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Felicidades al quinto de seis hermanos y un gato negro

Elo con sus nietas

Elo, como le llamaban sus nietas, un 17 de enero en Candeleda. A sus pies la mayor de la saga Marina.

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Para un individuo con escaso bagaje literario como soy yo, duende del Duende, siempre me pareció una muestra contundente de describirse a si mismo definirse como “5º de seis hermanos y un gato negro”, supongo que inspirada en las infinitas lecturas en las que papá se inmiscuía. Nunca me habló de ese gato negro, de quién era, ni por qué lo recordaba tanto, pero reflejaba con fidelidad a sí mismo la insignificancia que le daba a su persona, poniéndose a la altura de un gato negro que nunca sabré si existió, si sintió cariño, pasó hambre, o fue producto de su imaginación.

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69. Es una cifra que muy a menudo ha representado para mí el despiporre, y la actitud más grotesca y esotérica del placer del ser humano, como también fue la cifra de los 3 rombos de la TVE de los 80. Pero la despedida temprana del Duende ha cambiado en mí y por siempre el significado de este número antaño estrafalario.

Para mayor serendipia, 69 ya no es sólo el adiós del Duende, sino también el del alter ego del pop británico David Bowie, del tan admirado actor británico Alan Rickman – en pocas ocasiones el Duende revelaba sus admiraciones, pero a éste lo nombró repetidas veces por su brillantez a la hora de interpretar personajes “malos malísimos”-, o la del entrañable presentador de TVE Ignacio Salas.

El Duende abandona los malidtos 69 y cumple hoy 70. Felicidades.

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17 de enero. No tengo muchas memorias del cumpleaños de papá. No gustaba de homenajearse a sí mismo. Cuchara de palo en casa del herrero; ¿toda la vida haciendo homenajes a amigos y personalidades, y tú no quieres ni un regalo? Le gustaba ser recordado, pero no ser vanagloriado con objetos ni celebraciones ostentóreas – que definió Jesús Gil -. Lo llevó al extremo en una ocasión cuando los 5 de la familia terminamos celebrando su cumpleaños en un cine de la c/ Goya ¡completamente solos! Papá se habría acordado de si llovía aquel día, y de la corbata que llevaba puesta en ese cine, pero la genética no nos ha brindado a ningún hermano la herencia de esta memoria en la que cualquier detalle es importante.

El Duende se despidió añorando que nunca nevase un 17 de enero en ninguno de sus 69 cumpleaños… excepto cuando nació. Y también se sorprendía en este post la casualidad de haber nacido en el día que nacieron otros genios del humor como Forges y Mingote.

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Fiel a los pequeños homenajes, el Duende mantenía una agenda de felicitaciones por santos y cumpleaños por todo aquel que le rodeaba. Todos nos sorprendíamos de que este amigo o familiar casi inglés en su finura no olvidase del detalle de hacernos llegar un whatsapp, llamada telefónica, visita presencial, o imitación por el día de nuestro homenaje. Y chocaba, pues parece ser una costumbre ya en extinción. He aquí una muestra de su reconocimiento a todos los que le felicitábamos, con especial mención a la ternura que le inspiraba la llamada de su nieta Marina. 39 felicitaciones fueron las que sumasteis los duendeadictos.

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Y felicidades a Santa Inés en su onomástica, debilidad confesada del Padre Bonete.

Bis – INEM hasta en el nacimiento

Publicado el 30 de diciembre de 2008

Comparto con vosotros duendeadictos este post que recoge algunas de las principales características de El Duende; curiosidad en cada rincón, admiración por cualquier profesión, pasión por pequeños guiños al sentido del humor, y también por los belenes.

cola_oficina_empleo

La prima Alicia vivía como una pepa, y afortunadamente no había tenido necesidad de trabajar nunca. Hasta que giró levemente la veleta de la fortuna, y tuvo que hacerse cargo de una floristería familiar.

También le apremiaba la presión social. Ella hubiera sido feliz cumpliendo las funciones de una respetable dama burguesa: el esposo, los hijos y la casa. Pero hasta las más tradicionales de sus amigas habían abandonado el estereotipo para trabajar fuera del hogar. Empezaba a estar de moda el verbo «realizarse». Y al parecer, el ser humano no se realiza si no proyecta su acción personal más allá del ámbito familiar. La prima Alicia sacó pronto sus propias conclusiones sobre la dureza de lo que es trabajar en un establecimiento comercial.

«Pues dirán lo que quieran —sentenció—, pero a mí lo único que se me realizan son los pies».

Desde ese momento él siempre admiró a cualquiera que tuviese que pasar su larga jornada de trabajo yendo de aquí para allá, de la caja a la trastienda, del escaparate al teléfono, subiendo a una escalera para sacar un objeto de lo alto de una estantería o manipulando el toldo, atendiendo a un pelmazo o abriendo todo el muestrario a esa señora implacable tan minuciosa para elegir sus compras. Todo de pie, y casi siempre con una sonrisa en los labios.

Más genéricamente podría subrayar su admiración por el pequeño comercio, una de las primeras víctimas de la crisis. Por eso aplaude aún más su esfuerzo por agradar en Navidad. El Ayuntamiento de Madrid se ha esforzado este año por vender el eslogan de «Madrid, la ciudad de la Navidad», y difunde en todos los medios el programa de fiestas, actuaciones y el itinerario de belenes y nacimientos públicos. Pero sin entrar en un museo o en una iglesia, el curioso puede pasear y disfrutar viendo escaparates. Suena a diversión antigua, pero tampoco es mala solución para tiempos caninos.

Y al menos en la capital (como se supone que en toda España) hay pequeños comercios que merecen un aplauso por su gracia y su originalidad. Él se ha parado ante muchos escaparates disfrutando como un niño. Pero ninguno tan entrañable e ingenioso como el de una pequeña cristalería de la calle Padilla, a la altura de los números 35-37. Ahí, en poco más de un metro cuadrado, han montado un nacimiento sencillamente encantador. No le falta de nada: ni castillo de Herodes iluminado, ni molino con las aspas girando, ni río con agua corriente, ni sentido de la perspectiva y de la proporción en las figuritas, más pequeñas las lejanas que descienden desde una procelosa montaña en dirección al portal.

Pero sobre todo, no le falta sentido del humor. Porque, si bien el portal es el centro de atención, uno puede observar a su lado otra cueva encendida donde, sorprendentemente, se ha acumulado una gran cola de los que en otros nacimientos van a ver al Niño. ¿El motivo? Alguien atiende al público en esta cueva, y encima de ella hay un rótulo que dice INEM. Ya hay INEM hasta en el nacimiento, por si el Niño no alcanza al milagro que vamos a necesitar para colocar a tanto parado.

El pequeño comercio, querida prima Alicia, además de realizar los pies, agudiza el ingenio.

Los duendes sí existen

Braulio y Narcís Serra

Narcís Serra busca cabida en los presupuestos del Estado para la iniciativa de Alta Velocidad propuesta por su asesor en Tecnología y Defensa Braulio

¿quién disfruta de su propia voz en una grabación reproducida? ¿quién lo hace de su receta sin la aprobación de los comensales? ¿quién es feliz cuando los suyos sufren o se atormentan?

Las respuestas a las dos últimas son conocidas por nuestra propia experiencia, y el alto componente social del que depende la existencia del ser humano. Y la razón acerca de la relativa incomodidad que nos produce escucharnos a nosotros mismos, tiene más que ver con la ciencia acústica; acostumbramos a escucharnos desde nuestro cuerpo, con resonancias que nuestra propia voz causa en nuestra cabeza o estómago, pero no acostumbramos a escucharnos desde otro emisor como un altavoz o un teléfono móvil. El Duende también rehuía de locutar en la radio con voz propia y no tanto oculto tras uno de sus personajes.

Y El Duende, no podía ser él sin todos sus duende-adictos, familia y amigos. Evidencia plasmada en dos lecturas recientes:

  • El post 25 de diciembre ha sido un rescate de la hemeroteca de El Duende gracias al fiel amigo, comentarista de este blog, y admirador Bête en Sauce
  • Una lectura que os invito a disfrutar es de otro compañero del Duende, Javier Capitán, quien nos recuerda las evasiones y vida en dos mundos paralelos de papá. Luis Figuerola-Ferretti por Javier Capitán. Muchos años y trabajo juntos, contados desde un compañero que no sólo tuvo que echar horas con él, sino acompañarle y convivir en sus dos mundos, el real, y el de El Duende.

Al Duende no le gustaría publicar la foto que adjunto; ya sabéis, vergüenza de verse desde el otro lado… pero vale la pena observar la expresión de Narcís siguiendo la propuesta de Braulio con interés y atención, no vaya a ser que de repente comience a leer al revés.

Ya vemos que no hay Duende sin otros duendes. No dudéis en señalar cualquier relato de este blog para su re-publicación y deleite de los seguidores, o escritos propios que queráis compartir con todos desde este blog.

Luis Figuerola-Ferretti por Javier Capitán

Bis – 25 razones para sonreír en Navidad

(10 de diciembre de 2008) 

No sabe si es por el obsesivo imperio de la razón o por su tufo cristiano. Pero de un tiempo a esta parte, se ha puesto tan de moda denigrar la Navidad, que ha creído oportuno iniciar un alegato en su defensa. Éstas son las primeras veinticinco razones por las que la va a recibir tan contento.

 

Porque en este tiempo las noches son más largas y así se ven más luces.

Porque hace frío y apetece arrebujarse en la cama, dormir y soñar.

Porque le cae bien el Mesías, y si no fuera cierta su historia, estaría bien traída.

Porque alguien volverá a recordar a Dickens y a su Mister Scroodge.

Porque darán por la tele ¡Qué bello es vivir!

Porque se encienden las chimeneas, y las volutas de humo dibujan ángeles en el cielo.

Porque vuelve a olfatear el corcho y el musgo.

Porque se acuerda de una lavandera que era la figura más guapa de su nacimiento.

Porque damos importancia a los pastores, que se pasan la vida apacentando soledades.

Porque mira los escaparates y de cada uno de ellos fabrica un sueño.

Porque se junta con sus hermanos, y las cenas de Navidad siempre acaban pareciendo películas de Woody Allen.

Porque pasan los años y aún se le humedecen los ojos cuando escucha el villancico de «Los campanilleros».

Porque se han vuelto a poner de moda los polvorones.

Porque si el niño Jesús tiene fiebre, está el nieto de sus amigos Félix y Begoña para la suplencia.

Porque las mujeres se ponen muy guapas para las fiestas.

Porque a alguien le va a caer el Gordo.

Porque le encanta el aroma de pavo asado con oporto que inunda la casa la tarde de nochebuena.

Porque, aunque se le fueron hace años, los padres y el hermano Carlos siempre vuelven a casa por Navidad.

Porque ha nevado.

Porque Bing Crosby cantará «Navidades blancas» sin que este año sea un cuento chino.

Porque, aunque cueste creerlo, en Navidad resplandece mucha buena gente.

Porque sigue buscando con ilusión la estrella de Oriente.

Porque tiene tres reyes magos y cuatro nietas mágicas.

Porque, si tiembla el misterio, es de la emoción…

 

(Pueden continuarlo ad libitum los lectores.)

Una trampa con fortuna

leon-y-raton

No sabemos hasta qué punto nuestro Duende percibía que había caído en la trampa de la red…

Antes de introducirme en el post, pobremente imitando lo sublime de El Duende, quería hacer un intento de agradecimiento por el cariño que hemos recibido toda la familia desde este cuaderno de bitácoras que formáis todos los que visitáis sus relatos desde hace ya casi 10 años.
  • Por acompañarle cuando estuvo en su plenitud, y la salud no era estorbo para él, dando forma de este modo a su parque de juegos perfecto.
  • Por acompañarle cuando hubo que adaptarse al nuevo sentido del thumor con el que tuvo que afrontar los últimos 3 años, proporcionándole en este espacio respuestas a inquietudes difíciles de compartir en otros espacios.
  • Por esperarle y animarle hasta el final
  • Por mostrar vuestro cariño del modo tan tierno que muestran los comentarios de las dos últimas entradas del blog.
  • Por cantar y participar en su adiós con tantísimo amor. Y por entonar melodías con él cuando estuvo ahí.
  • A los familiares y amigos más cercanos, por ayudarnos a él y nosotros tan cariñosamente a sobrellevar estos últimos momentos.
  • A sus compañeros de la radio por tan soberbios y delicados homenajes
Gracias de todo corazón y en nombre de toda la familia. Sois la viva manifestación del legado de nuestro querido Duende; cariño, ternura, e ilusión.
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En días de otoño de Candeleda, en su finquita de robles, castaños y regatos, El Duende despertaba todavía en horas de oscuridad, cuidadosamente preparaba la mesa para su desayuno, su café con leche y la pertinaz perrunilla, magdalena, o tostada mañanera. En ocasiones le acompañaba su único cómplice vespertino, Marina, su nieta mayor, rubia platino y curiosa como él. Ambos dos sabían que debían afrontar la mañana solos, pues el resto de la familia aprovechaba las noches largas para exprimir al máximo las prestaciones de un edredón nórdico y sábanas de olor romero. Nunca sabremos más sobre las conspiraciones que desde el comedor ellos dos hacían.
Había algo que El Duende no podía ocultar a nadie. En las pupilas de sus ojos verde miel se vislumbraban hogueras. Y en su rostro una sonrisa resultado de afrontar con entusiasmo casi infantil una nueva jornada otoñal, con olores a madera quemada y tierra mojada, puesta de sol imponente, humedad que sucumbe al calor del fuego, y dar mejor vida a la naturaleza joven fuerte, en detrimento de aquella que ya prestó su servicio en el ciclo de vida del monte.
Pero ningún paso adelante en el monte era posible sin su fiel capataz Jose – casi 20 años juntos -. Jose es un entusiasta de los montes de Gredos, tan fuerte que en en sus manos una azada o bieldo se movían como un llavero, y que ha reunido todo su conocimiento y destreza a base de trabajo y curiosidad por todas las prácticas que le rodea en el monte; ganado, talas, jardinería, siembra, frutales, cañerías, riego… infinitas ellas. Pero ahora le tocaba aprender algo nuevo; intuir las intenciones de El Duende. Jose se presentaba cada mañana puntual para asistir al Duende… pero éste nunca se encontraba donde acordaban. Tocaba buscarle entre la hojarasca marrón de los castaños, siendo finalmente su silbido el delator de su ubicación. Jose clamaba al cielo. Tanta planificación por teléfono, tantos diálogos de intenciones sobre el trabajo que afrontar y en el momento clave, El Duende desaparecía en el monte, allá donde su instinto le conducía, mientras silbaba melodías de su coro y pensaba en la próxima historia a elaborar en el blog al caer la noche de otro día otoñal de Gredos.
Pero nuestro capataz del monte, entendió perfectamente la manera de cortar con esta rutina tan improductiva. Pronto descubrió cómo hacerle la trampa. A partir de ahora sería él quien preparase los montones de madera y nuestro Duende acudiría a ella como pez a su cebo, sólo que además silbando. Jose ya sabía dónde encontrarle cada fin de semana, podía planificar el trabajo con sosiego, y ver a su Duende contento.
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Decía El Duende que nunca sabía tomar una decisión. En el progreso económico de la España de los 80, los colegas y familiares sí tenían claro que tantos años de evolución profesional, y tanto esfuerzo en alimentar a una familia, debían de tener alguna recompensa individualista; el coche. BMWs, Mercedes, familiares de última generación, con cuenta kilómetros digital, frenos ABS, techo solar… El Duende lo intentaba. Iba a concesionarios de coches, compraba con cierta desidia alguna revista de motor, y soportaba la insoportable insistencia de este hijo pequeño que escribe, en cuya cabeza preocupaban poco más que los caballos y cilindradas de los últimos modelos en el parque de automoción, pero nada le hacía decidirse nunca. Coches de hojalata sí, pero coches con impuesto de matriculación, innumerables papeleos y todo tipo de extras y prestaciones… ¿cómo decidirse?
Imagínense qué difícil es cuando uno entra un sábado en un concesionario de motos de la c/ Aguilera de Madrid, con el único objetivo de conocer las alternativas de recambio para su scooter urbana de uso diario… y sale por la puerta con una moto cross de 50cc obsoleta casi desde su fabricación. Lo volvió a hacer en el Parque del Automóvil en Madrid con la idea de comprar un Kia sencillito… y por error acabar en un concesionario de Hyundai, y comprarse un modelo de estos simplemente por estar hasta el gorro de buscar el coche ideal. Imagínense el frotado de mano del comercial de Hyundai. Imagínense la cara de estupefacción de los que hicimos seguimiento de la decisión, o de los comerciales de la scooter urbana y el Kia. Imprevisible.
Imagínenlo con sus dudas sobre telefonía móvil, tarifas de internet, ordenadores personales, tecnologías para grabar audios de imitaciones… ay los pasajes que habrá sufrido Javier Capitán para coordinar una grabación por Skype.
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La trampa del blog El Duende de la Radio.
El que aquí escribe, su hijo pequeño de 3, Juan, es un admirador de los pequeños grandes talentos. Imagino que lo aprendió en casa. Con madre galerista impulsora de grandes artistas como son Eduardo Arroyo o Miquel Navarro, entonces nada conocidos. Con padre que acostumbraba a grabar cuentos imaginativos en audio y directo con los 3 pipiolos, donde aparecía un cocodrilo subido a una encina, o a crear autos de Navidad para interpretación de toda la saga de primos Figuerola-Ferretti, o a participar en anuncios televisivos en castings donde no veíamos un duro (los niños). Nos parecía normal. Creíamos que en todas las casas había un padre que se transformaba en Doña María, o quien amenizaba cualquier homenaje a amigos y familiares. Yo tiré por el fanatismo del jazz, de la música clásica y el flamenco-jazz. En todo ello veía algo en común ¿dónde se almacenan todas estas genialidades para disfrute de cualquier curioso? ¿por qué en la TV sólo vemos a los famosos corrientes? ¿es que nadie quiere regocijarse en genialidades o es que éstas no están disponibles sin más?
Internet creció, y las posibilidades parecían infinitas. A El Duende le habían animado a numerosas iniciativas tanto digitales como de otros soportes. Siempre indeciso, nada para él tenía sentido. Yo seguía riendo con las imitaciones de El Duende que recordaban a los desternillantes programas de La Verbena de la Moncloa con Javier Capitán y Julio César Iglesias. Yo quería inmortalizar la obra de mi padre. Cada vez que yo hacía un intento por explicarle las posiblidades de internet en difusión y almacenamiento, su escucha se mitigaba en forma de silbido; y pasaba a otra cosa. Me hizo caso en aquellas cosas que él intuyó me podían ayudar a mí, pero nunca con ningún otro fin y mucho menos el de su perpetuar su obra que para él simplemente no existian. Su ingenio a él no le resultaba relevante, mi porvenir sí. Y un buen día, entre tanto ruido de burbuja tecnológica 2.0 y promesas que a él le convencían bien poco, llamó a Alemania preguntándome:
– Juan, ¿tú me podrías crear un blog de esos donde yo pueda explicar mis cosas?
Sabía que tenía al león en la trampa, y que para no disuadirle de dar el paso final no debía darle mayor indicación de qué hacer en él, qué escribir, ni qué fin podría encontrar en él.
Y así surgió El Duende de la Radio. Un espacio donde El Duende ha desplegado desternillantes divagaciones, cuentos, historietas, histrionismos, referencias culturales… 1200 artículos desde julio 2007 hasta la fecha. Ha mostrado también su lado más íntimo. Se ha encontrado muy a gusto, ha creado una comunidad de colaboradores igualmente geniales a él, ha promovido el cariño, y nos ha transportado a “poblemáticas” y “flipadas” de otro planeta.
Cayó en mi trampa. Y como siempre, le tuve que llevar a ella sin que él se diese cuenta. Complacido escuché como el león silbaba hasta que caía en la red, en internet, sin condicionantes, y aparentemente sin motivos.
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Nunca jamás papá definió su persona con rotundidad y a lo largo del tiempo. Nunca se definió como imitador, como jefe, ni como publicista – sí manifestaba lo perverso del objetivo de engañar a la audiencia para cierto fin comercial -, tampoco presumió de ser buen padre, ni malo; tampoco como coleccionista de coches de hojalata, ni se reconoció como encarnación de sus famosos personajes Doña María, Braulio, Esperanza Clamores o Padre Bonete.
Solo reiteró a lo largo de la vida dos definiciones; ilusionista, y Duende de la Radio. 
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El blog se mantendrá para entretenimiento de quien depare en este espacio. El solía insistir al actualizar su blog en “el absurdo de llenar internet más aún de textos insignificantes”. Todos los demás sabíamos que no era así. Hay artículos tan geniales en su desenlace como generosos en su desarrollo.
La familia y amigos estaremos trabajando continuamente en explorar esos 1,200 artículos y 13,000 comentarios para posibles ediciones en papel para cercanos, o editoriales “de importancia”. Si alguien se quiere apuntar o señalarlos, o identificar temáticas, o cualquier otro tipo de colaboración, por favor diríjanse a mí y gustosamente nos organizaremos para exprimir esta maravillosa experiencia de casi 10 años.
Cayó en esta Trampa con Fortuna para él y todos nosotros lectores de sus relatos. Y gracias a esta trampa de la red (internet, interred), podemos seguir viajando en el Ilusionismo de nuestro Duende de la Radio.
El modo de colaborar es sencillo, pues compañeros cercanos ya han hecho avances en este menester. Contamos con una recopilación hasta primera mitad del año 2013 con la siguiente categorización:
– Cuentos
– Homper
– Inquietudes inquietantes
– Personajes
– Reflexiones de El Duende
– Relatos
Cualquier puntuación de posts que rememoréis, hilos de comentarios ingeniosos, selección que sugiráis… poneos en contacto conmigo y lo trabajaremos en conjunto.
Los posts que se continúen publicando en este blog, bien serán reproducciones de hemeroteca de El Duende, bien para comunicaros avances de este ejercicio editorial.

Misa Funeral por Luis Figuerola-Ferretti Gil

Recordatorio frontal

Recordatorio2 MusicaRecordatorio LecturaRecordatorio Otoño

Sic Transit, siempre vuestro

Luis Figuerola-Ferretti

Luis Figuerola-Ferretti Gil

 

Queridos Duendes,

Con osadía os escribe un duende del Duende, aquel que allá por 2006 y desde Düsseldorf, empujó al maestro a colar sus sueños, dudas y devenires en la red a través de este blog El Duende de la Radio.

Él fue siempre niño, humorista, ilusionista.  Pero sobretodo un tipo serio y solemne. Por eso titubeo de hasta qué punto juzgaría este post como frívolo o innecesario. Pero yo sé que los que le queréis y leísteis, lo agradeceréis.

Para los que no hayáis podido seguir los últimos pasos de El Duende. Sabed que ha retado todos los contratiempos de su enfermedad con verdadera bravura, tenacidad, y hasta sentido del humor. Se puede resumir el punto de inicio del declive final desde el post antecesor a éste, pero puedo aseguraros que, una vez superaba cada trance puntual, siempre ha recuperado la alegría de vivir, aunque la enfermedad le privara de toda su movilidad o lucidez mental. Recientemente, en un paseo donde una vez más delegaba en su familia y amigos el caminar en su sillita, y al calor del sol de su estación favorita que es otoño, yo le preguntaba

-¿qué tal estás papá?

– muy agustito- me contestaba

No añoraba, no se cabreaba por las limitaciones que se le venían encima. Hacía lo que mejor supo hacer siempre; disfrutar de lo que el entorno le ofrece, sin ambicionar más allá de lo que se puede amarrar en ese momento.

Su cabeza también fue perdiendo músculo, no así lucidez. Las conversaciones ya no duraban cuatro, seis u ocho horas, pero daba igual. Aunque sólo estuviese activo durante 30min, seguía disfrutando de ricas conversaciones, de cariñosas compañías y hasta devolvía algún comentario que hasta la RAE hubiese tenido dificultades en catalogar como irónico, humorístico, intelectual o intrascendente.

Para tranquilidad de todos vosotros, cuando la limitación fue total, nuestro Duende permanecía tumbado en su casa del Barrio de Goya de Madrid, en esa cuyas vistas sobre el Madrid antiguo le ha provisto de enorme felicidad en todos estos años. En un edredón y colchón mullidos para la paz, esbozando sonrisa, placidez y tranquilidad. Todo ello gracias a una familia y amigos que tan sólo quisimos cuidarle como siempre él proyectaba a su alrededor; con ternura, paz y amor. Y por supuesto, sin sufrir. Sanidad del Siglo XXI en nuestra mano, este plácido dormir ha sido posible gracias al servicio de la CAM de paliativos ESAD, que han conseguido que papá haga su SIC TRANSIT  en casa, en paz, en familia, entre amigos. Lejos de hospitales que le recordaban a guerra, olores a canutillo de celuloide y otros olores químicos o simplemente mefíticos.

Y ojo, que El Duende ya avisaba… “la muerte es parte de la vida”.

Y se ha embarcado en su nueva aventura, a las 2:25am de un 25 de noviembre soleado y otoñal, de luna llena rasgada en Madrid.

Que ahora sean otros los que disfruten de su infinito ingenio, cariño, sabiduría… y añadan ustedes.

Siempre nuestro, con desbordante generosidad.

Gracias a todos por haberle leído y comentado y haberle hecho disfrutar así. El Duende valoró la felicidad en cachitos como éste; sencillos, tiernos, íntimos y geniales.

Nota: Acudan a este post y comentarios para informaros de los rituales pertinentes.


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