Francisco, un buen día de verano

Francisco en sello1

Las razones por las que un hombre más bien escéptico pasa un buen día de verano pueden ser muy diversas. Además, tú ni tan siquiera  tienes ya tan seguro lo que es un buen día de verano. Años atrás no lo hubieras concebido sin darte un chapuzón en el mar, en un río o como poco en la piscina. Y sin esperar al menos una mirada de esa moza que salía del agua recogiendo sus formas de mujer y caminando tímidamente mientras se sacudía el cuerpo como una gacela mojada.

Ahora ni necesitas refrescarte con una zambullida. Estás en Madrid, y en el foro nunca se te ocurre que hay que bañarse. Asimilaste en su día aquella definición de Madrid como poblachón manchego lleno de subsecretarios (Cela). Desenfocada definición al día de hoy, cuando cualquier pueblo manchego seguro que dispone de una piscina municipal gloriosa financiada por la Unión Europea, que por ahí también se debe de haber desaguado la Europa de los mercaderes. Tampoco es grave lo de tu afición al secano. Con los años uno acaba reconciliándose hasta con sus manías más extravagantes.

2

Sorprendentemente en este julio tan exageradamente caluroso el fin de semana refresca y el domingo amanece en Madrid nublado. Era una buena noticia. También lo era que ya no necesita España el posado en bikini de Ana Obregón para sentirse feliz. Santo cielo, qué madurez la de este pueblo.  No se sabe si porque la musa de las revistas del corazón ya no está para esos numeritos  o porque tiran más dos camisetas (las de Neymar y la de Isco)  que dos tetas, el caso es que ahora vemos mucho más futbolistas fichados y las barbas de Rajoy que el tanga de la sonriente actriz, lo que puede que tampoco sea buen síntoma.

Una llamada de teléfono de mujer te quebró las lucubraciones.

-Abuelo-  que si me llevas al Retiro, porque me aburro.

Marina tiene una voz diamantina y ocho años muy redichos. Como encabeza un pelotón de seis mujercitas  y la pequeña de las nietas sólo ha cumplido dos, te parece ya tan madura que a menudo crees pasear con una licenciada en lugar de una niña. La mañana está fresca, cuasi otoñal. Sólo un par de días antes habías escuchado por la radio que se celebraba el día de los abuelos, una de esas advocaciones estúpidas con las que se da jabón sucesivamente a casi todo y  casi todos: día de la madre, del padre, de la mujer, de los niños, del corazón, de esta o aquella enfermedad, de la música, del agua, del ahorro de energía, de los animales de compañía, del orgullo  gay, del teatro… Se te ocurre proponer que se consagre ya el Día Internacional de los que no tienen día, y se acabe con el baboseo mediático de estos homenajes. También te da por pensar que ya has hablado con la primogénita de tus nietas cien veces más de lo que tu abuelo Pablo pudo compartir contigo, y que en estos momentos un niño con abuelos es un niño con más padres y madres. Tú en particular no necesitas que te dediquen un día, porque ya lo hacen tus nietas cada vez que te reclaman como lazarillo para los días de vacaciones.

-A mí me gustaría vivir en el campo-dice la criatura mientras dais un larguísimo paseo por El Retiro– porque sales de casa y no necesitas a los mayores para pasear. Y además juegas con la perra, y te bañas, y recoges los huevos de las gallinas…

La vuestra es una mañana de conversación peripatética. A su tierna edad Marina, como cualquier niño de ahora, entre muchas observaciones y pintorescas historias que cuenta, también plantea cuestiones que te ponen en un brete.

-Abuelo, ¿por qué hay tantos pobres en la calle?…

Te callaste. Tu excusa es que era el día de los abuelos sin respuesta.

3

Cuando esta España que al modo unamuniano tanto nos duele aún se lame las heridas del Avia descarrilado en Santiago, salta otra mala noticia. Tan típica del verano como expresiva de la secular estupidez humana. Un agricultor se pone a quemar rastrojos y provoca el incendio que arrasa dos mil hectáreas –hasta el momento- en la Sierra de la Tramuntana de Mallorca, declarada por la UNESCO patrimonio de la humanidad. Nunca aprenderemos. Sin embargo la mañana te había dejado una huella amable, y estabas dispuesto a ver el vaso medio lleno. Aunque no eres especialmente vaticanista, sino más bien al contrario, te ha llamado la atención la claridad y la rotundidad con la que se está pronunciando el papa Francisco en Brasil, donde entre otras broncas a los políticos, a los ricos y al propio cuerpo de servicio de la Iglesia ha clamado por la laicidad del Estado. A ti, tan influido por el poder del lenguaje, te parecía que este papa era como esos entrenadores argentinos tipo Valdano que se devanan en volutas de filosofía hueca. Pero ahora has cambiado de opinión.

-¿Será Francisco el promotor de la perestroika que la Iglesia necesita?-te preguntas esperanzado.

La noticia te parece verdaderamente importante, y te ha dejado el alma contenta. Así que como en Unitel Classic –un canal de música clásica que descubriste hace poco y que te tiene entusiasmado- ofrecen por la noche una Novena de Beethoven dirigida por Daniel Barenboim y nadie vigila tus excesos, porque es otra de las ventajas de vivir solo, buscas tu partitura de la Oda de la Alegría y te sumas al coro cantando desde tu palomar como si estuvieras en el mismísimo Albert Hall donde se celebra el concierto. Ya insinuabas al principio que nunca se sabe cómo acabará un buen día de verano.

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3 Responses to “Francisco, un buen día de verano”


  1. 1 franciska julio 29, 2013 en 3:44 pm

    Las preguntas hoy en dia de un nieto, te pueden poner en mil apuros, ¿Como es el cielo ? tu contestas, -un sitio precioso lleno de las cosas que te hacen mas feliz,- ¿como el parque de atraciones?.- bueno, parecido. Anda ya, y como van a subir hasta ahí arriba las atracciones…………… ¡¡Horror ¡¡
    Lo del Papa actual, efectivamente, esta siendo algo nuevo. Tenian miedo por la seguridad y ha sido el encuentro más multitudinario. ¿Estará cambiando algo, tambien en la iglesia? me encantaria, porque hay cosas que hace mucho que me chirrian.

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  2. 2 julia julio 29, 2013 en 4:07 pm

    Disfruto todo lo que puedo de mis dos nietas, de 8 años una y la otra a punto de cumplir 12. Entre ellas son primas, que no hermanas, y congenian divinamente a pesar de la diferencia de edad. Y este verano, después de la segunda quincena de agosto, he decidido llevármelas en exclusiva, abuela, Berta y Elba, a una aldea gallega, en la Ría de Muros, con fuertes arraigos familiares. Seguro que será una experiencia única y maravillosa….y hasta ahora nunca había tenido la oportunidad.
    El Papa Francisco me tiene muy bien impresionada. Nada que ver con ninguno de sus predecesores. Es otro estilo, otras ideas, muy apartadas del lujo y boato que nos tenía acostumbrados la Iglesia de Roma… Veremos a ver si consigue meter en vereda a toda la Curia ¡difícil lo tiene! pero me gustaría.
    Un beso Duende. Cuídate y ya sabes eso de que en Madrid, en verano, sin familia, Baden-Baden….

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  3. 3 Cap Llentrisca agosto 2, 2013 en 6:23 pm

    Bella página, Duende.

    Yo también espero con inquietud el día en que mi nieto me pregunte por qué no doy una limosna a la mendiga del semáforo de Colón a la que, estoy seguro, la explota un mafioso. Tanto me inquieta que no sé si, llegado el día, para ahorrarme la siguiente pregunta (¿Y por qué no la salvas tú del mafioso?) voy a bajar la ventanilla y darle unas monedas…

    Coincido con Julia, y el marqués de la Valdavia, en que Madrid en agosto y sin familia, Baden-Baden. (Mi pariente creo que añadía “y con recursos”. Se ve, Duende, que a usted éstos le sobran. Y, además, de la mejor calidad.

    Cuídese y si le apetece venir a refrescarse por estos pagos no tiene más que decirlo. (Aunque por lo que parece coincide usted con mi pariente en que lo malo de Madrid en verano es que refresca por la noche…).

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