Días mejorables

Cuando te preguntan cómo estás sueles responder: como las fincas, o sea, manifiestamente mejorable...

Cuando te preguntan cómo estás sueles responder: como las fincas, o sea, manifiestamente mejorable…

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A fuer de sincero debes confesar ante todo que tu cerebro no se ha convertido en piedra pómez. Esto es bueno. Todas las potencialidades de tu órgano rector siguen en orden, y por tanto puede ser que en cuestión de minutos alumbre un pensamiento genial, te ayuda a escribir las mejores líneas de tu vida o descubra el método infalible para que, si la tostada cae, lo haga siempre del lado donde no untaste la mantequilla.

Otra cosa es que habiendo escrito en este blog con regularidad durante siete años, el lector pueda mosquearse por tu prolongado descanso. ¿Te pasa algo? Sería tonto negarlo. Cerebro y corazón aparte, un simple y pertinaz catarrazo y un agravamiento severo de tu dolor de espalda te han dejado incapaz de sentarte ante el ordenador una hora y cumplir tus buenos propósitos. Además, estos no serían sinceros. Querrías hablar de la mar y de los peces, te empeñarías en seguir enarbolando la bandera de la sensibilidad social recordando lo que te duele el yihadismo asesino o las miserias griegas, y no sería verdad. Lo que de verdad te está doliendo son los rejones de castigo que te está clavando la neoplasia, la dichosa neoplasia, con lo elegante y musical que suena esa palabra. Traidora.

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Esto es lo peor de cualquier enfermedad. Te hace tan egoísta que haces girar el mundo alrededor de tu dolor, y todo lo demás te importa cada vez menos. Sólo esperas a que llegue la hora del próximo analgésico y del somnífero nocturno para olvidarte de ti mismo y adentrarte en esas sorpresas que a menudo reservan los sueños.

Tengamos fe. De momento hoy has leído la rectificación de tu amigo Santiago, corrector vigilante del lenguaje donde los haya. La agradeces. Te había anotado un laísmo en tu último post sin tener en cuenta que respetar la sintaxis es de las poquísimas cosas que creías hacer bien. Qué depresión. La noche anterior, aparte de tus molestias habituales, este fantasma menor también te rondaba en la cabeza. Hoy, en la soledad del campo, y sabiendo que no habías metido la pata, la cosa pinta mejor. Tras unas jornadas de vendavales terribles que arrancaron árboles, derribaron emparrados, desmocharon chimeneas e hicieron volar varias tejas, la noche selló tranquilamente un crepúsculo rojo como el de Lo que el viento se llevó. Bellísimo. Ahora lucen las estrellas, mientras la nueva perrita Flora, entre mastina y peluche, vigila tu descanso tendida en el felpudo.

Has salido a acariciarla y darle una galleta, porque tampoco puede ser que esta broma de la neoplasia acabe con las buenas costumbres.

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3 Responses to “Días mejorables”


  1. 1 Ángela febrero 24, 2015 en 5:14 am

    ¡Cuídate!. Ya nos cuentas el miércoles que te dijo to oncóloga, seguro que el dolor se irá mitigando a medida que despunten las camelias. Un beso fuerte Luis.

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  2. 2 Palinuro febrero 24, 2015 en 12:13 pm

    Cierto es que cuando te falta bienestar por quiebra en la salud o cualquier otro motivo, el mundo exterior te importa un bledo. Por eso admiro, Duende, tu capacidad para hacer gracietas de tus propios pesares y acordarte de tu perrita Flora en tus circunstancias. Ponte bien pronto.

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  3. 3 atticus 444 febrero 26, 2015 en 12:28 am

    Ay ay que bien escribes y que bien te entiendo. Animo, animo y sigue luchando, nos haces mucha falta maestro. Fuertisimo abrazo
    atticus 444

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