Las llaves de tu reino

Esta es una de las llaves de un reino que debemos aprovechar antes de que el tiempo y el olvido lo hagan desaparecer...

Esta es una de las llaves de un reino que debemos aprovechar antes de que el tiempo y el olvido lo hagan desaparecer…

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Después de su viaje por la España del siglo XXIII, el escritor y viajero hispanista Aloisius Nooteboom, descendiente de Cees Nooteboom hizo interesantes anotaciones que conviene difundir para lo que el lector entenderá más tarde.

Me han interesado sobre todo los monumentos y los vestigios arquitectónicos del siglo en el que mi antepasado descubrió este país, dice refiriéndose inevitablemente al final del siglo XX y los inicios del XXI. Aunque cueste creerlo. añade, al margen de perder el tiempo, el dinero y buena parte de sus sueños de gloria en debates tan estériles como discutir su identidad y su derecho de autodeterminación sexual, personal, municipal, provincial, regional, autonómico, nacional, supranacional, europeo, mundial e incluso cósmico –algunos dicen que se sienten de Alfa Centauro desde siempre parece ser que los españoles de entonces mantenían algunas de las constantes que han caracterizado a la historia de la humanidad. Por ejemplo, como en todas las épocas, construían edificios que pretendían ser importantes, representativos y duraderos.

De esta época – continúa reseñando el inquieto viajero- no quedan sin embargo palacios construidos por nobles o por ricos poderosos que pretendieran perpetuar su memoria en piedra, mármol o ladrillo. La opulencia exagerada no debía de estar bien vista por el pueblo. Tampoco he observado muestras de la magnificencia y de la belleza que hasta el siglo XX aportaron a las bellas artes, y en especial a la arquitectura y a la escultura, el culto a la divinidad en sus diversas manifestaciones y la religión, cualquiera que fuera ésta. Definitivamente, el pragmatismo y el escepticismo reinante consideraban ya que era más importante un ambulatorio que un templo de Dios.

Como testimonio curioso de los valores que en nuestro siglo merecieron dejar su huella monumental, Aloisius Noteboom destaca lo que entonces se llamaba edificios emblemáticos, a saber, sedes de grandes bancos o de compañías telefónicas, bodegas, teatros de ópera, aeropuertos sin uso, museos inspirados en la armadura del Mago de Oz, polideportivos y otros alardes a veces absurdos como monolitos o puentes con la forma de gigantescas mantis religiosas firmados por un tal Calatrava. Especial consideración le merecen algunas ruinas de lo que los españoles de entonces llamaban Centros de Interpretación de la Naturaleza, como si dentro de esos centros no informaran o difundieran los valores naturales del entorno, sino que se dedicaran a filosofar sobre éstos. Qué divertido, se los imagina uno: ¿tú cómo interpretas la existencia del grillo?…Para mí que al Creador le divertía que un ortóptero negrito cantara cri-cri y lo creó…¿Y las auroras boreales?…Yo las interpreto como si fuera una especie de rubeola espacial…

Al final, Aloisius Nooteboom cae en la tentación de hacer futurología y de ponerse a especular él mismo sobre el drama que significará la laicización de la humanidad para los que, como él, optaron por recorrer y curiosear por el mundo

Cuando las catedrales, monasterios, santuarios, iglesias y ermitas, cuando las pirámides, los templos budistas, las mezquitas y otros homenajes al teísmo se sepulten definitivamente en el polvo del olvido, el llamado turismo cultural será admirar unos ciclópèos e inexpresivos bloques de hormigón, gigantescos cementerios industriales, tótems de acero y vidrio inexplicables y unas placas de titanio oxidado que dirán más bien poco sobre la presunta grandeza del alma humana. Del siglo XX a esta parte, el progreso y la veneración por las capacidades y los derechos del hombre dicen que han hecho un mundo mejor, pero su legado en términos monumentales será mucho más pobre que lo que nos dejaron los siglos de opresión de los poderosos y del temor a Dios. Es duro reconocerlo, pero yo no soy un moralista ni un sociólogo, sino un simple viajero, y este mundo mejor me está resultando mucho más feo…

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Hasta aquí la ucronía, o la utopía. Se te ocurrió porque esta semana paraste en Buera, provincia de Huesca, donde tu amigo Miguel Angel mantiene la Posada de Lalola, un encantador hotelito rural para dejarse caer allí, descubrir las delicias del Somontano y hacer senderismo por la Sierra de Guara. Lejos, muy lejos del mundanal ruido. Bastante cerca de esos momentos de paraíso asequible que te guían ahora. Fue una visita para festejar con el hostelero y sus amigos locales, en una gran cena al aire libre y con la media luna por testigo, su santo y los dieciocho años de vida del hotelito. No estuviste mucho tiempo, pero sí lo suficiente para pasear al atardecer con Carlos Santos y su novia Ana Mari hasta la ermita de Santa María de Dulcis, así llamada porque al parecer la Virgen vino a aparecerse allí sobre un panal de abejas. ¿Habrá lugar para un milagro tan poético y tan dulce en los siglos futuros?

La ermita, del siglo XVIII, está enclavada en un paraje propicio para la meditación, en un pequeño cerro entre encinas, carrascas, quejigos y junto a un huerto de olivos que crían aceitunas de todas las variedades conocidas. Decorada con elementos mudéjares y del barroco muy originales, pero pobre en imágenes, es un edificio modesto, de una sola nave, que, como tantos otros templos esparcidos por España, resiste a duras penas el paso del tiempo. Allí acudían antaño a pedir curación a la virgen de la miel los enfermos del garrotillo, el simpático nombre con el entonces se conocía a la terrible difteria. Tú no eres un gran creyente, pero aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid y el Vero no lejos de allí, sugeriste a la santísima señora que ahora hay otras enfermedades más extendidas también merecedoras de su atención. Y quisiste inmortalizar el momento con la llave que os prestó la santera de Buera para abrir el templo.

Es una llave descomunal, como la que imaginas que recibió san Pedro. La muestras como objeto curioso porque para ti es una de las famosas llaves del reino. De ese reino injusto y lleno de desigualdades que se va extinguiendo. Afortunadamente, no sin habernos legado catedrales, palacios y otras joyas de la arquitectura expresivas de un tiempo en el que los creyentes tenían fe en Dios y los nobles y poderosos no se recataban en querer vivir como Dios.

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5 Responses to “Las llaves de tu reino”


  1. 1 Rafael Aguirregomoscorta octubre 4, 2014 en 6:05 pm

    Mi admirado duende, el nombre que se daba a la difteria me parece que era garrotillo, el garrotín era una canción de los “Smash”, grupo andaluz de rock. Gracias,​

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  2. 2 autres lieux octubre 5, 2014 en 6:57 am

    Duende, ta prière sera exaucée parce qu’elle ne peut pas avoir été faite d’une façon plus humble et sincère…

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  3. 3 El Duende de la Radio octubre 5, 2014 en 8:36 am

    Agradezco el toque de atención de Rafael Aguirregomoscorta, que tiene razón. Garrotín también es el nombre una danza. Mi adjetivo de “simpático” viene de que se menciona en el libreto de la famosa zarzuela “La corte del faraón”, antes de que el coro cante esa letra tan poética de “Cuando te miro el cogote/ y el nacimiento del pelo/ se me sube, se me sube, se me baja…/ la sangre por todo el cuerpo”. Lo de “garrotillo” me llevó subliminalmente al lapsus de recordar esta gamberrada musical, bien lejos conceptualmente del drama que supuso la difteria.

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  4. 4 Aldara octubre 5, 2014 en 4:45 pm

    ………..y también está el garrotán….. recordemos: “al garrotín, al garrotán, cada día yo te quiero más………. ” (perdón por la estupidez)

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  5. 5 adela octubre 6, 2014 en 8:20 am

    Querido Duende y un saludo cariñoso a la Posada de la Lola, tan mencionada en antiguos “posts”, llaves del reino semejantes quizás no tan grandes continúan muy presentes en las casas de mallorca, es frecuente en las entradas de las casas de pueblo y sobre algún mueble verlas repartidas actualmente como decoración, pero que no hace tanto eran las llaves de entrada al reino particular de cada uno incluso se dejaban en un agujero que había en el portal para ello o bajo el felpudo o maceta…en fin depende de cada uno, naturalmente ahora ya están pasando a la historia de las rarezas y lo de dejarla bajo el felpudo un auténtico suicidio con lo cual…no tengo claras tampoco algunas ventajas de la modernidad si acaban con las buenas costumbres 🙂

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