Todos marionetas

Homper se sigue quedando perplejo por lo que hay que ver...

Homper se sigue quedando perplejo por lo que hay que ver…

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Excusatio non petita…Nadie te echará de menos por espaciar tanto tus entradas en este blog, pero que no te acusen de vago. Ocurre que las cosas cambian, y que tu mala salud de hierro se ha oxidado ligeramente. Nada grave, salvo que a la radiología actual no se le escapa una. Una resonancia magnética tiene la culpa. Qué invento este: te dejan en calzoncillos y en calcetines, taponan tus oídos –o al menos eso creen ellos- te ponen a dormitar en un túnel de acero y descargan sobre tu maltrecha columna una especie de concierto para martillo neumático, metralleta, sonar de submarino y tuneladora que podría firmar Stockhausen. Entre estruendo y estruendo programan silencios de imprevisible duración. Quizás para que cuando vuelva el escándalo sonoro te acojones todavía más. El concierto dura unos veinticinco minutos.
No es tan molesto como parece. Aún bajo ese bombardeo de decibelios, hay veces que hasta consigues conciliar el sueño. Debe de ser que no estás tan mal como presumes.
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Y sin embargo lees días después el informe de la resonancia magnética y casi te sorprendes de poder seguir manteniéndote en pie. El jodío bichito, como le dicen algunos a tu neoplasia, había hincado ya el diente en varias piezas de la columna, y ahora ha dejado su tarjeta de visita en la Dorsal 7. Vas a necesitar radioterapia.
Al enterarte, la verdad, no te hace gracia. Te anima mucho sin embargo cruzar la Puerta del Sol y ver a ese presunto hombre invisible uniformado de marino que lleva gorra de oficial flotando en el aire, porque el pobre no tiene cabeza, y se hace fotos junto a las turistas japonesas que se le ponen al lado. Quizás tú también consigas mantener el tipo, con una cara sonriente a pesar de asentarte en una columna frágil. Al mítico David de Miguel Angel, que durante más de cuatrocientos años exhibió su cuerpo apolíneo en la Plaza de la Señoría de Florencia también se le ha quebrado un tobillo, con ser de mármol de Carrara. Al parecer Buonarotti no tuvo en cuenta que cargar la mayor parte del peso de la escultura sobre uno de sus tobillos iba a pagar su precio al cabo de cuatro siglos. Tu osamenta se conformaría con menos tiempo. Tampoco hay que abusar.
En la Plaza de Oriente hay otra atracción callejera que te fascina cada vez que pasas por allí. Un artista hace bailar claqué a una marioneta con tal gracia, ritmo y precisión que el muñeco parece Fred Astaire. Es otra idea: que alguien desde arriba maneje tus hilos y te siga manteniendo en pie como esa marioneta viva del destino que somos desde que nacemos.
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Lo que nadie te quita es la capacidad de sorpresa. Esta vez la agitó tu amigo Homper, perplejo al ver que el ganador de esa arcaica horterada llamada Festival de la Canción de la Eurovisión había sido Conchita Wurst. Lo de menos, según el hombre perplejo, era la canción que triunfó. Lo que le realmente le dejó pasmado es que con ese nombre cantaba una mujer barbuda. O así.
-No sé a dónde vamos a llegar –decía escandalizado- Dejé de interesarme por el porno cuando comprobé que todas sus artistas se depilan para exhibir un monte de Venus tan inocente como el de las muñequitas de Famosa. Y ahora parece que lo que mola, no te fastidia, son las mujeres con barba…¿Y si los hombres nos implantamos tetas?
Ironizaba Homper, pero no estaba muy contento, no. Le recordaste entonces que todos somos marionetas. Del destino, desde luego, pero también de esa creciente dictadura de la estupidez que es la moda y el no saber ya qué hacer para llamar la atención.

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2 Responses to “Todos marionetas”


  1. 1 Bête en sauce mayo 16, 2014 en 9:20 am

    Claro que sí, Duende, que echamos de menos tus espacios cuando tardas en puiblicarlos. Los echamos de menos los muchos que te leemos, aunque -más vagos que tú- no siempre dejemos un comentario.

    El de hoy me ha gustado particularmente porque veo que “a los dos impostores tratas de igual modo”, como aconsejaba Kipling a su hijo y tradujo Dámaso Alonso, si no me traiciona mi ilustración de refino. Es decir, con tu envidiable y contagioso sentido del humor.

    Mucho ánimo, que El que mueve los hilos se ve que siente debilidad por ti y los va a mantener tensos mucho tiempo. Bien tensos para que noi siquiera sufra tu espalda.

    Un abrazo

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  2. 2 Aldara mayo 17, 2014 en 6:56 pm

    ¡¡¡Vivan tus cervicales y viva el Atleti!!!

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