Pereza de la Navidad

Pereza de la NavidaD1

5 de diciembre –anotó en su diario- Ya he leído los periódicos. Al margen del catálogo de desgracias y tropelías con que habitualmente nos obsequian los medios, veo que avanza imparable la Navidad. La Lotería, los langostinos congelados, el Corte Inglés como paraíso, las mil y una iniciativas benéficas y humanitarias, los Papá Noel de peluche trepando por los balcones. Dentro de poco, me temo, algún villancico de Raphael derramando copos de almíbar en la tele, el turrón que vuelve a casa, las muñecas que se dirigen al portal, burbujas doradas y macizas como la chica de Goldfinger, famosos de esos con el pelo teñido y famosas estucadas levantando la copa de cava brindando por mi felicidad…No puedo decir que me dé náuseas, porque a mí me gustaba la Navidad. Sí me da mucha vergüenza ajena. Menudo mantra, como se dice ahora, para desatar las ganas de hacer negocio, la cursilería y la horterada al por mayor.

Ahora, de verdad, de verdad, lo que sí me produce este fenómeno es vértigo. ¿Otra vez la Navidad, tan pronto?… Flori, mi vecina de arriba, dice que le da tanta pereza meter y sacar cosas y ordenar los armarios que entre los adornos del árbol ya cuelga el bikini. Dice que queda muy bien entre las bolas, los muñecos de nieve, los lazos y las luces, y así lo tiene más a mano, porque se acabarán las navidades y el verano ya está al llegar. No es que la Navidad sea breve, aunque cada vez se adelante más, es que me voy haciendo vieja, y el tiempo, qué putada, se me escurre como el agua entre los dedos.

2

El marido en los cielos, su hija Adela trabajando de enfermera en Coventry, su hijo Alfonso de cooperante en Sudán, sus tres hermanas un poco menos lejos, en Canarias, en Vigo y en Tarragona. Lucía pensaba que por tradición y, aún un poquito, por convicción, tenía que vestir su casa de Navidad. Pero sentía como si alguien la hubiera atado de los pies a la cabeza a la chaise-long y no pudiera levantarse, abrir los armarios y sacar las figuras y el dichoso abeto de plastiquillo vegetal. Ataduras invisibles, pero bien fuertes. ¿Para qué se iba a tomar la molestia? ¿Para quién?

Salió a la compra. Lo justo para comer y cenar. Y allí, mientras esperaba su vez en la pescadería, se encontró con Flori, que llamaba desesperadamente a su suegra para pedirle que recogiera a los niños por la tarde en la parada del autobús del cole y los llevara a casa.

-Es que me han llamado del Centro de Salud para decirme que hay un hueco para la mamografía, y cómo lo voy a desaprovechar-explicaba.

Pero la suegra de Flori no podía, porque tenía cistitis, qué faena, y Flori estaba tan desesperada que no se daba cuenta de que el pescadero entretanto le cortaba la pescadilla en rodajas, y no en filetes, como había pedido.

-¡Coño, y encima esto!- soltó cuando se apercibió de ello.

-No te preocupes- terció Lucía- Ya iré yo por ellos.

3

Antes de volver casa, Lucía compró polvorones, y en un bazar chino, unas chuches, unos cuentos y unas pinturas. Luego, por la tarde, antes de bajar a por los niños de Lucía, calentó el horno para poner en él un cuarto de pollo con pasas, cebollitas y unas rodajas de manzana rociados de jerez oloroso. Recogió a los críos, los subió a casa, les dio de merendar, les ofreció las chuches y los regalitos, puso un CD de villancicos y así pudo abrir el armario y rescatar del altillo el árbol, los adornos y las figuritas del nacimiento. Por un momento temió que el Niño Jesús hubiera sufrido los abusos de un pederasta, que a san José le hubiese decapitado un yihadista y que los Reyes Magos hubieran estafado a toda la cristiandad llevándose los camellos cargados de regalos a un paraíso fiscal. Pero afortunadamente los males de este mundo no habían llegado hasta ahí.

Con el aroma de buen asado que invadía la casa, los villancicos, los polvorones, y las voces de los niños Lucía, pudo hacer de tripas corazón y cumplir con el viejo ritual que le habían transmitido sus padres y que, cada año más, le pesaba como una losa. Le fastidiaba dar la razón a los anuncios, pero tenía que admitir que la Navidad era para compartirla.

Anuncios

5 Responses to “Pereza de la Navidad”


  1. 1 Ángela diciembre 5, 2014 en 11:22 pm

    Bufffff!!.

    Me gusta

  2. 2 julia diciembre 6, 2014 en 1:05 am

    Sí, sí, es la verdad, cada vez están más cerca las navidades unas de otras, no es solo apreciación mía…Veo que lo comparte además (aunque expresado con mucha más gracia) nuestro Duende, y Flori, y Lucía… Y yo que me estaba haciendo la distraída para subirme al altillo de un armario y sacar toda la parafernalia navideña!

    Me gusta

  3. 3 Palinuro diciembre 6, 2014 en 8:27 am

    Muy bien definida por el Duende esa dicotomía entre el impulso prístino por conservar y compartir lo mas genuino del espíritu navideño y el hastio por el abuso de los mensajes comerciales y otras acciones mas o menos benéficas que se prodigan por estas fechas. Yo comparto esa inquietud, pero – a pesar de todo – sacaré del altillo, en su momento, las figuras del Belén. Todo en su tiempo: ni antes ni después.

    Me gusta

  4. 4 Franciska diciembre 7, 2014 en 11:57 am

    Si se tiene a algún niño cerca hay que pensar que la Navidad es para ellos y que haces que disfruten de la magia . Luces , el circo , las sorpresas , los turrones . Y de paso uno se vuelve otra vez un poco niño y se olvida de los problemas , eso, pequeños momentos de felicidad .Que es sino la vida?

    Me gusta

  5. 5 C. Lobo diciembre 7, 2014 en 10:45 pm

    Mi primera Navidad de abuela. ¿Es que no voy a poder escapar?

    Me gusta


Comments are currently closed.



Siluetas de RNE

Duendes suscritos:

Suscripción

Suscripción por email

Publicaciones:

PARAÍSO DE HOJALATA
Una Infancia de Hojalata

Ir directamente a

Blog Stats

  • 1,338,116 hits

A %d blogueros les gusta esto: