Durmiendo con el bajo continuo

Sostiene Homper que cuando tiene un catarro de pecho, un contrabajo mágico marca el ritmo de su respiración una octava más grave... (Imagen prestada de la web www.printest.com)

Sostiene Homper que cuando tiene un catarro de pecho, un contrabajo mágico marca el ritmo de su respiración una octava más grave…
(Imagen prestada de la web http://www.printest.com)

Cayó Homper en una especie de gripe, resfriado, catarro, trancazo, vaya usted a saber cómo mejor llamarlo. Desde que nuestro Hombre Perplejo convive con su discreto cáncer de pulmón estos episodios se los toma a broma, como se supone que debe de considerar a las moscas el cazador blanco que se enfrenta a un león. Craso error, A veces el león ni siquiera aparece, pero las moscas y mosquitos se convierten en un tormento infalible.

-Ya pasará –pensó Homper mientras enfilaba el fin de semana arrebujado entre mantas.

Poco original puede contar de las pesadillas retorcidas que vinieron con la fiebre. La estética de lo que vio en ellas la describe como navegar de un cuadro del Dalí más surrealista hacia un retrato fantasmal de Bacon que parece abrir sus fauces ectoplásmicas y te engulle. No resulta doloroso, pero si angustioso: ¿qué debe hacer un ser humano normal en un trance así? Homper no tuvo más remedio que despertarse sobresaltado, y continuar descansando en un duermevela contando los minutos que faltaban hasta el amanecer. Aburrimiento puro acompasado por respiraciones un tanto extrañas.

Verdaderamente extrañas y sospechosas, sí.

Entretanto, recordó a aquella soprano que cuando tenía un catarro de pecho se metía en la cama y a los pocos minutos sentía que se había acostado con el bajo continuo. La primera vez que escuchó semejante confesión, Homper, en su ignorancia musical, creyó que el bajo continuo era un cantante de reducida estatura pero de erección constante, y que como una mancha de mora con otra mancha se quita, la terapia pasional había dejado en nada al catarro de pecho de la soprano. Pero esta noche se ha convencido de que la metáfora era estrictamente profesional, pues mientras respiraba escuchaba simultáneamente otra respiración en octava grave. Estuvo escudriñando su entorno con ojos de sabueso buscando su origen, hasta que descubrió que debían de ser sus propios bronquios los que marcaban con pizzicatos en el contrabajo el ritmo cadencioso y sombrío de su nuevo alifafe.

No hay mal que por bien no venga. Cree uno que es un griposo de mierda y acaba descubriendo los fundamentos de la armonía

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3 Responses to “Durmiendo con el bajo continuo”


  1. 1 Jovellanos febrero 17, 2015 en 7:02 am

    Buen modo de sublimar una gripe, Duende. Espero que ya te la hayas quitado de encima y pronto, en kugar del bajo continuo, oigas el trino de las golondrinas, que ya están ahí.

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  2. 2 Pemberton febrero 17, 2015 en 9:08 am

    Eres genial, capaz de elevar a poetico lo vulgar y tedioso de un trancazo.
    Lo malo viene ahora , ya nos contaras los días que tardas en recuperar, en mi caso un mes, claro que soy del cuarenta y eso marca en el 2015.

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  3. 3 Viviana febrero 17, 2015 en 1:00 pm

    Ya dije en otra oportunidad que yo también soy de los ’40 y hoy, gracias a Homper, voy a decir una cursiladas, un lugar común “pese a mis años no pierdo la capacidad de asombro”, jejeje.
    Y remedando al padre Bonete, de verdad, de verdad os digo, sólo alguien bendecido por un don especial puede transformar una terrenal gripe en algo casi celestial.
    Que pronto te sientas bien, Duende.

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