¿Tampoco la pana es lo que era?

Nadie diría ahora que la dura vida del campesino español vestía  de pana...

Nadie diría ahora que la dura vida del campesino español vestía de pana…

1

En tu importantísimo Estudio de los componentes de la felicidad que no estudia nadie, obra tan ambiciosa y profunda que difícilmente será publicada nunca, citas a menudo la eximia figura del Profesor Franz de Copenhague, al que tu generación reconoce el mérito de ser el padre de los inventos del TBO. Algunos de ellos, como los melones cuadrados, el dispositivo anti-cabello en la sopa, el aparato limpia-narices o el procedimiento para descargar mercancías con jirafa fueron publicados en aquellas deliciosas historietas que alegraron infancias como la tuya. Otros, naturalmente, no alcanzaron esa gloria.

La relación de aportaciones del citado profesor al bienestar de la humanidad te llevó a investigar la biografía de este curioso personaje, cuyo perfil se desdibuja a finales del pasado siglo, cuando la revista desaparece. Según los expertos –esta fuente es tan socorrida que no se puede obviar nunca- en sus últimos años el profesor, aburrido de que sus inquietudes se estrellaran contra un mundo demasiado torturado por los grandes problemas que le afligían, cerró su centro de estudios y, al igual que tantos ciudadanos del norte de Europa se instaló en Mallorca, donde había pasado largos períodos de vacaciones desde 1956. Como a la vejez viruelas, aquel genio que había pasado su vida entre probetas, matraces, circuitos eléctricos, campos magnéticos, serpentines, trinquetes y sucedáneos del famoso Enigma con los que inútilmente intentó descifrar cuáles serían los catorce resultados de la quiniela y los años que tenían Zsa Zsa Gabor y Celia Gámez, se enamoró de una churrera de Felanitx. De entonces data su proyecto del conservador de las propiedades del churro y la porra, para que a las dos horas de salidos de la sartén no se convirtieran en una masa frita gomosa de dudoso gusto, su vigorizante de erecciones del pene a partir de la cascarilla de arroz y de la harina de huesos nde ballena  y su contador de la duración de los bastones que forman los canalillos de los pantalones de pana. Según el eminente sabio, la calidads de este tejido que durante décadas había servido para el traje de faena del campesino español había degenerado de tal forma que se hacía irreconocible. Una pena.

2

O tu memoria es muy mala o estás de acuerdo con el profesor, porque tú también piensas que alguien del sector textil te está estafando. Hace ya tiempo que, especialmente en el campo, prolongas el uso de los pantalones de pana aunque sus rodilleras empiecen a desgastarse. ¿Por qué? Porque los bastones verticales que forman su característico dibujo se desgastan en nada. A la vista de la pana actual, resulta difícil creer que hubo en tiempo en que la pana era la tela recia y peleona que uniformaba por igual a los campesinos y los colegiales.

-Sáqueme un corte de pana para para los pantalones de los chicos –decía tu madre mientras se sentaba en una silla y el pobre dependiente de Galerías Preciados se preparaba a manejar el metro de madera con cara de tierra, trágame.

Y luego añadía.

-En tonos sufridos, por favor.

Eso significaba en marrón oscuro, que era el tono más sufrido de todos. Como además la pantalonera los hacía en tamaño porsi (por si creces), con la cintura cerca de las tetillas y el bajo casi ocultando las rodillas, el que sufrías aquellos pantalones cortos-aún no se estilaban los largos para los niños- tan horribles eras tú. Te parecían eternos y, como todo lo que se convierte en monotonía, insoportables. Una tarde parda y fría/ de invierno, los colegiales/ estudian monotonía/ de lluvia tras los cristales. Siempre que recuerdas estos versos de Machado, tan expresivos de la grisura de la vida colegial de posguerra, te ves con aquellos sufridos pantalones porsi hincando codos en el pupitre.

Quién te iba a decir entonces que algún día echarías de menos algo de aquéllo que tanto duraba.

3

Puede ser que un año en la vida de un niño equivalga a quince en tu edad provecta, y que lo que entonces te parecía perpetuo ahora lo veas efímero. Puede que la edad deforme la perspectiva de tu mirada, y que tiendas a idealizar el pasado por simple nostalgia. O puede que el imperativo de la obsolescencia prematura, que ya tienen en cuenta los fabricantes de las máquinas e inventos que utilizamos a diario, se haya impuesto hasta en los pantalones de pana. La ley implacable de la sociedad de consumo. El caso es que aún en 1982 los jóvenes que representaban a un partido obrero que quería cambiar España, con Felipe González y Alfonso Guerra a la cabeza, vestían traje de pana, como queriendo decir que acababan de dejar la azada, la hoz y el martillo antes de dar la rueda de prensa. Y que hoy, por el contrario, sólo ves pantalones de pana impolutos en aquellos amigos de buen vivir que, llegado el fin de semana, se visten casual y se suben a su todo terreno de lujo para ir al golf, de montería o enfilar carretera rumbo a una estación de esquí.

¿Tampoco la pana es lo que era?…Vives sin vivir en ti esperando que el contador del profesor Franz de Copenhague aclare si definitivamente eres un viejo quisquilloso o, si por el contrario, los listos de la confección te están tomando el pelo con esos pantalones de pana de pacotilla que al mes de uso ya apuntan claros en sus rodillas.

Anuncios

3 Responses to “¿Tampoco la pana es lo que era?”


  1. 1 mudanzas con grua febrero 2, 2015 en 4:16 pm

    Hey! I could have sworn I’ve been to this site before but after checking through some of
    the post I realized it’s new to me. Anyways,
    I’m definitely happy I found it and I’ll be bookmarking and
    checking back frequently!

    Me gusta

  2. 2 Jovellanos febrero 3, 2015 en 7:21 am

    Pues aunque no lo creas, Duende, mi madre no nos dejaba usar pantalones de pana porque, en el puebo de mi infancia, esa tela sólo la gastaban los aldeanos del campo. Y nosotros éramos del pueblo. Un respeto. Tuve que llegar a la mayoría de edad y vivir en Madrid para comprarme los primeros pantalones de pana, azul marino, que ya no tenía la buena calidad que tu recuerdas.

    Me gusta

  3. 3 John Pemberton febrero 3, 2015 en 9:49 am

    Has olvidado los remiendos en los pantalones de pana. Alargaban su vida un par de cursos y no te importaba lo mas minimo que se notara la mano maestra de la costurera al pegarle “surcos” nuevos .
    Yo no tuve la suerte de heredar pantalones remendados porque con cuatro hermamas no había caso.
    Grande Duende¡¡¡ cuando te pones a ello clavas el “costumbrismo” de la época
    .

    Me gusta


Comments are currently closed.



Siluetas de RNE

Duendes suscritos:

Suscripción

Suscripción por email

Publicaciones:

PARAÍSO DE HOJALATA
Una Infancia de Hojalata

Ir directamente a

Blog Stats

  • 1,341,193 hits

A %d blogueros les gusta esto: