Asuntos siempre pendientes

Hay tareas muy fáciles que quizás no acometemos por el  temor de quedarnos sin cosas que hacer...

Hay tareas muy fáciles que quizás no acometemos por  temor a quedarnos sin cosas que hacer…

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Tras una cena de gente elegante y distinguida, los invitados se aprestan a volver a casa. Sin embargo, aunque la las puertas de la mansión están abiertas de par en par, una fuerza extraña, algo sobrenatural que nadie explica, impide traspasarlas y ganar la calle. Así transcurre El ángel exterminador, una de las películas más inquietantes de Buñuel. Supones que los críticos habrán buscado cinco pies al gato para explicarla, aunque tampoco es desdeñable que fuera una de las muchas ocurrencias que el director aragonés trufaba en sus películas para epatar al burgués y seguir bordando su estela de genio. Te acuerdas de esta anécdota hoy porque de vez en cuando reparas en las múltiples cosas que hacer, las numerosas iniciativas fáciles que deberías llevar a cabo y que por fas o por nefas, por causas que ni tú mismo te explicas, no haces.

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Por ejemplo, ese cocinero de plástico gordo y con bigote al estilo de Oliver Hardy que te mira desde hace casi una década desde la encimera de tu pequeña cocina. En la cintura lleva marcados los sesenta minutos de una hora. En realidad el muñeco era un reloj para controlar los tiempos de cocción de las diferentes recetas. Dejó de funcionar en 2007, pero tú debe de ser que quieres seguir recordando a la persona que te lo regaló, o que esperas que venga a arreglártelo alguien, o a que el bibelot se consolide como objeto kitsch, o vintage, o pijadas de esas, y le sirva a un artista plástico para una instalación. ¿Por qué no lo tiras?

Por ejemplo, un curso de alemán con sus fascículos, sus CD y, pásmense, con sus casettes. Querías aprender este idioma para no hacer el paleto total cuando fueras a Alemania y para poder entender el texto de las cantatas de Bach. Pero sólo has viajado tres veces a este país, con un pequeño diccionario de Español-Alemán en el bolsillo te apañabas. Por otra parte es fácil encontrar los textos de las cantatas traducidos. Además, un día fallaste y no pasaste por el kiosquero a retirar tu fascículo, con lo que el curso es incompleto, un coitus idiomáticus interruptus, una inutilidad más. Naturalmente, la editorial no conserva ni un solo ejemplar del curso en su stock, con lo que las carpetas amarillas de los fascículos, los CD y las casettes no hacen otra cosa que ocupar una balda de tu librería mientras acumulan polvo. ¿Por qué no lo llevas todo al punto limpio?

Por ejemplo, ese pantalón en una de cuyas perneras saltó hace tiempo una puntada del dobladillo interior. A menudo  enganchas este con el dedo gordo del pie cuando te lo pones, sabes que está ahí, y que tampoco vendrá en ángel de San Isidro a tu casa para tomar el hilo, la aguja y el dedal y cosértelo como Dios manda. Pero no, activas la precaución de subir la pierna cuando el dedo gordo del pie toma el camino equivocado y está a punto de descoser el resto del dobladillo. Es más trabajo, meter la pierna, detectar el error, sacarla de nuevo, buscar con la punta el pie la salida libre por la pernera y esperar a un milagro que te haga de costurero. ¿Por qué no lo llevas a que te lo cosa por dos euros el chino que queda a dos manzanas de tu casa y te quedas en paz?

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También sentías una pereza infinita por abrir el armario, sacar tu nacimiento y plantarlo en el pequeño velador donde lo instalas todas las navidades. Te ha costado un potosí, has tenido que sobreponerte al extraño efecto del ángel exterminador que a menudo te atenaza y que también planeaba sobre tu Navidad. ¿Por qué?

Hay realidades que no puedes transformar, logros inalcanzables con los que sueñas frecuentemente aún admitiendo que jamás podrás conseguirlos. Pero hay otras labores sencillas que seguramente desechas por el temor a quedarte sin tareas pendientes, y agotar los recursos que te permiten cocinar el relleno de la vida. Este año ya has comprado los primeros polvorones, has curioseado por la Plaza Mayor, has cantado El Mesías, y has puesto el nacimiento. Te queda llevar a tus nietas a ver belenes o al cine, comer con tus amigos de juventud y dormirte una siesta gozosa mientras por enésima vez empiezas a ver por la tele ¡Qué bello es vivir! No rematarás esta labor, seguro, porque lo realmente bello es soñar, y te dormirás antes de que el boticario le sacuda un soplamocos en la oreja y le deje medio sordo al pobre George Bailey.

Poco te importará perderte el final de la película. Entretanto estarás soñando que, aunque sean pequeñas, casi insignificantes, y a pesar del efecto ángel exterminador, aún te quedan cosas por hacer.

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4 Responses to “Asuntos siempre pendientes”


  1. 1 Franciska diciembre 15, 2014 en 3:40 pm

    Pues yo ya he ido a ver la nueva película de lis pingüinos ! He puesto el árbol y cuando he ido a echar mano de la bolsa del nacimiento horror , enel traslado que he hecho , ha desaparecido
    !!lo que me faltaba!!! Esto de cumplir con la Navidad es durísimo , pero confió en que alguien de otro mundo nos lo compensara.. !!!!feluz Navidad a todos los duende adictos !!!!

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  2. 2 acacia5959 diciembre 15, 2014 en 3:46 pm

    Por ejemplo: quedar con Acacia a tomar una copita para celebrar las cansinas Navidades.

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  3. 3 Ángela diciembre 16, 2014 en 10:29 pm

    Me fascinó El ángel exterminador, pero no la recuerdo con ritmo lento, en absoluto… De cualquier forma yo me voy a saltar el nacimiento, un año más, y a veces pienso que debería regalarlo a alguien que lo apreciase, pues como tus cintas de alemán ocupa bien de sitio en algún altillo…

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  4. 4 Quevedo diciembre 20, 2014 en 8:07 am

    ¡Qué bonito eso de cocinar el relleno de la vida! ¿Qué sería la vida si no estuviera farcie? Como el pellejo de la butifarra

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