Archivos para 29 septiembre 2013

El coleccionista de haigas

Cadillac1

Josefina se enorgulleció cuando se enteró de que una de aquellas mocitas madrileñas que iban a Chamartín contentas y risueñas porque jugaba su Madrid fue ella, que se lo dijo Manoli, la farmacéutica.

-Como lo oyes, guapa- le confirmó esta- El autor del himno también fue cliente de la farmacia, no creas…Y uno  de esos días que íbamos juntas al fútbol todas las de la pandi del barrio, con nuestras bufandas y nuestros bocadillos, y la ilusión de ver a los futbolistas bajarse  del autobús, nos vio y le hicimos gracia. Musas que fuimos, aquí donde nos ven con estas lorzas –subrayó palmeándose el caderamen.

-Tiempos aquellos- suspiró Josefina.

– Ya ves –añadió Manoli mientras le largaba una caja de ansiolíticos con esa cara de resignación esclava que ahora ponen todas las farmacéuticas-…Y aquí seguimos, jodidas, pero en el himno. El de toda la vida –matizó-, porque ahora el que les gusta más es ese tan pretencioso  que canta Plácido Domingo, que donde está bien es cantando Doña Francisquita…¿Sabrán los barandas del club lo que significa aquello de zapatero a tus zapatos?

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Irían las mocitas aún más contentas y risueñas años después, cuando llegó Di Stéfano y el Madrid se disparó, empezó a encadenar un título con otro y se convirtió en un club envidiado. Y siguieron felices durante más de cincuenta años, cuando los fenómenos eran en su mayoría  españoles, salvo alguno especial que el presidente pescaba fuera.

-Zapatero a tus zapatos –pensaba Josefina dándole vueltas a la frase de Manoli-¿Qué era aquel presidente Bernabéu?…Un tío listo de pueblo que , aparte  de pescar peces en Santa Pola y genios el fútbol en el extranjero,  sólo pensaba en el Real Madrid¿Qué es el presidente Pérez?…Pues todo lo contrario: un nuevo rico que no sabe cómo darle mñas gusto a su ego.

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Se lo dijo a sus hijos y a sus nietos, todos del Madrid.

-El presidente Pérez sólo es un coleccionista de haigas.

La veterana aficionada, con sus arrugas y sus lorzas a cuestas, tuvo que explicar a los suyos que, en los tiempos en que nació el himno del Madrid, los que se enriquecían súbitamente no eran los futbolistas famosos, sino los toreros de tronío. Y era fama que estos, para marcar territorio y compensar su incultura con signos de opulencia, iban a las tiendas de coches donde se exhibían los  Cadillac, Lincoln, Buick,  Packard y otros lujosos modelos norteamericanos y decían.

-Quiero comprar lo mejor que haiga.

Y salían de la tienda del concesionario conduciendo alguno de esos larguísimos y relucientes cochazos que deslumbraban, y que  a partir de entonces el pueblo llamó haigas.

Dice Josefina que los últimos haigas de Pérez se llaman Cristiano Ronaldo, Bale, Isco, Illarramendi. Ancelotti. Y que a Florentino le mosquea que llegue el Atleti, que ya padeció otro presidente coleccionista de haigas -Dios le tenga en el lugar que se merece- y ahora gane con autoridad al Madrid. Entre otras razones, por tener en sus filas a un chico de Vallecas que se llama Koke, y que no costó un euro porque es de la cantera.

¡Y encima a Pérez le aclaman los socios en la Asamblea!– se quejaba esta mañana a Manoli mientras le pedía una caja de Optalidon para calmar los dolores de cabeza que le trae el club de sus amores- Pobre presidente…Es tan pobre que sólo tiene dinero.

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Mientras las forofas que antaño iban a Chamartin tan ilusionadas se lamen sus heridas, en la acera de enfrente, todo júbilo por la nueva victoria de David contra Goliat, aplauden con las orejas al coleccionista de haigas. Josefina, Manoli la farmacéutica y las otras mocitas madrileñas mentadas en el himno del Madrid así lo sienten. Porque lo del sábado no solo fue el triunfo del Atleti y del sentido común. Sino, sobre todo, la derrota de la horterada y del afán de epatar  que proyectan los ridículos nuevos ricos del fútbol.     

Regeneración

Siempre hay que esperar que en otoño arranque un tren apasionante...

Siempre hay que esperar que en otoño arranque un tren apasionante…

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-Cuando llueva volveremos a vernos. Nos reuniremos cerca de la estación, para ver salir algún tren. Rondará por allí algún perro vagabundo, ladrando al primer sol que asomará tímidamente por el hueco del rasgado de una nube oscura. Pronto sentiremos el aroma de la tierra mojada, y veremos llegar la furgoneta del churrero al café de al lado de la estación. Desayunaremos café con porras recientes, nos miraremos a los ojos y nos diremos que el pasado no importa…

Podría ser un párrafo de cualquiera de esas novelas de autores casi desconocidos que  liquidan en la Cuesta de Moyano. Aunque fuera una novela vulgar, no te importaría secuestrar esa secuencia y montarla a moviola pura en tu película de hoy. Por el horizonte que ves desde tu ventana las cúpulas y las torres de Madrid se recortan sobre el cielo nuboso plomizo y cárdeno. Ya hay bastantes árboles que amarillean. Aún no está de llover, pero en el aire fresco  de la mañana se barrunta la humedad. Un pellizco gratis de felicidad. La atmósfera se mueve, hay cambio, hay borrón y cuenta nueva, el alma, como la tierra, se humedecerá y pronto retoñará la hierba.

Te gusta el otoño porque ingenuamente crees que significa regeneración.

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Inopinadamente, te has encontrado con otra estación y otro tren que parte. Cuando tengas pocas esperanzas, siempre te quedará la música. Tus compañeros del coro del  CEU, donde dejaste de cantar cuando entraste en talleres, te han invitado a cantar con ellos el puente de Todos los Santos. No a Bach ni a Haendel,  sino boleros, habaneras, tangos, canciones de Serrat y de Silvio Rodríguez y, por no perder el aire de coro serio, música del Renacimiento  y su ración de gregoriano.

Y lo más grande: el concierto se celebrará en Cracovia. Te hace mucha ilusión, porque ya estabas convencido de que no irías jamás a Cracovia. Ni a Des Moines, ni a Vladivostok,  ni a Tombuctú…Además, hoy debes acudir al primer ensayo serio de la otra gran aventura coral de la temporada, que será cantar en el próximo mes de marzo la monumental Pasión según Mateo de J.S.Bach en Eisenach y en Leipzig, las dos ciudades clave en la vida del gran patriarca.

Que llueva, que llueva, la Virgen de la Cueva. Que cuando llueva, volveremos a vernos. Se pondrá la tierra amorosa, y nacerán, entre muchas otras esperanzas, los níscalos o rovellons, de los que  Josep Pla escribió: son como una oreja de señorita con sabor a pinaza. Qué fino ingenio.

Esperas anhelante el verdadero otoño porque, ingenuamente, piensas que hay que ilusionarse por algo para seguir viviendo.

Desayunos sin brújula

¿Será posible que con la de veces que has desayunjado a lo largo de tu vida aún no tengas claro cuál es tu desayuno perfecto?...

¿Cómo es posible que después de tantos años desayunando aún no tengas claro cuál es tu desayuno ideal?…

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Desayunas un kiwi, una ciruela, un poco de esos cereales que llaman Muesli con leche y café. Lo del kiwi, que no te gusta mucho, te lo metieron en la cabeza cuando la quimioterapia hacía de las suyas y dificultaba el tránsito intestinal. Que curiosa palabra la de tránsito: tanto se utiliza cuando alguien muere  como cuando necesita laxantes. Supongamos que ese es tu caso. Afortunadamente.

Hoy ha caído ese desayuno, otros días tomas tres galletas Digesta, cuando te da, tostadas con aceite, tortas de ídem, roscón cuando es época o cualquier tipo de bollo o bizcocho. Y si hay porras o churros recientes, eso sobre todo. Viva el colesterol. Tú ya tienes lo tuyo, pero desde que los análisis te dijeron que tenías el índice de colesterol perfecto te das al aceitamen y a la chacina hasta lo que te pide el cuerpo. Tus arterias bien, aunque tu barriga no engaña. Lo notas en los agujeros del cinturón, que siempre te gustó llevarlo apretado hasta el último ojete. Ahora te oprime, para qué te vas a engañar. Pero te importa menos porque ya estás en edad senatorial, y a estas alturas de la película, y con chaqueta, como te gustará volver a llevar cuando el larguísimo y calidísimo verano se retire, la silueta de señor clásico disimula las curvas.

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Especulas con lo variable e indefinible  que es tu desayuno porque vives días de nosequé. Debe de ser un fenómeno típico de estas temporadas bisagra, en las que no se sabe si aún es verano u otoño, si hay que cambiar el fondo de armario o no, si hay que poner en marcha algún buen propósito o desengañarse de él cuanto antes, si es mejor escribir y salir a pasear o pasear y después sentarte a escribir, si hay que estudiar un curso de alemán o apuntarse al gimnasio, si mantienes tu tertulia o solicitas el ingreso en la Sociedad de Amigos de las Micología.

El caso es que a la duda proverbial de la época añades la tuya personal y constante, que manifiestas hasta en los detalles más insignificantes de la vida. Hace poco, revisando papeles, veías escritos tuyos de diferentes momentos y observabas cómo tu letra cambia de un año a otro. Unas veces letra grande, otras pequeña, a ratos recta, luego tumbada. En ocasiones los rasgos son muy marcados. Poco después tu pluma parece que ha derretido las aristas, y dibuja unos trazos largos en los que es difícil adivinar palabras inteligibles. Qué caligrafía tan mutante. Como tus desayunos.

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Como tú mismo. ¿Licenciado en derecho, publicitario, empresario varado, comunicador, rapsoda, humorista, caricato o excéntrico, como te titulaba el epígrafe fiscal en el que te encuadraba el antiguo IAE?… Llevas unos días intentando encontrarte a ti mismo, y pensando en la necesidad de ordenarlo todo: tus prioridades, tus gustos, tu plan de vida, tu forma de presentarte, tus papeles, tu casa. Para que seas capaz al menos de encontrar el cortaúñas cuando lo buscas. Dios, qué caos.

Luego te acaba venciendo la indefinición, y sigues en tu tiovivo, incapaz de detener tu caballito en una opción, y de ser lo que antes se llamaba un hombre de una pieza.

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Y a ti te divierte, crees que incluso te compensa esta forma de ser/no ser. Aunque lo cierto es que la historia acaba perteneciendo a los que lo tienen todo claro, y están convencidos hasta del desayuno que hay que tomar antes de ponerse en marcha  y arreglar el mundo.

La mula y los mil ducados

Algunos nacionalistas inflamados reclaman lo que parece imposible...

Algunos nacionalistas inflamados reclaman lo que parece imposible…

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Homper es el Hombre Perplejo: no nació para otro cometido. Y a fe que cada día, con su nuevo afán, acaba dando muchas oportunidades a  la hompericidad. La de ayer vino motivada por unas declaraciones del presidente de ERC Oriol Junqueras.

¡Ah, carambas!- dice parodiando lo que ha dicho por el ínclito catalán- Como que el nacionalismo no concibe que por el hecho de separarse de España Cataluña deje de ser estado miembro de la Unión Europea, la solución ha de ser la doble nacionalidad….Porque, óigame, hay mucho nacionalista que ama la lengua castellana, y el Quijote, oh, ya ya, y  las tradiciones españolas, y la tortilla española, y tot aixó. Y no sería justo privarle de este  legado cultural y sentimental…Así que ya está, cap de problema, doble nacionalidad, doble pasaporte y tothom content, pero dentro de la Unión Europea.

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Amores sospechosos. Hasta hace un ratito, España les robaba: ahora es tan maca que hasta sigue mereciendo la pena no dejar de ser español de alguna manera. La quimérica propuesta le sonó a Homper en un principio como una muestra más del bon seny, pero a poco de repensarlo asomó la oreja el piensa mal y acertarás. Llegando entonces a la conclusión de que lo que Junqueras sugería era una variante más del conocido por el interés te quiero, Andrés.

-Pues el Oriol se ha quedado corto- matizó la Venancia, vecina de L´Hospitalet de LlobregatMi marido el Magín es mes catalá que la botifarra, y como que nos han prometido que aixó de la independencia va a ser Jauja, quiere la mula y los mil ducados. O, con perdón de la expresión, el sueldo del general y la verga del teniente. Así que puestos a pedir, quiere no la doble, sino la triple nacionalidad.

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Sostiene Homper que no daba más de sí su capacidad de asombro, y que pidió a la Venancia que le presentara al Magín por si, conociendo de primera mano su original tesis, podía ayudarle a que sentara jurisprudencia. Quizás los sabios constitucionalistas que tratan de arreglar el desmadre identitario originado por el presidente Mas y sus compañeros de viaje de la leal oposición pudieran encontrar en la tesis de la triple nacionalidad más fundamento para cuadrar el círculo y conseguir que los catalanes sean nación independiente, españoles, europeos y todo lo que se les antoje.

-Que por pedir a nadie  meten en la cárcel, óigame- le explicó el Magín a un Homper ya más que turulato- Y yo a más a más de catalán y español, que ya me bastaría para seguir siendo europeo, quiero ser sueco.

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Además, la nacionalidad sueca. Así de sopetón ya no cabía más disparate. Pero Magín se explicó y a medida que hablaba sus argumentos cobraban tanto peso como los de Junqueras. Porque Magín decía que desde joven fue un enamorado de Anita Ekberg, y practicante de la gimnasia sueca, y amante del aquavit y del smorgassbord, y devoto delas niñitas que, por Santa Lucía, abren paso a la Navidad con la corona de velas encendidas ciñendo su linda cabecita, y coleccionista de todos los premios Nobel de Literatura editados a todo lujo por Planeta.

¿Pero de verdad que también quiere la nacionalidad sueca? –le preguntó Homper pasmado.

¡Y tant!- replicó el Magín- Así cuando me pidan que pague impuestos ni hará falta que me haga el sueco.

Todo por la patria-pensó Homper- Nunca hubiera sido capaz de imaginar por mí mismo la nobleza que late en el sentimiento de quien busca su auténtica nacionalidad.

Los incorregibles bocazas

 

También le habría podido recordar su anuelita que calladito estaba más guapo...1

La primera reacción de aquellas ancianas inmortales fue de estupefacción. Una vez a la semana se reunían en la mesa eterna a tomar el te, y repasaban, a vista de pájaro, los asuntos terrenales. Aquella tarde la abuela de Cristobalito Montoro  estaba confundida, y más que eso, incluso molesta por lo que acababa de decir su nieto.

-¡Pero si siempre tuvo abuela!-se lamentaba la buena señora- Y nunca le fallé…Siempre fui de lo más cariñosa con él…¿Quién es más listo?…¡Cristobalito!…¿Quién es el más aplicado?…¡Cristobalito!…¿Quién tiene la carita de murciélago más guapa de la humanidad?…¡Mi Cristobalito!…Y ahora dice que dentro de poco España asombrará al mundo con sus logros económicos…

La pobre anciana apenas pudo retener sus lágrimas.

-¡Como si no hubiera tenido abuela!- dijo entre sollozos mientras secaba su arrugado rostro con el moquero.

-Calla, calla- le consoló la abuela de ZapateroPeor fue lo de mi Joseluisín…Mira que yo le había dicho siempre que era como un principito de cuento, igual que Bambi, tan limpio y transparente en su mirada que no sabía yo si era la abuela de un chico de León o del Niño Jesús de Praga…Pero nada, no se contentó con el jabón que le daban los artistas y su claque y tuvo que decir aquello de que estábamos a las puertas del pleno empleo, que habíamos superado a Italia e incluso a Francia y que ya éramos temidos en la Champions de la economía…¡Qué bochorno!

-¡Y qué mal trago para ti y para nosotras!-dijo la abuela de Montoro señalando a otras abuelas de la eternidad que también se sentían ninguneadas.

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A la mesa de te se acercó  la abuelita de Pedro Solbes, recordando lo mal que lo pasó cuando su nieto Pedrito, tan solvente hasta entonces, dijo que de crisis nada de nada mientras el barco se hundía. Y por las bóvedas de otros rincones de la eternidad resonaban igualmente las voces de más abuelas decepcionadas por las tonterías que habían dicho sus ilustres nietos pese a los muchos elogios y cariños que ellas les prodigaron cuando eran niños.

-Pues mi Felipín, tan  inteligente como era, se lució con aquello de OTAN, de entrada no

-Pues mi José Antonio dijo que España era una unidad de destino en lo universal…¿Qué necesidad tenía de decir esa tontería?…

-Pues anda, que cuando a  mi nieto  Paquito se le ocurrió decir que los Principios Fundamentales del Movimiento son por su propia esencia permanentes e intangibles, y que todo quedaba atado y bien atado…

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El descontento se había adueñado de aquel colectivo de abuelas en la eternidad. Todas creían haber amado y elogiado con el mayor cariño a sus importantísimos nietos. Pero sin embargo ellos, como si nunca hubieran tenido abuela, se habían obstinado en fanfarronear diciendo frases grandilocuentes que al poco tiempo quedaban reducidas a simples gilipolleces.

-En lugar de mimarles tanto, podíamos haberles recordado que en boca cerrada no  de entran moscas-dijo la abuela de Montoro.

-O por la boca muere el pez –añadió la de Zapatero.

-O uno es dueño de lo que calla, y esclavo de lo que dice- subrayó la abuelita de Solbes.

-O calladito estás más guapo -volvió a la carga la abuelita del ministro de Hacienda.

Las abuelitas de José Antonio  y de Franco, advirtieron entonces que el Jefe se acercaba a la mesa de te y aprovecharon la ocasión para hincarse de rodillas ante Él y pedir por todos sus nietos lenguaraces que parecen no tener abuelita.

-Perdónales, Señor- imploraron- Porque son políticos, y no saben lo que dicen…

Cuba en la habitación de al lado

 

La protagonista de esta historia cuando todavía no tenía claro lo que quería ser en la vida...

La protagonista de esta historia cuando todavía no tenía claro lo que quería ser en la vida…

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Deberías empezar aclarando que no hablas de la isla, aunque algo tenga que ver con ella, sino de una persona querida. Resulta que esa persona nació morenita, como morenita fue toda su vida. Y que por entonces en las panaderías/confiterías de Madrid, aquellas que además de barras de Viena, pistolas y fabiolas despachaban bollería y hasta milhojas, había también una especie de merengues recubiertos por una fina capa de chocolate a los que llamaban cubanitos.

-Mira a la niña, tan morenita, envuelta en su toquilla blanca-debió de decir la pastelera al verla entrar en su tienda en su cochecito de bebé- Si parece un cubanito.

Seguramente lo dijo con la cadencia de un verso de  García Lorca, pues en verdad suena como tal si se recita con los ojos cerrados: mira la niña, tan morenita, envuelta en su toquilla blanca/ si parece un cubanito con la sonrisa escarchada…

Y la niña, que se llamaba Concepción y que estaba destinada a ser una Conchita más, con Cuba se quedó.

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Los motes te sonaban muy elegantes a ti cuando eras niño. En la edad de la inocencia uno crea escalas de valores un tanto extrañas. Tú creías que las muelas de oro, las cicatrices de la vacuna de la viruela en los brazos de mujer, la nuez pronunciada en los hombres y los apodos, por ejemplo, daban mucha categoría. Y no digamos nada el lucir en el anular un sortijón con rubí. Luego resulta que todos estos detalles deslucen la apostura del personal, y que los motes despistan lo suyo. Tienes un amigo al que llaman Gordo y fue toda su vida un mozo espigado y justo de peso, mientras que Cuba no sólo tampoco fue gorda, sino que jamás se pasó de copas. También tienes una hermana pequeña que tú mismo apodaste Camiseta, tal como a sus dos años y con lengua de trapo pronunciaba ella el diminutivo de su nombre de Carmen. La criatura, hoy abuela infatigable de siete nietos, y por razones comprensibles que quizá no vengan al caso, jamás se ha enfundado una prenda como la que oculta su verdadero nombre.

Las apariencias engañan a menudo. Y los motes también.

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Tú acababas de conocer a la hoy madre de tus hijos y Cuba ya estaba estaba allí, en la casa de los que habrían de ser tu suegros, sentada junto al tablero de diseño, vigilando el proyecto  de fin de carrera del hombre con el que quería casarse. Ramón tenía que diseñar una escuela. Dibujaba, borraba y volvía a dibujar, se mesaba la cabellera, enredaba una y otra vez con la regla, la escuadra y el cartabón como si aquello fuera un rompecabezas tan dificultoso como el cubo de Kulbik. Ella quería casarse pronto, y él debía acabar antes la carrera de arquitectura. La chica que heredó su nombre de los cubanitos no se despegaba de su novio.

Tú la descubriste ahí, y te llamó la atención el perfil de su cara, recortado en el ventanal contra el verde de los plátanos que arbolan la Castellana. Aquel perfil sí que estaba perfectamente dibujado, silueteaba a una chica mona, con su nariz pequeña y graciosa y el frunce justo en su labio superior para marcar seriedad y determinación. Porque podría ser de palmito acubanado, que no lo discutes tú, y vestir con mucho encanto y combinando con gracia los colores, pero nunca se perdió en habaneras ni otros sones que embriagan y hacen perder el sentido. Era todo un carácter.

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Como se estilaba entonces entre las chicas bien con posibles, pasó una temporada en Inglaterra, por aquello de aprender inglés. Cuando volvió para atornillarse definitivamente al tablero de dibujo como si fuera el flexo, traía unos jerseys de lana magníficos, marcando estilo. Tú sólo aparecías por aquella casa rondando a Isabel, una de las cinco hermanas de Ramón. Tampoco era Cuba particularmente efusiva, había en su sangre materna algo de esa mujer andaluza tipo Bernarda Alba que juntaba genio y severidad, y le costaba romper en dulzura. Pero recuerdas nítidamente que a su regreso te dio un par de besos, en las mejillas, mua y mua, y que te trajo de regalo una caja de galletas escocesas, de esas con mucha nata, que tanto engordan y tanto te gustan.

-Gracias, Cuba –supones que le dijiste sobreponiéndote a esa cara de gárgola con la que a menudo, sin darte cuenta, también vas tú por la vida.

Te quedaste ligeramente desconcertado. No eras nada de ella. Luego seríais concuñados, que es una relación un tanto extraña, pero entonces sólo empezabas a ser el titiritero de la familia, el animador de saraos y festejos. Desarrollaste con ella una cierta afinidad, aunque sólo fuera porque se desvivía por la estética y el estilo de las cosas, y a tu manera,  tú también empezabas  a huir del feísmo que a menudo impone la vida.

No olvidas que en aquel tiempo, al igual que tu amigo Santiago, seguramente llevabas calcetines marrones.

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 Cuba Calderón fue directora de la revista Nuevo Estilo y más tarde de la Casa de Marie Claire. Cuando se manda en cualquier sitio, y más si se tiene que vender algo tan relativo como el buen gusto, es normal reforzar tu autoridad con un punto de arrogancia. El personal admite que un ilusionista no puede ser como un representante de bayetas Vileda.

Había que pasar por encima del personaje de Cuba para descubrir a su persona. Tú y los tuyos, y  hasta tus nietas, os beneficiasteis de ella, porque en su papel de cuñada, o de tía, o de vecina en el campo, era hospitalaria y generosa,  abría las puertas de su casa a quien pasaba por ahí, y daba de comer la mar de bien. Ponía en la cocina ese toque de buen gusto y de originalidad que le bailaba de la mesilla de noche a sus pendientes, de estos a los jarrones de flores, que acicalaba con tanta gracia, y de ahí a los fogones. Fruto de sus inquietudes fue un recetario que coescribió con Maki Pérez-Planco  en el que repasaba una gran variedad de platos cocinados a partir de ciento veintiun ingredientes. Y consideraba que no había ninguno que mereciese salir a la mesa si no parecía pintado por Úrculo o bien ordenado en esas geometrías de colores que le gustaban a Mondrian.

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Hará cosa de tres años fue tocada por el cáncer. Y el 8 de diciembre, día de su santo, se te ocurrió regalarle una pequeña Inmaculada pintada al óleo por algún desconocido de hará un par de siglos. La compraste años atrás en un anticuario, y no era una gran pintura, sólo ternura, ingenuidad y la noble pátina del tiempo por encima para honrar a su virgen y solicitar un pequeño milagro. El cuadrito iba acompañado de unos versos. En ellos decías que si la Inmaculada fue capaz de hacer ganar a uno de nuestros tercios de Flandes una batalla que tenía perdida- y de ahí data el ser patrona de la Infanteríacómo no la iba a salvarla a ella, que también se llamaba Concepción , y que además luchaba contra su enfermedad como una auténtica Alatriste.

Nadie sabrá lo que falló. Puede que la pintura fuera demasiado mala y, y que pasara inadvertida para la Virgen, o que los versos tampoco estuvieran a la altura de las circunstancias.

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Al antiguo animador de saraos y festejos ahora le piden otros cometidos. El último, y sin duda el más comprometido, decir unas palabras en el funeral de esa concuñada compañera de fatigas con la que había intercambiado tantas llamadas el último año.

-¿Cómo lo llevas?- era la pregunta más repetida al teléfono –Yo no tengo quimio hasta dentro de dos semanas…

El compromiso no era fácil. Tú no eres partidario de convertir un funeral en una sesión necrológica. En mi funeral, el que sepa y quiera, que rece- dice un amigo tuyo lleno de buen sentido- y el que no, que se calle. En estos tiempos de confusión sin embargo es fácil confundir la fe y la oración con el cariño y el deseo de homenaje. A ver cómo salías del paso sin faltar a lo uno o a lo otro.

8

…Y al final el que salió en tu ayuda fue San Agustín.

Genio y figura hasta la sepultura-dijiste para glosar la resistencia de Cuba a abandonar su estética personal cuando ya agonizaba.

Y es verdad. Cómo consolaba verla tan guapa y bien maquillada incluso en ese trance.

Pero luego añadiste que a medida que vas cumpliendo años y que muchos de los tuyos van muriendo sientes que la muerte sólo es otra fase de la vida. Algo normal si, como te enseñaron a creer, sólo desaparece un cuerpo y transmigra el alma. El alma de ese ser querido permanece en uno especialmente viva si a su paso por la tierra dejó  en ti, como prendidos con imperdibles, recuerdos de generosidad, de alegría y de buenos momentos.

-A mí los míos no se me mueren nunca- subrayaste, citando a una viejecita de pueblo que había  visto morir a su marido, a sus hermanos y a tres hijos suyos- A mí los míos no se me mueren nunca- repetía la mujer con los ojos en lágrimas, pero sonriente pese a todo- …Porque algo de todos ellos queda dentro de mí.

Nadie muere si deja puestos muchos imperdibles en el corazón de la gente.

9

Esta vez cerrabas el acto como si fueras un cura, aunque no precisamente el padre Bonete. Y utilizabas para ello la reflexión que Agustín de Hipona ponía en boca de un ser querido muerto que habla desde el más allá.

Enjugad el llanto y no lloréis si me amáis.

Dadme el nombre que siempre me habéis dado. Hablad de mí como siempre lo habéis hecho. No uséis un tono solemne o triste.

Seguid riendo de lo que nos hacía reír juntos. La vida es lo que siempre ha sido, el hilo no se ha cortado.

Por cierto, que esta llamada a la naturalidad, ese emocionante  sursum corda al que invita san Agustín, empieza con estas palabras:

La muerte no es nada. Sólo he pasado a la habitación de al lado.

¿Y cómo habrá quedado la habitación de al lado después de esta historia?…Pues, gracias a Cuba, sin duda más confortable y bien decorada de lo que estuvo nunca. Cuba al cabo, genio y figura hasta más allá de las estrellas.

 

 

Estampa de perro mirando al mar

Perrro en Ibiza1

Te acercas de nuevo al blog mientras preguntas en qué consiste la felicidad, y por qué este verano creías que eras feliz, cuando eso de la felicidad siempre te pareció un cuento, un imposible metafísico, una proclama voluntarista de seguidoras de la Señorita Francis.

Luego te miras el estilo y te dices que cómo vas a escribir de eso sólo tres días después de que a tu pueblo, que es Madrid, le dieran por el COI, no se sabe si porque el COI es la leyenda negra resurrecta o porque en realidad no somos tan estupendos como nos contaban. Por cierto…¿qué sabe el pueblo? Casi nada de todo. Sin embargo le bombardean  con slogans de famosos, datos, informes, estados de opinión y monsergas de los politólogos, y allá que va creyéndose el elegido. Y cuando se cae del guindo se mosquea, llegan los lamentos y se siente el objetivo de la conspiración universal de los enemigos de España. Menos mal que esta vez no ha intervenido la pérfida Albión.

Quizás Madrid 2020 iba a Buenos Aires de sobrado. O de engañado. No es que seas insensible al estupor y a la zozobra colectiva. Sientes el fiasco por los bien intencionados y los ingenuos. Pero recelas  del negocio olímpico, que es como en realidad se deberían llamar a los juegos, igual que de cualquier otro opio del pueblo.

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Así que te fijas en el perro que miraba el mar desde el muro de piedra y decides escribir sobre él. El perro en realidad es una perra llamada  Swing, que al atardecer se sube al murete de piedra y se entretiene mirando el mar del sur de Ibiza. Quizás espera uno de los bellos juegos cromáticos de la puesta de sol, que primero encenderá los acantilados de punta Porroig y luego matizará de un rojo cinabrio los dos cabos que se divisan por detrás de este. Se supone que Swing no tiene sensibilidad para apreciar estos detalles, pero el caso es que la perra parece feliz y se queda embelesada contemplando el paisaje.

Tú la acabas de llamar por su nombre, y la perra ha vuelto la cabeza.

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Aunque Swing quizás no lo aprecie, verá un jardín de arbustos y plantas aromáticas que proyectan hacia el cielo un pequeño bosque de verdor. Hace quince años en ese lugar había un pedregal. La perrita también ve  por encima de la mancha verde una casa de puro estilo ibicenco. En su terraza hay un señor y una señora rubia de elegante figura que leen cada uno un libro. También hay otro que mira. Mira a la perra que miraba el mar, mira el panorama, mira el monte de pinos, sabinas, enebros, madroños, brezos, jaras y abundantes lentiscos, hendido en su mitad por una torrentera, que rodea a la casa. Mira, en el fondo del cuadro, el Mediterráneo.

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Ese otro eres tú. Tú querrías explicar que estás ahí invitado por la pareja que lee. Le dirías a Swing que son tus amigos, unos de esos buenísimos amigos que, desde que te diagnosticaron la neoplasia esa que ahora parece dormir, tanto se han ocupado de ti. Tu amigo suele dejar comentarios en este blog firmando como un aristócrata. Se titula duque, marqués, barón…Falso: es un impostor. Oculta que sólo atesora la aristocracia de la inteligencia y el trabajo. Los réditos de esa otra aristocracia le permitieron hace años asentarse en la isla y poner a disposición de su señora una tierra que ella ha acabado de convertir en un paraíso. Ella es una apasionada de Ibiza y de la jardinería, con la que hace maravillas. También prepara una ensalada de garbanzos con confit de pato sublime, amen de otras delicias orientales. Es sensible, delicada y tímida, pero vaya si manda. Tienen hijos y  nietos, todos sanos y sonrientes. También una piragua en una cala cercana, con la que salen cada mañana a remar para conservar la línea. Incluso eso les ha salido bien.

Le dirías a la perrita Swing que hay otras maneras de ser feliz, aunque a ti particularmente esta es de las que más te convencen. Pero tampoco hay que distraerla. Que gire la cabeza y vuelva a componer la bella estampa de perra mirando el mar.

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