El empresario que aspiraba a una necro lógica

Aquél empresario puede que no tuviera muy buen gusto, y que, como casi todos, se fumamara un puro sobre casi todo. Pero era un hombre consecuente...

Aquél empresario puede que no tuviera muy buen gusto, y que se fumamara un puro sobre casi todo. Pero era un hombre consecuente…

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-Es bonito, y a su familia le gustará- pensó mientras repasaba todos los obituarios que la prensa del día dedicaba al gran empresario desaparecido – Pero yo preferiría que mi necrológica fuera más consecuente, más próxima a la realidad, más creíble.

Sobre todo con claros. Pero también con alguna sombra para demostrar que, además de un líder social y un prócer, había sido carne mortal.

El próspero empresario Marcial Antúnez, hijo de un pastor manchego, era un triunfador, un hombre hecho a sí mismo. Sin estudios ni más bagaje que su inteligencia natural, su trabajo y su olfato, se había hecho multimillonario y famoso en las páginas salmón gracias a un producto de parafarmacia que, explotando el efecto placebo y con una audaz campaña de publicidad protagonizada por Anabel Treysler y Carmen Lamana, había revolucionado el mercado. Su producto era la famosa píldora que, disfrazada como complejo vitamínico, prometía a la mujer la juventud y la belleza eternas. Como Marcial era en el fondo un tipo muy básico, la bautizó con su propio nombre. Y como desconfiaba de los divos de la publicidad que le pedían dinerales por cuatro chorradas muy sofisticadas que no se entendían nada, él mismo diseñó su campaña, prescrita de viva voz con un slogan que sorprendía en la boca de tan elegantísimas damas de la beautiful people. En sus spots de televisión, la Treysler y la Lamana explicaban un día cualquiera de su vida. Su desayuno, tan sano, su gimnasia, tan rítmica, su agenda, tan equilibrada, sus compromisos sociales, tan emocionantes, sus momentos de ocio, tan envidiables, sus veladas, tan seductoras. Pero el secreto de la belleza y la felicidad que resplandecía en sus inmarchitables rostros no era sólo su vida de amor y lujo ejemplar, sino que antes de irse a dormir se tomaban cada noche una píldora milagrosa al tiempo que prescribían con una sonrisa.

Con píldoras Marcial…¡guapa que te cagas y casi inmortal!

Rompedor sí que era el mensaje. Y hubo que pagarles un pastón a las ilustres damas por mancillar sus labios con esa expresión impropia de su edad y de su exquisita educación. Pero -¡oh sorpresa!- esa brutal propuesta cayó en gracia, se convirtió en trending topic, las cajas de Píldoras Marcial se vendieron por millones, y unos años después el empresario Antúnez era tan fundamental para el PIB y el Ibex 35 que se ganó con creces ese corifeo de ditirambos post-mortem con el que despedimos en este país a los héroes empresariales que engrandecen la marca España.

2

Llame a Torralba, nuestro notario –le dijo a su secretaria- Que quiero que levante acta de unas disposiciones personales de las que usted tomará nota mientras se las voy dictando.

El notario Torralba era un profesional abierto, simpático y habituado a dar fe de acontecimientos un tanto singulares, como el de aquel Marianet de un pueblo de Castellón empeñado en presentar al Libro Guinnes su hazaña de comerse ciento treinta caracoles en veintiséis minutos, lo que a todas luces tenía pinta de record mundial absoluto de la especialidad. Así lo hizo constar en acta notarial, para alborozo de la peña Los Caracojonudos, que la envió junto con su petición de reconocimiento de record a la oficina central de Guinness en el Reino Unido. De igual forma haría constar ahora lo que pausadamente, y con la ayuda de la taquigrafía de Chitina, su secretaria de toda la vida, dictó Marcial.

-No se sorprenda, Torralba- le advirtió el empresario antes de encender su puro y de comenzar el discurso de sus voluntades- Sospecho que a mi muerte el tamaño de mi imperio, el volumen de mi herencia y lo muchísimo que he invertido en publicidad a lo largo de mi vida empresarial me van a acabar canonizando, como está ocurriendo con los colegas que me han precedido últimamente. La opinión pública es así: te pueden poner a parir y odiarte en vida, porque probablemente te lo mereces, pero cuando mueres, saca el inciensario y redime su mala conciencia subiéndote a los altares. A mí, francamente, me dan vergüenza ajena los turiferarios. Y como no tengo descendencia a los que reconfortar con mentiras piadosas y a la fundación que me heredará le va a dar lo mismo que me retraten con luces y sombras, sólo pretendo controlar la hagiografía exagerada. Vamos, que si alguien me dedica un obituario o una necrológica, la gente sepa que se ha muerto un empresario, y no un santo.

Fue a continuación la suya una lectura desconcertante de su vida. De forma deshilvanada, interrumpida a menudo por las boqueadas de humo de su puro y por las expresiones de asombro y hasta las risas del notario y de Chitina, Marcial Antúnez fue marcando las pautas que le gustaría que recogiera su memoria pública. Por favor, que no subrayen la tontería esa de que el secreto de todo es el trabajo, entrar en el despacho el primero y salir el último. Hay cantidad de currantes que no venden un clavel. Yo he trabajado como un cabrón, pero si no hubiera sabido tocar las teclas precisas no me hubiera comido un rosco. Cuando hablen de mi intuición y de mi visión privilegiada del negocio, que recuerden también mi instinto para sondear las debilidades humanas, y mi precisión para conocer qué necesitaban en ese momento los que debían firmar el papel que necesitaba. Si alguien se le ocurre ponderar mi aplomo y mi capacidad de asumir riesgos sí me hará gracia que recuerden aquel rentoy que eché en el ministerio: ¡no hay cojones para negarme esa licencia! Eso, eso, que lo digan así, con todas sus letras, que para eso soy un hombre del pueblo…

-¿Lo…Lo hago constar exactamente en el acta? –titubeó Torralba.

-Naturalmente –confirmó Antúnez- Hombre, que sean quizás un poco menos rotundos cuando aborden mis conflictos con el fisco y con la judicatura: sorteó de aquella manera los problemas que tuvo….sería una buena fórmula, sin entrar en detalles…Luego hablarán de mi generosidad, del mecenazgo…Está bien, me he gastado una pasta ayudando a comunidades de monjitas, ONG y esas cosas, y he tenido que hacer caso a mis asesores comprando unos mamotretos horrorosos que se exhiben en el vestíbulo de nuestra sede y que dicen que son arte contemporáneo, qué se le va a hacer…Que pongan eso: no sabía por qué, pero ayudó a algunos de esos artistas que molaban porque no supo decir NO a tiempo. Buen amigo de todos, sí: del gobierno, de la competencia, de los periodistas…Ahora, como lo cortés no quita lo valiente, que recuerden también lo que aprendí de mi amigo Castiñeiras cuando le quise comprar para mis primeros repartos su vieja furgoneta DKW por cuatro perras, un precio de amigo. Castiñeiras era gallego, y me soltó lo que aquel paisano que quería vender su vaca a un amigo: amigos, muy amigos, pero la vaquiña por lo que vale, ¿eh? Pueden resumirlo así…Y en cuanto a su afán por crear puestos de trabajo y su preocupación por sus empleados…Bueno, no es del todo incierto…Han trabajado para mi imperio miles de ciudadanos, pero les he estrujado lo suyo. Chitina misma, que entonces era un pibón, le podrá contar que yo mismo le prometí promocionarla a la dirección comercial si…

-¡Señor Antúnez, por favor!- interrumpió la secretaria a la que súbitamente se le subieron los colores.

-No pasa nada. Chitina -la tranquilizó el jefe- Usted se portó decentísimamente, y eso la honra, y yo me arrepentí inmediatamente de mi oferta. Además, recordé aquello de donde tengas la olla…Pero cómo voy a negar que uno, que es de pueblo, en esa soledad del poder y del dinero, también tuvo sus debilidades…¿No es más fácil de entender eso que ese espejismo de virtudes personales, cívicas y empresariales con que se pretende inmortalizar ahora a los creadores de riqueza?…

3

El notario Torralba tuvo que hacer un alarde de síntesis expresiva para recoger rigurosamente lo que de forma tan anárquica había contado el fogoso creador de las Píldoras Marcial y había transcrito su fiel secretaria Chitina. De la escritura, protocolizada como ACTA DE ULTIMAS VOLUNTADES DE DON MARCIAL ANTÚNEZ Y SANZOL RELATIVAS A SUS POSIBLES OBITUARIOS, se sacaron numerosas copias simples que fueron enviadas a los directores de los principales periódicos, emisoras de radio y cadenas de televisión junto con una breve carta firmada por el empresario que decía así.

Muy Sr. Mío

Desde hace tiempo he observado que los medios como el que Vd. dirige dan una enorme importancia a los obituarios de empresarios que han conseguido una gran notoriedad económica y social. A mi juicio, el impacto de estas tristes noticias desvirtúa un tanto el enfoque de dichos obituarios que, si se me permite decirlo, pecan de caer en un elogio tan exagerado que los hace poco creíbles.

Para evitar esos excesos, y suponiendo que el fallecimiento de este modesto empresario que suscribe merezca en su día algún recordatorio en su medio, le adjunto unas notas recogidas en acta notarial sobre mi trayectoria empresarial. Espero que si alguien glosa mi necrológica, esta sea precisamente lo que no viene siendo hasta ahora: lógica.

Atentamente

Marcial Antúnez Sanzol

Presidente de LABORATORIOS MARCIAL

Cuando falleció el creador de Píldoras Marcial, guapa que te cagas y casi inmortal, su muerte apenas tuvo eco en los medios. ¿Qué interés público podía ofrecer un magnate que, en el fondo,  sólo era un hombre corriente?

 

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4 Responses to “El empresario que aspiraba a una necro lógica”


  1. 1 ...et autres lieux septiembre 16, 2014 en 3:14 pm

    ¡Ja, ja,ja! Todavía me estoy desternillando. Y he soltado tal carcajada en el restaurante del gimnasio al llegar al eslogan, que he tenido que explicar a los vecinos de mesa lo que estaba leyendo. Pero qué verdad hay en todo lo que dices. Podrías dedicarte a escribir necro-lógicas creíbles y abrir un nuevo mercado, similar al de los productos ecológicos, para los consumidores más exigentes, que no se conforman con productos manipulados y buscan lo natural. Lástima que poca gente está, como Marcial, por la labor de escribir la suya (aunque todos caigamos en la tentación de imaginarla…).

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  2. 2 wallace97 septiembre 16, 2014 en 3:49 pm

    Desde la transición, en este país ha habido tres hombres que han mandado en los sucesivos gobiernos en mayor o en menor grado. A saber: Jesús de Polanco, Emilio Botín e Isidoro Álvarez. Del primero, es lógico que no se hablara mal, porque tenía bajo sus riendas la mitad de los medios de comunicación, y la otra mitad ejerció el corporativismo. Del segundo, también es lógico, porque sus colegas y competidores también lo ejercieron, pero además entre todos ellos controlaban todos esos medios. Y del tercero, lo que me resulta curioso es que en ningún sitio he visto opiniones como la mía, que aun suponiendo que esté equivocado, imagino que habrá por ahí algún economista, empresario o periodista que esté igual de errado que yo, pero nadie lo dice. Y mi opinión es que desde que Isidoro Álvarez llegó a la presidencia y comenzó su plan de expansión –más bien de huida por delante- el Corte Inglés ha ido clarísimamente a peor, y hoy día está en la más absoluta de las ruinas. Por mucho que eso no se pueda decir. En mi modesta opinión, la labor de un buen empresario no es precisamente la creación de burbujas. Por mucho que fuera –que no lo dudo- una excelente persona.

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  3. 3 julia septiembre 16, 2014 en 7:04 pm

    Genial!!! Es que no se te puede dar mejor escribir y hacernos pasar unos ratos desternillantes. Te podría decir que te dedicaras a ello…pero es ya lo haces, no soy nada original.
    Viva Marcial y su píldora que hay que ver lo bien que le sientan a estas dos señoras, la Treysler y Lamana ¿pero a quién intentan engañar? Quizás a ellas mismas… Y te has olvidado de otra importante la Titinez-Portiú….

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  4. 4 Monti septiembre 18, 2014 en 12:21 pm

    Jajaja, no dejas de sorprenderme.

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