La plegaria de la hermana Julia

La hermana Julia aspiraba a ser una monjita tan ideal como Audrey Hepburn, y no dudaba an orar a Dios para que la pensión de su madre no sufriera más amenazas...

La hermana Julia aspiraba a ser una monjita tan ideal como Audrey Hepburn, y no dudaba en orar a Dios para que la pensión de su madre no sufriera más amenazas…

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La hermana Julia tenía muy claro que Dios está ahí, con todos nosotros, y que es amor, y que toda su vida estaba consagrada al prójimo y a amarle a Él sobre todas las cosas. Pero no tenía la clarividencia de Santo Tomás de Aquino, ni había caído de ningún caballo, como Saulo, que le advirtiera de sus errores y disipara sus dudas. Ella era sólo una monjita de pueblo. Ni siquiera estaba segura de que habría tomado los hábitos si a los diecisiete años no le hubiera plantado Marcelo, el sobrino del señor notario, que la cambió por otra novia,  por una señorita de Madrid que según él le pasaba los apuntes a limpio, y además era muy buena mujer. Fue un batacazo moral, y un sopapo en lo más  sensible de su alma.

-Refúgiate en el amor de Dios- le dijo su madre, que se desayunó desde siempre con agua bendita.

Su padre se había muerto hace años, su hermano Blas parecía asentado en el pueblo, su madre no necesitaba cuidados, puesto que no andaba mal de cuartos y además confiaba en el amparo de la divina Providencia. Y ella, incluso cuando  bebía los vientos por el Marcelo, vivía sin vivir en ella, esperando que una señal le marcara el camino más directo para ser una monjita como Teresa de Calcuta, a la que tanto admiraba.

Así que dejó de ser Juli, la del Demetrio, y se convirtió en la hermana Julia.

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Pero reconocía que no era una mujer culta, que no sabía nada de teologías, ni entendía apenas los misterios de la fe.  Cuando se hincaba de rodillas y se recogía en oración, tanto leía para sus adentros los rezos de rigor como los mezclaba con pensamientos y refranes del saber común, sin apenas distinguir churras de merinas. Dios aprieta pero no ahoga, por ejemplo, este sí, decía, este es un refrán, pero…¿y los caminos del Señor son inescrutables?…Sin embargo ella anotaba lo que le dejaba ver y escuchar del mundo la clausura del convento, que ya no era tan estricta como antaño, pero era clausura al fin y al cabo, lo pasaba por el filtro de su fe y, pese a todo, no le quedaban muchas cosas claras.

-Señor, Señor –suspiraba- Buena voluntad si me diste, y no me quejo. Pero ¿por qué me has hecho tan cortita?

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Esa misma ingenuidad no le hacía nada cortita para otras cosas. Había pedido permiso a la madre superiora para vestir el Niño Jesús que le regaló su madre cuando profesó y que presidía su celda con una camiseta del Atlético de Madrid, que era el club de sus amores. Y mucho antes de la llegada del audaz papa Francisco, cuando se restauró la capilla del convento gracias al legado testamentario de una feligresa adinerada, fue capaz de convencer a toda la comunidad de que los dos putti que adornaban las ménsulas sobre las que se apoyaba el órgano merecían un tratamiento especial.

-¿Por qué ha de ser los dos angelitos blancos? –planteó- ¿Por qué no pintamos uno de los dos negro?…No es porque lo cantara Antonio Machín. Es que las imágenes de las iglesias deben reflejar que también se van al cielo todos los negritos buenos.

Al escuchar la propuesta la madre superiora torció el bigote. Pero el resto de las monjitas la celebró con  aplausos y cánticos de alabanza. Y desde entonces, en la capilla del convento de la hermana Julia hay un angelito negro para recordar que todos somos iguales a los ojos de Dios.

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Menos claro tenía la hermana Julia que la llamada global fuera como la doctrina del cuerpo místico, en razón de la cual lo que hace un hombre gracia de Dios beneficia a toda la comunidad cristiana, y lo que acomete un hombre en pecado la perjudica. El caso es que aquella mañana la hermana Julia oraba sin poder evitar que las últimas noticias que recibía del mundo atormentaran su conciencia. Las cosas habían cambiado mucho en su casa. Seducido por una rubia que le hizo perder el sentido y sus pocos dineros, el Blas malvendió las tierras que dejó el señor Demetrio para mantener a su madre y abandonó el pueblo. Desde entonces la anciana beata sobrevivía con una modestísima pensión que, después de ser puesta en entredicho y recortada sucesivamente por enemigos tan insospechados y desconocidos para la hermana Julia como Lehman Brothers, Grecia, Portugal, Chipre, la señora Merkel, el déficit, los presupuestos del Estado, los Hombres de Negro y la madre que los parió, sufría ahora otro sobresalto más a cuenta de la crisis de gobierno en Italia.

-Señor, Señor –musitó la hermana Julia hincada de rodillas ante la imagen de su Niño Jesús atlético- Ya sé que los designios de tu Padre son inescrutables…También sé que Dios aprieta, pero no ahoga. Incluso puedo aceptar eso de que la economía sea algo tan difícil de entender como la doctrina del Cuerpo Místico, que ya tiene tela. Pero por favor, por no arruinar nuestra fe y, sobre todo, por el propio prestigio de tu divina Providencia –y suspiró profundamente antes culminar su súplica-…¡no permitas que la pensión de mi pobre madre dependa también de un tipo como Berlusconi!

Creyó distinguir la hermana Julia que por las mejillas de su Niño Jesús rojiblanco se deslizaban un par de lagrimillas. Pero no estaba segura de si eran de emoción por su plegaria, de alegría por los últimos triunfos de su Aleti o de angustia por la incierta suerte de nuestra economía global.

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4 Responses to “La plegaria de la hermana Julia”


  1. 1 Uno que pasaba por aquí octubre 2, 2013 en 9:12 pm

    Duende, me he reído tanto al imaginar al Niño con la camisa del Atleti por encima de los encajes de Praga que casi se me salta la ortodoncia….

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  2. 2 Ángela octubre 3, 2013 en 2:57 am

    Enhorabuena a los atléticos!!

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  3. 3 El Duende de la Radio octubre 3, 2013 en 5:03 pm

    La plegaria de la hermana Julia debió de surtir efecto, porque a las dos horas de subirse este post nos enteramos de que Berlusconi daba marcha atrás y decidía y ratificar a Letta. Laus Deo, hermana Julia.

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  4. 4 Pemberton octubre 4, 2013 en 9:51 am

    Haces muy bien en no perder ocasion de recordarnos las victorias de tu “Atleti”.
    Pero el Niño Jesus estaria mucho mas favorecido de blanco…digo yo.

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