Qué verdes eran mis valles

Por uno u otro motivo, todos los valles tienen su encanto. ¿O no?...

Areu, en el fondo de Vall Ferrera. Por uno u otro motivo, todos los valles tienen su encanto. ¿O no?…

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Piensas que seguramente les va a molestar a algunos independentistas intransigentes que lo digas así. Pero lo cierto es que Les Valls D´Aneu están en la comarca del Pallars  Sobirá, y también dentro, buena parte de ellos, del Parque Nacional del Alto Pirineo, que, se diga en catalán o en castellano, pertenece a la provincia de Lleida. A esta, por cierto, ya le han apeado del nomenclátor oficial su castellano topónimo de Lérida, no obstante lo cual continúa integrada en la Comunidad Autónoma de Cataluña, que de no haber cambiado nada esta noche, es parte de España. Como ocurre que tu pasaporte confirma que eres español y algo te toca de este viejo país, y a esto se añade que has estado por allí disfrutando de unas deliciosas jornadas de senderismo por valles de una belleza y, sobre todo, de un verdor apabullante, te has acordado de aquella novela que John Ford convirtió en una maravillosa película. Se llamaba esta Qué verde era mi valle, la recuerdas especialmente porque además contaba una historia que pellizcaba en el corazón. Lo cual te da pie para ampliar su título y aplicarlo a estos privilegiados enclaves de naturaleza pura que llegan a emocionar al alma.

Son por tanto, también, tus valles. Y lo grande es que estaban allí, tantos años esperando a que los descubrieras, sin que demasiada gente te contara que de ninguna manera debías perdértelos. Qué verdes eran tus valles pirenaicos, y cuánto te han impresionado.

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Al fondo de cualquier valle, un pueblecito encantador. Las casas tienen aspecto de centenarias. Sus muros y paredes de piedras pardas llamativamente regulares, como planchadas por no se sabe qué mano poderosa, que las moldeó casi tal que ladrillos. La iglesia, si no románica, coronada su torre por ese tejado de pizarra negra que parece el sombrero de una bruja. La mayoría de ellas, te cuentan, son del siglo XVIII.  Gran parte de la fábrica de piedra de esas edificaciones parece ensamblada sin llaga visible, piedra seca lo dicen en unos sitios, piedra viva lo has escuchado en otros. Las calles pinas, pulcramente encachadas o pavimentadas con alguna concesión al hormigón y al ladrillo árabe, pero siempre incrustadas de algún pedrusco que será como la caspa que le cae rodando por los ríos y nogueras cuando la mano divina sacude las hombreras a los Pirineos. Calles sinuosas, de esquinas a menudo redondeadas, siempre limpias, sin envueltas de helados o de Chupa-Chups por los suelos.

La mara de Deu –te dices asombrado- ¡Qué pulcritud!

Incluso en agosto, apogeo del veraneante mochilero y de pantalón pirata, por las rúas de estos pueblos sólo respira el murmullo del silencio, jaspeado a ratos por el miau de algunos gatos. En Surp, que presume de ser el primer pueblo que celebró elecciones democráticas después de la muerte de Franco, bajo una arcada de piedra que sostiene a una casa asentada a ambos lados de la calle, unos niños juegan a las cartas.

¡Guanya el rey!- dice un nen poniendo un rey de espadas sobre el suelo.

Sorprendentemente, juegan con una baraja española. ¿Cuánto faltará para que la Generalitat maquille a Heraclio Fournier  e imprima una baraja netamente catalana? Después de haber creado la Lotería propia, que tanto escama a la Bruja de Sort…¿a qué esperan estos nacionalistas timoratos para seguir haciendo patria?

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Te llama la atención un detalle amable. Junto a la puerta de la entrada de las casas, suele haber un rótulo con el nombre o el apellido de quien allí vive. Casa Pujadas, Can Ramonet. Casa Bofarull, Casa Masana. Te produce la misma impresión que la primera vez que visitaste Amsterdam, con los enormes ventanales de las casas, siempre las cortinas descorridas, como si sus habitantes anhelaran la luz del sol y quisieran exhibir sin tapujos hasta sus bibelotes más cursis. Te gusta esa ingenuidad de los que creen que su alma es digna de ejemplaridad. No tanto el afán exagerado de marcar su identidad nacional que se ha despertado en los catalanes. En el punto más alto de cada pueblo, un asta donde flamea la senyera. En numerosos balcones y ventanas, la estelada, que no sabes si es historia rescatada del olvido o heráldica oportunista de nuevo cuño. Todos los rótulos en catalán, todas las cartas de restaurantes en la lengua de Mosén Cinto, como si el resto de la humanidad no tuviera derecho a saber lo que va a comer cuando pide una mitjana o unos calçots. Tú no te arrugas, te vales de tu buen oído y de lo que aprendiste del latín y del francés para creer que lo entiendes todo y vacilarles en un catalán macarrónico que a ningún nativo, por cierto, parece disgustarle.

Te acuerdas sin embargo de lo que decía Machado de la Castilla venida a menos .

Castilla miserable/ ayer dominadora/ envuelta en sus andrajos/ desprecia cuanto ignora

Contrario  sensu, la ignorancia  del castellano , que tanto desprecia ell independentismo rampante, le acabará costando caro. ¿A quién beneficia borrarla lengua que más se habla en el mundo? Habrá  cadena humana para celebrar la Diada, y puede que con ello consiga salir en la prensa como si hubieran batido el Guiness Record de las butifarras. Pero aunque estos remotos valles pirenaicos permanezcan igual de idílicos, serán más pobres si el nacionalismo obsesivo sigue cerrando el campo de su mirada.

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Crees que cualquiera de estos valls d´Aneu que has recorrido te encantaría para pasar ahí un tiempo: una semana, un mes, un año. Por ejemplo Areu, al final de la Vall de Ferrera, es un pueblo encantador algo más importante que la mayoría de los que has visitados, y muy completo, por cierto. Aparte de iglesia, bares y algún comercio tiene río, bosques, casas con flores en las ventanas, jardines cuidados, verdes prados ondulados, parques para los niños, campo de fútbol de hierba como el soñabas de niño para jugar con tus amigos. Te planteas entonces si vivir de continuo en uno pueblo tan bonito como este, hundido entres dos cadenas montañosas, reconforta el alma o acaba generando la sensación de aislamiento y un cierto desasosiego. La cuestión se te plantearía al poco tiempo: ¿cómo se ve la vida rodeado de esas  crestas rocosas que hoy limitan tu mirada?

-Oh, bien –te dice Magín, que llegó al pueblo hace sesenta años, se casó con la maestra y desde entonces no salió de allí- Ahora las cumbres están peladas, y las laderas de las montañas verdes. Al tardor (en el otoño) amarillean las hojas, el sol dora las rocas por la tarde, y los árboles se tornasolan hasta  color naranja. Luego en invierno nieva, y los picos parecen modelados de nata y merengue…El panorama parece siempre el mismo, pero nunca es igual.

Te cuenta que vive solo desde que enviudó hace treinta años, que no tiene hijos y que, a pesar de gozar de buena salud  recibe semanalmente la visita de una asistente social. También te confiesa que, cuando no pasea, otea los picos o juega a las cartas con sus amigos, se sienta a la puerta de su casa leyendo La Vanguardia  y mira de reojo al balcón de la casa de enfrente esperando a que salga a tender la ropa su inquilina, que aunque vive en el pueblo trabaja en una tienda de Esterri d´Aneu.

Es muy reguapa, oiga –te subraya sonriendo con picardía- Y como que se dedica a la moda, y debe cuidarse, cada día lava su ropa interior, cada día  tiende sus braguitas y su sostén para secar y cada día sus prendas son de un color distinto…¿E que es macu aixó?

Qué verdes eran tus valles. Y qué verdes son aún, especialmente algunos de ellos.

 

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3 Responses to “Qué verdes eran mis valles”


  1. 1 joselepapos agosto 24, 2013 en 6:35 pm

    Que si, que es muy frustrante que cuando todo tiende a la famosa globalización estos señores se quieran encerrar en su globo. Y también, que por más años que cumplamos, no dejamos de pensar en verde.
    Un abrazo.

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  2. 2 Bête en sauce agosto 27, 2013 en 9:35 am

    Voy a avisar de inmediato al padre Bonete para que te recuerde el sexto mandamiento. Que se puede pecar también sólo con el pensamiento!

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  3. 3 Pemberton agosto 28, 2013 en 9:31 am

    Que pesadilla esto del nacionalismo de parroquia.
    Por mucho que quieran diferenciarse y poner fronteras lingüistas, culturales, inventarse un pasado y algun que otro fielato no van a dejar de ser lo que son : habitantes de unas provincias del Reino de España enfadadisimos por su condicion de ser subditos de la Corona.
    Que pereza …¡¡¡

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