Nada es perfecto

Estamos tan acostumbrados a los beneficios del progreso que a veces nos olvidamos de que nada es perfecto...

Estamos tan acostumbrados a los beneficios del progreso que a veces nos olvidamos de que nada es perfecto…

1

Había canciones populares que te hacían sonreír y otras que te sumían en una pena infinita. La del burro de la tía Vinagre, por ejemplo, te hacía gracia, aunque bien pensado tampoco era cabal reírse de un rucio que había llevado una vida tan miserable antes de estirar la pata. Pero aquella de En la estación de La Robla/ un maquinista lloraba/ porque la nieve caía/ y la máquina no andaba casi te inundaba  en lágrimas a ti también. Cuando la cantabas en el cole con el desafinado coro de tus compañeros y don Angel Pompey al piano te imaginabas al pobre hombre aterido luchando contra la tempestad blanca, forzando la máquina de vapor y con las ruedas de la locomotora resbalando sobre la nieve helada acumulada en los raíles. Lo veías desesperado comiéndose la gorra y mesándose los cabellos, porque peligraba la puntualidad del convoy, y con ello tal vez su sueldo, y con ello la muerte de tantas esperanzas de los viajeros, que a veces dependen de una hora exacta.

Y a ti el cuadro te producía una congoja profunda. Pobre maquinista.

Luego verías El maquinista de la General y Buster Keaton con su impavidez de pedernal te dejaría en cambio una imagen risueña del sufrido personaje. Todo lo contrario que te inspira contemplar hoy en todos los periódicos la estampa del maquinista del Alvia descarrilado en Santiago con la cara ensangrentada. Pobre maquinista, el tormento que le espera. Tú en su lugar hubieras preferido perecer en el accidente.

2

Homper sostiene que el progreso de la tecnología nos ha hecho tan poderosos que a veces creemos que nuestras máquinas o ingenios no pueden fallar. Esta confianza casi ciega en lo que hasta ahora había funcionado impecablemente iba en dirección contraria a la desconfianza y el descrédito de los maquinistas que conducen al país. Por lo que, acaecido el accidente, se abre la fase de buscarle los pies al gato. Nunca se sabe cuántos, si tres o cinco, que parece lo más lógico si se tiene en cuenta que la cola del gato podría confundirse con la quinta pata. Homper se queda perplejo de que en esta sociedad sedienta de culpabilidades no baste con el error o la impericia del maquinista, con el exceso de velocidad o con el presumible fallo mecánico, sino que pronto se apuntará más arriba: a los ingenieros que diseñaron el trazado, a un fallo en las transmisiones, a las empresas suministradoras de los trenes o, la madre de todas las desgracias, a la autoridad competente, que seguramente habrá sido justamente lo contrario. O sea, incompetente.

A ti te sorprende ese afán de aliviar el horror y la consternación presuponiendo que siempre hay otras causas de nuestras desgracias, además de las evidentes.

3

Por lo demás esta catástrofe sólo tiene de bueno el recordarnos otra  vez lo frágil y sinuosa que es la frontera entre la vida y la muerte, y lo imprevisible del momento y el lugar en el que aparece la parca. Lees en los periódicos que entre las víctimas del tren descarrilado estaba Enrique Beotas, que no era amigo tuyo, pero con el que coincidías en RNE hace tan sólo una semana, y Carla Revuelta, una chica de sólo treinta y ocho años que fue tu compañera cuando cantabas en el coro Via Magna. ¿Por qué ellos sí y tú no?…Para que luego te quejes de que nunca te toca la Lotería.

Ningún hombre es una isla, la muerte de cualquier ser humano también te disminuye. No te preguntes por tanto por quién doblan las campanas: doblan por ti, repites a menudo en casos como éste recordando el socorrido poema de John Donne. Todos morimos un poco cuando sentimos tanto dolor y tan cerca de nosotros. Entonces es cuando nos da miedo admitir que vivimos en la punta de una aguja, y que hasta lo más sólido y seguro se romperá en mil pedazos cuando lo quiera el azar.

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2 Responses to “Nada es perfecto”


  1. 1 julia julio 28, 2013 en 10:28 pm

    Sí Duende, yo también estoy muy apenada con el accidente de Santiago. Entre las víctimas mortales se encontraba Isabel Dans Gárate, amiga nuestra, que viajaba feliz a disfrutar de sus vacaciones con su hermana Cristina. Y, cosa incomprensible, Cristina solo tiene una pierna rota….mientras que Isa, ha sido una de las últimas en poder ser identificada….¡un horror! . Nuestra amiga, trabajó durante más de 40 años como Secretaria de Dirección del Hotel Intercontinental y allí la conoció y trató mi marido….También estoy pensando mucho en el maquinista ¡bastante tiene para el resto de su vida! No es suficiente pensar que se distrajo, que hubo un fallo humano, tal vez por exceso de confianza con esa curva que había tomado sesenta veces, que el tren llevaba 5 m. de retraso…que sé yo! Ya es suficiente como tú muy bien dices. Pero no señor, hay que cortar cabezas….Verás la de chorradas que nos quedan por oir..
    Mientras tanto, ha refrescado en Madrid y las temperaturas nos dan un respiro. Bendito sea Dios! Cuídate Duende, un abrazo.

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  2. 2 maribel julio 29, 2013 en 7:13 am

    buenos dias a todos!!!!! no por la alegria del momento si no porque hacia mucho tiempo ke no entrana por aki!!!! toda catastrofe tiene sus lecturas y en el mundo ke vivimos actualmente mucho mas…..pobre conductor , pobres victimas y ke hartura de tantos canales de television ke nos martirizan a siempre lo mismo , las mismas imagenes y siempre hablando de lo mismo , como si las pobres personas heridas o salvadas no tuvieran bastante……saludos y besos

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