El crimen de las palomitas en el cine

Forografía de Elda Maganto, tomada a préstamo -sin ánikmo de lucro- del blog eldamaganto.blogspot.com Gracias

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Te cuenta Homper una historia curiosa. El motivo de su asombro –no olvidemos que se llama así por ser el Hombre Perplejo- es que está convencido de que de vez en cuando se desdobla su personalidad sin darse cuenta de ello. Como en el caso de Jekyll y Hyde, su álter ego le causa de cuando en cuando algún problemilla.

-El otro día fui al cine –explica el hombre mientras tomabais un café en el ComercialIba acompañado por Cuca, la manicura de mi madre, que antes de morir me encomendó que la invitara al cine de cuando en cuando. Mi madre me dijo que era muy buena mujer, y que ella era su última clienta. Creía que cuando ella se muriese Cuca no tendría dinero para ir al cine, que era su mayor ilusión. Llévala, sobre todo, si hay una buena película de amor, me pidió encarecidamente. Y así lo hice.

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Estuviste a punto de preguntarle entonces si la manicura era aún una mujer joven y guapa, pero él hizo sólo una pausa para sorber el café y continuó su relato.

-Como no había mucha gente en el cine, nos sentamos dejando una butaca vacía entre nosotros y la espectadora siguiente. La película se titula The invisible woman. La había elegido Cuca porque cuenta la historia de la amante oculta que mantuvo Dickens, y es verdad que es una película sensible y delicada, en la que importan mucho la dicción de los actores ingleses y los largos silencios, sólo matizados de cuando en cuando por una música intimista. Cuca estaba emocionada.

Nuevo sorbo de café. Le ibas a preguntar si hizo manitas con la manicura, pero tampoco te dio ocasión para ello.

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-De repente, en uno de los momentos más tiernos de la película, la espectadora que estaba dos butacas más allá de donde yo me sentaba, sacó de debajo de su asiento un envase de palomitas, metió en él los dedos de su mano y empezó a removerlos, como si buscase en el cucurucho de cartón una piedra preciosa. No puedo entender cómo atrapar una palomital lleva tanto tiempo y resulta tan ruidoso, ni cómo hurgar entre maíces fritos puede distraer la atención de los de alrededor. Pero el caso es que a mí aquello me desconcentró, y empecé a notar que el encanto de la película disminuía a medida que la espectadora afanaba sus chuches, que ya tiene delito.

La película deslizaba sus bucólicas imágenes en silencio, o así lo quería Ralph Fiennes, que además de protagonista es su director. Sin embargo lo que se oía en el cine era el ronroneo de los dedos de aquella mujer moviéndose entre las palomitas y el cartón de su cucurucho, y el crujido de sus mandíbulas triturando los granos de maíz. Entretanto, Cuca la manicura estaba a punto de llorar, no sé si por la carga emocional de la historia o por la rabia de que aquella ciudadana mal educada le estuviera estropeando película…

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-¿Y no le dijiste nada a la señora de las palomitas? –le preguntaste al hombre perplejo

-Nada, y probablemente hice mal en callarme…Lo más asombroso es que no era ninguna jovencita, a la que se le podría perdonar esta falta de delicadeza. Lo peor es que se trataba de una mujer aún mayor que Cuca, y que sabía que la película no iba de Lobeznos, ni de X-Men, ni de Matrix, ni de Bruce WillisO sea, que no era uno de esos bodrios de acción disparatada y de banda sonora estruendosa donde un ruido más no importa. Entonces, por consideración a Cuca y a mi propia autoestima como espectador, noté que empezaba a odiar con todo mi alma a aquella majadera. Si hubiera podido, la habría matado en ese mismo momento.

Te extrañaste al escuchar sus intenciones homicidas. Homper entonces se llevó su taza de café a los labios, apuró el último sorbo, suspiró y se quedó mirando a los espejos del Comercial en silencio. Tú, la verdad, no pudiste reprimir tu curiosidad.

-¿Y?…-le requeriste espoleado por tu espíritu de Poirot– ¿Terminó de comer sus palomitas?…¿Se acabó la película?…¿Qué ocurrió después?

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Homper te contó entonces que quiso salir del cine cuanto antes, para no explotar contra la provocadora y terminar de amargar la tarde a su invitada. Pero que al pasar por delante de ella y pedirle educadamente que se levantara para cederle el paso ella ni se movió.

-Entonces la miré aún más cabreado y advertí que estaba blanca como la cera, con la cabeza caída a un lado, la lengua medio fuera y la baba colgando. Aún tenía entre sus manos el dichoso envase de palomitas vacío ¡Señora, por favor!-insistí- Pero nada, ni un gesto. Entonces Cuca, asustada, se precipitó sobre ella, le tomó el pulso, le levantó un párpado y dejó escapar un grito desgarrador. Está muerta, está muerta, está muerta, gritó repetidamente. Y se echó a llorar. Se echó a llorar como si fuera su madre, o su hermana, y no la estúpida que nos acababa de estropear para siempre el recuerdo de una buena película.

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Homper contó a continuación los detalles de la escandalera que desató el suceso en el cine. Parece que en un abrir y cerrar de ojos se concentraron en torno a la difunta los espectadores curiosos, un médico retirado que se apresuró a confirmar lo dicho por Cuca, los de las palomitas, un vigilante jurado, un señor que dijo ser el dueño del cine, los del SAMUR y dos policías que les advirtieron de que nadie podría salir de la sala hasta que no se personara el juez de guardia. Los comentarios y especulaciones del respetable debieron de ser de lo más jugoso, pero al Hombre Perplejo lo que más le impresionó fue que un señor de su edad que estaba en la fila de delante se abalanzó sobre él y le susurró algo al oído.

-Quizás se pasó usted varios pueblos- le dijo a Homper.

-¿A qué se refiere usted?

-Al crimen…Ví de reojo perfectamente cómo la estranguló sin siquiera levantarse de la butaca de al lado…Alargó sus manos al gañote de la víctima, apretó fuertemente mientras ella engullía las últimas palomitas y en un periquete se la cargó. Fue una ejecución de auténtico experto.

Homper no daba crédito a lo que escuchaba.

-Pero ¿qué está diciendo?…La butaca de al lado estaba vacía. Yo estaba en la siguiente, al lado de mi acompañante.

-No diga tonterías…Usted estaba sentado en la butaca de al lado. Ya había notado cómo a medida que la pelma esa se puso a enredar y a meter ruido con las dichosas palomitas se iba mosqueando. Sus gestos lo decían todo. Quizás le debía haber llamado la atención antes, ya le digo, puede que su reacción fuera exagerada… pero aún así, lo hecho, hecho está.

Entonces el espontáneo tendió su mano a Homper, le saludó visiblemente emocionado y se fundió con él en un estrecho abrazo.

-En fin, amigo…Le acompaño en el sentimiento.

-Gracias –se excusó Homper un tanto sorprendido- Pero la fallecida no es nada mía.

-Disculpe –matizó el señor- No era un pésame lo que le daba. Quería decirle que yo comparto con usted el mismo sentimiento de ira con la gente mal educada que le amarga a uno las películas…Vamos, que yo también la hubiera estrangulado muy a gusto si hubiera estado sentado en la butaca de al lado. Así que no se preocupe: si me interroga la policía diré que no vi nada extraño.

Homper dice que no hubo manera de convencer al buen señor de que él no ocupaba la butaca de al lado ni había estrangulado a la señora. Pero comprendió que a partir de entonces tendría que tener más cuidado con ese particular Mr. Hyde que sin duda le habitaba y que, de vez en cuando, aparecía y le ponía en apreturas.

-Eso –te confesó a ti después de reconocer que, efectivamente, su alter ego se pasó de vehemencia- Le diré que tanto Cuca como yo somos mayorcitos, y que no le necesito de carabina cuando voy al cine con la manicura de mamá.

 

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2 Responses to “El crimen de las palomitas en el cine”


  1. 1 Pemberton julio 8, 2014 en 7:54 am

    Ya echaba yo de menos a Homper y sus vivencias¡
    Lo que no me ha quedado nada claro que tan mayorcita era Cuca.

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  2. 2 maite julio 8, 2014 en 3:38 pm

    Yo también la habría matado..Gracias por estos buenos ratos Sr Duende.Maite

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