Archivos para 31 diciembre 2013

Palabras de Candeleda para recibir al 2014

Candeleda, además de muchos encantos, tiene un habla propia muy curiosa...

Candeleda, además de muchos encantos, tiene un habla propia muy curiosa…

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Vida de quien ve pasar la vida en el campo. Algunas mañanas, no siempre, bajas a Candeleda por esa bonita carretera que serpentea hasta morir en el Santuario de Chilla. Cuando después de unos días de intensas lluvias remite el temporal, sale el sol y rompes la mañana, el espectáculo del paisaje limpio y brillante del Valle del Tiétar, con la Sierra de Guadalupe al fondo y los lomos de Gredos nevados a tu espalda es casi medicinal.

-Mírelo usted plácidamente y respire hondo –te recomienda ese doctor discreto que llevamos dentro llamado sentido común-  Es la mar de saludable.

No crees que sea tan saludable el café  con porras del bar Tenazas, pero te da igual. Ese es uno de los placeres por los que no te importará acortar en unas horas tu vida. Las porras del Tenazas son a tu juicio exquisitas, las mejores del mundo. Mojarlas en el café con leche después de haberlas rebozado con azúcar y sentir cómo ese goloso bocado inunda tu paladar y sacia tu jindama matinal es uno de los más importantes entre tus placeres  menos importantes. Tenían antes más tradición las de El  Topo, pero a ti te parecen más finas y crujientes las del Tenazas, en cuyo bar, además puedes hojear el Diario de Ávila y el Marca condecorados ya por alguna mancha de grasa. Eso le añade al desayuno un toque de bohemia popular muy estimable.

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El precio del café con leche con una porra en el Tenazas es de un euro con cuarenta céntimos, pero hay que aclarar que la longitud de la porra es aproximadamente como la verga de un teniente de Regulares en el culmen de su exaltación. Patriótica, naturalmente, y perdón por la comparación. Su desmesura contrasta con lo justita que resulta la taza del café, con lo cual el movimiento del brazo para el mojado de la porra tiene algo de suerte del volapié. Hay que subirlo con la porra en los dedos, apuntar a la taza y atinar con la puntita como quien clava el estoque en el hoyo de las agujas. Lo bueno es que en el Tenazas siempre cortas orejas.

Después te ajustas la taleguilla y te echas a la calle a hacer tus compras. Era el Paquiro en la calle/ un torero de cartel- tarareas recordando el romance popular. Podría pensarse que, pasadas ya las nueve y media, el pueblo bulle, pero eso era en otros tiempos. Las calles y las tiendas a esas horas están semivacías, porque en Candeleda ya casi nadie se levanta a jañiquín.

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Vida contemplativa y sanamente especulativa. A falta de grandes ejercicios físicos que ya no tolera tu espalda, a veces escuchas una expresión del habla candeledana y te diviertes especulando con su origen. Levantarse a jañiquín significa por estos pagos madrugar. El cómo y el porqué de este originalísimo giro debe de saberlo Nines Moreno Monforte, autora de un Diccionario del habla candeledana que recoge peculiaridades del lenguaje popular local. Nines es una mujer capital para la cultura de esta villa. Aparte de sus inquietudes lingüísticas es la presidente de la Coral Polifónica. Gracias a su entusiasmo –ha conseguido sacar patrocinios incluso de muchos comerciantes locales-  Candeleda ya no presume sólo del espléndido mosaico de azulejos de su Parroquia, de  sus porras, de sus gargantas, de su pimentón, de sus higos, de sus quesos y de esa capra hispánica de bronce erigida en la Plaza del Castillo (donde, por cierto, tú no alcanzaste a ver castillo alguno), sino de cultura musical. Antaño la figura del pueblo era Pedro Vaquero, fiel custodio y cantor del folklore popular lamentablemente desaparecido en plena juventud. Ogaño el pueblo también disfruta de Guerrero, de Mozart, de Barbieri o de otros clásicos. Y eso es en buena parte mérito de esta ciudadana inquieta, capaz de conciliar el amor al lenguaje  popular y a la música eterna con algo tan prosaico como atender a su carnicería.

-¿Y a ti cómo te va con tu coro? –te pregunta mientras despacha carne picada después de explicarte los ambiciosos conciertos que prepara su coral.

-Regular –le dices sin disimular tu envidia por su excelente gestión- Estamos preparando la Pasión según san Mateo de Bach, pero nos han echado de la iglesia donde ensayábamos y andamos como Jesús y María cuando buscaban posada.

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En estos momentos de desánimo y crisis está de moda flagelarse con los males de la patria. Por eso valoras este dato. Si a ti te dicen hace cincuenta años que la carnicera Candeleda es filóloga, y capaz de que el Requiem de Mozart llene el noble edificio de su parroquia, pensarías que estabas en otro país de los que entonces envidiabais. Esas eran cosas de Alemania, o de Francia, o de Inglaterra, o de los países escandinavos. De las culturas que nos deslumbraban. Ahora, que tanto nos duele España por sus recortes, sus carencias y otras miserias, también nos debería alegrar por estos detalles que dan otra medida del progreso.

Piensas que es bueno mirarse en Angelines y hacer de su  ejemplo un propósito para  el año nuevo. En 2014 habrá que levantarse a jañiquín y ponerse a trabajar para cumplir nuestras ilusiones. Por pura curiosidad, te hubiera gustado conocer la etimología de jañiquín. Pero tampoco sabes por qué la palabra concertina, que significaba  a) Violinista primera de una orquesta b) Acordeón en forma exagonal, designa ahora también a esa valla coronada de espinas y cuchillas que atormenta a las conciencias escrupulosas. Misterios del lenguaje que quedan pendientes para el nuevo año.

Que lo tengan ustedes tan feliz e ilusionado como lo cantará Nines, la polifacética y muy admirable carnicera de Candeleda

Invierno con mirlo y Montoro asomando las garras

También el honrado invierno tiene su encanto, a veces en forma de pájaro...

También el honrado invierno tiene su encanto, a veces en forma de pájaro…

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Te has retirado al campo, donde por primera vez te recibe el señor invierno. Supones que arriba, en las crestas del Almanzor, habrá nevado, pero en tu cota de los setecientos lo que ha caído es una manta de agua que se ha llevado por delante las hojas que aún se resistían en las ramas de los árboles. Adios, otoño, adiós. Llueve incesante, pero mansamente.

Agua bendita, al contrario de lo que ha caído en otras partes de España, que era agua cabreada, iracunda, como queriendo decir: ya que, a lo que se ve desde arriba, tenéis tan poca estima por lo que es vuestro país, o nación, o patria, llamadlo como queráis, allá va un temporal para ponerlo un poco más patas arriba. Los temporales no tienen ideología, pero a veces, son el quinto o sexto jinetillo del Apocalipsis. Afortunadamente en tu contornada se han portado. En lugar de estacazo y tentetieso el plomo del cielo se ha desleído en eso, en una suave, pero espesa y persistente manta de agua de las que calan la tierra y alimentan los acuíferos.

-Nieblas meonas –escuchaste hoy en el pueblo- Estas son las buenas.

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Porque al parecer el día de Nochebuena se pasaron de meonas.  En Madrigal de la Vera, en Candeleda y en Arenas cayeron por más doscientos litros por metro cuadrado, tres cuartas partes de lo que puede llover en Lorca en todo un año. Te duele que el temporal haya sido una pesadilla para los que perdieron su casa, su coche o alguna cabeza de ganado lejos de tu aquí, pero esta salutación mojada del invierno te encanta. Mientras escribes estas líneas junto al fuego tomas una taza de té y, siguiendo  el ritual de todas tus Navidades, escuchas el Mesías de Haendel y al fondo, el tamborileo de los goterones que resbalan del tejado. Estas esperando la llegada de tu familia, pero entretanto disfrutas tanto del momento que te empieza a preocupar. Piensas que de un momento a otro descenderá por el tubo de la chimenea Montoro disfrazado de Papá Noel, y querrá cobrarte el IMOFEI.

-¿Y eso qué es lo que es? –le preguntarás ingenuamente.

-¡Pardillo!- te dirá  frotándose las manos con cara de Mr. Scrooge y relamiéndose de gusto como si aún le quedaran en la barbilla restos de la sopa de almendra de la cena de Navidad- El novísimo Impuesto sobre Momentos Felices Imprevistos. ¿O es que crees que yo me toco los cojones?…

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El invierno muestra la honradez del campo, desnudo como queda de todas las hojas de los caducifolios y con el pasto agrisado por las heladas. La frialdad. Todas las otras estaciones son más gratas con él, pero así y todo aguanta el tipo sin engañar a nadie (la primavera y el otoño disfrazan incluso a la tierra más feúcha, que acaba dando el pego gracias a su maquillaje). Aún pintan de distintos verdes los pinos, los olivos, las encinas y, sobre todo, los madroños y los cítricos. Por cierto, te preguntas por qué no convertimos al naranjo y al madroño, tan coquetos en esta época gracias a sus  frutos de color vivo, en el árbol de Navidad autóctono, ahora que tanto se lucha por la marca España.

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Un día  como hoy hay bien poco que hacer en el campo, sobre todo a tu edad, demasiado avanzada para calzarte las katiuskas y patear los charcos. Travesuras inocentes de otros tiempos. Sólo escribes, escuchas música y  de vez en cuando te asomas a la ventana para ver a un mirlo picoteando las aceitunas.

Velay otra muestra de la honradez del invierno: sin ramas tras las que camuflarse, se ve nítidamente el plumaje negro brillante de este pájaro tan vulgar rematado por el llamativo contraste de su pico amarillo vivo, y te parece casi un ave aristocrática. En la sobriedad, la adustez y, a la postre, la honradez del paisaje invernal de un día frío y lluvioso, cualquier pequeño detalle de vida  animal se te antoja un prodigio de la naturaleza que merece ser guardado en el album de tus cromos favoritos. No se lo cuenten a Montoro, vaya a ser que se saque otro impuesto por observar al mirlo o deleitarse con el vuelo en escuadra de las grullas.  Otro regalo  por cierto, para no despericiar, que nos hace por estos pagos el honradísimo invierno.

 

Cómo repartirse en Navidad

A todos los que de verdad quieres te gustaría regalarles un cuadro como este y unas palabras de cariño. En Navidad, o en cualquier otro momento al que podamos trasladar la Navidad...

A todos los que de verdad quieres te gustaría regalarles un cuadro como este y unas palabras de cariño. En Navidad, o en cualquier otro momento al que podamos trasladar la Navidad…

Dedicado especialmente a Inés, Angeles A., Zoupon, José Ramón, Acacia, Adela, Atticus, Capotegui, Ignacio, Catali, Alejandro S. Pablo de la T., Belén C.T., Bachí, Monti, Maribel, Lola y Frederic, Silvia, Pemberton, Quico, Cocoliso, Eduardo S., Eduardo G.A., Julio S., Charo, Cristina V., Joselepapos, Franciska, Aldara, Ana María F-F, Betanzos, Alicia M.P., Araceli, Forges, Rosi, Lola du Puit, Begoña O., Begoña Y.,  Javier S-M., José P.R., Belén A., Palinuro y Palinurova, Josepedro, Lucila, Manolo, Camiseta, Paloma, Lucila M.G., Candil, Angela, Nefausto de la Alcarria, Espiga, Pilar V., Julia, Pedro Azorín, Ramón de M., María B., Cristina P., Dolo, Mariquilla , Ata y Toñi Argenta, Nacho y Roselia, Nicolás S., Mariuca, Fernando B., Marta C., Isabel T., Cristina G.O., Nillo,Vitín y María José, Javier y Marta, etc, etc…

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No lo puedes evitar en Navidad. De la misma manera que sigues deteniéndote ante cualquier escaparate que haya puesto su nacimiento –Peter Pan no muere nunca- te fluye la larga ristra de nombres a los que quisieras felicitar. Esta es una costumbre que, a fuerza de repetirse como mera fórmula de cortesía y de comercializarse después va cayendo en desuso. ¿Dónde quedaron aquellos christmas manuscritos que traía el cartero? Fueron barridos por los EMAILS y los SMS, pero después de saturar las líneas telefónicas hasta estos enmudecen.

Tempus fugit- piensas en voz alta.

Y vuela a tal velocidad que, cuando alguien eche en falta tu llamada o tu mensaje cariñoso ya se habrá echado encima la primavera. Acaso será entonces demasiado tarde para que nadie te lo tenga en cuenta, aunque eso tampoco te consuele ahora.

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Los nombres de tus familiares, con la extensión inacabable que ese término puede abarcar. Los de tus amigos, los de tus lectores, los de quienes te han ayudado durante este año agridulce (más dulce que agrio, en el balance final). Los conocidos con peor suerte que la tuya, que agradecerán cualquier interés por su persona. Se ha espolvoreado tanta azúcar escarchada sobre el sentido humano de la Navidad que hasta puede empalagar una pizca más, pero tú eres hijo de tu tiempo, y quieres vivir tu cuento de Dickens y tu película de Capra.

Se dice ahora que la Navidad en España se alarga demasiado. Que la intensidad de las reuniones familiares deriva a menudo en bronca con los hermanos o los cuñados. Que cada año son más los inconoclastas que abominan estas fiestas y sus celebraciones. Hay quien no puede superar la alegría por decreto, el estress de cumplir todos los compromisos sociales y, sobre todo, el factor melancolía. Lo entiendes: a ti también te ataca. Sin embargo no lo bastante para enterrar definitivamente esa ilusión que olía a musgo del nacimiento, al fuego de la chimenea  y al pavo que se asaba en el horno mientras por la radio sonaban villancicos y tú garrapateabas la caligrafía más importante del año.

-Queridos Reyes Magos…-empezaba diciendo tu carta.

No sabes por qué este subidón de ternura te tiene que dar precisamente ahora, si el año tiene trescientos sesenta y cinco días para que aparezca y alegre lo que normalmente es aburrimiento y rutina. Por qué concentrarlo todo en un par de semanas de luces y confetis. Sin embargo tú también sucumbes a la tradición. Porque se acerca la noche mágica y te dan ganas  de cargar tu mochila de buenas intenciones y de visitar a todos tus seres queridos para ofrecerles tu particular turrón.

Regalarles al menos un momento de palabras cálidas.Turrón de afecto por Navidad.

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O sea, preparas tus mensajes. Oye, tú, que va a ser Navidad, y quería decirte que no olvidaré nunca lo que te has preocupado por mí. Oye, tía, que se que estás llorando por dentro, pero arriba ese corazón, que te queremos. Oye, pedazo de agnóstico, canta conmigo, que si la historia del niño de Belén no e vero, al menos  e ben trovato. Oye, amigo, que a mí lo de entrar en intimidades me da una vergüenza que te cagas, pero que quiero agradecerte tus llamadas, tu mano, tu compañía. Oid todos: los que me apreciáis y me soportáis, los que me dais todo lo que yo no sé dar, los que me animáis, los que me leéis, los que me hacéis creer más de lo que soy. Los que os vais a alegrar al saber que la oncóloga ha dado por buena mi ITV tumoral, y a vivir que son dos días…

Cuántos pedazos de turrón sentimental por repartir a tiempo.

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Reconoces que te encantaría tener don de la ubicuidad. Mientras te balanceas con un pie en la realidad y el otro ya en el sueño se te presenta  inopinadamente  una especie de elfo, te arrebata el teléfono y comienza a manipularlo.

-¿No conoces la nueva aplicación?- te dice mientras desliza su dedo por uno de esos comandos imposibles para ti.

Tú ni siquiera tienes claro lo que es una aplicación. Forma parte tus arcanos contemporáneos: aplicaciones, drones, configuraciones, programas, redes sociales, cyberbullying, trending topics, fu, fu, lagarto, lagarto. Le preguntas al elfo quién es y para qué sirve la nueva aplicación.

-Pon que soy el Duende de la Navidad –dice para tranquilizarte- La aplicación se llama Chrisor, acrónimo de Christmas on Request. Sí, ya se que te indigna que no se diga en castellano –añade al comprobar que frunces el ceño- pero no vamos a cometer la paletada de que lo entienda cualquiera, y, naturalmente, lo decimos en inglés…La cosa funciona así, primero abres el calendario, y fijas la echa y la hora. Luego introduces el nombre de la persona a la que quieres tu momento cursi y tal, una chorrada propia de la gente de tu generación…Y finalmente, si eliges la versión VIP hasta puedes elegir el escenario de tu conversación….Entonces das al comando de Chrisor el 12 de junio, por ejemplo, y en un pispás haces un viaje astral al lugar elegido y te encuentras con la persona querida en torno a un café con polvorones, o un vino con gambas, o una copa de cava con turrón, según lo que hayas pedido al camarero virtual…

Le pediste entonces una prueba con Audrey Hepburn, una de tus debilidades eternas, y en un seis de agosto, que ni ella ni tú tendréis nada mejor que hacer, seguro. Propusiste un café junto al estanque del Retiro, que lo tienes tan a mano. Y, efectivamente, el duende de la aplicación actuó y allí apareció ella en su esplendor. Te dejó tan cortado que sólo supiste sonreír y decirle feliz Navidad, aunque fuera agosto. No hacían falta más palabras, porque la emoción iba por dentro.

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A propósito, por fuera el milagro sí que había tomado el cariz de cuento de Navidad, pues aunque era verano los árboles estaban desnudos, y había muchos patinadores deslizándose sobre la superficie helada del estanque, como si aquello fuera un cuadro de Brueghel. Por allí aparecían también Bing Crosby y Danni Kaye cantando Navidades Blancas sobre un trineo tirado por renos, y el pavero que veías de pequeño en la Plaza Mayor conduciendo su tropa de pavos negros con su moco rojo, tal que un ramito de bolas de acebo colgándoles por encima del pico, y los Reyes Magos, y los Niños Cantores de Viena entonando el Noche de Paz, y la Niña dela Puebla cantando Los campanilleros, y Bach dirigiendo su Cantata de Navidad en el rincón del embarcadero, y  un Misterio en otra esquina en el que la mula y el buey se ayudaban de una estufa para calentar al Mesías. Mas otros personajes que ya no están, pero que en realidad no se mueren nunca, como tu amigo Félix, o tu hermano Carlos, o Antonio A.L., o Cuba, o Fernando Argenta. Y así más y más pinceladas entrañables de Navidad.

Todo no podía ser tan maravilloso. A la estampa se sumaron de repente Raphael, la Caballé y los demás perpetradores del spot de la Lotería cantando su cursilada de villancico. No pueden dejar de dar la murga. Pero entonces el hielo se resquebrajó bajo sus pies, y todos se hundieron.

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Sabes que no pegan las maldades en Navidad, pero tú te excusas, es una trastada tuya y del elfo éste que se ha empeñado en mostrarte la aplicación Chrisor. Entre duendes anda el juego. La cosa es que así, con esta virguería de la tecnología, vas a poderle dar a cada quisque querido su pedazo de turrón sentimental. El próximo, empezando por orden alfabético invertido, a Zoupon, a quien estás deseando conocer para expresarle la misma gratitud que hoy ofreces al que se asome a este blog.

Felices Pascuas a todos. Prometes hacer lo posible para que la aplicación Chrisor, Cristmas On Request, sea algo más que un cuento de Navidad.

El hechizo de las tardes de otoño

...Y sin embargo, sería maravilloso que el atardecer en otoño no fuera tan breve

…Y sin embargo, sería maravilloso que el atardecer en otoño no fuera tan breve

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Te lo avisaron, con los años todo lo que haces lo acabas haciendo más lentamente. ¿Será por eso por lo que este año tu diminuto nacimiento aún duerme en el armario? No acabas de entenderlo, tan partidario como te has manifestado siempre de mantener estas costumbres que te ligan a un tiempo en que todo, hasta tu fe, rebosaba ingenuidad. Quizás crees ahora que la Navidad llega demasiado pronto, y que conviene darle al belén su tiempo justo. Tú no tienes que vender nada, ni dar salida a ningún género que se pase de moda. Tampoco quieres acabar como esa amiga tuya, que entre lo largo que es el verano por estos pagos y lo efímero que se hacen el otoño y el adviento, dice que acababa colgando el bikini en el pino, entre las bolas brillantes y el espumillón. Oh tannenbaum, qué bonito quedas adornado con bikinis.

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El caso es que las tardes postreras del otoño pasan volando. Pensabas ayer, contemplando el velo dorado que envolvía a los robles y castaños de los montes vecinos, qué maravilloso sería atrapar ese momento y prolongarlo un par de horas, ofrecérselo a los sentidos para que pudieran deleitarse en él un poco más. Cuando quisiste darte cuenta, el sol era ya un diminuto disco anaranjado que se escondía tras las montañas, de un azul casi añil, y se fundía con el presagio de la noche. Momento precioso, quizás aún más que eso precisamente por su fugacidad.

También solemos quejarnos de lo apresurada que pasa la primavera, pero las tardes de esta son mucho más largas, y cada día se abren más y más. Las del otoño por el contrario son visitas excesivamente bien educadas. Llegan, te acompañan un ratito, te besan y se van. Tú, cada día más lento para casi todo, quisieras que se apagaran más, mucho más lentamente.

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El catalán tiene una hermosa palabra para el otoño. Le dicen el tardor. No conoces su etimología. Motu proprio te imaginas que hace referencia al tiempo de las cosechas tardías, o quizás al aprecio que en él merece la tarde, precisamente por lo poquísimo que dura. Aunque te pide que signifique también esa atmósfera de dulce modorra, de sesteo prolongado y de hechizo mágico que sugiere el otoño con la simple contemplación de los últimos rayos solares patinando en pan de oro y cobre el horizonte.

Debe de ser el lujo de no tener que trabajar, y de que nadie espere ya nada de ti. A las dos únicas llamadas de la mañana (Barclays para ofrecerte una tarjeta y una operadora de telefonía para que le pongas las cuernos a la tuya), las ha despachado con amable viento fresco. Has despertado hoy con la convicción de que tu momento será la tarde del tardor, y no quieres que nada ni nadie te distraiga del disfrute de ese privilegio.

El propio nacimiento puede esperar un poco más. Al fin y al cabo el Niño no nace hasta la noche del 24, y, como hijo de Dios, entenderá que quieras aprovechar a fondo esa joya que le salió al papá cuando se puso a crear la puesta de sol de un día de otoño.

Jamón, cultura y felicidad

Quién iba a decir que los jamones del hermano cerdo y la hermana cerda acabaran siendo cultura...

Quién iba a decir que los jamones del hermano cerdo y la hermana cerda acabarían siendo cultura…

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En una cuña publicitaria de ONDA CERO un niño habla con alguien que debe de ser su abuelo. Podría soltar alguno de esos mensajes acaramelados que se prodigan por Navidad, pero sólo dice que el jamón que se está comiendo está muy bueno. Se deduce que el presunto abuelo es el patriarca de una estirpe que desde hace generaciones se dedica a salar y secar jamones, y confirma que este les ha salido tan perfecto que sólo le falta ponerle nombre. Y entonces deciden bautizarlo con el patronímico familiar, que es Rodríguez. No tienes nada contra la noble saga de los Rodríguez, pero te preguntas si el jamón gana mucho con esa marca de cuyo arraigo jamonero no tenías la menor noticia. ¿Serán mejores los jamones de Rodríguez que los de Pérez o los de García? Qué zozobra, Señor, afrontar la Navidad con tales dudas.

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Esta temporada, al prestigiado e inefable Josemi Rodríguez Sieiro se le llenaba la boca recomendando los productos de Redondo Iglesias, también otro maestro jamonero. Y el hecho de que este pontífice de las buenas maneras y del mejor vivir en un minuto alabe los jamones de Rodríguez, al siguiente los embutidos Redondo Iglesias, a continuación diga maravillas del capón de Cascajares y finalmente te cuente que va a almorzar con la marquesa de San Eduardo, reaviva el brasero de los arcanos que te torturan. ¿Ofrecerá esta marquesa de aperitivo lonchas de un jamón Rodríguez  o de uno de Redondo Iglesias? ¿Pondrá de segundo plato capón de Cascajares u optará por un lomo de merluza de Ahorramás?…Te encantaría proclamar que tu mente es lúcida, y que  lo tienes claro. Pero no, definitivamente no sabes cómo procesar tantas lecciones de buen vivir como nos regalan los petimetres de los medios.

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Y sin embargo hubo un tiempo en que te prometían un bocadillo de jamón y aquello te parecía un billete a la gloria. En algunas tascas de Madrid se exhibía este manjar con truco: sacaban la mayor parte de la loncha por una punta del bocadillo y el pan sugería que dentro de su buche guardaba mucho más. Era una estampa de lo más típica, como la del pobre lechoncillo muerto exhibiéndose en los escaparates de las carnicerías de postín, sentado y sonriente cual si fuera un muñeco. Pasión por el cerdo, sin distinciones sobre su raza y origen. Cuando algo era excelente se decía que era un jamón. Y bastaba el añadido de serrano para que te sintieras un príncipe degustando con él la mejor de las meriendas posibles. Te sonaba eso de jamón de Teruel, de Montánchez y de Avilés. Aunque no te importase el color de la pata del cerdo, ni si este era ibérico, celta, cartaginés, visigodo o rosado, como los de los Tres Cerditos.

¿Jabugo?…¿Cinco Jotas? ¿Guijuelo? ¿Cumbres Mayores? Como si te hablaban de Vladivostok. La felicidad no exigía tanta información. El hedonismo entonces era tan rudimentario que te sentías feliz con sólo echarle el diente a un simple jamón serrano.

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Ahora os habeis puesto estupendos. Desde que el comer y el beber se elevaron a la categoría de cultura, esta es la única faceta de la misma en la que todo el mundo es experto. Hay que saber de vinos y de jamones como si de filósofos o científicos se tratara. Tú crees que son muy respetables y necesarias las marcas y denominaciones de origen, que mejoran el nivel de vida, crean riqueza y puestos de trabajo. Pero también piensas que tanta obsesión por el asunto y tanto protagonismo en los medios audiovisuales de cocineros, bodegueros, catadores y sedicentes gourmets revela una cierta decadencia de la civilización. Será esta más refinada, pero también más banal y estúpida.

Y, en tu ignorancia, añoras aquellos tiempos en que un bocata de jamón serrano sin marca alguna era tan sólo una magnífica merienda.

Fernando Argenta al final de la escalera

Fernando Argenta nos enseñó que con la música clásica se puede volar muy alto...

Fernando Argenta nos enseñó que con la música clásica se puede volar muy alto…

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Tu punto de partida para el post de hoy arranca de aquel día, cosa rara, en la que te asediaban las dudas. No tenías del todo claro si Dios existía y estaba allí. Tampoco estabas seguro de que pudieras encontrarle y hablar con él rezando lo que te enseñaron los curas.

-Santo cielo –pensabas que diría Él- Otro que me viene recitando lo mismo y sin apenas saber lo que dice.

A partir de entonces emprendiste tu propia búsqueda. Esta te llevó a veces a sitios tan inopinados como los brazos de una mujer. Qué sorpresa: a saber cómo le hubieras contado esta experiencia al padre Cayo, por ejemplo. Pero aparte del amor, fuiste descubriendo con los años que sólo la poesía, el arte, la observación de las maravillas de  la naturaleza y, sobre todo, la música te permitirían subir por las escaleras de la trascendencia y aproximarte a la idea de Dios.

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Los que conocisteis más o menos profundamente a Fernando Argenta podíais pensar de él que era un tipo cercano, simpático, ingenioso, inquieto, divertido, entrañable, sanamente gamberro, tenaz en la defensa de sus valores, reivindicador de la gloria de su padre, el insigne Ataúlfo Argenta. Un hombre sencillo, machadianamente bueno. Para  Toñi, la admirable mujer con la que compartió medio siglo de su vida, era además tan genial como Einstein y más guapo que Paul Newman en sus mejores momentos.

El de Toñi sí que es un amor ejemplar, caramba.

Tú le recuerdas lejanamente de la Facultad de Derecho, de tus años en RNE, y además de algún viaje operístico gozoso al que os invitaron. Donde guardarás las fotos con él en San Petersburgo, caminando sobre el Neva helado o en los trineos que os deslizaban por el bosque de Ekaterinmburgo, como si aquel fuera el Viaje de Invierno de Schubert. Y también por aquellas bromas que gastaba en su Clásicos Populares, donde una vez te puso a cantar con falsete la Habanera de Carmen para que el público averiguara quién se escondía tras esa carnavalada musical. Amor a la música con humor. Demostración elocuente de que lo serio no tiene por qué ser aburrido. Como para tenerle eso que se llama envidia sana.

Pues además Fernando tuvo la inmensa suerte de hacer de su pasión su trabajo. Y, aún más, el privilegio de descubrir la música clásica a muchos que hasta su aparición la consideraban aburrida o incomprensible. Conducidos por él  probablemente aprendieron a gozarla y a subir, peldaño a peldaño, por esas melodías  sublimes que elevan el espíritu y le redimen a uno de la condición humana.

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Te lo imaginas al final de la escalera, presentándose a San Pedro o al que haga el papel de guardián del paraíso.

-No es que haya hecho muchos méritos –le dirá- Es que la música me traía aquí y me he dejado llevar…

Quizás se confundan allá arriba cuando sepan que  viene de Clásicos Populares, y él tenga  que recordar que la música celestial es algo más que las trompetas de los angelitos. Empezará a silbar entonces melodías del Sordo Genial, del Viejo Peluca o del Cura Pelirrojillo, tres de sus clásicos favoritos. Omitiendo quizás que él también es ya un clásico, un clásico popular y verdaderamente inolvidable. Pues si Beethoven, Bach y Vivaldi compusieron verdaderas joyas musicales que permiten intuir el cielo, Fernando, con los pies en el suelo, supo mostrárselas a muchos que no las conocían y que hoy, gracias a su gusto y a su simpatía, adoran la música clásica.

Qué grande el hijo de Ataúlfo Argenta, derramando cultura con la misma naturalidad y desparpajo con que tocaba rock con su grupo de los Tonys.  Qué justo premio el suyo, al final de la escalera y haciendo cosquillas a las estrellas.

El Duende necesita ayuda

Vanitas vanitatis...El bloguero también se ha hecho ilusiones de que alguien leería un libro suyo

Vanitas vanitatis…El bloguero también se ha hecho ilusiones de que alguien leería un libro suyo

(Mujer leyendo, de Alexander Deineka)

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Pasan más días de la cuenta sin que alimentes este blog y no sabes cómo remediar tu anemia literaria. Quieres imaginar que a los escritores de verdad también les sucede: cada día que ven sus cuartillas vacías o su ordenador abierto con la página en blanco les inspira más respeto la labor de escribir bien, y  más y más pereza volver a hacerlo  sin un rumbo cierto. Para qué, si ya está todo escrito. Para qué si las ideas que se te ocurren son bengalas efímeras. Para qué, si nadie te reclama la columna. Para qué si hay tanto por ver y por disfrutar lejos de la soledad de tu difícil idilio con las palabras.

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Hace unos meses te dio una especie de ataque de vanidad intelectual producto de aquella educación recibida de tus padres, cuando la cultura no se había desparramado y seguramente trivializado. Se consideraba entonces que un libro era una cosa importante. Un hombre tenía un hijo, plantaba un árbol, escribía un libro y la sabiduría popular entendía que había colmado sus ambiciones. Ahora es cierto que hasta Belén Esteban ha publicado el suyo, casualmente titulado Ambiciones y reflexiones. Belén Esteban no debe de ser Erasmo de Rotterdam precisamente, pero un libro publicado algo tendrá para que se arriesgue el editor. Tu amigo Homper, que una vez más se sorprendió al enterarse de ello –como si no supiera que los frikis también escriben- fue el que te puso los perros en danza.

-Pero si Belén esteban tiene su libro –te dijo-…¿por qué no rastrillas entre las historias de tu blog para hacer tú el tuyo?

Luego, en un arranque de realismo te quiso evitar el sonrojo de aquel plumista de antaño que peregrinaba inútilmente de editorial en editorial tratando de cumplir su sueño.

-Además…¿para qué se ha inventado la autoedición?

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El pato lo acabó pagando la periodista Begoña Ortúzar, tan excelente en su oficio como generosa en su sentido de la amistad. Begoña era la directora de la revista Casa y Campo. Lo fue hasta que la consabida crisis y las malas artes de un tipo de comportamiento, si no oscuro y fétido como la mierda, sí al menos tan marrón como su apellido, la puso de patitas en la calle en las condiciones peores que se pueden esperar de un empresario digno.

Begoña es tan válida que, a pesar de ello y de que su edad no es la más fácil para el reciclaje, ha sabido reencontrar su camino. Mérito infinito el de esta estupendísima y orgullosísima abuela, al que hay que añadir el de aceptar el encargo que le hiciste de peinar EL DUENDE DE LA RADIO desde sus orígenes y entresacar de su verborrea algunas historias o pequeños ensayos que pudieran vertebrar un pequeño libro. Tú aún no le has pagado ese inmenso favor. Pero Dios sí lo ha hecho, al menos en parte: su nieto Tomás le ha salido del Atlético de Madrid.

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Cumplida la primera parte de tu proyecto vino la siempre desagradable bofetada de la realidad. Al revisar los escritos que Begoña te había seleccionado, se te cayeron de las manos. Lo que cuando subió como post al blog te parecía una observación oportuna o una historieta graciosa, ahora te sonaba a cuento ñoño y esaborío, literatura tan menor y prescindible que hacía pretencioso cualquier intento de encuadernarla aunque fuera con el modesto título de Para leer en el cuarto de baño.

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Ahora andas sobe las palabras desmotivado y despistado, sin saber ni qué terreno pisas ni qué camino seguir. Sobre todo, se te hace un mundo recorrer marcha atrás tu propia estela de letras escritas al desgaire, como las piedras tontas que tiraste al agua cuando no tenías nada mejor que hacer. Begoña cree humildemente que algo de aprovechable hay en el material seleccionado, y que sólo tendrías que limpiarlo de menciones concretas referidas a los sucesos o anécdotas del día que se subió el post y buscar un hilo conductor que justifique el título. María de la V., la amiga que hace dos posts regeneró a Drácula cree en eso que ahora se llama la transversalidad, o sea, el duende que respira en posts/relatos, posts/ensayos o posts/chorradas que, al cabo, según su parecer, sigue siendo el mismo. A ver quién le pone el cascabel ese gato.

Tú te aferras por primera vez a lo que te recomendó tu hijo Juan.

-Un blog tiene que interactivo- te dijo.

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Y apelas a la interactividad para pedir ayuda. Sean buenos: si aún quedan lectores por ahí y les divierte, y pueden perder unos minutos, que hagan memoria y dejen algún comentario citando algún tema, o título, o fecha de algún cuento, o relato, o artículo, o pieza indescriptible que les llegó a través de este blog y les hizo gracia, y que crean que merece la pena seleccionar. El hilo conductor del libro será pues el que marquen los amigos del Duende de la Radio, a quien él mismo dedicará, a modo de homenaje el escrito elegido.

Es una idea. Para ahorrarle el mal rato de tener que repasar todo lo escrito y, de paso, para ayudarle a sentirse tan orgulloso de publicar como Belén Esteban. Ya saben, se acerca la Navidad y es tiempo de las buenas obras.


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