Un 5 de agosto memorable

Ver amanecer en Madrid y pasear luego por lalguno de sus barros de la periferia tampoco es mal plan para agosto...

Ver amanecer en Madrid y pasear luego por uno de los barrios de su periferia también puede ser un buen plan…

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Llega agosto, Madrid aligera su carga humana y tú tienes que confesar algunas de tus debilidades inconfesables. Reconoces una cierta adicción a varios factores que te ponen plomo en las alas para decidirte a abandonar tu palomar y volar hacia las vacaciones. Uno es el gusto por la soledad y el silencio. Otro es la ausencia de compromisos. Como aquí no hay playa, que bien lo recuerda la canción, te quitas ese cuidado. Como apenas te queda familia y amigos en la villa y corte, nadie te requiere para almuerzo, comida, merienda, cena o copa alguna. Hay días en que ni suena el teléfono. Tienes una cierta inclinación por lo insólito, pero lo insólito insignificante y aburrido, lo que nadie haría por considerarlo absolutamente falto de interés.

Sólo quieres y necesitas andar, porque te gusta y además te mantiene en forma. Y puede parecer una perversión, pero a la vista de que la ola de calor africano ha cedido,  te pones el sombrero, te echas una mochila a la espalda y una vez disfrazado de guiri –sin  la botellita de agua en la mano, por Dios- coges el metro y te vas al pueblo de Vallecas.

Desde ahí volverás andando a tu casa.

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Piensas en lo mal que has organizado tu vida, pero te complaces en tu propio caos. Durante el largo paseo vas repasando los múltiples destinos maravillosos en los que podrías despertar. Claro que desde no todos ellos observarías el amanecer tras las cúpulas y los tejados de Madrid, como haces tú cada mañana.  Día tras día,  la salida del sol se va desplazando en el horizonte hacia la derecha de tu observatorio, buscando su solsticio de invierno. En menos de un mes, en lugar de levantarse entre las siluetas recortadas del Madrid de los Austrias lo hará entre los bloques de ladrillo de los nuevos madriles que se van extendiendo al este  y sur de la capital.

Y qué rápido pasa todo.

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Es imposible caminar con la mente en blanco. En cada paso se frunce un recuerdo, un pensamiento, un deseo, una idea, uno de esos buenos propósitos que jamás se cumplen, una duda. De repente el nombre de una calle te lleva a alguien con el que lo relacionas, y vas mentalmente con esa persona amiga un ratito. Te cruzas con un vecino  de piel oscura, y concluyes que poco se parece ya este paisanaje multinacional al  Madrid suburbial de Galdós.

A propósito de suburbial, incluso a ti te suena anticuada esta palabra. ¿Se podrá seguir utilizando, o es otra de las políticamente incómodas que se debe tapar con un eufemismo?

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Por donde vas sigues ejerciendo tu pasión de diablo Cojuelo. ¿Y quién vivirá en ese piso con las persianas cerradas? ¿También se han ido sus dueños de veraneo? ¿A Torrevieja? ¿A Miño? ¿A Elche de la Sierra? Y la señora esa que tiende la ropa en su terraza…¿se llamará Manuela, Trini, Adela?… Tal vez su nombre sea Olga, o Anouchtka porque en Vallecas hay mucha población rusa. Y marroquí, y búlgara, y rumana. También vallecana, se supone

Desayunas porras en Vallecas. Compras pan de centeno en Vallecas. Y te sientes moderadamente satisfecho, porque al fin haces algo nuevo en tu vida. ¿Mira que si tu extravagancia se convierte en trendic topic? (También reconoces que no estás muy seguro de lo que significa eso de trendic topic. Pero por si acaso cuadra y además mola incurres conscientemente en la gilipollez).

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La entrada en la almendra central de Madrid viniendo desde Vallecas no es lo más elegante de la ciudad. Así que como de lo que se trata es de andar, te desvías hacia el norte en dirección al Retiro, buscas la zona más umbría y solitaria del maravilloso parque y te sientas durante una hora en un banco para leer los periódicos en el IPAD.

Confirmas que en agosto los periódicos son casi totalmente prescindibles.

Continúas el paseo por la Cuesta de Moyano, donde compras cuatro libros por diez euros.  Vuelves a casa, te duchas, comes, te echas la siesta. Te despiertas, tomas un café con hielo, estudias durante dos horas la Pasión según San Mateo de J.S. Bach, que si todo va bien cantarás con tu coro  en el mes de marzo. Después lees El hombre del salto, de Don De Lillo,  una de las gangas compradas en Moyano, haces una cena ligera y acabas el día viendo por la tele Harper investigador privado, una buen thriller protagonizado por Paul Newman en los años sesenta.

Luego te vas a la cama, y lees un poco más antes de que el sueño te venza y apagues la luz.

Resumes mentalmente:  qué pérdida de tiempo, qué plan tan absurdo. Qué domingo tan tonto. Y qué cinco de agosto tan esaborío.  Sin embargo tú, parafraseando al poeta, estás convencido de que hay otros días de verano, pero están en éste. Que, por cierto, casi te parece más original y divertido.

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2 Responses to “Un 5 de agosto memorable”


  1. 1 Charivari agosto 6, 2013 en 9:23 am

    Debe estar toda la “peña” por ahí (el destino que más me ha gustado es Elche dela Sierra, lo tengo que buscar en el navegador de algún amigo pues yo no poseo semejante aparatito) o es muy temprano… me extraña que no haya nadie por el bosque.
    Totalmente identificada contigo, Duende, gracias por este paseo matutino tan calmado y fresquito.

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  2. 2 Cap Llentrisca agosto 6, 2013 en 11:24 am

    Duende, con tantos recursos como posee usted, es capaz de convertir lo trivial en insólito. Espero por el bien de todos, salvo de los vallecanos, que su paseo no se convierta en “trendic topic” porque -no lo dude- terminarīamos viendo a los guiris con la botellita de agua en la mano. Y entonces, se acabó todo el encanto. Cuídese y continúe disfrutando de Madrid-Madrid, Vallecas-Vallecas o Cercedilla-Cercedilla.

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