013 en 6:44 am

    Me parece bien que pongas el parche antes del coscorrón y te autoproclames perezoso cuando de verdad no lo eres, 1000 de cualquier cosa es mucho, si tienes que llegar a la cifra uno a uno. Demuestra constancia y perseverancia justo lo opuesto al perezoso que te autoproclamas.

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  8. 8 Santiago junio 9, 2013 en 10:48 am

    Muchas felicidades, Duende, por este cumpleaños tan redondo y feliz. Y gracias por habernos hecho gozar y aprender (hoy, la palabra tolano) durante todo este tiempo con tu prosa, tus vivencias y tu cultura.
    El duque del Implantado, el marqués de Betanzos , el barón de Cap Llentrisca, y todos los avatares de mi alta alcurnia, se unen a mí en la felicitación. Y al Ilustrado de Refino se lo voy a contar para que se muera de envidia.
    En cuanto a empezar un relato compartido, te animo a ello y me apunto a la iniciativa, con el permiso de Capótegui.
    Molts anys i bons!

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  9. 9 joselopapos junio 9, 2013 en 5:53 pm

    Enhorabuenas mil, duende, y a por los 2.000. Un abrazo fuerte, con permiso de tu espalda.

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  10. 10 Aldara junio 9, 2013 en 5:57 pm

    Hoy más que nunca, ¡mil enhorabuenas! Menos mal que no cuajó aquella iniciativa del relato a tres, porque no cabe duda de que el trío era un tanto desigual, como demuestran tu efeméride y la novela que ha publicado Jáuregui, mientras que yo he tirado la toalla de la escritura sin ni siquiera sentir mala conciencia. Me siento feliz de celebrar hoy contigo este número 1000, tan apetitoso como un billete verde de aquellos años. Un abrazo grande y gracias mil.

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  11. 11 begoña junio 9, 2013 en 9:49 pm

    ¡ENHORABUENA DUENDE! Y gracias por tu sapiencia. Hoy me has enseñado tres nuevas palabras: marbete (la he buscado en el diccionario), peletorros y tolanos. Beso gordo.

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  12. 12 franciska junio 10, 2013 en 8:04 am

    En junio de hace ya 5 años, conocí este blog, lo he leído ,me he atrevido a opinar, y me ha enseñado a conocer y a sentir muchas cosas que no sabia que existían, del campo, de las nostalgias, de nuestros deseos escondidos, de ese inconsciente que nos hace ser personas .Hay que seguir siempre adelante……………..

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  13. 13 zoupon junio 10, 2013 en 11:33 am

    Al cabo de estas 1.000 entradas al blog, te cuento, Duende, que uno de mis pasatiempos diarios es leer atentamente los descriptores del artículo antes de meterme con él, y tratar de adivinar de qué tratará. Por ejemplo el de hoy: Me pregunto qué tendrá que ver Bach con Ana Bolena, con Frankenstein y con Pelé, y todos ellos a su vez con el año 1.000. ¿Sabes cuántas veces acerté? Pues ninguna. Así que te ruego encarecidamente otros mil más, a ver si suena la flauta de una vez.
    No creo ser tu mejor comentarista, aunque seguramente sí sea uno de los más asiduos, porque me he leído todos los 1.000, y muchos de ellos varias veces.

    1.000 gracias x 1.000 entradas = 1.000.000 de gracias.

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