Mirando a los fuegos artificiales

Fuegos articiciales junio 20141

Te pasan cosas raras que supones que también le pueden ocurrir a más personas. Hoy por ejemplo amaneces tortuga recién salida del huevo y algo despistada. Lo has visto muchas veces en los documentales de naturaleza de la tele a la hora de la siesta, que unas veces te enternecen y otras –vida salvaje- te sobrecogen. Emerge la cría de tortuga bajo la arena de la playa, asoma su cabeza y, aunque el instinto la lleva al mar, esta vez no sabe qué dirección tomar. ¿Por dónde tirar?…La pobre no tiene claro dónde queda el verdadero mar que debe ganar antes de que las aves depredadoras se lancen sobre ella para comérsela. Sólo tiene ante ella un mar de dudas.

Te falta la gimnasia del cerebro disciplinado, algo que echas de menos cuando pasan muchas cosas a tu alrededor y desde el interior tu organismo emite señales a las que no te acabas de acostumbrar.

2

Fue una suerte que anoche, cuando abrías tu balcón para recibir el aire fresco de la noche antes de irte a dormir, te sorprendiera el castillo de fuegos artificiales que lanzaban desde San Antonio de la Florida. El palomar donde vives es modesto, pero rico en horizontes. Desde él puedes ver casi todos los fuegos artificiales que celebran en verano las fiestas barriales de Madrid. Unos quedan más cerca, y te llegan casi con su estampido. Otros lucen como bengalas fantasmales, amortiguado su sonido por la distancia. Todos te sirven sin embargo para practicar el escapismo y la meditación paralela: ves pasar la vida como una sucesión de descubrimientos, noticias, ilusiones, sobresaltos, emociones, y otras sensaciones difícilmente descriptibles que son tan llamativas pero, afortunadamente, también tan efímeras como los fuegos artificiales. Te gustan, te distraen, te consuelan. Se esfuman.

Cuando se apagan del todo, aún luce en lo alto mucha luna de junio. Y unas pocas horas después empezará a clarear el sol. Te despertarás entonces, y aunque no te lo propongas y quisieras seguir vagando por los sueños, te encontrarás otra vez fruncido a la rutina de la vida.

3

Entre todos los motivos de este día eliges el decaimiento del espejo retrovisor del lado derecho del manillar de tu Vespa. No es algo grave, pero sí una preocupación más en la que seguir pensando. Después de miles de kilómetros de vibraciones, los tornillos y las tuercas se aflojan, el retrovisor se vuelve loco y declina como junco vencido o gira como una veleta loca. En principio eso lo arregla cualquier llave inglesa, pero a los megatorpes como tú hasta eso les produce una sobredosis de ansiedad que acaba degenerando en frustración, más desánimo y desplome moral.

En su Dietario de una Vespa el escritor apócrifo Adacio Moffo cuenta que subiendo un día por la Cuesta de San Vicente una de esas intrépidas motoristas guay que abundan en las calles de Madrid le adelantó por la derecha ciñéndose en demasía a su ya veterana scooter. Adacio contaba entonces casi sesenta años, y aunque había sido un hombre feliz se empezaba a sentir un fracasado. Después de haber diseñado un silenciador de retrete que eliminaba ese indiscreto ruido del vecino chorro de pis o de ventosidad salvaje que a menudo traspasa las puertas y los muros de los cuartos de baño incluso en las mejores casas y hoteles –parece mentira, pero así es- un descuido en el gestor de la oficina de patentes había desprotegido su invento, impidiendo la venta de éste y cerrando el paso a los millones con los que alimentar su fundación Tortuguitas Indefensas. Adacio cayó en un episodio de profunda depresión, lo que explicaba que, a pesar de su destreza mecánica, ni siquiera se hubiera preocupado en ajustar el espejo. Esto le impidió ver a la chica guay que le intentaba ganar por la derecha, y que no pudo esquivar el giro imprevisto en el mismo sentido de la moto de Adacio, provocando así un incidente verbal un tanto desagradable.

-¡Gilipollas! -tuvo que escuchar Adacio mientras le amazona mecánica le desbordaba con una maniobra de auténtica campeona- ¿Para qué tienes el retrovisor?

Sin embargo, no hay mal que por bien no venga. Adacio, lejos de enfadarse, logró alcanzarla en el primer semáforo rojo, presentó sus disculpas y le rogó que le permitiera invitarle a una cerveza para compensar su error. La chica guay aceptó, el hombre se explicó, le contó sus problemas. Quiso el destino que, a pesar de los años que les separaban, ella también coincidiera con él en lo inexplicable que es la ausencia de silenciadores en los retretes, en el respeto que merece la suerte de las tortuguitas y en lo bien que viene disipar angustias de vez en cuando mirando los fuegos artificiales, que es lo que acabaron haciendo aquella noche.

4

Adacio concluye contando que el episodio fraguó en un romance que duró dos años, en el curso de los cuales nunca se preguntaron si es España es una nación o una nación de naciones, si es mejor la monarquía o la república, si el independentismo sacia el ego de los ciudadanos y agiganta la calidad de sus orgasmos o si hay que reformar la Constitución cada lustro para que cada generación tenga cuatro o cinco oportunidades de sentirse protagonista de la historia. Afortunadamente la vida no deja de repartir sorpresas.

Algo de lo que todos debemos aprender. Y a lo que dabas vueltas anoche, mientras se te cerraban los párpados al humo de los fuegos artificiales de San Antonio de la Florida.

 

Anuncios

3 Responses to “Mirando a los fuegos artificiales”


  1. 1 Cap Llentrisca junio 16, 2014 en 11:06 pm

    !Qué suerte, Adacio, digo Duende, saber sacarle tanto partido a las pequeñeces de la vida! (A mí también me desasosegan los retrovisores flácidos, como los pintaría Dalí)

    Me gusta

  2. 2 Manu Chalbaud junio 17, 2014 en 6:59 am

    Que grande eres Luis De verdad te ligaste a esa Tia ? Ûn abrazo Manu

    Enviado desde mi iPhone

    Me gusta

  3. 3 camiseta junio 17, 2014 en 4:33 pm

    cómo sois los hombres!!!!! siempre pensando en lo mismo… “en lo único importante”, que decía un amigo. Es curioso, después de leer este post me acordé de mi hermana mayor que siempre decía que para comprar carne picada le daba igual que estuvieran unos u otros. Esa es la diferencia!

    Me gusta


Comments are currently closed.



Siluetas de RNE

Duendes suscritos:

Suscripción

Suscripción por email

Publicaciones:

PARAÍSO DE HOJALATA
Una Infancia de Hojalata

Ir directamente a

Blog Stats

  • 1,338,133 hits

A %d blogueros les gusta esto: