El sueño de otra noche de verano

Hay que aprovechar las noches de verano para mirar el cielo estrellado y dejarse ir...

Hay que aprovechar las noches de verano para mirar el cielo estrellado y dejarse ir…

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No hay tu tía, se ha descolgado del cielo de Madrid esa especie de velo gris y espeso que teje la  calima de los treinta y muchos grados y te entra une ligera depre. Melindres. Rápidamente te acuerdas del Quijote cruzando el secarral manchego con la sesera recalentada bajo el yelmo de Mambrino y del Cid del poema machadiano, el ciego sol, la sed y la fatiga/ por la terrible estepa castellana…Sus fazañas y aventuras correrían precisamente en días como éste. Esos eran hombres.

Como los que están ahora mismo encaramados en un andamio limpiando a pleno sol las cristaleras de un rascacielos mientras el sudor les empapa el mono y el arnés de seguridad. O como ese pastor, ese héroe solitario que aún se aventura en algunas zonas de España a apacentar su rebaño de ovejas o cabras. Da igual que sea a siete bajo cero que a cuarenta y dos a la sombra, no salen en la tele ni en los papeles, pero ahí están siempre. Qué tíos.

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Total, que no tienes derecho a deprimirte. De modo que te pones leer el periódico. ¿Ayudan la política y la economía? No, más bien al contrario, así que te vas al abanico de frivolidades que se abre en estas fechas en las últimas páginas de los periódicos. Benidorm para adultos por 59 euros, crucero fresco por el norte de Europa a bordo del Grand Mistral desde 464 euros, Islas griegas por sólo 246 euros, mojitos en la playa de los Lances de Tarifa por no se sabe cuánto.

Te temes que lo que te cuadra es Benidorm para adultos por sólo 59 euros. Y en ese mismo momento decides mentirte a ti mismo y asegurarte que no tienes ni 59 euros. A continuación refrescas en tu memoria otros veranos que fuiste almacenando en tu imaginario ideal, a saber, Las vacaciones de Mr. Hulot, la risa inocente de la primera infancia,  a saber, Verano del 42, la pasión algo menos cándida del primer amor imposible, a saber, Mi familia y otros animales, el libro de verano que más te hizo disfrutar, y por el que sigues pensando que siempre nos quedará Corfú.

Y a pesar de la plasta del calor africano, te vas animando.

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Mientras tanto se reinventa el saber. Un par de sabios de estos que no son del CSIC y pueden permitirse el lujo de seguir investigando han desmontado la teoría de la costilla de Adán. Iluso de ti, crees que lo entenderás, pero te embarcas en la lectura de un farragoso reportaje donde hablan de cromosomas, ADN, secuenciaciones, mitocondrias, citoplasmas y mutaciones y al final no te queda claro si Eva fue anterior a Adán, si la especie humana tiene 142.000 o varios millones más o si esta nació en Africa oriental o en los cayos de Florida, aunque también pudo ser que  fuera en Las Pedroñeras, capital mundial del ajo. Fuiste a por lana y saliste trasquilado. Querías saber algo más y, como siempre que los sabios le dan la vuelta al Génesis, confirmas que casi son más creíbles las bellas metáforas imposibles de la Biblia que las verdades demostradas de la ciencia.

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Das por hecho que las nuevas generaciones son más listas que tú, dueño de una incultura enciclopédica en materia científica. Pero aun así te atreves a escribir al Consejo Mundial del Saber que, si no les sirve de molestia, se abstengan de comunica los resultados de sus estudios complicaditos a los de sesenta para arriba, que ya os habéis hecho una idea de lo que es el mundo y el rollo de la vida, y que teméis quedaros descolocados a estas alturas.

Sin embargo dejas bien claro que recibiréis con los brazos abiertos cualquier luz que aclare la intrincada factura de la ídem, así como el método para abrir los abrefáciles sin desesperarse y echar denuestos sobre el padre de ese siniestro invento.

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Aún guardas el regusto de dos pequeños/grandes placeres que ocasionalmente te hacen bendecir el verano. Uno fue un maravilloso melocotón que te ofrecieron tus amigos Ana y Ramón la última noche que cenaste en su casa. Es difícil que un simple fruto te demande unas líneas a su atención. Más difícil aún que lo consideres como algo perfecto y que te  ilustre la utopía del paraíso terrenal, donde no te explicas que la serpiente ofreciera a Eva una manzana y que ésta picara si había melocotoneros en el Edén. Pero de verdad que aquel ejemplar era tan carnoso y tan exquisitamente dulce, jugoso y perfumado que supuso una buena dosis de felicidad completa. Quizás completa precisamente por lo poco que duró.

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El otro fue contemplar el cielo estrellado extendiendo su manto sobre la noche de Gredos. Se te olvida a veces que esta reserva de gozo de una noche de verano está siempre ahí, a disposición de cualquiera que busque respuestas para sus dudas y un escenario mágico para su imaginación. Dos amantes a miles de kilómetros de distancia pueden sentirse en contacto con sólo ponerse de acuerdo coincidir poniendo los ojos en la Estrella Polar a la misma hora. Un poeta ultraísta quizás decida dejar de escribir versos, porque ya no cabe más poesía que la noche salpicada de diamantes. Una persona castigada por el dolor recibirá de ese cielo un maná de consuelo. Un creyente con suerte quizás encuentre a Dios por ahí, navegando entre tantas estrellas fugaces de constelación en constelación, como un delfín juguetón. No hay otro espectáculo igual.

Tú te quedas pasmado tal que Homper, el hombre perplejo. No estás muy seguro de creer, ni de soñar. Sólo miras a las estrellas, te pellizcas y agradeces.

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2 Responses to “El sueño de otra noche de verano”


  1. 1 Capótegui agosto 3, 2013 en 8:56 am

    Precioso post.
    En cuanto a la primera frase, me permito recordarle la tutía, o ungüento-remedio de los árabes basado en el sulfato de cobre…
    Véase http://www.wikilengua.org/index.php/no_hay_tutía

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  2. 2 julia agosto 3, 2013 en 11:40 am

    Solo con leer tus post se te pasan los calores…porque te hacen soñar y te trasladan a nuestro paraíso particular. Enhorabuena Duende.
    Para admirar las estrellas y la fase lunar lo que procede es estar en el campo, en el mar, con un amplio horizonte para ti solo. Desde Madrid, desde la ventana o balcón de tu casa (por lo menos de la mía) no es lo mismo…. Así que estoy feliz porque, a partir del próximo lunes, podré disfrutar del magnífico espectáculo celestial, desde el Valle de Lozoya, en El Paular concretamente, donde se abren los cielos y las montañas al mismo tiempo y puede ser de una belleza increíble….
    Sigue deleitándonos que es un lujo. Cuídate. Un fuerte abrazo.

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