Cosas que hay que agradecer

Afortunadamente, lo que viste y escuchaste ahí te alegró el día...

Afortunadamente, lo que viste y escuchaste ahí te alegró el día…

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De vez en cuando, no muy a menudo, te sacude un ramalazo de sensatez.

Ayer por ejemplo pensabas que el auténtico privilegio de la racionalidad debe de ser el saber priorizar las ocupaciones del cerebro. Llevabas unos días como loco obsesionado con asuntos tan espinosos como el funcionamiento del ordenador, el hosting de tu blog, la posibilidad de un virus -¿troyano, tirio, espartano, caldeo, asirio, macedonio?- y el temor de que esos percances espaciaran aún más tu costumbre de escribir para tu Duende. Todo en el ápice del verano, cuando es más difícil conseguir ayuda. Suele pasar: quedarte fuera de casa habiéndote dejado las llaves dentro, sufrir un cólico nefrítico, inundar al vecino de abajo por un tapón en el desagüe de la lavadora, necesitar un certificado para el pasaporte, el coche que te deja tirado…¿Por qué siempre cuando son más inoportunos?

Entretanto, habías decidido marcharte de vacaciones. Este año, por aquello de tu presencia obligada en la radio los fines de semana, estas se deben racionar en espacios de cinco días, de domingo a mediodía a viernes noche. A ti esto no te importa, siempre que al menos la mecánica de internet, de tu ordenata y de tu blog vaya como la seda, y te permita creer que cumples con tus deberes morales. No era el caso. Escapaste a la Galicia más escondida, a un enclave del Lugo profundo de verdad, a un lugar idílico donde hasta la cobertura telefónica y la cosa esa del wifi son arcanos imposibles de atrapar. A un paraíso olvidado de casi todas las agendas turísticas, en el que no encuentras a nadie conocido y en el que sientes que estás incluso fuera del tiempo. Un conjunto de condiciones ideales para disfrutar un auténtico espasmo de felicidad y de paz interior. Y sin embargo…

-Jódete- sentías que te decía Pepito Grillo– Tu duendedelaradio te está haciendo la puñeta, y no te va a dejar disfrutar.

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…Hasta que tras varias curvas por una carretera que desciende suavemente al valle por entre un bosque tupido de majestuosos castaños, robles y arces, apareció la iglesia de San Pedro Fiz de Hospital de Incio, una maravilla del románico que exhibe su limpia belleza en mármol blanco y gris patinado por el tiempo.

Os abrió sus puertas Manuel Couceiro el sancristán (sic), un anciano de ojos azules con cara de bueno de película de John Ford que desempeña ese menester desde que hizo la primera comunión en la misma iglesia. El sancristán contó que el comendador Quiroga, cuyos restos mortales descansan en la única tumba visible, pidió que los pies de su efigie yacente descansaran sobre la talla de su perrito, que así se los mantendría calientes por toda la eternidad. Según el impagable cicerone, este mismo personaje coincidió bajando las escaleras de un restaurante (sic) con los Reyes Católicos, que ya habían terminado de almorzar, y que, a su decir, fueron los primeros en proclamar que en ese trance nunca se sabe si los gallegos bajan o suben. Rigor histórico ante todo. A la modesta talla románica de una Virgen dando de mamar al Niño le falta un peito (sic), aunque no hay acuerdo entre los especialistas sobre si fue porque padeció un cáncer de mama y se lo extirparon o porque nació sin él. Sin embargo la interpretación más sublime es la del Cristo que cuelga sobre el altar, que tiene un sacreto (sic).

-Y el sacreto es que si lo miras desde el lado derecho, la cara del Cristo parece que está como contenta. Pero si luego lo miras del lado izquierdo, la misma cara está disgustada, como diciendo: ¡carallo, pero si me han crucificado!…

Este cuadro emocionante, tan hermoso en su estética como pintoresco desde el punto de vista humano, se completa cuando reparas en el enorme castaño de redonda y tupida copa que vigila el conjunto arquitectónico de iglesia y cripta por el poniente. Según Couceiro, vino un alemán muy sabio con un berbiquí que clavó en el tronco, sacó unas virutiñas de madera y dató su edad.

-¡Treinta años más de quinientos tiene el castaño!- os contó el sancristán agitando exageradamente sus brazos.

Al fondo, el sol ya decadente doraba la cresta del bosque que rodea ese mágico lugar, mientras que al sur veías un prado verdísimo que desciende hasta el río Cabe, que culebrea cantarín por el lecho del valle. Pensaste por un momento en el desasosiego que te reconcomía al empezar el día, y que se disipaba como por ensalmo en un destello de sensatez al ser testigo de aquel momento. Te olvidaste de tus miserias. Sólo se te ocurrió entonces agradecer a la Iglesia de san Pedro Fiz, al castaño cinco veces centenario y al elocuente sancristán que hubieran esperado tantos años ahí para ofrecerte ese rato inolvidable.

 

Pensar que aquel momento tan especial te estaba esperando te alegró el día...

Pensar que aquel momento tan especial te estaba esperando te alegró el día…

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4 Responses to “Cosas que hay que agradecer”


  1. 1 Bête en sauce agosto 13, 2014 en 12:17 pm

    Así es, Duende. Ese “castiñeiro” esperando medio milenio para que tú lo admiraras y nos dieras ganas de ir a San Pedro Fiz. (El mismo tiempo que debe llevar el comendador Quiroga con sus pies calientes…). Sigue contándonos de esa “terra meiga” a los desterrados…

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  2. 2 Pemberton agosto 16, 2014 en 7:59 am

    Un poco de sosiego, verde y fresco , es lo que se añora por este Sur desasosegado, marrón y caluroso.
    Tengo planeado seguir tus recorridos por el Norte , pero mira tu por donde¡¡ voy a empezar en Lugo.

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  3. 3 adela agosto 16, 2014 en 11:08 am

    Como siempre…es como si hubiese podido trasladarme por unos minutos al lugar y sentir la paz también, gracias por compartir esos minutos Duende de la radio!

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  4. 4 Espiga agosto 17, 2014 en 12:39 pm

    Querido duende, que alegría me has dado! Lo que tu no sabes y el bueno de Manolo el Zoqueiro no te contó es que ese castaño es mío! Me gustaba tanto que mi suegro, Luis Quiroga y Quiroga me lo regaló. Y ahí bautizamos a María, mi hija mayor, hace ya muchos años.
    Añoranza de Galicia y de mi castaño- mi única “posesión”- desde el secarral de Almería

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