Las rosas y las reglas del blog

Esta imagen esta tomada a modo de préstamo de paulaysuscosas.blogspot.com

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Después de las mil primeras entradas, y coincidiendo con la tensión que produjo el concierto, te has concedido un cierto descanso. No es pereza, es sentido de la medida. Estos días has visto que la gran aportación de España a la Bienal de Arte de Venecia es una instalación de una artista formada en Holanda que se llama Laura Almarcegui. Debe de ser que en los Países Bajos  consideran que eso de ganarle el terreno al mar sigue siendo un arte, de manera que nuestra representante en lugar de construir un polder ha acumulado unas cuantas toneladas de escombros en una habitación y, con la ayuda de una gran grúa, lo ha presentado en Venecia, tan contenta. Dice que es una deconstrucción del pabellón español, sin que tú tengas claro si se refiere al pabellón del año anterior o a éste, pero da igual, porque tampoco entiendes que Ferrán Adriá deconstruyese la tortilla de patata, con lo rica que está ésta no construida, ni destruida, ni mucho menos deconstruída, sino simplemente bien cuajada.

Te gustaría que alguien con autoridad te explicara qué significa deconstruir. De vez en cuando se ponen de moda palabras que algún listillo se saca de la manga, y los demás  picamos tontamente y acabamos haciéndolas nuestras.

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La creación de la artista Almarcegui pretenderá ser una metáfora de la nueva realidad virtual que ha creado Internet. Vemos, eso crees tú. Tu post de hoy, o el conjunto de los mil anteriores, quizás sean uno de los millones y millones de  palabras/adoquines con los que los millones y millones de blogueros como tú estais macizando el espacio. Te imaginas éste tan colmatado de palabras que ya le deben estar rascando la tripa a la luna. Pronto podría no caber ninguna más, así que mejor dejar de escribir de cuando en cuando y ahorrarle a la humanidad pensamientos inútiles. Hoy por ejemplo estabas dispuesto a proclamar que lo de la Bienal, como lo del uso y abuso del verbo deconstruir, es una monumental gilipollez. Pero para qué arriesgarte a que te consideren ignorante, cuando  el mundo de la cultura y los gurúes de la inteligentsia siguen pontificando con éxito. Escribe menos, y de cosas menos trascendentes, como las rosas en primavera.

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Para que alguien de por ahí te envidie, has decidido huir del mundanal ruido y pasarte tres o cuatro días seguidos en el campo. Sin grandes tareas. Los médicos te prohibieron la azada, la hoz, la carretilla y cualquier otra labor que pusiera en riesgo a tu frágil espalda. Así que aparte de echar  de comer a la perra, a los gatos, a los canarios, recoger los huevos del gallinero y regar alguna maceta, tu faena más exigente es cortar rosas.  Si los rosales fueran inteligentes serían menos prolíficos, pues toda la belleza de una rosa en su plena lozanía acaba siendo una amenaza cuando a su lado asoman cientos de hermanas que le quieren hacer la competencia. Para ti la rosa alcanza su máximo esplendor cuando en sus pétalos se empieza a adivinar la decadencia, como si fueran una película de Visconti. Pero su decadencia se presenta rápidamente, y si no actúas a tiempo, cortándolas cuando aún lucen guapas en el rosal, pronto serán naturaleza muerta. Muerta y deslucida.

Cortas cientos de rosas con tu tijera hasta que vuelve a doler la espalda. Y te acuerdas mucho de tu amigo Félix, que hundía su uña en los tallos y las arrancaba a mano, pacientemente, como si echar horas en este menester fuera de las pocas cosas importantes en las que merece la pena esforzarse. Quería darle la razón a Gertrud Stein, luego copiada por Nacho Cano. Una rosa es una rosa es una obviedad, pero también un reconocimiento. Una rosa puede ser sólo una flor, pero también un cuadro, un poema, un momento de gran placer para los sentidos, y una metáfora de lo efímera que es la vida. O sea, mucho, casi todo.

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Se sorprende el muy agudo Zoupon de que las etiquetas de tus post barajen a menudo nombres que nada tienen que ver entre sí, ni tampoco con el título de la entrada correspondiente. No lo puedes evitar. Tienes alma de abeja, que vuelas de aquí para allá, libando algo de cualquier flor para elaborar tu propia miel, no se sabe si buena o mala, pero tuya. Estás  leyendo un libro del historiador inglés Alistair Horne titulado El tiempo de Napoleón cuando, casualidad,  te enteras de que las rosas que más odias podar se llaman precisamente rosas Napoleón. Nacen sobre una especie de lecho de pilosidades verdes que parecen un nido de pulgones, y se te antojan horrorosas. No sabes por qué las han apodado así, esta vez ni siquiera Google te lo aclara. Sólo llegas a enterarte de que a Josefina le encantaban las rosas, y que en el jardín de su palacio conocido como la Malmaisonno sería tan mala la casa- había una espléndida rosaleda. Sospechas que algún botánico pelota, conocedor de la debilidad del emperador por los fastos y la pompa, creyó que al jefe le gustaría esta variedad sobrecargada, y se la dedicó a su esposa como trasunto floral de las mamarrachadas que vestía el corso.

También piensas la que se habría armado entre la comunidad botánica si otros tiranos contemporáneos hubieran bautizado a más rosas. Rosa Stalin, Rosa Hitler, Rosa Franco, Rosa Trujillo, Rosa  Pol Pot, Rosa Pinochet, Rosa Gadaffi…No habría espinas suficientes para rosas de esta calaña.

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Y resulta que escribes todo esto porque hoy te apetecía abordar un cuento que tienes en la cabeza, y lo dejaste para otro día por no liarte. Tienes que salir a andar, que te lo ha dicho el traumatólogo, y el cuento se te iba a enredar, y a enredar…Como este post, que mezcla churras con merinas, y se hace largo sin aclarar nada. Por Dios, que alguien regule y ponga límites cuanto antes a la nefasta manía de escribir un blog.

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9 Responses to “Las rosas y las reglas del blog”


  1. 1 Pilar Lladó junio 11, 2013 en 11:46 am

    Figue:

    Tu concierto fue la pera, pero tuve que salir corriendo con Aldara y su madre porque teníamos una cena, y yo llevaba el aperitivo……

    Me gustó mucho tu aportación verbal, nunca lo había pensado pero está muy bien.

    Estoy deseando verte.

    Un beso grandisimo

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  2. 2 Sa Granera junio 11, 2013 en 11:51 am

    Querido Duende
    Hoy me estreno pues las rosas lo pueden todo!
    Será lo q dices Napoleón , sea realmente la categoría de “moss roses” ?
    Dentro de estas hay una preciosidad q se llama chapeau de Napoleón , puedo mandar foto .
    Sigue paseando , es lo mejor q se puede hacer en un jardín !

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  3. 3 Cristina junio 11, 2013 en 12:44 pm

    Sigo leyendo tu blog con deleite. De hecho ya abro el correo por las mañanas esperando tu nueva reflexión sobre lo que ese día te haya venido a la cabeza .
    Ayer también corté yo rosas del jardín , de esas que están a punto de ” deconstruirse “, pero que al ponerlas en agua tienen un último resplandor en la mesa del comedor.
    Pensé lo mismo que tu has escrito sobre su belleza…
    Un abrazo

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  4. 4 Ángela junio 11, 2013 en 3:20 pm

    Nos alegra saber que vas mucho mejor y entre podas, paseos y gallineros no hay lugar a lamentaciones. Un beso.

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  5. 5 Ángela junio 11, 2013 en 3:22 pm

    Por cierto que todo el mundo comentó lo bien que estuvo el concierto!!! Enhorabuena.

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  6. 6 aldara junio 11, 2013 en 6:30 pm

    Hablando de la variedad de temas en un mismo post, recuerdo aquél en el que contabas las muchas definiciones de la palabra cucuné:

    ….. “Y componía sus propias definiciones. Cucuné: Baile popular de Guatemala. Cucuné: papilla de mandioca y sémola. Cucuné: corsé adornado con frunces y jaretas que puso de moda Maria Antonieta. Cucuné: contera del bastón del regidor. Cucuné: planta del orden de las cucubirtáceas cuya pulpa produce efectos afrodisíacos.
    La curiosidad le llevó a una de sus fuentes favoritas, el Diccionario del Español Actual de Manuel Seco, Olimpia Andrés y Gabino Ramos. El cucuné es un moño, sin más. Homper investigó en Internet y supo que algunos precisan, además, que es un moño alto que las damas distinguidas se hacían en la parte superior de la cabeza para diferenciarse de las que llevaban el moño vulgar”…………………

    Y a una le divirtió unirlas todas en un párrafo (que no sé si envió o no al blog):

    “La reina quería aprender a bailar el cucuné, y al efecto convidó a cenar a solas con ella a un regidor guatemalteco, el cual tomó de postre cucuné, una especie de papilla de mandioca y sémola, sin saber que en aquella ocasión un cocinero gamberro le había añadido semillas de una planta del orden de las cucubitáceas, que se conoce por el nombre de cucuné, y cuya pulpa es afrodisiaca. A poco de terminar el plato, que la Reina no probó, el regidor empezó a notar los efectos de las semillas, en forma de un abultamiento tan duro y firme como el cucuné de su bastón. También notó calor, un punto de asfixia, un desesfrenado galopar del corazón y un cierto estrabismo de sus pobres ojos, que se quedaron colgados del remate sonrosado del cucuné de la Reina, un precioso corsé adornado con frunces y jaretas del que emergían dos sonrosados melocotones, que le parecieron recién pelados para él. Taquicárdico, estrábico y frenético de deseo, el regidor guatemalteco estaba ya a punto de hocicar entre aquellos melocotones cuando la Reina se levantó con monárquica dignidad y dijo: “Me retiro, regidor, que hoy me pica mucho el cucuné”. Y se fue a rascarse el moño.

    Me ha salido un poquito ordinario, pero la culpa es del diccionario (perdón por el pareado). Gracias mil, Homper”………….

    ¿Habrá una regla que prohíba repetir antiguos posts? En fin, sigue con las rosas……

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  7. 7 julia junio 12, 2013 en 11:07 am

    Ni se te ocurra dejar el blog ¡con lo bien que nos lo pasamos! Y sana envidia (y de la otra) me dás, tú en el campo, trajinando, pero menos, y los demás en estos madriles que ya se adivinan soporíferos de calores. ¿No queríamos buen tiempo? Pues toma temperarturas….
    Me contaron de vuestro concierto interactivo, muy divertido y original, ¡Enhorabuena! Si yo no pude asistir sí que estuve muy bien informada. Mi familia es muy pro Figue, y desde hace muuuuuchos años.
    Yo también me escapo al mar la semana próxima. No tendré rosas que cortar pero sí unas buenas caminatas por la playa a las 9 de la mañana, después de desayunar, que es cuando aún no han bajado las familias de las tumbonas y los toldos.
    Que disfrutes a tope, todo lo que te deje tu cuerpo serrano. Un abrazo.

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  8. 8 joselepapos junio 13, 2013 en 5:52 pm

    Constato, con un cierto desánimo, que cuando llevo un tiempo sin aportar comentario alguno, desaparece mi nombre y dirección y entonces me siento mal porque me parece que he sido olvidado y el tener que volver a escribir mi DNI duendeadicto me hace sentir que todos estos años de seguimento fiel no han servido de nada, que si no estás a la que salta te quitan la vez, es como si en la cola de la pescadería te descuidas un poco y se te pasan dos o tres números…

    Y como todo lo dicho creo que no viene a cuento con el motivo de las rosas y tal, les diré que hoy me he dedicado a recoger papas en mi tierra adoptiva y he sido feliz en contacto con la madre tierra que nos proporciona el alimento y que nunca se nos debe olvidar, que parece que todo viene de Alcampo y compañia que ellos no han descubierto la agricultura que eso viene de muy atrás aunque a veces no nos acordemos. Y como creo que me estoy liando pues un abrazo fuerte a todos los duendeadictos y uno especial para su creador que tanto hace por estos sus hijos espirituales. Amén o así sea.

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  9. 9 Bête en sauce junio 14, 2013 en 6:36 pm

    Pues podría usted, Duende, cortarlas cantando con Gilbert Becaud “ l’important c’est la rose, l’important c’est la rose…”. Y luego lamentarse con Adamo “mais les roses d’haujourdhui sont artificeilles…” Cúidese.

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