Espiados como somos

La imagen y el slogan lo dicen todo. Pero el mérito es del grafista que la firma. Gracias por el préstamo, amigo

La imagen y el slogan lo dicen todo. Pero el mérito es del grafista que la firma. Gracias por el préstamo, amigo

1

La globalización de la información genera obsesiones y ansiedades que a veces rozan la histeria. El caso WikiLeaks, el reciente rebote de los aliados de Estados Unidos al enterarse de que el Gran Hermano les espiaba y la sospecha generalizada de que la todopoderosa CIA conoce hasta la marca de los calzoncillos que usamos los españoles han escamado sobremanera a Homper. Ahora nuestro amigo no sólo es un hombre perplejo, sino cabreado. Dice que el espionaje se ha puesto de moda de tal manera que hasta él es víctima de los Philby de nueva generación.

-A mí me han espiado para tratar de venderme un implante capilar- dijo solemnemente la última vez que te lo encontraste.

Por un momento pensabas que le había entrado un puntito de locura. Pero cuando adivinó que estabas a punto de reaccionar con una sonrisa, como diciendo no digas tonterías Homper, te enseñó el documento que confirmaba su sospecha. Se trataba de una carta de la compañía Sanson´s Hair en la que de una forma muy elegante venían a decirle que su coronilla se había despejado de cabello por una alopecia que sus revolucionaria cirugía de implantes podría repoblar fácilmente, devolviéndole la apostura que los años le habían desarbolado.

-Todo por el módico precio- subrayó Homper en un tono que no ocultaba su irritación- de cuatro mil euros. Y avalado por esta fotografía que no se cómo carajo han podido obtener.

La fotografía que Homper te enseñó era ciertamente insólita. Uno guarda fotografías suyas de todas las edades y en casi todas las posturas, pero no recuerda ninguna que haya sido tomada desde un punto de vista zenital. La de Homper era justamente una instantánea disparada por una cámara instalada en el techo de un ascensor y mostraba, efectivamente, a un caballero al que, como dicen los actores, se le veía el cartón. El hombre, vestido elegantemente con un traje a rayas, parecía mirar un retrato enmarcado que tenía en sus manos, y estaba rodeado por otras personas agrupadas estrechamente a su alrededor. Se podía distinguir entre ellas un casco de motorista, una gorra de repartidor de pizzas, varias melenas femeninas, las cabelleras y hombreras de dos hombres más bien trajeados y una cresta punki. Alrededor de la cabeza del supuesto Homper, los espías de Sanson´s Hair habían trazado con un rotulador blanco un círculo, pero ningún otro rasgo significativo podía demostrar que semejante claro capilar le perteneciera a él, y no a otro.

-¿Y cómo sabes que esa calva es la tuya?- preguntaste.

Homper se sacó entonces un bolígrafo el bolsillo interior de su chaqueta y apuntó con él  a lo que sostenía en sus manos. Entonces te diste cuenta de que el cuadro era un retrato de mujer.

-Por ella –dijo tras exhalar un suspiro- Si la conocieras…

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Cherchez la femme…Homper te explicó que el retrato enmarcado que llevaba en las manos y que se adivinaba en la foto traidora era de Dolores, una mujer casi treinta años más joven que él que conoció en una bombonería donde trabajaba como dependienta. No era una mujer cualquiera, no. Algo debía de tener de especial para que a él, curado ya de los melindres del corazón y cercano a la misoginia, le hubiera calado tan hondo. El caso es que desde entonces cada vez que tenía un compromiso social lo solucionaba regalando bombones, lo que le había llevado a trenzar una relación digamos que amistosa, o ligeramente más que amistosa, con ella.

-Imagínate, cuando me descubra esta tonsura que yo ni me podía imaginar –dijo evidentemente apesadumbrado.

Entonces comprendiste que su alarma no venía de ser espiado y acosado por una clínica de implantes capilares desaprensiva, sino de haberse dado cuenta de que aunque el frontal de su cabeza, sus sienes y su nuca lucían buen pelo y él en modo alguno se sentía calvo, le espantaba que Dolores llegara a descubrir la desnudez de su coronilla.

3

Homper te arrastró hasta el ascensor donde, a su juicio, habían tomado la fotografía que probaba el espionaje de Sanson´s Hair. Se trataba de un edificio de oficinas de la zona Azca ocupado en la mayoría de sus pisos por una empresa de seguros donde trabajaba su amigo Bartolomé, un aficionado a la pintura hiperrealista que había volcado a un lienzo la fotografía de su admirada Dolores. Homper había ido a recoger el retrato de su musa a la duodécima planta y tanto a la subida como a la bajada había utilizado el ascensor número 3, una máquina Schindler cuyas paredes y techo estaban recubiertas por espejos.

-Es indignante – exclamó en voz alta señalando al espejo del techo, que reflejaba su crispación- Haré que el personal de seguridad lo desmonte y nos muestre la cámara oculta.

-Pero ¿de qué cámara oculta hablas?…¿No te das cuenta de que cualquiera de los que subían contigo en el ascensor podía haber apuntado la cámara de su teléfono móvil al techo para fotografiar disimuladamente tu coronilla?

Homper frenó en seco su berrinche y se quedó pensativo. Entonces recordó aquel día en que se le ocurrió llamar a Dolores desde el cuarto de baño sin darse cuenta de que había activado la videollamada, y de que su musa estaba punto de verle en la muy poco honorable postura de despachar con el señor Roca asuntos mayores. Menos mal que se dio cuenta a tiempo. Pero ni siquiera eso le armó de precauciones contra esta sociedad de la tecnología que se empeña en saberlo todo de todos, y que fabrica, como si fueran chuches, artilugios que nos espían solos y exponen nuestras vergüenzas a la mirada pública.

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-Habrá que actuar siempre como si volara un dron sobre nuestras cabezas –admitió Homper con preocupada resignación- Y procurando evitar que nuestra intimidad nos comprometa…Pero, hablando de otra cosa- añadió llevándose la mano a la coronilla-¿tú aceptarías la oferta de Sanson´s Hair?…

Le dijiste que en tu opinión ese miedo de los hombres a la calvicie es cosa de otro tiempo. Que según las mujeres inteligentes que conoces no es tan importante el pelo como la sesera, y aducen que calvos eminentes como Sean Connery o Ed Harris no han necesitado de implantes ni bisoñés para conquistar corazones femeninos.

-Además, esta es una sociedad de espejos múltiples en los que se refleja todo. Algunos visionarios pretenden hacernos creer que un implante o un retoque estético nos va a convertir en otro mucho más guapo, pero…¿merece la pena abandonar tu imagen de toda la vida si ésta no ofende?…Además, no olvides que nos espían: lo acabaremos sabiendo todo.

Homper te ha acabado haciendo caso. Ha mandado a los de Sanson´s Hair a hacer puñetas. Y no sólo eso. Comoquiera que debía operarse de cataratas y que aprovechando la intervención, que cubre su seguro, el oculista le dijo que podría implantarle unas lentillas que eliminarían de por vida sus gafas progresivas por el módico precio de tres mil euros, se sintió reforzado en su autoestima y rechazó amablemente la oferta.

-Les he dicho que verlo todo perfectamente a todas horas tampoco es tan agradable, con la de cosas horrorosas que hay en la vida. Prefiero seguir llevando las gafas, quitármelas de vez en cuando para descansar y gastarme ese dinero en un viaje a un lugar maravilloso que quizás pagado esas lentillas no vería nunca. Ni bien ni mal.

Homper terminó su historia contándote que lo que le dejó perplejo esta vez fue San Petersburgo.

Lo recorrí  con Dolores de la mano –dijo emocionado- Y me pareció la ciudad más  más hermosa del mundo.

Y añade que se sintió feliz, y que no le importaba demasiado sentirse espiado, porque en todo caso verían  en él al auténtico Homper. Es decir, a un hombre tal cual fue siempre  sólo transformado por el amor de una mujer.

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1 Response to “Espiados como somos”


  1. 1 Ángela octubre 30, 2013 en 6:39 am

    La única solución es no tener nada que ocultar en este mundo de espías.

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