Jamón, cultura y felicidad

Quién iba a decir que los jamones del hermano cerdo y la hermana cerda acabaran siendo cultura...

Quién iba a decir que los jamones del hermano cerdo y la hermana cerda acabarían siendo cultura…

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En una cuña publicitaria de ONDA CERO un niño habla con alguien que debe de ser su abuelo. Podría soltar alguno de esos mensajes acaramelados que se prodigan por Navidad, pero sólo dice que el jamón que se está comiendo está muy bueno. Se deduce que el presunto abuelo es el patriarca de una estirpe que desde hace generaciones se dedica a salar y secar jamones, y confirma que este les ha salido tan perfecto que sólo le falta ponerle nombre. Y entonces deciden bautizarlo con el patronímico familiar, que es Rodríguez. No tienes nada contra la noble saga de los Rodríguez, pero te preguntas si el jamón gana mucho con esa marca de cuyo arraigo jamonero no tenías la menor noticia. ¿Serán mejores los jamones de Rodríguez que los de Pérez o los de García? Qué zozobra, Señor, afrontar la Navidad con tales dudas.

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Esta temporada, al prestigiado e inefable Josemi Rodríguez Sieiro se le llenaba la boca recomendando los productos de Redondo Iglesias, también otro maestro jamonero. Y el hecho de que este pontífice de las buenas maneras y del mejor vivir en un minuto alabe los jamones de Rodríguez, al siguiente los embutidos Redondo Iglesias, a continuación diga maravillas del capón de Cascajares y finalmente te cuente que va a almorzar con la marquesa de San Eduardo, reaviva el brasero de los arcanos que te torturan. ¿Ofrecerá esta marquesa de aperitivo lonchas de un jamón Rodríguez  o de uno de Redondo Iglesias? ¿Pondrá de segundo plato capón de Cascajares u optará por un lomo de merluza de Ahorramás?…Te encantaría proclamar que tu mente es lúcida, y que  lo tienes claro. Pero no, definitivamente no sabes cómo procesar tantas lecciones de buen vivir como nos regalan los petimetres de los medios.

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Y sin embargo hubo un tiempo en que te prometían un bocadillo de jamón y aquello te parecía un billete a la gloria. En algunas tascas de Madrid se exhibía este manjar con truco: sacaban la mayor parte de la loncha por una punta del bocadillo y el pan sugería que dentro de su buche guardaba mucho más. Era una estampa de lo más típica, como la del pobre lechoncillo muerto exhibiéndose en los escaparates de las carnicerías de postín, sentado y sonriente cual si fuera un muñeco. Pasión por el cerdo, sin distinciones sobre su raza y origen. Cuando algo era excelente se decía que era un jamón. Y bastaba el añadido de serrano para que te sintieras un príncipe degustando con él la mejor de las meriendas posibles. Te sonaba eso de jamón de Teruel, de Montánchez y de Avilés. Aunque no te importase el color de la pata del cerdo, ni si este era ibérico, celta, cartaginés, visigodo o rosado, como los de los Tres Cerditos.

¿Jabugo?…¿Cinco Jotas? ¿Guijuelo? ¿Cumbres Mayores? Como si te hablaban de Vladivostok. La felicidad no exigía tanta información. El hedonismo entonces era tan rudimentario que te sentías feliz con sólo echarle el diente a un simple jamón serrano.

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Ahora os habeis puesto estupendos. Desde que el comer y el beber se elevaron a la categoría de cultura, esta es la única faceta de la misma en la que todo el mundo es experto. Hay que saber de vinos y de jamones como si de filósofos o científicos se tratara. Tú crees que son muy respetables y necesarias las marcas y denominaciones de origen, que mejoran el nivel de vida, crean riqueza y puestos de trabajo. Pero también piensas que tanta obsesión por el asunto y tanto protagonismo en los medios audiovisuales de cocineros, bodegueros, catadores y sedicentes gourmets revela una cierta decadencia de la civilización. Será esta más refinada, pero también más banal y estúpida.

Y, en tu ignorancia, añoras aquellos tiempos en que un bocata de jamón serrano sin marca alguna era tan sólo una magnífica merienda.

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5 Responses to “Jamón, cultura y felicidad”


  1. 1 Bête en sauce diciembre 14, 2013 en 6:53 am

    En aquella época decíamos: “Del cerdo, me gustan hasta los andares”.

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  2. 2 Pemberton diciembre 16, 2013 en 12:05 am

    La cultura gastronomica me viene atormentando desde que estuve unos años en Paris tratando de vender gaseosas y que cada vez que pedia una de “las mias” en esos Grandes Restaurante ,a los que acudia con clientes, era com o si les “mentara a su santa madre”.
    Desde entonces me he declarado oficialmente analfabeto gastronomico y eso que el Rioja me gusta cada dia mas …pero donde este una Coca-Cola
    Zero bien fria ………

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  3. 3 julia diciembre 19, 2013 en 5:08 pm

    Qué razón tienes Duende, hablando del jamón (o de lo que sea) Me acuerdo yo, hace muchíiiiiiiisimos años, cuando iba al colegio figúrate! que me preparaban en casa SIEMPRE un bocadillo de jamón serrano – como se decía antes y punto – por la sencilla razón de que a nuestro padre, buen pedíatra sí señor, le regalaban por Navidad, cienes y cienes de jamones….. Y me moría de ganas de probar los de mis compañeras :chorizo, salchichón y hasta de ¡tocino!….Creo que alguna que otra vez, llegué a cambiárselos… Ahí lo dejo.

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  4. 4 Jamones de Montanchez diciembre 24, 2013 en 11:50 am

    Con la boca agua!! El jamón es cultura y felicidad!!

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  5. 5 jamon iberico madrid septiembre 16, 2014 en 4:53 pm

    Yo llevo trabajando en Taiwán desde hace dos años y cada vez que puedo me compro por internet un jamón de marca es mi debilidad.

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