Archive for the 'Música' Category

Los Clamores a Martirio

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Aquella noche, Esmeralda Clamores regresaba a casa extenuada y algo deprimida. Ella no entendía de expresiones como Blue Mondays, pero conocía bien el sentir de la decepción y falta de ilusión del ser humano, y no digamos de la frustración de ser un artista no reconocida.

El reconocimiento a su obra se había esfumado desde que Carlos Herrera la encumbrara en el programa de Las Coplas de mi SER por esas tonaíllas improvisadas. Entonces España era una sola, y maldecía que nadie reparara en la brillantez de su espectáculo 17 pitorros de España, con vedettes coordinadas en una coreografía de las 17 comunidades autónomas de este país plurinacional, país de países o nación de naciones. Expresiones con las que a todos los pogres se les llena tanto la boca.

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Le dolían los pies tras pescar una vez más una pequeña paga del Tony 2 de Madrid. Ese bar en pleno barrio de Chueca pegado a un gran piano de cola donde folklóricos como ella, no debidamente encumbrados a su juicio, chorreaban arte español por su garganta, con fenómenos improvisadores al piano. El manager del Tony 2 tampoco había accedido a la contratación de sus 17 vedettes para su espectáculo. Los asistentes, ebrios en su mayoría, se desternillaban con su versión de Little Flag a la vera de los teclistas. Esmeralda sabía que era un éxito, pero le enfadaba terriblemente que un arte tan sublime se ahogara entre copas de gin tonics y manos deslizándose por debajo de las faldas. Era indigno.

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Abrió la nevera, aprovechó unos huevos que puso a hervir, abrió una lata de tomate natural, sacó las yemas, y las mezcló junto al tomate y otras latas de atún, alcaparras y un bote de mayonesa – ea, encima del cachondeo, querrán que una además luzca figura como Penélope Cruz -. Se sentó en la mesa redonda frente a la TV, reposando el plato en el hule tan limpito que conservaba de las giras de la radio con Carlos. Era el presente de un fan de Cuéllar, y en él se esbozaba el concepto de los 17 pitorros. Encendió el electrodoméstico de cátodos, pues nunca accedió a cambiar a una TV plana, otra ofensa que derrumbaría a sus 17 vedettes comunitarias, debidamente vestidas en su bandera autonómica y que adornaban el salón reposando sobre el televisor. Y cambiando de canal, se topó con La Noche en 24h, informativo dirigido por ese chico tan guapo y correcto que es Sergio Martín, su sección de “barra cultural”.

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Había una mujer mu guapa y folklórica. La entrevistaban a razón de su próxima actuación en el Circo Price. Vestía estupendo, lucía sonrisa de dentadura de anuncio, adornaba su moño con una peineta de las de antes, y contaba curiosidades de su espectáculo. Hablaba de la copla, y de su trabajo de convertir este arte en Yastandar. Perpleja, dejó caer su tenedor encima del plato, y gotitas de tomate se adueñaron de la pantalla del televisor y su guatiné. También del hule, claro está. Inmediatamente cogió el móvil para llamar a Samuel, su único sobrino sensible que aún creía en su arte, y a quién acudía para las dudas del inglés.

  • Samu, pon el canal 24h hijo
  • Enseguida tía Esme
  • ¿ves a la folklórica?
  • Sí, tía, claro que la veo
  • ¿y qué significa Yastandar sobrino?

Samuel le pidió que le dejara escuchar. Al rato, volvieron a hablar.

  • Tía, es Martirio, la coplera moderna, y habla de Jazz Estándar. Quiere cantar las coplas en inglés. Por ejemplo “La bien pagá” la canta como “Paid so well”….

El sobrino continuó hablando solo, mientras su tía Esmeralda Clamores había roto a llorar… Pero Samuel entendió perfectamente el motivo de tanta tristeza; su tía ya le había comentado con anterioridad que ella había recuperado el coraje artístico, porque España se rompía, y más que nunca necesitaban de recursos culturales como sus 17 pitorros. Este revés de corroborar que aupaban a una folklórica que popularizaba lo que ella había ya innovado, traducir las coplas al inglés, en los 90, y nada más y nada menos que en La Cadena Ser, era demasiado hasta para su entusiasta tía Esmeralda Clamores.

  • Bueno, tía, no llores más. Además, seguro que no hallarán traducción posible para los 17 pitorros de España, ni tampoco para el botijo que lo sustenta. Duérmete y mañana te llevo el desayuno a primera hora para darte un beso y animarte.

Crónica de una endemoniada ausencia

Modelo de bloguero después de tres semanas chupando banquillo

Modelo de bloguero después de tres semanas chupando banquillo

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Supones que esa ausencia tuya tantos días es fruto del desorden. Nunca has sentido tanto caos y disparate, interno y externo, en el mundo que ves por tu ventana y en ese trajín de célúlas más bien puñeteras ellas, que desde hace tres años bailan la conga por distintas zonas de tus entresijos. Nunca.

Fue desatar su ira desmesurada el verano 2015 y empezar a presagiar una serie de sucesos que te harían ver a la vida como algo cada vez más raro. Santo cielo, pero en qué se ha convertido este tiempo. Y todo sin que las trompetas del Apocalipsis anunciaran elecciones del Frente Popular, ni incendio del Expreso de Andalucía, ni la Mano Negra, ni la resurrección de Franco ni otra jaimitada más de Artur Mas para sorprender al pueblo estupefacto. A estos y otros iluminados se les dio la mano y se tomaron hasta el codo. Generosidad de esta democracia que nos hemos dado: el margen de credibilidad en la utopía que tan alegremente se concede a los visionarios.

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Durante días y días tu costumbre de vivir informado te trajo de acá para allá como un potro desbocado. Nombres como los de Grecia, Tsiripas, Varoufakis, Grexit, la Troika, enésimo Rescate griego, Angela Mékel, duodécimo segundo tocamiento cojonero del gobierno heleno, ahí te las den, Europa, se agolpaban en los titulares junto con los de otros héroes de nuestro tiempo: Casillas, Florentino Pérez, De Gea, Van Gall, Pedrito, otro Casilla, Keylor Navas – ¿pero hay algo más que el fútbol?- y, sobre todo, el de ese titán llamado Ramos, Sergio Ramos. ¿Se iba del Madrid? ¿Se quedaba en el Madrid?

Cada día de esta nefasta serie canicular era un desayuno de lisergia, confetis tontos o noticias macabras, guerras incansables, incendios devastadores, asesinatos siniestros como los que cuando eras niño voceaban en El Caso, tanta modernidad para esto. Lo que no era feo, intrascendente, estulto, repetitivo, frívolo, canalla, desalentador –la realidad virtual que nos cocinan a su gusto los medios- era casi peor, pues enseñaba la patita traidora de la realidad misma. Por la que se filtraba como una verdad a secas tu cáncer en su esplendor. Cada minuto tuyo era un acorde de la marcha patibularia con la que comienza el último tiempo de la Sinfonía Fantástica de Berlioz.

Qué acojone.

Pasabas casi todo el día medio drogado, te expresaba mal, te movías peor, recomponías tu visión del mundo después de un rato sobre las noticias y al final te sentías parte de una orgía siniestra que pintaba Francis Bacon. Además, calvo y desarbolado de rumbo alguno, sentías en el agosto más caluroso de los que hay noticia, auténtico frío. Del alma también quizás, pero desde luego del cuerpo.

Menos mal que la gilipollez de vez en cuando entretiene, despabila y te vuelve a enganchar a la realidad.

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Porque, entretanto, todas estas cosas pasaban mientras tú tratabas de reaccionar y literalmente no podías.

Un empleado de le Ayuntamiento de Barcelona malguardó un busto del Rey Juan Carlos y, luz y taquígrafos delante, en una especie de caja de Galletas Loste para retirarlo de la circulación con ostentación, ordinariez y alevosía. Como si a Barcelona, Cataluña, España, la Unión Europea y el orden mundial dependieran de ese rasgo de oportunidad política de la impar Ada Coláu. Siguieron numerosos testimonios iconoclastas, no siempre respetuosos con el carácter regenerador e impecablemente democrático que inspira a la memoria histórica.

-Que no se nos tache de demagogos, un respeto –advirtieron.

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Los nuevos regeneracionistas, probablemente a falta de mejores iniciativas, arramblaron con lo que les pareció.

– Ese de esa calle era un estraperlista de tabaco, enemigo del pueblo, que lo se yo-dijeron- Fuera calle y que se la dediquen a Dióscuro Tazones, que además de activista agrario era muy buen capador, y si capabas tres machos, uno de los testículos del tercer guarro te salía gratis.

Con tantos años de historia en cantidad de pueblos, comunidades, ciudades, aparecían efigies de supuestos viejos ilustres a los que había que ir poniendo en su sitio. Que era muchas veces fuera de su sitio.

En la Asociación de Activistas Podemitas o Así habían hecho un concienzudo registro de Reyes Godos, sacando como primera conclusión la de que había muchos, demasiados, quizás, y que aunque no tuvieran que ver con las monarquías que propiciaron la degeneración de Europa, que les sonaba más, reyes fueron. Un error en la ortografía fue el causante de que el rey Recadero fuera considerado bueno, pues al menos hacía recados gratis, sin que hasta el siglo XXI un Secretario General del Ayuntaminento reparase en que el verdadero rey supuestamente beneficioso para el pueblo no se llamaba Recadero, sino Recaredo. No obstante se salvó, porque el picapedrero que tenía que degradar al monarca godo desapareció envuelto en las brumas de la leyenda, y esa dualidad rey feudal / rey que hacía favores y recados le daba cierto perfume épico a la historia del nuevo régimen. Un poco lioso, pero conveniente al cabo para el momento germinal que se abría en el horizonte.

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Entretanto, en algunos lejanos pagos de las antiguas Españas, el CONSEJO ASESOR SUPREMO DE NECEDADES PODEMOS dio con otro rey godo llamado Wamba, contra el que no se encontró más cargo que haberse dejado narcotizar, tonsurar, vestir de monje y renunciar a la corona. A eso se añade en el expediente que el Auditor recordaba haber tomado de niño unos bollos rellenos de crema popularmente conocidos como wambas, mérito no identificable en muchas dinastías, y que justificaba la indulgencia de la memoria oficial, pues a qué pueblo verdaderamente sano no le iban a gustar las wambas de crema.

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En la España de dispàrate infernal de 2015 cabía casi todo. Un asesor más refinado quiso enchironar en las buhardillas municipales al rey Favila, pero cuando se enteró de que al monarca astur se lo comió un oso –despabila, Favila, que viene el oso- y de que Favila no era Fabiola de Bélgica, que salía mucho en el HOLA y esa sí era rea de lesa dignidad democrática, tuvo que rebobinar y replantear el asunto. Para compensar propuso impulsar la gastronomía del antiguo reino astur y reforzar el hecho identitario inventando él mismo la fabada Favila, en la que se sustituía al tradicional compango por carne de oso, menos grasienta y más sana que la del cerdo, pero los conservacionistas del plantígrado armaron la de Dios es Cristo, las glorias de nuestros fogones y los gastrónomos amenazaron con más programas de TV, radio y literatura sobre el buen yantar, los hermanos Ansón anunciaron causa general para una nueva cruzada ideológica y hasta la alcaldesa de Madrid no pudo reprimir su disgusto en público.

Es que me acuerdo de mi teddy- dijo reprimiendo con cierto rubor sus pucheritos de niña buena-El que mató a Favila no se cómo se llamaba, pero al mío le llamaba Trotskín.

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Crees recordar que este momento estelar para la historia de la humanidad ocurrió en lo peor de tu crisis. Pero no hizo falta tomar medidas más severas con el asesor audaz, porque en ese momento los biólogos del Ayuntamiento de Madrid declararon superpoblación y peligro de epidemia entre las tortugas de la Estufa de la Estación de Atocha. Y al infatigable reformista le nombraron Director del Programa Salvemos nuestras Tortugas con prohibición expresa de que volviera a mencionar a los reyes godos, incluso a los Magos, a Favila, a la fabada y, por si acaso, hasta al mismísimo Balloo.

Aún de vez en cuando enreda, y sale en las tertulias empeñado en borrar de los registros al Héroe de Cascorro. Las cosas.

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El exceso de información, los fenómenos revisionistas, o el cómo dar otra vuelta de tuerca más para crear un nuevo problema donde se atisbe solución alguna, fueron llenando los días más extraños de tu vida. Estás convencido –toquemos madera- de que aquella noche, hará unas dos semanas, el cáncer y las diferentes divisiones militares que te ayudan en la batalla te habían machacado. Al margen de la cantidad de majaderías innecesarias que escuchaste consciente o inconscientemente –en el pecado llevas la penitencia, por creer que vivir es estar informado- no puedes hacer la cuenta del número de píldoras, fármacos, parches de morfina, analgésicos, heméticos, laxantes, corticoides, antiinflamatorios, jarabes, inhibidores y otros elementos que componían tu dieta. Imaginabas que eras el balón de juguete de un bazar chino, que un niño rabioso agitaba, pateaba y acababa destripando. Y que te descomoponías en millones de partículas luminiscentes que se elevaban al cielo de la noche convertidos en una sopa de tapioca cósmica bastante asquerosita.

Desmayado sobre la cama a cualquier hora, con un ojo abierto pendiente de un crucifijo que un peregrino amigo pasó por el Camino de Santiago y el otro intentando pillar cacho en la vida que aún controlabas, caíste apresado en esa gelatina indescriptible que llamamos pesadilla, compuesta de ficción, claro, pero también de hechos reales. El telón de fondo ya está descrito, la sensación de caos. Lo novedoso es que desde hacía un par de días notabas cómo tu brazo derecho iba perdiendo fuerzas, al punto de hacerte ingrato hasta el movimiento de cepillado de dientes. Lo que al final terminaba de angustiarte era que tu amigo el marqués de Betanzos entraba en el sueño para interesarse por tu salud, cosa muy de agradecer, y para pedirte por favor que, dado que ibas a ir por Asturias, si no te importaba, le ayudaras a despachar un asunto familiar algo engorroso.

-Mira te dijo- es que los Betanzos, vistas las circunstancias hemos decidido desprendernos de dos iglesias que tenemos en Galicia. Así que si no te importa te doy las llaves, te acercas por allí, te haces cargo de ellas y ya hablaremos.

No fue más explícito, cuando como jurista lo es con largueza. No te explicó si debería dirigirme al ordinario del lugar -tampoco dijo de qué lugar se trataba-, a Patrimonio Eclesiástico o a la junta provincial de Podemos. No me dio tiempo ni a preguntar si tendría que hacerme cargo de las mudanzas y si necesitaba auditoría de la recaudación en cepillos ni inventario de todas las imágenes, muebles, obras de arte, cerería y demás equipamiento. Sólo sabes que en ese momento recuperaste el movimiento del brazo como antes de precipitarte en el siniestro abismo de este verano.

Seguramente era porque las noticias alumbraban el gran momento esperado: el heroico Sergio Ramos y el inmarcesible Florentino Pérez confirmaban que el futbolista no se irá del Madrid por la módica cantidad de nueve millones y medio de euros por temporada. Lo demás son tonterías.

Pero eso no era todo. El frío congelador que te dejó en la cabeza la última radioterapia se acababa, porque tu generosa hermana Paloma te había fabricado en un pispás un gorro de punto que, aparte del calorcito, te transmiten, como se puede observar, la elegante apostura del clásico refugiado albanokosovar.

Por lo demás, marchando una de bravas.

Aimez vous Brahms?

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En Toulouse con Carlos Gardel

Gardel1

CÉST DANS CET INMEUBLE QUI EST NÉ LE 11 DECEMBRE 1890 CHARLES ROMUALD GARDES, QUI DEVAIT DEVENIR CELEBRE DANS LE MONDE ENTIER SOUS LE NOM DE CARLOS GARDEL

Eso es lo que decía la placa de mármol adosada a la fachada de la casa del número 4 de la rue du Canon D´ Arcole de la ciudad francesa de Toulouse, donde fuiste a parar después de que manos amigas te animaran a liberarte de la modorra propia de tu enfermedad. Esta siempre ha sido, de por sí, lo que se dice un rollo. Una esclavitud para tu espíritu volandero, tan amigo de estar aquí y de huir a los cinco minutos a donde sea. No salías de tu habitual circuito Madrid- Hospital Sanchinarro-Candeleda-Madrid desde hacía casi un año, cuando por fas o por nefas, semana sí, semana tal vez, semana no, entrabas en fase de observación o tratamiento de las travesuras de tu tumor. O de tus tumores, que aún no tienes claro el número de jaimitos neoplásicos errantes por tu organismo.

-¿Será posible que, con coche nuevo desde enero,- te preguntabas- apenas hayas recorrido aún mil kilómetros de carreteras amarillas?

Tu sueño siempre aplazado: abrir el mapa de carreteras y no cejar hasta haber recorrido todas las comarcales y provinciales. Descubrir y contemplar horizontes.

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Así estaba tu pequeño mundo propio, desdibujado y chuchurrío, cuando esa otra realidad envolvente que impone la actualidad te desilusionaba cada día más. Desde las Elecciones Locales y Autonómicas tu percepción de la vida podría ser un largo telegrama que dijera más o menos esto. Qué lío, qué aburrimiento. Espe kaput. Rita Barberá ¿PP…ero para qué carajo sirve ganar unas elecciones si no te dejan tocar pelota? Pedro Sánchez, Carmena, Pablo Iglesias, Ada Colau, Ximo,y el resto de ejército de renovadores en plan Mister Proper de la política. Pactos. Regañinas. Desengaños. Fin de las mayorías absolutas. Qué pasará en Madrid. Quién gobernará en Valencia. Quién en Cádiz. Quién en Navarra, quién en Vitoria. Joder, cuántas Españas por reajustar. Municipios, autonomías, diputaciones…Menos mal que hay otros debates alternativos: ¿es Benítez el entrenador que necesita el Madrid? Esto sí es importante, caramba. ¿Hay que respetar a los que silban el himno nacional? ¿Es Piqué un provocador, un mal educado, un caballo de Troya nacionalista en la selección de España? Más comecocos populares. ¿Y el rollito del Premio Nobel con la inmarchitable Isabel Preysler?

El bombardeo de estas noticias rebotaba ya en tus frágiles meninges.

-Busca el mapa, que nos vamos –te dijeron.

En realidad no sabes si fue un viaje o una huida. Necesitabas cambiar de paisaje por unos días.

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Te has evadido por el sur de Francia, admirando con ojos de paleto todo lo que te gusta de ese país vecino. Te maravillan esas carreteras secundarias con sus bordes arbolados por gigantescos plátanos, tilos o fresnos. Y esas abadías, y esas casonas tan bien plantadas en el paisaje. Yo quiero esos campos tan ricamente cultivados, florecidos ya de colores y contrastes Me pido esos bosques tan frondosos. ¿Por qué no tenemos en España ríos como la Garonne? Estás tan flojo que apenas has hecho otra cosa que mirar y admirar. Como si fueras un niño, te dejaste viajar sin oponer resistencia ni molestarte en tomar notas. ¿Qué puedes añadir de Toulouse, de Albi o de esa encantadora Catedral de Nuestra Señora del pintoresco pueblo de Saint Bertrand de Cominges que te raptó a unos kilómetros de Saint Gaudens, que no haya contado mejor cualquier guía de viajes?

Todo lo que no fue rodar en coche se devanó en pequeñas caminatas que, al cabo de no mucho rato, terminaban penalizando tu espalda. Pero ¡oh maravilla!: en la mayoría de  las joyas del románico que visitaste – sin palabras para la basílica de Saint Sernincuando pasabas al claustro había unas tumbonas en las que el visitante podía descansar mientras contemplaba los capiteles, meditaba al cimbreo de los cipreses del jardín, escuchaba el canto de los pájaros o, mejor aún, echaba una cabezadita buscando al Señor en el reparador duermevela.

Ya decías que lo tuyo ahora sólo puede ser turismo de baja intensidad.

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Siguiendo la moda actual, y por aquello de reducir gastos, una web de esas que ofrecen apartamentos en lugar de hoteles te dirigió a la misma casa donde por primera vez vio la luz Carlos Gardel, sobre cuyo lugar de nacimiento y verdadero origen aún se sigue especulando. La casa era un edificio de tres plantas dividido en cuatro o cinco apartamentos generosos que daban por un lado a la calle y por el otro a una especie de pequeña corrala en cuyo patio había unos veladores para sentarte y tomar una cerveza al aire libre. Como cabe suponer, la estética interior se había sometido a los simples cánones de IKEA, pero la propietaria del inmueble, una francesa llamada Sabine, hacía valer que el espíritu del divo aún habitaba entre aquellas paredes. Así que, aunque no eres un experto cantor de tangos, y antes de abrir las maletas, intentaste un último regateo del precio final gardelizando tu voz con la letra del mítico Volver.

Yo adivino el parpadeo/ de las luces que a lo lejos/ van marcando mi retorno…

Son las mismas que alumbraron/con sus pálidos reflejos/ hondas horas de dolor

Y aunque no quise el regreso/ siempre se vuelve al primer amor…

Sabine aplaudió encantada, como si tú cantaras bien y su apartamento se revaluase a la voz del ilustre tanguista, pero no rebajó ni un euro del precio final. Todo lo contrario, en tu primera noche soñaste que el propio Gardel se presentaba en tu habitación en compañía de su letrista, te despertaba, te cogía por las solapas del pijama y te amenazaba por ultraje a su memoria y por burlar sus derechos de autor. La aparición resultó sobrecogedora. Aqunque nadie haya reparado en ello el Gardel trajeado de oscuro que ha pasado a la memoria colectiva es muy parecido a Bela Lugosi, el precursor de Cristopher Lee en la encarnación cinematográfica de Drácula. Es lo que tiene este turismo de baja intensidad al que alcanzan tus achaques: vas buscando evasión, cultura y descanso y acabas huyendo de un trasgo que te recuerda que las nieves del tiempo platearon tu sien, que es un soplo la vida y que veinte años no es nada. La próxima vez, volver a Toulouse con la frente marchita, pero mejor a un hotel.

Polvo idolatrado

La cuestión es: ¿dónde hay más Cervantes, en sus páginas o en esos  restos que al  final se han identificado como los del autor del Quijote?...

La cuestión es: ¿dónde hay más Cervantes, en sus páginas o en esos restos que al final se han identificado como los del autor del Quijote?…

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Ya dijiste hace días que lo peor de la enfermedad es que fomenta el egocentrismo. Excusatio non petita, acusatio manifiesta. Te pones a escribir y si te enredas en tus tonterías, como te suele gustar, parecerá que tienes un corazón de pedernal, y que sólo miras a tu ombligo. Hoy deberías hablar de la enésima canallada de esa peste que es el terrorismo yihadista en Túnez. No lo haces porque nada se te ocurre que pueda sonar a original en ese odioso asunto. Hace dos días sin embargo te apetecía hablar de tu Aleti, qué manera de sufrir, qué manera de ganar. O del júbilo oficial por la declaración de que esos restos encontrados en el Convento de las Trinitarias de Madrid son los de Miguel de Cervantes.

A propósito, hay que ver lo que hacen la fe y, sobre todo, el deseo. A lo que se ve, lo mismo podrían proceder estos restos de una mesilla de noche podrida en un desván con humedades que de un soldado de la guerra de Troya, o de la batalla de Bailén, que queda más cerca. Da igual. El caso es que los sabios han decretado que esos detritos orgánicos son los del autor del Quijote y ya tenemos un hito más en el itinerario turístico de la capital para que los guiris se hagan la consabida foto. Lo que dormía en la cripta de las Trinitarias desde hace siglos seguro que no contiene más esencia de don Miguel que cualquiera de sus páginas, pero mola más pasear por el Barrio de las Letras, hacer unas compritas, tapiñar en uno de los bares de la zona y retratarse en la fachada de un convento que a partir de ahora será emblemático (cómo empieza a cargarte este adjetivo) en la cultura universal.

A ti, que debes de ser un paleto insensible, semejante suceso histórico te produce estupor. Parafraseando los dos últimos versos del famosísimo soneto de Quevedo, piensas que los restos de Cervantes serán cenizas, mas tendrán sentido/ polvo serán, mas polvo idolatrado.

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Nunca has entendido el exagerado respeto por los restos humanos, y menos en esta época de general escepticismo y de desmitificación de los símbolos. En este caso que ha copado la atención de la actualidad madrileña durante las últimas semanas roza la idolatría. Si eres un creyente, lo esencial de la persona no es su cuerpo, que sin alma apenas es nada. Si no lo eres, y no crees por tanto en la trascendencia del espíritu, qué te puede importar que esos despojos fueran en otro tiempo templo de aquel. Sin embargo -poderoso caballero es don dinero- hasta el más ateazo traga con la superstición cuando adivina que esta atraerá turistas. ¿Qué habrá de verdad en ese arca de la catedral de Colonia donde dicen que se conservan los restos de los Reyes Magos? ¿Qué quedará de Agamenón en lo que te que te contaron que era su tumba? ¿Serán de verdad de J.S. Bach los huesos que se hospedan bajo una lápida de la la iglesia de Santo Tomás de Leipzig, y donde, por cierto, te retrataste con tu coro, como cualquier turista borreguil, cuando fuiste a cantar allí la Pasión según san Mateo? ¿En cuál de los miembros de San Juan de la Cruz, distribuidos en múltiples relicarios por España reposa más santidad?

Por concluir: ¿qué tiene ese amasijo de residuos orgánicos que acaban de consagrar como restos del manco de Lepanto para que lo miremos como un tesoro? Desde tu punto de vista, sólo el consenso. De vez en cuando el ser humano necesita pretextos para aferrarse a la idea de trascendencia. Debidamente manipulado por los políticos y los medios, el pueblo ha acordado esta vez que acercándose a adorar las cenizas del genio se refina de espiritualidad y se hace más culto. Bienaventurados los ingenuos, porque ellos alimentan las glorias de la patria y, sobre todo, acaban haciendo caja.

Y como el muerto al hoyo y el vivo al bollo, en la próxima entrada contarás por qué te está costando tanto últimamente alimentar este blog. Eso no te enorgullece nada. Al contrario, más bien te duele.

La excelencia o la vida

Eb muchos órdenes de la vida lo mejor es enemigo de lo bueno...

En muchos órdenes de la vida lo mejor es enemigo de lo bueno…

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Solo en el campo. Crees que es uno de los privilegios de la jubilación. Se va la familia, te das un paseíto bajo las estrellas, te encierras en casa y te llenas de descanso. Pones un poco de orden, apagas las luces que se dejaron encendidas, cierras las puertas que a  tus hijos y nietos no les importa mantener siempre abiertas y antes de acomodar tu maltrecha osamenta en la cama –labor delicada en estos momentos- te sientas en el sofá, junto a la chimenea, y respiras.

De repente tu vista se detiene en un detalle sin importancia, pero que siempre te ha desasosegado. Varios de los cuadros sobre los que cae tu mirada están torcidos. Pasa en las mejores familias, y no todas le dan la importancia que acusa tu malestar. ¿Por qué? De la misma manera que los que se lo pueden permitir contratan entrenadores personales o paseadores de perros, debería haber un servicio de vigilantes de cuadros torcidos. A menudo vas a casas de categoría, con muebles buenos y cuadros aún mejores, y observas que algunos de estos basculan hacia un lado. No te puedes reprimir, si puedes te levantas, pides permiso y los equilibras. Tus anfitriones a menudo se quedan pasmados. Allá ellos.

Sin embargo esta noche en tu propia casa no haces nada. Te molestará irte a la cama con este nuevo desarreglo en tu vida, te parece natural. Sufres tantos desperfectos de difícil solución, que por qué te vas a desvivir para maquillar de bonito la envoltura de tu existencia.

No duermes peor por eso.

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Tu amigo el marqués de Betanzos ha hecho una gran carrera como diplomático y abogado guiado por el afán de excelencia en todo lo que hace. Le ha ido muy bien. La norma no se limita a su modus operandi profesional, sino al resto de su vida. Espoleado por su exquisita esposa, que es una fanática controladora del orden, de la calidad y del buen gusto, es difícil sorprender en ninguna de sus casas no ya un cuadro torcido, sino tan sólo un pelo de su perro de confianza en alguno de los almohadones del sofá. Ambos pertenecen al selecto club de los perfeccionistas, del que te hubiera gustado ser socio, y del que te alejas cada día más. Echando la vista a atrás, incluso se puede decir que tu vida entera parece  modelada por la chapuza y el conformismo. No fuiste estudiante destacado. Nunca peleaste por lo mejor. Tu carrera ha sido tan importante que nadie te recordará por ella. Ni siquiera te has exigido un nivel  para hacer el gamberro en la radio o para lanzarte a escribir. Cada vez sabes menos de vinos y de restaurantes, no has probado las delicias criofilizadas de el Bulli, y además no te importan lo más mínimo. Y poner en marcha cualquier tentativa de eso que se llama negocio te ha parecido tan exigente a la hora de decidir y, sobre todo, de esforzarte y hacer esforzarse a los demás, que definitivamente has llegado a la conclusión de que no tienes carácter para ello. La excelencia no es para ti.

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Por eso te ha aliviado mucho ver Whiplash, una película de Damien Chazelle que se sitúa en una escuela de jazz en la que el profesor Terence Fletcher machaca literalmente a sus músicos en aras de una excelencia que se va transformando poco a poco en la antesala del infierno. El rigor y la crueldad del prestigioso maestro que encarna con singular vesania el oscarizado actor J.K. Simmons se centra especialmente en un joven baterista, al que sangra literalmente para obtener de él una velocidad de ejecución y un número imposible de percusiones en la interpretación de la pieza que da nombre a la película.  Sangre, sudor y lágrimas. El chico enloquece, claro. Satisfecho a pesar de todo, y aunque en el camino de su meritorio calvario haya perdido a una novia estupenda.

La película es magnífica, pero Jesús, qué sufrimiento. El protagonista alcanza el cielo de la gloria musical, aunque a tal coste que piensas si verdaderamente merece la pena ser número uno en nada. Sabes que nadie regala el éxito, y que cualquier logro es, ante todo, trabajo. Sabes también que ninguna escuela de negocios para JASP y pequeños nicolases te compraría una propuesta tan poco ambiciosa como la tuya. Pero a estas alturas de la vida, te atreves a sugerir que el afán de ser el mejor no obnubile la razón, ni obligue a nadie a elegir entre la excelencia o el  dulce encanto mediocre de lo que viene siendo vivir.

Durmiendo con el bajo continuo

Sostiene Homper que cuando tiene un catarro de pecho, un contrabajo mágico marca el ritmo de su respiración una octava más grave... (Imagen prestada de la web www.printest.com)

Sostiene Homper que cuando tiene un catarro de pecho, un contrabajo mágico marca el ritmo de su respiración una octava más grave…
(Imagen prestada de la web http://www.printest.com)

Cayó Homper en una especie de gripe, resfriado, catarro, trancazo, vaya usted a saber cómo mejor llamarlo. Desde que nuestro Hombre Perplejo convive con su discreto cáncer de pulmón estos episodios se los toma a broma, como se supone que debe de considerar a las moscas el cazador blanco que se enfrenta a un león. Craso error, A veces el león ni siquiera aparece, pero las moscas y mosquitos se convierten en un tormento infalible.

-Ya pasará –pensó Homper mientras enfilaba el fin de semana arrebujado entre mantas.

Poco original puede contar de las pesadillas retorcidas que vinieron con la fiebre. La estética de lo que vio en ellas la describe como navegar de un cuadro del Dalí más surrealista hacia un retrato fantasmal de Bacon que parece abrir sus fauces ectoplásmicas y te engulle. No resulta doloroso, pero si angustioso: ¿qué debe hacer un ser humano normal en un trance así? Homper no tuvo más remedio que despertarse sobresaltado, y continuar descansando en un duermevela contando los minutos que faltaban hasta el amanecer. Aburrimiento puro acompasado por respiraciones un tanto extrañas.

Verdaderamente extrañas y sospechosas, sí.

Entretanto, recordó a aquella soprano que cuando tenía un catarro de pecho se metía en la cama y a los pocos minutos sentía que se había acostado con el bajo continuo. La primera vez que escuchó semejante confesión, Homper, en su ignorancia musical, creyó que el bajo continuo era un cantante de reducida estatura pero de erección constante, y que como una mancha de mora con otra mancha se quita, la terapia pasional había dejado en nada al catarro de pecho de la soprano. Pero esta noche se ha convencido de que la metáfora era estrictamente profesional, pues mientras respiraba escuchaba simultáneamente otra respiración en octava grave. Estuvo escudriñando su entorno con ojos de sabueso buscando su origen, hasta que descubrió que debían de ser sus propios bronquios los que marcaban con pizzicatos en el contrabajo el ritmo cadencioso y sombrío de su nuevo alifafe.

No hay mal que por bien no venga. Cree uno que es un griposo de mierda y acaba descubriendo los fundamentos de la armonía


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