El misterio del calcetín que reapareció

Hay misterios y milagros que nunca crees que sucederán, pero suceden...

Hay misterios y milagros que nunca crees que sucederán, pero suceden…

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En tus infinitas divagaciones sobre las potencias de Dios  la que más te intriga es la profundidad de su sabiduría, y lo que más te entretiene  habitualmente es especular sobre lainfinnitud de su archivo. Saberlo lo debe de saber todo. Es su deber, pues no se es Dios para resultar un ignorante sobre ninguna materia. Tú dejas de lado las incógnitas que más suelen inquietar a los humanos, a saber, la duración de sus vidas, el color de su futuro, qué número será agraciado con el próximo gordo de la Primitiva o cómo resolverá el pago de su hipoteca, y te centras en las sabidurías absurdas para las que sólo Él tendrá respuesta: ¿cuántas olas produce el mar cada día?, ¿qué pesarían en una balanza los pétalos de rosa caídos en un día de verano?, ¿tiene la consideración ética de mentira el decirle a una mujer guapa aunque sea manifiestamente fea?, ¿qué cantidad de salmones son engullidos por osos grizlies en los ríos canadienses?, ¿cuántas veces orinó Robespierre a lo largo de su vida?, ¿cuántas hormigas mueren de enfermedad o por accidente y cuántas de vejez?

Sólo Dios lo sabe, acostumbramos a decir en todo caso.

Cuando un medio de comunicación no tiene nada mejor que contar acude a la estadística, y reproduce números  que pueden alarmar, agradar o sorprender. Hoy por ejemplo el diario ABC decía que Madrid es después de Tokio la ciudad más arbolada del mundo, pues sólo en sus calles, parques aparte, hay plantados 287.346 ejemplares de árboles. Está bien, como madrileño la cifra te deja contento. Pero en tu curiosidad bulle algo de espíritu jaimitesco, y te gustan aún más algunos arcanos cochinos que permanecen sin ser desvelados. El otro día te hubiera gustado ser Dios para despejar el problema que se te planteó viendo cómo el conductor del coche de al lado aprovechaba el disco rojo para practicar la ingeniería de minas en sus fosas nasales, El problema lo enunciaremos como sigue.  Planteamiento: una gran parte de la humanidad se saca los mocos  fabricando con ellos lo que popularmente se conoce como albondiguillas. Cada cual procesa sus detritus como Dios –otra vez Él- le dio a entender, pero suponiendo que hubiera un centro de recepción y tratamiento que agregara todas las albondiguillas de la población en un año, calcular a partir de la propia producción el diámetro y el perímetro que alcanzaría un albondigón fabricado con todos los mocos de la humanidad.

Lamentas parecer irreverente, pero sólo Dios lo debe saber. No lo debe de saber, sinobque, por pura emanación natural de su omnisapiencia, lo tiene que saber.

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Bromeas porque hoy día la verdad es una exigencia que planea sobre la parcela más ridículamente pequeña de la realidad, y todo el mundo quiere saber todo de todo y el por qué de casi todo. Creemos que hay respuestas para todo, y que hasta el problema más peliagudo tiene su solución. Y tú lo dudas. Te dijeron, por ejemplo, que la cifoplastia que te practicaron en la novena vértebra lumbar iba a acabar con tus dolores de espalda. Y cuando tres semanas después de la intervención acudiste a la revisión, el mismo cirujano que con toda la naturalidad te vendía más o menos la purga de Benito admitía que eso no ocurre en todos los casos.

-Bueno, claro- vino a decir para explicar tu decepción- Es que la cifoplastia es eficaz sobre todo cuando la rotura de la vértebra es traumática, por el impacto de un golpe, y no por aplastamiento, como era tu caso.

Sólo Dios sabe por qué no todo se soluciona tan fácilmente como deseamos.

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Este pequeño incidente no te ha desanimado. Contabas con ello, te lo decía la propia espalda desde los primeros días posteriores a la intervención. No te dolía tanto cuando entraste en el quirófano, ni te duele más –ni menos- ahora. Tú mismo has introducido en tu software de salud el dato de que a tu edad muchos otros llevan años conviviendo con dolores extraños, molestias que aparecen, van, vienen y se quedan o no, según les peta. La ciencia cree saberlo todo, pero no siempre tiene respuestas para nuestros porqués.

Y tampoco le vas a molestar a Dios en esta tarde de domingo para preguntarle por qué te sigue doliendo la espalda, cuando tú mismo le has puesto en el brete de que se ponga a calcular el volumen y dimensiones del agregado de  mocos de la humanidad.

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Por lo demás, y aunque parecía que estos pequeños desengaños te alejabas de tu blog, estás contento. Es verdad que además has perdido tu tarjeta de transporte de la tercera edad, y que llevas toda la semana  loco buscándola. Sólo de pensar que tienes que averiguar dónde se pide un duplicado  y que tienes que dar con un fotomatón  para que te  fotografíe con esa cara de mafioso tonto que sacan todos los fotomatones  es una sobredosis de ansiedad que te ha impedido dormir bien, descansar, concentrarte y escribir un nuevo post. El mundo parecía hundirse a tus pies.

Sin embargo la vida sigue siendo maravillosa, y cada día recibes un nuevo estímulo que te obliga a ser feliz. Porque después de seis meses sin saber de él ha aparecido colgado en tu tendal de la ropa limpia aquel calcetín largo de hilo de color verde, bastante caro por ciento, que se supone fagocitó la lavadora de tu casa justo en su primera colada, cuando estaba recién estrenado. Su destino parecía el que reservan a sus congéneres tantas  las lavadoras sádicas, que nunca fagocitan a los calcetines por parejas, sino que los deja viudos.  Esta vez no ha sido así: la  mujer checa  que oficia de asistenta debe de ser un hada, y no se sabe cómo ha encontrado el calcetín perdido. Lo reuniste con su pareja, que dormía triste en un cajón y sentiste incluso que tus ojos lloraban de la emoción.

-Gracias Señor -oraste – por consolarme al menos con el regreso del calcetín perdido.

Otro misterio, gozoso esta vez, que esperas resuelva Dios si aún le queda humor para ello.

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4 Responses to “El misterio del calcetín que reapareció”


  1. 1 joselepapos junio 23, 2013 en 7:27 pm

    Bueno duende, como veo que estás muy solito hoy, te mando mi mensaje de solidaridad y alegría por el hallazgo de tu calcetín, como diría aquel, “un pequeño paso para el hombre…”
    Un abrazo.

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  2. 2 Fausto junio 24, 2013 en 9:57 am

    El paraiso debe ser un montón de calcetines favoritos en un multicolor patio de vecinos. Calcetines furtivos que deshicieron matrimonios supuestamente felices arruinados por un calcetin mal aparcado, alegre cuando fue concebido y triste prueba de infiel relación cuando fue encontrado entre los pliegues de una cama manchada para siempre. Cómo una prenda tan pequeña puede causar un daño tan grande.En la mayoria de los accidentes de tráfico se dejan un zapato que te hiela la sangre.

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  3. 3 begoña junio 24, 2013 en 10:22 pm

    UFFFF… ¡Cuánta inquietud! Después del surrealista cálculo de cuánto puede medir un repugnante albondigón comunitario, me encuentro con el hiper-realista y duro comentario de Fausto. Con lo que me quedo con mi frívola y primaria impresión: si un calcetín perdido es causa de felicidad, dediquémonos a encontrar la pareja desaparecida. Buenas noches.

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  4. 4 zoupon junio 25, 2013 en 11:07 am

    Me encanta tu preocupación por los pequeños problemas cotidianos, como el plástico de los cedés o los calcetines que se pierden o se arrugan en los pies. Casi cabría decir que la poblemática de los calcetines es al Duende lo que la poblemática del psicoanálisis es a Woody Allen.

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