Un encuentro con Forges

Muchas de las observaciones de Forges te recuerdan a las que hacía tu doña María en la radio...

Muchas de las observaciones de Forges te recuerdan a las que hacía tu doña María en la radio…

1

A veces tiras del hilo de un día cualquiera y acabas encontrando un poco de  literatura. Todo empezó cuando las noticias dieron cuenta de que el el bloqueo de la administración de los Estados Unidos podría provocar un batacazo económico treinta y dos veces superior en su cuantía al que supuso la quiebra de Lehman Brothers.  Las gracias de la economía global.  No es justo –pensaste- ¿Por qué  los grandes pelotazos de los ricos sólo tienen repercusión en sus bolsillos y sus ruinas nos arrastran a todos?

Vana pregunta, porque las cosas son como son, y tú qué pito vas a tocar en esto. Así que a vivir, que son dos días.

Advertiste que este en particular era día de macarrones con tomate, chorizo y queso. No sabes qué sienten los demás, pero tú tienes claro que tu cuerpo hay  días de que desea imperiosamente macarrones con tomate, o días de lentejas, o de filetes de gallo rebozados, y momentos de morder desesperadamente un bloque de jamón de York o una tajada de esas grandes  ruedas de queso Emmental  que exhibían las mantequerías antiguas.  En días así,  son esos bocados tu necesidad inmediata, y colmarla,  tu felicidad posible. Bueno, pues el día del miedo al enésimo soponcio económico tu hambre exigía ese plato tan sencillo, pero tan gratificante.

Y te pusiste  a ello.

2

Todo fue bien hasta que tuviste que abrir un sobre de queso rallado para esparcirlo  sobre la fuente de  macarrones. Hubo un tiempo en el que abrir cualquier sobre o paquete era algo al alcance de cualquiera, pero desde que el sector alimentario inventó el termosellado de los envoltorios y  esa fuente de cabreos y frustraciones sin límite que llaman abrefácil , ese momento constituye uno de los más delicados y difíciles para la autoestima.

-¿Seré capaz de hacerlo –te preguntaste- o este puto queso rallado me volverá a recordar que soy incapaz también para esto?

Obviamente, el abrefácil se salió con la suya, y no cedió a tus ímprobos esfuerzos. No pudiste liberar el queso rallado hasta que recurriste a las tijeras de cocina, que junto con el cuchillo jamonero tantos cortes te han producido en esa labor sencilla como debería ser sacar un alimento de su envoltorio. El nuevo fracaso te planteaba el dilema de no saber si eras realmente un imbécil o los fabricantes de abrefáciles son lo más siniestro y vesánico de la especie humana.  En ese momento, además,  sentiste dentro de ti a doña María, aquella criatura radiofónica que para casos como éste siempre decía la misma sentencia.

-Esto está hecho de espaldas al pueblo.

 

3

La vida es a veces una cadena de casualidades. El día anterior te había llamado la atención el chiste de Forges  sobre abrefáciles que reproduces aquí. Eso coincidió con la llamada una amiga para avisarte de que en el programa de RNE No es un día cualquiera que presenta Pepa Fernández, ella, el propio Forges y ese trasgo genial de finísimo humor llamado Juan Carlos Ortega habían evocado tus años de radio junto con Javier Capitán y Julio César Iglesias, rindiendo un particular y cariñoso homenaje a tus títeres de cabecera como fueron Braulio, Esmeralda Clamores, el padre Bonete y la ya citada gladiadora del hogar.

[Escuchar el programa pinchando aquí, minunto 45 aprox.]

 

–¿Estaré muerto? –pensaste al escuchar sus palabras a través del podcast de RNE a la carta- Porque normalmente sólo se habla de la gente así de bien cuando ya no puede escucharlo…

4

También debe de ser casualidad  que el maestro Mingote, y Forges  nacierais el mismo día 17 de enero con algunos años de diferencia. Y casualidad fue que hace dos o tres semanas te lo  encontraras paseando por el centro de Madrid, y que anduvierais juntos un ratito contando vuestros respectivos arrechuchos, a Dios gracias si no vencidos al menos amansados, y hablando de la radio, de las cosas de la vida y de esta costumbre que tenemos los jubiletas –él aún no del todo- de echar a andar cada día para recuperar la ilusión de la salud y aventar los recuerdos.

Te sorprendió la frase con la que te despidió antes de entrar a hacer unas compras en el nuevo Mercado de San Antón.

Pues me alegro mucho de verte así de bien –dijo mientras te daba un apretón de manos y te sonreía- Y te doy las gracias por existir, porque sin gente como tú, te lo digo en serio,  esto sería mucho menos soportable.

Pasmado te quedaste, viniendo aquello de un agudo observador y fabricante  sonrisas inteligentes al que de verdad admiras. No le dijiste que lo tuyo no fue ningún esfuerzo especial por resistir a la enfermedad.

Tampoco le pudiste decir entonces que a pesar de la amenaza del cataclismo económico que nos persigue, y de lo gilipollas que uno se siente por culpa de los abrefáciles, aún te entusiasma pasear por la vida y seguir descubriendo amigos.

 

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2 Responses to “Un encuentro con Forges”


  1. 1 zoupon octubre 16, 2013 en 12:02 pm

    Estoy totalmente de acuerdo con la última oyente (escuchante) que intervino en esa hora del programa: El Corral de la Pocha es sin duda lo más divertido que se ha hecho en la radio española de los últimos 30 años por lo menos, y eso es decir mucho porque en España se hace muy buena radio. Yo me reía seguido seguido con aquella alineación imbatible, Eran ratos de rendimiento laboral casi nulo, pero no había manera de estar de malas después de vuestras genialidades.

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  2. 2 franciska octubre 17, 2013 en 8:02 am

    , Yo propondría que os juntarais varios humoristas de los buenos de verdad, y que dierais la vuelta a todo lo que esta pasando cada dia, en vez de tener que escuchar las tertulias mediocres y con pretensiones que hay por todas partes. ¿Por que no se lo proponéis a Carlos Herrera? estoy segura que os contrataba para una tertulia que podría llamarse algo asi como.” a A REIR QUE SON DOS DIAS”

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