La ruta de los buscadores de fe

la pequeña iglesia románica de Estaron, una de las muchas que podrían integrarse en esta nueva ruta...

La pequeña iglesia románica de Estaron, una de las muchas que podrían integrarse en esta nueva ruta…

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Los grandes viajeros clásicos iban por el mundo con el afán de descubrir y ser los primeros. Los de ahora, seguís la sendas de otros. Parece que os reconforta, como si no tuvierais la seguridad de que lo que uno avista por primera vez, aunque sea maravilloso, pueda ser de interés general. Si se sabe de personajes históricos que han  ido marcando el camino, mejor. Como que le sacas más partido al viaje, velay lo que es la falta de criterio.

-Donde esté una buena ruta de famosos –piensa el Juan Español turista-que se quite la del Románico, porque al final, detrás de una iglesias de esas medio rota siempre hay una virgen, un santo, un noble o un obispo. Y eso ya lo tenemos muy visto…

En los Pirineos , torpe de ti, no encontraste la senda de Aníbal, que tanto te intrigaba. Te hubiera encantado visualizar in situ lo que imaginabas a partir de una película hollywoodiense que viste de niño, con el inefable Víctor Mature de protagonista. Nada. Ni un solo cartel o folleto publicitario recordando el paso de tu héroe. Sí encontraste en cambio otras huellas menos triunfales de nuestra memoria histórica. En Areu, al fondo de la Vall de Ferrera, varios paneles informativos punteaban las rutas por las que en 1939 escapaban rumbo al exilio francés muchos españoles que habían perdido la Guerra Civil. Lo que no significaba que todos los que se quedaban en España la hubieran ganado.

Esta guerra da mucho argumento a lo largo de la cordillera pirenaica. En Tavascan, último pueblo de la Vall de Cardós también se invita a recorrer los mismos caminos por los que transitaron los perseguidos por el ejército de Franco y los efectivos del Maquis, que hacían incursiones desde Francia y seguían dando batalla porque no se resignaban a perder. El turista puede hacer esas duras marchas de montaña como un saludable ejercicio físico o como un vía crucis de tristes recuerdos. Tú sospechas que el morbo también alimenta a la fe del caminante.

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-Pero ya le digo –insiste el turista prototipo- Donde esté un famoso, que se quiten las barbas de la historia…

La fama hoy es la televisión y el cine. La primera ha generado en los últimos años cantidad de series que sin duda han calado en los gustos de la mayoría de los españoles. A falta de grandes temas de actualidad, las pocas veces que has escuchado la radio este verano te ha sorprendido que varios programas debatieran sobre las series de televisión de los últimos años, y pidieran a los oyentes que contaran cuáles fueron o son sus series favoritas.

Como aquí el más tonto hace relojes dormido, algunas consejerías de turismo han tomado buena nota de este interés público. Una vez que dejaste el Pirineo y te plantaste en la costa asturiana has podido ver en el Concejo de Llanes paneles que ponen en un mapa hasta veintitrés puntos distintos de lo que podría llamarse la Ruta de los Rodajes famosos. Al césar lo que es del césar y a Dios lo que es de Dios: la Santina y Don Pelayo, seguirán siendo los que eran, pero Isabel, el Doctor Mateo, el Gran Hotel, Águila Roja  y las películas de Garci o de Gonzalo Suárez también venden lo suyo. Y no es cosa de desperdiciar un turista por un quítame allá esos pelos  de la historia.

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En el pequeño pueblo de La Granja, a unos kilómetros de Salas, das en uno de tus paseos con un espléndido palacio rehabilitado en el más puro estilo de casona asturiana. Junto a él una iglesia, y rodeando ambos edificios, un frondoso y umbrío parque que cae hacia el valle y rodea un muro almenado. Ves a la entrada un gran cartel que anuncia el Hotel de los Condes de Toreno, pero las puertas para el paso de los coches están cerradas. No te resistes a la curiosidad. Encuentras otra puerta y penetras en el noble recinto con la emoción contenida, esperando ver en el jardín al espíritu de la condesa haciendo macramé o a los de las niñas del conde lanzando al aire su diávolo. Pero sólo ves bajo una pérgola de mármol a un tipo repantigado en una butaca de mimbre mientras habla por su teléfono móvil.

-Perdone –le dices por justificar tu allanamiento de morada- Es que pasaba por aquí quería hacerme una idea de lo que es el hotel…

El tipo del teléfono  te cuenta amablemente que el hotel cerró el pasado invierno. Lo había comprado un grupo sevillano del que supones, por su acento, que él forma parte, pero la crisis pudo con sus buenas intenciones, y ahora está a la espera de un nuevo destino como otro testimonio más del antiguo esplendor de la nobleza. También te dice que en el palacio se instaló durante la guerra el General Aranda, dato que no habías leído en ninguna guía. Seguramente porque las huellas de un general golpista, aunque fuera masón, atraen poco al turista de nuestro tiempo

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Recuerdas en cambio con cierta ternura esas iglesias y ermitas solitarias ancladas desde hace siglos en la piel de España, a mundo olvidadas de casi todos, comprometidas tan sólo con el tiempo y con la historia que se va escurriendo por sus huecos y espadañas. Muchas de ellas medio derruidas, otras desacralizadas, la mayoría visitadas tan sólo el día de la romería de la virgen o el santo a los que están consagradas. Bastantes, definitivamente abandonadas.

Recuerdas la ermita de San Beado en el valle de Unarre, en medio de un monte flanqueado por dos espectaculares cascadas que brillan a lo lejos como dos cintas blancas descolgadas desde las cumbres, la de Santa María de las Neus de Arreu, tan pequeña y humilde en un paraje arrebatadoramente hermoso, el diminuto templo románico de Nasarre, una aldea abandonada hace años en la sierra de Guara. Como ante tantas joyas de nuestra arquitectura religiosa pretérita, te impresionaron su soledad y su silencio. Y se te ocurrió pensar que, puesto que el turismo es en buena parte mitomanía, bien podrían señalarse estos enclaves con una placa que dijera algo así:

En este templo hoy  olvidado habitó Dios y alguno de su corte celestial

Puede que esta Ruta de los Buscadores de Fe –es título provisional-, si no tanto glamour como la de los rodajes famosos, también  tuviera su pequeño éxito entre los creyentes inquietos.

 

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2 Responses to “La ruta de los buscadores de fe”


  1. 1 Otro porsi septiembre 1, 2013 en 12:18 am

    Buscadores de la fe, creyentes inquietos, “porsis” … Imposible no intentar trascender nuestras miserias ante esos maravillosos testimonios de fe y esperanza. (La caridad es otra cosa y cuesta más). Por cierto ¿dónde está Estaron? ¿No tiene acento?

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  2. 2 Luis septiembre 1, 2013 en 10:33 am

    Estaron esta en el Pallars Sobira, posiblemente en el partido judicial de Rialp o de Llavorsi.Es un pueblo diminuto, de los que solo tienen iglesia. No acentuo porque no manejo bien este teclado, y porque, ademas de los cambios de la RAE al respecto, no se si el nombre esta en catalan, y desconoZco las normas de esta lengua sobre la tilde. Si creo recordar que el cartel a la entrada del pueblo no llevaba acento.

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