Un cachito de verano manchego (1)

...Y gracias a tu amigo del colegio, que es alcalde de la villa, disfrutaste del privilegio de pasar en Santa Cruz de Mudela un insólito 7 de agosto

…Y gracias a tu amigo del colegio, que es alcalde de la villa, disfrutaste del privilegio de pasar en Santa Cruz de Mudela un insólito 7 de agosto

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Te anima mucho saber que algunos de tus conocimientos no están al alcance de personas cualificadas. Por ejemplo, la señora Cospedal es abogada del Estado, o sea, que de leyes y reglamentos sabe la tira, pero como dijo Emiliano García Page, alcalde de Toledo, ni idea de pasar el aspirador, arte que dominas con soltura siendo sólo un simpe abogado no ejerciente. Tu perspicacia te sopló que se trataba de una metáfora, que la acusó de ser incapaz de hacer limpieza en el PP. Sin embargo, a ciertas metáforas las carga el diablo: para completar su acusación el señor Emiliano añadió que los del PP no saben hacer nada sin la chacha. Habría sido más sutil refiriéndose a la empleada del hogar, a la sirvienta o a la tata.

Chacha es un apócope de muchacha que raspaba incluso cuando el lenguaje corriente no se disfrazaba de eufemismos. Sonaba a despectivo. Recuerdas el título de una revista musical que protagonizó la entonces rozagante vedette Queta Claver. Se titulaba La chacha, Rodríguez y su padre. No era alta comedia, claro. Corría 1956. Más de medio siglo después una de las grandes esperanzas del PSOE resucita el rancio vocablo haciéndose el gracioso, pero con retranca. Y acaba agraviando no sólo a su adversario político, sino a muchas mujeres y al imprescindible colectivo de asistentas del hogar.

Qué ganas de meterse en líos.

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En Valladolid otro alcalde llamado León de la Riva enriqueció su incontinencia verbal aventando sus sospechas de que algunas denunciantes de acoso sexual se quitan el sostén y la falda en los ascensores y luego salen gritando que un compañero de viaje les ha querido forzar. Fue tan burdo su comentario que el propio munícipe pidió disculpas poco después. ¿Cómo es posible que no mida más sus palabras? Este hombre es contumaz ¿Todavía no se había dado cuenta de que un político no puede ni siquiera ironizar en público con determinados tabúes?

Los hay muy listos para los libros y sin embargo tontos para los recados más fáciles.

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Tu amigo del colegio Mariano Chicharro también es alcalde. De los que no cobran nada por su trabajo, ojo. Rige los destinos de Santa Cruz de Mudela, localidad manchega de la que sólo recordabas el bello camino de cipreses que antaño cruzaba la carretera nacional hasta el cementerio, y las fotografías de Franco en su fabuloso coto de perdices reinando sobre un mar de patirrojas muertas. De todos tus reparos hacia la caza –que después de ver muchos documentales sobre la vida salvaje cada vez son menos- el que más te disgusta es éste: la costumbre de los cazadores de posar con sus víctimas, que se hace especialmente morbosa cuando estas lo son por cientos. Deben de ser los rituales de la caza, que se ha convertido, sobre todo,  en demostración de poderío. Hay gente pa tó. Otros exhiben trofeos deportivos de plata, o colecciones de figuritas de alabastro, Dios nos coja confesados.

El siete de agosto de 2014 las perdices de Santa Cruz de Mudela podían estar tranquilas. Lo que se celebraba allí no era ninguna cacería, sino las fiestas locales. Menos tranquilo estabas tú, encargado por el señor alcalde de presentárselas al pueblo. Lo de hablar en público, ser elocuente y no enrollarte demasiado, no es lo que se te da. Cuando te desinhibías en la radio no te veía nadie, y allá que saliera el sol por Antequera. En la noche de fiestas de la noble villa manchega te veían el alcalde y su señora –poco riesgo, pues al fin son amigos-, pero también la corporación municipal al pleno, el comandante de la Guardia Civil, el juez de paz, el médico, el cura, la maestra, el farmacéutico, la panadera, alguno de los fabricantes de navajas cabriteras, otros notables del lugar y el llamado respetable. Además te escuchaba el propio marqués de Santa Cruz de Mudela, Álvaro Fernández-Villaverde, pregonero de las fiestas. Hay que imaginárselo: un duende especializado en gamberradas e imposturas radiofónicas resumiendo la biografía y los méritos de un notable tan serio como exige su alcurnia, y que lleva en su título el propio nombre del pueblo. Álvaro es diplomático, empresario y gestor cultural de altos vuelos, y aporta un abolengo que lleva enraizado en el pueblo y en la vecina villa de Viso del Marqués más de cuatrocientos años. Su antepasado más ilustre es don Álvaro de Bazán, capitán general de las galeras de España y héroe de la batalla de Lepanto. Tenías el temor de que el pregonero recelase de tu estilo, que no podía ser el de un comunicador engolado y correctísimo. Afortunadamente la prosapia no está reñida con el sentido del humor, y el hombre encajó de buen grado las cuchufletas por las que tu amigo el alcalde te había llevado allí.

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A ti te guiaba, además, la curiosidad. Cuando el tren te dejó en una estación solitaria plantada sobre el más adusto paisaje manchego, el termómetro marcaba 37º. Parecía el primer plano de una clásica película del Oeste. Te esperaba tu amigo Mariano, que te llevó al hotel para que descansaras hasta la horas de la fiesta. ¿Cuántas ocasiones ibas a tener de descubrir Santa Cruz de Mudela un siete agosto? ¿Qué otro motivo te podría solicitar allí?…Y sin embargo, felizmente, te encantaría saber cómo son todos las regiones y pueblos de España, ver su paisaje, conocer sus gentes, saber cómo viven, a las duras y a las maduras, bajo cero, si fuera invierno, o en esa fragua de Vulcano que te ofrecía la tarde de agosto. No te frenaste. Bebiste un vaso de agua y te echaste a conocer esa villa de casas de mucho empaque, trazo austero y calles rectilíneas que se funden con la llanura abrasada. No había un alma. Sorprendentemente, poquísimos bares abiertos. Se ve que el buen sentido de los lugareños los guarda en su casa, su bodega o su patio hasta que la noche suaviza algo la temperatura…Te dio igual. Ya habías apostado hace tiempo por un verano insólito, y ahí estabas donde nunca creía que podrías estar un siete de agosto.

Era un momento especial en un rincón de España. Es verdad que habría lugares mejores en los que estar ese día crucial, pero tu punto de vista y tu propia vivencia eran únicos, exclusivos, en cierto modo privilegiados. Te gusta tu país, y que tu amigo el alcalde de la villa te invitara a presentar las fiestas locales, velay, tenía su puntito.

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1 Response to “Un cachito de verano manchego (1)”


  1. 1 Franciska septiembre 5, 2014 en 3:02 pm

    Es que no vas a contarnos la fiesta?

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