Archivos para 28 junio 2015

Las estrellas no piden contraseña

Estrellas 20131

Me gusta en las noches de verano/ tenderme en la parva de la era…

Tenías catorce años y escribías versos intimistas y melosos típicos de adolescente. No recuerdas casi ninguno más de ese poema, inspirado por una majestuosa noche de verano en el campo. Fue después de una gran caminata desde Arenas de san Pedro hasta el Monte el Rincón, y de haber pasado la tarde trillando con tus hermanos y tus primos. Cenasteis luego sobre la parva un gazpacho campesino–cucharón y paso atrás-, y algo de chorizo y queso. En el lebrillo de barro, los ingredientes navegaban como pecios desnortados sobre un pequeño mar de agua, aceite, y vinagre. Allí aún no se conocía la Turmix, porque entre otras cosas, no había llegado la luz eléctrica. Pescabais los trozos de tomate, pan, cebolla, pimiento y pepino con cucharas. Al movimiento de éstas, el mar del gazpacho giraba cada vez más rápidamente hasta formar un remolino. En él, como si fueran la sal, se reflejaban las estrellas. Resultaron lo más delicioso de la cena

Antes de dormir arrullado por los grillos/ me gusta imaginar que tú juegas al escondite conmigo/ entre las luciérnagas de una constelación –recuerdas que decían otros versos.

Pensabas en la chica que latía en tu poema mientras buscabas los porqués de la vida en aquel cielo oscuro rabiosamente estrellado. Seguramente ella apuntaba en su pecho como dos medios limones, mientras tú seguías siendo un zagal. No obstante lo cual, ensabanado en el frescor de la noche, acabaste durmiendo como un bendito. Tu vida no ha sido precisamente intensa ni aventurera. Por eso, cuando el sol despuntó, y sus rayos empezaron a calentar la mies que os había servido de colchón, sentiste que habías vivido una emoción inolvidable.

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Parva se llamaba a la mies que, previamente amontonada, se extendía sobre la era en forma de círculo para que dieran vueltas sobre ella dos mulos tirando de sendos trillos. Lascas de piedra incrustadas en la panza de estos trituraban la cosecha recién segada. Sobre la parva, ya tendida la noche, hablabais mirando las estrellas antes de caer rendidos por el sueño. Ahí el que sabía de la faena y marcaba los tiempos era Cheles, hijo de Jacinto el guarda, que más tarde sería su heredero en el cargo. Sabía mucho de campo, y creía que tú podías informarle de otras cosas a donde no alcanzaban sus saberes.

-Oyes, Luis –te preguntó- Y los del Polo Sur ¿tienen que andar con la cabeza para abajo?

-No , hombre- le respondiste con fingida autoridad

…¿Y cómo hacen entonces para sujetarse al suelo y no caer al espacio?

El sueño vino en tu ayuda, pedazo de ignorante. A ti sólo se te daban bien las letras y las humanidades, pero aunque ya conocías la ley de la gravedad eras incapaz de explicarla con propiedad. Tú sólo has servido para fantasear con lo inútil, hacer papiroflexia con el lenguaje y otras ocurrencias impropias de gente seria. Dormimos en la parva de la era, al raso, bajo el cielo abierto, y la respuesta quedó en el aire.

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Te amparas en la solvencia de la naturaleza porque hay muchas cosas de ella que te resultan fáciles de entender, mientras que en menos de seis meses has tenido que cambiar de coche y de teléfono móvil y te angustia pensar que te vas a morir sin saber manejar al cien por cien ni lo uno ni lo otro. En el volante de tu coche hay un conmutador que te ofrece seis datos del consumo: consumo medio, consumo por kilómetro, consumo desde la última parada, consumo del día…No has conseguido saber aún lo que gasta el coche, como tampoco cómo encontrar fácilmente el teclado numérico del móvil para algo tan sencillo como llamar a la tía Pepa. Adoras el lapicero, el cepillo de dientes, el cortaúñas, la navajita de pastor, el sacapuntas, el sacacorchos, que nunca van a ser atacadas por virus ni te van a exigir claves, contraseñas, PUKS o las odiosas actualizaciones.

Cierto que algunas de esas cosas que llaman aplicaciones te parecen admirables. Por ejemplo el Google Sky Map, que cuando orientas el teléfono al firmamento te dice en pantalla el nombre de los cuerpos celestes acotados por el objetivo. Pero estás marcado por tu época, y crees que nada te causará más impresión que la que recibiste al dormir sobre la parva de la era una noche de verano. Observemos, durmamos, soñemos. Ya harán poesía por nosotros las infalibles estrellas.

Una heroína con estilo

Ana Vidal Abarca1

Sientes una lanzada en la espalda y la despiadada llegada del verano. Lo sientes mientras con tu amigo Eduardo pasas el sábado invitado en un cortijo rodeado de tierras de labranza, abiertas y despejadas, a orillas del Tajo. Estos paisajes en clima tan extremoso debieron de marcar la reciedumbre del paisanaje de antaño. Sólo la visión del río semiembalsado por el pantano de Azután, unos alfalfares verdes como esmeraldas y algunos pinos, fresnos, olivos y encinas refrescan la aridez del horizonte castellano manchego.

La lanzada va contigo: hoy pasarás por el despacho de los oncólogos que te vigilan para analizar el curso de tu herida. El resto de las circunstancias te llevan a evocar la grandeza del héroe tal como te lo explicaban don Celestino y Don Augusto, tus profesores de literatura. El anfitrión se llama Ramón, y es hijo de maestra. Por las noches, antes de acostarse, costumbres de aquellos tiempos, dice que su madre les recitaba poemas. A ti se te ocurre imaginar lo que sería una cabalgada del Cid campeador por esas tierras tal como la glosa Manuel Machado, el infierno que incubaba el so l bajo el casco, la cota de mallas y la coraza, el sudor que chorreaba desde la coronilla del caballero hasta las ijadas del caballo. Instintivamente dices en voz alta.

El ciego sol, la sed y la fatiga/ por la terrible estepa castellana…

-…al destierro, con doce de los suyos/ polvo, sudor y hierro, el Cid cabalga- rematan tus compañeros de cabalgada.

El Mío Cid, el Quijote, Guzmán el Bueno…Nuestros héroes, antes de que Supermán, Batman y el Capitán América saltaran de los tebeos a las grandes superproducciones de Hollywood.

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También vivíais de heroínas. Si las queríais con armadura teníais a Ingrid Bergman o a Jean Seberg en sendas Juana de Arco. Pero a ti te gustaba más la Agustina de Aragón de Juan de Orduña, porque aquella Aurora Bautista, descotada y agitando la bandera con voz desgarradora mientras alentaba al pueblo contra el gabacho invasor te emocionaba mucho. Además ahí aprendiste El sitio de Zaragoza, una música muy marchosa que luego recreaba la Banda Municipal en los conciertos de primavera del kiosco del Retiro, y gracias a Fernando Rey te enteraste de que los grandes generales del siglo XIX como Palafox lucían patillas como hachones. La película la echaban en el colegio el día del Pilar, probablemente para alimentar la fe en la patrona de los marianistas. Qué ingenua se ve ahora aquella panoplia de heroínas, cuando las figuras eran Santa Teresa Agustina de Aragón, Florence Nightingale o Ana Frank, por ejemplo, y no Shakira, Lady Gaga, Belén Esteban, Ada Colau o esa concejala tan elegante que se presenta orgullosa recordando, lo primero, su condición de bollera, como si al pueblo le fueran a bajar por eso el precio del pan. Cosas tenedes, Cid, que farán fablar las piedras.

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Tus heroínas de ahora son como Ana Vidal-Abarca, que se ha ido de nuestro lado discretamente, sin perderle la cara a la enfermedad, sin dejar de disfrutar la vida, por mal que la tratase, sin perder su elegancia y su sonrisa jamás y sin permitir que cayese en el olvido ni la vileza de los que asesinaron a su marido el comandante Velasco ni el valor cívico de la Asociación de Víctimas del Terrorismo que ella creó para perpetuar la memoria de los muertos por ETA y sacudir a las conciencias que, adormiladas por la desidia o por el miedo claudicaba ante el terrorismo. Todo lo sobrellevó y lo peleó con una fuerza, una dignidad y una generosidad de miras admirable. La última vez que te encontraste con ella en el Hospital de Sanchinarro la abrazaste emocionado, sabedor de que ahora vuestro enemigo común no hace tanto daño social como la canalla terrorista, pero también mata.

-Gracias, Ana María- debiste decirle.

4

Se las podría dar también cualquier español bien nacido, pero tú con razón de más. Pues al poco de instalarse en Madrid, viuda y con sus cuatro hijas, una de las pequeñas que presenció cómo los pistoleros mataron a su padre cuando las llevaba al colegio, entró a trabajar en tu agencia, y a todos impresionó que aquella criatura de dieciséis años fuera lo más dispuesta, eficaz, generosa y simpática que pasó por allí, como si en su casa nunca hubiera pasado nada malo. Años después la agencia cerró, y otros años más tarde tú ingresaste en el club de los cancerosos, y desde entonces, un ejemplo, no hay día de Navidad que esa deliciosa Inesita, hoy madre de tres jayanes como los Gasol, no se presente en tu palomar portando una caja de vinos, un bizcocho horneado por ella o cualquier otro detalle dedicado a ti. Como por diferencia de edad y otras circunstancias ambos quedáis fuera de toda sospecha, sueles darle las gracias, la felicitas y le dices que la quieres mucho, a lo que ella sonríe con cierta timidez y proclama.

-Tú siempre serás mi jefe.

La sonrisa de Inés. Otro argumento más para admirar a esa madre capaz de haber cabalgado por encima de la adversidad, del sufrimiento y el odio dejando a su paso una escuela de valor, de cariño y de simpatía que nos hace mejores a todos. Por sus frutos los conoceréis, dice Mateo de los árboles buenos. Tú has tenido la suerte de conocer los de una heroína de nuestro tiempo distinguida además por su discreción y por su finísimo estilo.

En Toulouse con Carlos Gardel

Gardel1

CÉST DANS CET INMEUBLE QUI EST NÉ LE 11 DECEMBRE 1890 CHARLES ROMUALD GARDES, QUI DEVAIT DEVENIR CELEBRE DANS LE MONDE ENTIER SOUS LE NOM DE CARLOS GARDEL

Eso es lo que decía la placa de mármol adosada a la fachada de la casa del número 4 de la rue du Canon D´ Arcole de la ciudad francesa de Toulouse, donde fuiste a parar después de que manos amigas te animaran a liberarte de la modorra propia de tu enfermedad. Esta siempre ha sido, de por sí, lo que se dice un rollo. Una esclavitud para tu espíritu volandero, tan amigo de estar aquí y de huir a los cinco minutos a donde sea. No salías de tu habitual circuito Madrid- Hospital Sanchinarro-Candeleda-Madrid desde hacía casi un año, cuando por fas o por nefas, semana sí, semana tal vez, semana no, entrabas en fase de observación o tratamiento de las travesuras de tu tumor. O de tus tumores, que aún no tienes claro el número de jaimitos neoplásicos errantes por tu organismo.

-¿Será posible que, con coche nuevo desde enero,- te preguntabas- apenas hayas recorrido aún mil kilómetros de carreteras amarillas?

Tu sueño siempre aplazado: abrir el mapa de carreteras y no cejar hasta haber recorrido todas las comarcales y provinciales. Descubrir y contemplar horizontes.

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Así estaba tu pequeño mundo propio, desdibujado y chuchurrío, cuando esa otra realidad envolvente que impone la actualidad te desilusionaba cada día más. Desde las Elecciones Locales y Autonómicas tu percepción de la vida podría ser un largo telegrama que dijera más o menos esto. Qué lío, qué aburrimiento. Espe kaput. Rita Barberá ¿PP…ero para qué carajo sirve ganar unas elecciones si no te dejan tocar pelota? Pedro Sánchez, Carmena, Pablo Iglesias, Ada Colau, Ximo,y el resto de ejército de renovadores en plan Mister Proper de la política. Pactos. Regañinas. Desengaños. Fin de las mayorías absolutas. Qué pasará en Madrid. Quién gobernará en Valencia. Quién en Cádiz. Quién en Navarra, quién en Vitoria. Joder, cuántas Españas por reajustar. Municipios, autonomías, diputaciones…Menos mal que hay otros debates alternativos: ¿es Benítez el entrenador que necesita el Madrid? Esto sí es importante, caramba. ¿Hay que respetar a los que silban el himno nacional? ¿Es Piqué un provocador, un mal educado, un caballo de Troya nacionalista en la selección de España? Más comecocos populares. ¿Y el rollito del Premio Nobel con la inmarchitable Isabel Preysler?

El bombardeo de estas noticias rebotaba ya en tus frágiles meninges.

-Busca el mapa, que nos vamos –te dijeron.

En realidad no sabes si fue un viaje o una huida. Necesitabas cambiar de paisaje por unos días.

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Te has evadido por el sur de Francia, admirando con ojos de paleto todo lo que te gusta de ese país vecino. Te maravillan esas carreteras secundarias con sus bordes arbolados por gigantescos plátanos, tilos o fresnos. Y esas abadías, y esas casonas tan bien plantadas en el paisaje. Yo quiero esos campos tan ricamente cultivados, florecidos ya de colores y contrastes Me pido esos bosques tan frondosos. ¿Por qué no tenemos en España ríos como la Garonne? Estás tan flojo que apenas has hecho otra cosa que mirar y admirar. Como si fueras un niño, te dejaste viajar sin oponer resistencia ni molestarte en tomar notas. ¿Qué puedes añadir de Toulouse, de Albi o de esa encantadora Catedral de Nuestra Señora del pintoresco pueblo de Saint Bertrand de Cominges que te raptó a unos kilómetros de Saint Gaudens, que no haya contado mejor cualquier guía de viajes?

Todo lo que no fue rodar en coche se devanó en pequeñas caminatas que, al cabo de no mucho rato, terminaban penalizando tu espalda. Pero ¡oh maravilla!: en la mayoría de  las joyas del románico que visitaste – sin palabras para la basílica de Saint Sernincuando pasabas al claustro había unas tumbonas en las que el visitante podía descansar mientras contemplaba los capiteles, meditaba al cimbreo de los cipreses del jardín, escuchaba el canto de los pájaros o, mejor aún, echaba una cabezadita buscando al Señor en el reparador duermevela.

Ya decías que lo tuyo ahora sólo puede ser turismo de baja intensidad.

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Siguiendo la moda actual, y por aquello de reducir gastos, una web de esas que ofrecen apartamentos en lugar de hoteles te dirigió a la misma casa donde por primera vez vio la luz Carlos Gardel, sobre cuyo lugar de nacimiento y verdadero origen aún se sigue especulando. La casa era un edificio de tres plantas dividido en cuatro o cinco apartamentos generosos que daban por un lado a la calle y por el otro a una especie de pequeña corrala en cuyo patio había unos veladores para sentarte y tomar una cerveza al aire libre. Como cabe suponer, la estética interior se había sometido a los simples cánones de IKEA, pero la propietaria del inmueble, una francesa llamada Sabine, hacía valer que el espíritu del divo aún habitaba entre aquellas paredes. Así que, aunque no eres un experto cantor de tangos, y antes de abrir las maletas, intentaste un último regateo del precio final gardelizando tu voz con la letra del mítico Volver.

Yo adivino el parpadeo/ de las luces que a lo lejos/ van marcando mi retorno…

Son las mismas que alumbraron/con sus pálidos reflejos/ hondas horas de dolor

Y aunque no quise el regreso/ siempre se vuelve al primer amor…

Sabine aplaudió encantada, como si tú cantaras bien y su apartamento se revaluase a la voz del ilustre tanguista, pero no rebajó ni un euro del precio final. Todo lo contrario, en tu primera noche soñaste que el propio Gardel se presentaba en tu habitación en compañía de su letrista, te despertaba, te cogía por las solapas del pijama y te amenazaba por ultraje a su memoria y por burlar sus derechos de autor. La aparición resultó sobrecogedora. Aqunque nadie haya reparado en ello el Gardel trajeado de oscuro que ha pasado a la memoria colectiva es muy parecido a Bela Lugosi, el precursor de Cristopher Lee en la encarnación cinematográfica de Drácula. Es lo que tiene este turismo de baja intensidad al que alcanzan tus achaques: vas buscando evasión, cultura y descanso y acabas huyendo de un trasgo que te recuerda que las nieves del tiempo platearon tu sien, que es un soplo la vida y que veinte años no es nada. La próxima vez, volver a Toulouse con la frente marchita, pero mejor a un hotel.

Plagas que estaban por llegar

El presidente Mas, como siempre, queriendo agradar...

El presidente Mas, como siempre, queriendo agradar…

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Ya había avisado el profeta Luisaías de que las diez plagas bíblicas no eran todas las maldiciones que podían caernos encima. O sea, no había sido suficiente con que las aguas se convirtieran en sangre, ni que las ranas, los piojos, las moscas, las langostas, las úlceras y sarpullidos, las tinieblas y la muerte de todos los primogénitos azotasen a Egipto. El Éxodo había preferido ser discretito, contar sólo las plagas tradicionales y no abrumar al futuro de la humanidad con otros males venideros.

-Pero en verdad os digo –recordó el profeta- que de la estulticia, de la ignorancia, del cinismo y de la falta de respeto humanos bien pueden esperarse cualquier cosa. Y si no, mirad a España.

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España no era el Egipto milenario , y pasaba del Antiguo Testamento. Otros postulados prioritarios  parecían gobernar sobre su conciencia colectiva. Genéricamente eran corolario de la libertad, De esta se derivaba la sagrada libertad de expresión, y por degeneración de la misma, el haz lo que te salga de las narices y búrlate de lo que te pete, y el que se pica ajos coma.

Como primer ejemplo, a la otrora dulce y simpática Leticia Sabater, con su figura de repostera de Sissí emperatriz, se le había ocurrido revelar que así, a la chita callando, había yacido a lo largo sus años de estrellato con varios notables de la derechona, gloriosa hazaña que no se podía hurtar a la historia. Y lo contó como si de verdad aquellos devaneos fueran grandes méritos. La cosa podía no pasar de ser una frivolidad, una ligereza, pero cuando la eximia actriz, presentadora y cantante anunció que a sus cuarenta y ocho años quería reconstruirse el himen para revivir la emoción de sentirse desflorada, los dioses y los profetas corearon al unísono.

-¿Eso no es una necedad, una gilipollez sin fronteras?

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En otro orden de cosas, y presuntamente a más altura intelectual, la que iba a ser alcaldesa de Barcelona Ada Colau, había asegurado que si hay que desobedecer leyes injustas, se desobedecen. Se quedó muy ancha. O sea, la ley será considerada expresión de la voluntad popular, y por tanto respetable, si le conviene al baranda de turno. Más marxismo (de Groucho), que es la guerra: estos son mis principios, y si no le gustan tengo otros.

-¿Pero esto no es la consagración de la ley del embudo?-volvieron a sorprenderse los dioses y los profetas- ¿Para eso dice el pueblo que había inventado la democracia?

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Y además de las plagas de la estupidez y de la ignorancia, la del cinismo, denunciada en el Boletín de las Hadas (hadas, con H) por Respetina Barguñols tan pronto como vio la mal disimulada sonrisa del presidente Mas mientras escuchaba la irrespetuosa pitada que el público asistente a la final de la Copa del Rey de Fútbol tributó al Himno Nacional de España.

Respetina, que además de ser peluquera en Papiol es hada en ejercicio, considera indecoroso y cínico que un político catalán que debe su autoridad y su sueldo a la Constitución Española se burle así de los españoles, de su himno y de su jefe de Estado, a su lado aguantando el tipo. En consecuencia, y para evitar que esta plaga de cinismo acabe de marcar a la triste España resignada, Respetina ha buscado su varita mágica y ya está haciendo sus conjuros para que el presidente Mas saque maxilar y dibuje sonrisa de matoncillo de cómic farfollas cuando:

  1. La Unión Europea le vuelva a decir NO a la demanda de adhesión de Cataluña. 2. Le tenga que reiterar a los farmacéuticos acreedores de la Generalitat que no habrá ni un euro para ellos de los millones que les deben, porque hay otras gastos más urgentes. 3. Su partido político siga desangrándose en votos por culpa de sus piruetas independentistas 4. Sepa que, por decisión coherente con los que repudian un torneo español, el Barça acabará jugando la final de Copa con el San Andrés o con el Lloret de Mar, dado que será en la Copa del Molt Honorable President de la Generalitat donde podrá escuchar su himno sin que se le estomague.

El número de veces en las que el mal educado y rencoroso presidente Mas podrá lucir su inoportuna sonrisa es ilimitado, porque provoca casi a diario ocasiones ridículas como las citadas. Pero de modo excepcional un día, subiendo una cuesta en bicicleta, se le desprenderá el pedal en el que se apoyaba, caerá con todo su peso contra la barra del velocípedo e, intentando componer la figura que más le gusta, sonreirá con la misma suficiencia insolente que le caracteriza sin darse cuenta de que se ha reventado el escroto. ¡Ufff, qué grima!

Todas las hadas son buenas. Algunas como Respetina se pasan a veces seis pueblos. Nunca tanto como el inefable Mas.


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