Una duquesa para la eternidad

Milagrosamente, aquella mujer que ya había dejado muy atrás sus mejores años, seguían encandilando al pueblo en tal manera que este quería inmortalizarla a goda costa...

Milagrosamente, aquella mujer que  había dejado muy atrás sus mejores años, seguían encandilando al pueblo en tal manera que este quería inmortalizarla como fuera…

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Marga daba gracias de vez en cuando a la memoria de sus abuelos, que le contaban cuentos. Los niños con abuelos reciben la suerte extra de tener más padres. Si además de eso, los abuelos son de los que cuentan cuentos, más padres con premio gordo. Los primeros cuentos que recordaba Marga eran los de la abuela, que se nutrían del acervo clásico. Pero a eso de los siete u ocho años le empezaron a gustarle más las historias del abuelo, que dejaban de presentar la vida en amables colorines infantiles y se llenaban de emociones, intrigas y sufrimientos entre nieblas, sombras y hasta noches siniestras. Le gustaban especialmente los cuentos de miedo, que despiertan un morbo especial cuando se aproxima la adolescencia. El abuelo lo mismo le hablaba a Marga de un tal Ulises y Polifemo que del Conde de Montecristo, de Maese Pérez el Organista o del avaro Mister Scrooge. Sin embargo la que más la impactó, por lo cerca que quedaba el mito, fue la historia de la hija del Doctor Velasco.

-¿No sabeis? –les contaba luego a sus compañeras de colegio- El doctor Velasco tenía una hija de catorce años a la que adoraba. Un día se puso enferma, su padre se equivocó en las medicinas que tenía que darle y la pobrecita se murió. Y el médico se volvió tan loco de dolor, que disecó el cuerpo de su hija y siguió viviendo con ella en casa. La niña creo que le quedó guapísima.

-¿Y la llevaba al colegio? –preguntaron sus compañeras.

-No, pero al teatro sí. Dicen que le encargó un traje de novia, se lo puso, la subía a un coche de caballos y se iba con ella al palco de la ópera.

Lo que más le impresionaba a Marga, como también a sus amigas, es que esa historia no había pasado en la brumosa Inglaterra de otros cuentos o en los Balcanes. Sino en Madrid, y precisamente en el mismo lugar que la clase había visitado en una de las visitas culturales extraordinarias que programaba el colegio. La hija del doctor Velasco, en vida y ya muerta, habitó con sus padres en lo que hoy es el Museo Antropológico del que el famoso médico fue director.

-Jo, qué fuerte- decían las niñas.

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Los cuentos o leyendas suelen ser fantasía, pero dan ideas. Marga ya era mayorcita, y como tantas mujeres en la edad mediana, padecía en sus propias carnes el mal momento que tocaba vivir. Había estudiado filología inglesa y periodismo para acabar ganándose la vida como vendedora de perfumería hasta que llegó la crisis, cuando un ERE sólo le dejó unos pocos euros y la calle para correr. Marga a pesar de todo tenía buena cabeza, y creía que el sentimiento colectivo de la población agravaba sus miserias por el sistemático martilleo al que el Gran Hermano le sometía a diario.

-Nos manipulan –se quejaba mientras tomaba café con las mismas amigas que compartían sus cuentos- ¿Quién decide lo que debe decir el Gran Hermano para acojonar al personal?…¿Por qué un escándalo o un agravio se tapa con otro?…¿Cuándo conviene destapar éste? ¿Es más rentable para el poder que vivamos asustados que tranquilos?…

Y repasaba el memorial de desastres que venía flagelando al personal en los últimos tiempos. Empezábamos a levantar cabeza después de la ruina y las amenazas de rescate cuando se inició la comedura de coco del secesionismo catalán. Vino después el mea culpa de Pujol, afloró el escándalo de las tarjetas de BANKIA y Más y sus secuaces dejaron las portadas y las cabeceras del telediario. Vivíamos seriamente preocupados por el referéndum de Escocia cuando saltó la amenaza del Ébola y durante unas semanas nos cambiaron el chip de la angustia. El Ébola cedió protagonismo al caso Púnica. Púnica le pasa el relevo al sondeo del CIS y este a Podemos. Y entretanto, un pequeño Nicolás que no sabemos si es granuja o caradura, famosos encarcelados, fábricas de embutidos que arden…Una mancha de mora, dice el refrán, con otra mancha se quita.

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Se durmió, pese a todo, ante el televisor con su ración de angustia diaria, y al despertar de la siesta comprobó, oh maravilla, que una serie de tertulianos se deshacían en elogios y hablaban de un mundo feliz. El objeto de sus consideraciones era la Duquesa de Alba. No era el asunto que más le interesaba a Marga en sus circunstancias, así que buscó con el mando del televisor otro canal, pero en éste también otros periodistas y comunicadores contaban maravillas de la Duquesa de Alba. Siguió zapeando y los Peñafiel y demás pontífices del llamado periodismo social seguían poniendo por las nubes a la duquesa Cayetana. En esa hora parecía que nada importaba más al país que la duquesa del pueblo, como la titulaban para subrayar su llaneza y su espontaneidad. La televisión y la radio dedicaban la tarde a quien, aunque sólo fuera por lo bien que enterramos en España, ya daba por muerta Marga.

-No hay mal que por bien no venga- pensó al confirmarse la noticia al día siguiente- Por unos días no nos darán la vara recordando nuestras miserias y dedicaremos nuestra atención a esta mujer irrepetible.

Se acordó entonces de la leyenda de la hija del Doctor Velasco. E imaginó que el sufrido pueblo, tan necesitado de iconos que pusieran ungüento en sus llagas, pedía a voces una Cayetana embalsamada para que su estampa inmortal siguiera acompañando, genio y figura, al incierto devenir de la historia de España.

 

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7 Responses to “Una duquesa para la eternidad”


  1. 1 atticus noviembre 24, 2014 en 9:31 pm

    Como dice una amiga mía “una mujer que ha puesto tanto color en un país tan gris” . . . ¿sera verdad? Abrazo fuerte maestro atticus 444

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  2. 2 atticus noviembre 24, 2014 en 9:56 pm

    El día del óbito el telediario de TVE en su primera edición cerro con un panegírico de la excelsa dama y la musica de fondo era el moon river de desayuno con diamantes. . . . .¿ sera porque se acordaron de audrey hepburn?

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  3. 3 atticus noviembre 25, 2014 en 12:37 am

    Con esto acabo que tengo un día muy locuaz, maestro , estoy deseando conocer tu opinión sobre RELATOS SALVAJES que tiene que haberte gustado y mucho si o si.

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  4. 4 El Duende de la Radio noviembre 25, 2014 en 8:22 am

    Muy buena, buenísima, original, divertida y apasionante. Aparte de la genialidad del guión, de los actores y de la realización, un valor añadido que se echa de menos en casi todas las películas argentinas: ¡se entienden todos los diálogos!

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    • 5 atticus 444 noviembre 25, 2014 en 10:47 am

      Lo sabia¡¡¡¡ me alegro que te gustara. Abrazos PP

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  5. 6 julia noviembre 25, 2014 en 6:26 pm

    Me ha fascinado siempre “la Duquesa” y he sentido una gran admiración por ella y por lo que representaba. Pero aun mas por como lo representaba (ya se que me faltan las tildes pero esta maquinita infernal no responde).
    Lastima que, con la incineración, no se pueda hacer lo mismo que el doctor Velasco con su hija….

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  6. 7 Ángela noviembre 28, 2014 en 5:30 am

    Con muchas ganas de ver Relatos Salvajes!!.
    Un beso, cuídate Duende!!.

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