El costalero varado

Si te lo permitiera tu espalda a tí también te hubiera gustado estar ahí, soportando el dolor de la Pasión...

Si te lo permitiera tu espalda a tí también te hubiera gustado estar ahí, soportando el dolor de la Pasión…

1
Tu abuelo Pablo te dijo un día que para ver si llovía en Madrid había que fijarse en el fondo oscuro del portal y los balcones de la casa de enfrente.
-Así se distinguen las gotas perfectamente- te explicó..
Recuerdas que aquel Viernes Santo llovía tantísimo que esas oscuridades rectangulares se jaspearon de gris. Y el día se puso tremendo. Parecía que el cielo entero desaguaría en un ratito, que el agua que ya no absorbían las bocas de las alcantarillas subiría de nivel hasta el tercer piso desde donde mirabas, y que por la puerta de Alcalá, que quedaba al fondo de tu calle, iba a aparecer flotando de un momento a otro el Arca de Noé.
-¡Ahí va, Dios!- debiste de pensar- Mamá y papá en la calle…
No sabías en qué ceremonial de la Semana Santa estaban. ¿Haciendo las estaciones, en una procesión o en los oficios, en el Sermón de las Siete Palabras, encendiendo cirios pascuales, haciendo sonar las carracas?… Tú te hacías un lío con todos los ritos y las tradiciones, pero el caso es que no estaban en casa, y si no volvían pronto seguramente se los tragaría el Diluvio Universal.
Así que como eras niño y esa suerte te angustiaba, cumpliste como un buen cristiano en Viernes Santo y te echaste a llorar.
2
Un jueves santo sin embargo descubriste emocionado las gambas al ajillo. Quizá no fuera lo más indicado para este día, pero el calendario litúrgico no consigue embridar todas las pulsiones del alma, y a veces estas cosas ocurren. Por lo que te contaron, ese día era de bien comer, no como el Viernes Santo, de obligado ayuno y abstinencia. Tú recuerdas que un jueves santo tu madre cocinó unas gambas al ajillo. A ti te entusiasmaron. Fue el segundo sabor de mayores –el primero fue el del jamón serrano- que descubriste, y desde entonces los jueves santos en lugar de oler a la cera de los cirios, a incienso, a flores de azahar, de romero y tomillos, fragancias todas muy de la Pasión, te traen el inconfundible aroma de las gambas al ajillo que aquel día, excepcionalmente, preparó tu madre. No es una evocación muy cristiana, pero sí muy humana.
Además, ya anticipaste que para ti la Semana Santa y la Pasión de Cristo eran un auténtico lío. No habías visto todavía Quo Vadis, ni La túnica sagrada, ni mucho menos Ben Hur para que te aclarasen las cosas, y a ti se te mezclaban las enseñanzas del colegio, evangelios, ritos, nombres de buenos y malos y estampas más bien terroríficas del largo camino hacia el Calvario: el gallo que canta tres veces dejando con el trasero al aire al Pedro, por negar al Maestro, la Última Cena, que si la oración en el huerto de Getsemaní, el pobre Malco desorejado, que si la flagelación, que si la corona de espinas, Ecce Homo, Anás y Caifás, la Verónica, Simón Cireneo, el lanzazo, José de Arimatea, Dimas, el buen ladrón.
Y al final, Dios mío, por qué me has abandonado, en tus manos encomiendo mi espíritu, el Rey de los Judíos eleva sus ojos al cielo, inclina la cabeza y expira. Y entonces tiembla la tierra, la ira de la naturaleza desatada, el velo del templo de Jerusalén que se rasga, los muertos que resucitan…
3
Jesús murió a las tres de la tarde del viernes santo. Aunque las más de las veces ese día te pillaba en el campo con tus primos y nadie os iba a reprochar por ello, no se podía cantar a partir de ese momento. Antes, las imágenes de las Iglesias se habían tapado, y entretanto, por las ciudades y pueblos de toda España, desfilaban pasos, Cristos, Dolorosas apuñaladas, vírgenes de todos los nombres, penitentes, cofrades, nazarenos, legionarios levantando al crucificado con marcial arrogancia, alabarderos, coraceros a caballo, guardias civiles con los mosquetones a la funerala y, al frente, autoridades eclesiásticas, civiles y militares con cara de contrición bastante imperfecta.
A ti no te llevaban mucho de procesiones. La que mejor recuerdas era una en la que un caballo se desbocó y armó la gorda. Tampoco todo era sufrimiento: te encantaban las flores, las rosquillas y los tirabuzones de harina frita típicos de estas fechas.
Los duelos con dulces siempre son menos.
4
No estaba tan extendido entonces eso de convertirse en místico de la noche a la mañana para acudir a tu pueblo y a tu cofradía, embutirte el capirucho, sacar en andas a la imagen de tu devoción y levitar. Aunque el resto del año fueras un católico no practicante o incluso un conspicuo ateazo. Ese fervor íntimo y legítimo del creyente no era televisado, ni jaleado en la radio y en los periódicos, ni recomendado en los programas vacacionales y en las guías “por ser de interés turístico”, expresión que chirría cuando se ve sobre los clavos de Cristo. Casi nada era igual que ahora. Así y todo, creyente desflecado de bastantes creencias, te hubiera gustado que en algún momento de tu vida tu fe hubiera sido lo bastante robusta para sostener sobre tus hombros al crucificado con la dignidad que se merece.
5
No va a poder ser. Despiertas este viernes con la espalda crujida y lastimera, como si hubieras cargado ya con todos los pasos de esta semana santa. Sólo has podido ir del jardín al gallinero, recoger los huevos, escuchar el trinar de los pájaros y el murmullo del regato y gozar de la luz y del paisaje de este luminoso viernes santo en Candeleda. Y, entre unas cosas y otras, escribir a ráfagas este post.
Difícil trenzar en él estas impresiones con el misterio de la resurrección y muerte de nuestro Señor Jesucristo, y expresar tu respeto por su celebración y, con ella, tu esperanza. Pero por voluntad que no quede. Al menos cuentas con el atenuante de ser un nazareno simbólico. O, más exactamente, un costalero varado.

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6 Responses to “El costalero varado”


  1. 1 blogcodigoverde abril 18, 2014 en 11:16 pm

    Me ha gustado mucho tu apunte de Semana Santa y te mando un abrazo desde Ciudadela. Aquí solo hay una procesión, esta noche, modesta, sin grandes pasos , pero con una banda de música y un coro el de la Capilla Davidica, estupendos. Precioso verla desde un balcón en la estrecha calle de Santa Clara, en el casco antiguo. Un año más me he emocionado.
    Lo dicho, un abrazo.

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  2. 2 Franciska abril 19, 2014 en 8:21 am

    Hacia mucho que no iba a una procesión ,ayer me animaron unos amigos y vimos en Madrid algo muy emocionante . En la plaza de la Villa , al anochecer, se unían el Cristo de lis Alabarderos y la Dolorosa, se saludan los pasos, los bailan mirándose ,con una banda de música que tocaba de maravilla y los tambores de los Alabarderos,olor a incienso, emoción, silencio , muchísima gente con un gran respetó .fantástico .

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  3. 3 Julia Yturriaga Matarranz abril 19, 2014 en 10:48 am

    Me han gustado tus recuerdos y emociones de las Semanas Santas porque lo haces muy bien y sabes transmitir ¡qué privilegio! Por mi parte, y dado que mi consorte está, como tú, bastante varado, he visto algunas procesiones por la TV ¡qué cachas son los costaleros! En un Cristo que sacaban de su iglesia en la calle del Nuncio, con grandes dificultades porque el Paso era más alto que la puerta, no sé si conté 48 portadores de las andas de delante y detrás…. ¿Qué tal se vive en Candeleda? Al menos el tiempo se está portando bien y el campo, después de tanta lluvia, debe estar que cruje. Disfruta todo lo que puedas y cuídate mucho. Un abrazo.

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  4. 4 Bête en sauce abril 19, 2014 en 6:13 pm

    Sublime tu último párrafo, Duende. Resume lo que muchos pensamos en estos días. Que se mejore tu espalda.

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  5. 5 zoupon abril 21, 2014 en 12:02 pm

    La procesión más concurrida de mi ciudad es la del Lunes Santo, en la que participa la infantería de marina. En mi infancia la mili era obligatoria, y los quintos se contaban por decenas de miles, incluso había exceso de cupo, y en consecuencia los mandos podían poner a desfilar a los infantes más altos y fornidos, y todos de una estatura similar. Al verlos pasar daba la impresión de un seto bien recortado, todas las gorras blancas a la misma altura.
    Este Lunes procesionó de nuevo la Armada, y el seto parecía que lo había cortado un jardinero curda perdido, marineros muy altos mezclados con otros normales, con otros más bajitos y con algunas chicas aún más bajitas, que por cierto lucen una gorra diferente. Algunos mascaban chicle. Cosas de la mili profesional y la reducción de efectivos de los ejércitos modernos.
    O tempora, o mores, todo estos cambios serán simples anécdotas mientras la banda de música siga sonando decentemente.

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  6. 6 Ángela abril 21, 2014 en 4:10 pm

    En La Venía luaquina, la Dolorosa y el Cristo se encuentran en la playa, rodeados de público, de símbolos religiosos y civiles, fuerzas y cuerpos de seguridad, autoridades varias…y les precede a todos un pescador haciendo malabares con una enorme bandera colorada. La tradición augura un buen año de pesca si la bandera, en cada una de las genuflexiones del marinero, se acerca al suelo sin tocarlo y entre tanto, todos pendientes de sus movimientos, despojan a la virgen de su manto negro.
    Suenan los cohetes y el himno nacional desde algún megáfono oxidado, y siempre o casi siempre, sale un rayo de sol y eso nos hace por un día, ser algo creyentes.
    Bonita procesión marinera que este año, leo, dará una tregua a los pescadores a los que la costa asturiana está castigado tanto…

    Cuídate tu espalda y no te preocupes mucho: las figuras del Belén pesan mucho menos y seguro que puntúan igual!!.

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