Tránsito al otoño

El camino hacia el otoño es prometedor. Aunque, en tus circunstancias, este año el tránsito se adornara de ciertos matices especiales que...

El camino hacia el otoño es prometedor. Aunque, en tus circunstancias, este año el tránsito se adornara de ciertos matices especiales …

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-Hay que agradecer que, con el tajo que tiene, al Señor no se le olvide traer el otoño –se te ocurre al ver amanecer el primer día de la nueva estación.

Tienes tus dudas, claro. No te queda claro si es el Dios que te inculcaron en el colegio, el creacionismo, el evolucionismo o cualquier Deus ex machina que venga a resolver los múltiples papelones pendientes. De orden universal, como el Yihadismo, o el conflicto ucraniano (a ti te gusta más que decir ucranio), o la crisis, que no se despeja, o la amenaza del Ebola, o la melopea empalagosa de los nacionalismos. Jesús, qué empacho. A estas alturas de la civilización y todavía discutiendo que lo más importante es ser como son. No exentos de vicios y de corrupciones, como cada quisque. Pero etiquetados con la denominación de origen que les hace levitar. ¿Se acordarán de los viejos vinos en odres nuevos? ¿Dejarán de dar la tabarra y de sentirse agraviados si mañana despiertan convertidos en lo que quieren ser o vestidos de lagarteranas?

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Menos mal que viene el otoño. Sabina dice atinadamente que sólo dura lo que tarda en llegar el invierno, y en general –los poetas y los románticos tienen buena parte de la culpa- se asocia este tiempo a la decadencia, a la vejez, a lo triste y a lo crepuscular. Sin embargo para ti, que vives en la España donde el pasto amarillea a partir de junio, el otoño es una segunda primavera. Ha venido puntualmente, en algunos lugares con estrépito, y bien lo sientes por los que han sufrido sus excesos. Pero en medio de la zozobra general y de tu angustia particular te ha anima ver llover, correr los regatos y arroyos que hace días penaban el severo estío, retoñar la hierba, abrirse los erizos de las castañas y oxigenarte con el impagable aroma de la tierra mojada. Es otro testimonio de la vida de la naturaleza, felizmente al margen de los designios del hombre. La tierra se pondrá amorosa, y pronto nos ofrecerá, por ejemplo, setas, que no saben si serán níscalos o rovellons, ni falta que les hace.

Caminamos.

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No ha sido tu mejor semana, y de ahí el abandono momentáneo de tu blog, con la mala conciencia que te genera abandonar tus hábitos.

Entretanto, dejaste atrás la última noche del verano, quizás la más aciaga desde que te declararon tocado por el cáncer. Los médicos que te cuidan se obsesionan tanto en combatir al enemigo principal que a veces olvidan advertirte de los daños colaterales. Uno de estos, acaso el más vergonzante y motivado por la química que debe de acumular tu organismo, afectaba a la fontanería digestiva, y te tuvo en vilo el domingo a la hora del sueño. En esa noche siniestra, entre sofocos y estertores de impotencia, te permitiste preguntarle al Creador, tan sabio y todopoderoso cual es considerado, cómo no se le ocurrió inventar un aparato excretor más sencillito para el cuerpo humano en casos límite. Vamos, algo que permitiera aliviarse a uno con un movimiento tan sencillo como bajar una palanca para tirar una caña, servir un helado de cucurucho o ponerse un café de máquina. Si tú fueras Dios ya estaba marchando el nuevo diseño.

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La lucha contra esta adversidad en la noche, visita incluida a las urgencias del ambulatorio del pueblo y aplicación de remedios poco honorables para la retambufa, fue una larga secuencia tragicómica que algún día deberías transformar en cuento. Todo es dolor  o risa, según se mire. Se pasó el mal trago, y ahora lo recuerdas como una simple anécdota. Además, no hay mal que por bien no venga. En tu obsesión desesperada por salir cuanto antes de aquel malhadado trance, se te ocurrió especular sobre si la Divina Providencia, con el trajín que se trae, tendría hueco para atender a tus plegarias.

-Señor, Señor –debiste de implorar en la menos devota de las posturas posibles- Pasa de mí este cáliz, y perdón por la comparación.

Te consta que la misericordia de Dios es infinita. Hoy puedes contarlo riéndote de ti mismo, y agradecido por esta mañana gris y suave de prometedor otoño. Sic transit.

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8 Responses to “Tránsito al otoño”


  1. 1 Sofía Gandarias Alonso de Celis septiembre 23, 2014 en 1:03 pm

    ayer estuve con tu hermana paloma y tu madre la amiga de mi suegra rosario, estas últimas ya con el todopoderoso. si te consuela el extreñimiento versus constipation es algo que me acompaña desde niña, solo quiero saber que no soportes dolores y que sipuedes andar, el campo estará precioso alfombrado de hojas pues eso caminamos chabelita, gracias por tu blog

    sofia gandarias Enviado desde mi iPad

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  2. 2 julia septiembre 23, 2014 en 3:53 pm

    Lo que yo he interpretado al leerte, contado con tu habitual maestría, es que lo que te aquejó esa noche aciaga fue una común diarrea….con todo lo mal que se pasa. Pero es mejor que, una vez superada, te centres en el neonato otoño y todos sus esplendores. Y que sigas así Duende, con ese ánimo de superación que nos demuestras. Ya tienes el 95% conseguido. El resto, digo yo que algo sabrán los médicos que te tratan. Un abrazo.

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  3. 3 Ángela septiembre 23, 2014 en 6:13 pm

    Otro día menos de tratamiento, eso es lo que cuenta y lo bueno que tienen las recuperaciones es que si no se duerme de noche, se puede dormir de día. Tranquilamente.
    Cuando uno está malito puede además alterar horarios y relajar costumbres!!.
    Cuídate Luis!
    Besos.

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  4. 4 franciska septiembre 23, 2014 en 9:47 pm

    ¡que mal rato¡¡¡ en un viaje en africa, sin medios como en casa ,recuerdo una noche horrible por culpa de una comida local, es de las situaciones más desagradables que te pueden pasar. Pero que¡¡ bien se siente uno cuando todo pasa ¡¡¡¡¡ porque todo pasa y ver amanecer en otoño en el campo es maravilloso…

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  5. 5 begoña septiembre 24, 2014 en 12:59 am

    ¡ENHORABUENA! Eres un genio para combinar lo prosaico y lo sublime, cosa que siempre es el otoño.
    Ánimo y cuídate mucho. Aunque la batalla es dura, tú eres un buen estratega.

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  6. 6 Vitin septiembre 29, 2014 en 11:20 am

    Bueno Luis , quien no tiene un tropiezo o resbalón paseando en el campo. Las bellas hojas de colores diversos son suaves para pirarlas y además escondes ramas, raíces , charcos…
    Sin embargo , no has caído , no te has tenido ni q levantar . Has seguido camino adelante. Estupendo , ahora , esos calcetines especiales , aún t darán mas ánimo para una pisada fuerte y segura . Abrz fte

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  7. 7 begoña septiembre 29, 2014 en 10:16 pm

    Lo de emparejar calcetines es toda una ardua tarea. Me acuerdo de cuando mis hijos eran pequeños. Los domingos por la noche doblaba una media de 30 pares de calcetines, los de gimnasia, los de ir al tenis, los de esquiar… y, encima, había que cortar 60 uñas de 60 dedos. Cómo echo de menos aquellos ilusionantes años. Bss y, otra vez, mucho ánimo.

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  8. 8 begoña septiembre 29, 2014 en 10:48 pm

    Ainsss… Creo que el comentario debía haberse publicado en el post de los calcetines. Lo siento. Ha sido el duende la informática o de mis inquietos dedos.

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