Posts Tagged 'Alianza de Civilizaciones'

Un rayo de sentido común

Rajoy de niño ya tenía cara de empollón. Mejor: si alguien quiere ser presidente de gobierno, que se lea antes los papeles...

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Homper hacía tiempo que no se quedaba perplejo por un motivo así. Cuando comunicaron los resultados del escrutinio, primero se pellizcó para comprobar que estaba despierto, y luego se rascó la cabeza con gesto de catador de vinos. O sea, pasmo, extrañeza, cierta sensación de que el triunfo de Rajoy tenía más gato encerrado que el deber de enfrentarse al caos. Finalmente Homper ensayó postura de pensador de Rodin  y dijo solemnemente para sí mismo la filosófica frase del día.

Ergo quedaba sentido común!….

Como Homper está jubilado y es de esos pelmas que se empeña en hablar de todo con el primero que se encuentra, repitió la frase cuando el tendero del barrio, luego de despacharle el pan, el periódico y la leche, le preguntó su opinión sobre el resultado de las elecciones. Y comprendiendo que el tendero no sería partidario seguramente del triunfador, añadió que lo del sentido común no era tanto porque el pueblo haya elegido la mejor opción como porque, desde luego, ha querido reprochar al PSOE sus dos legislaturas de desafueros.

-Va a se que sí, señor Homper –le dijo el tendero- Mi madre al principio de escuchar a ZP le parecía muy majo. Pero de la que empezó a romper todo lo que ya teníamos medio arreglado en España dijo: este chico no se ha leído los papeles.

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Leerse los papeles, pensó Homper. No está mal visto, caramba. Mariano Rajoy no ilusiona, no vende glamour, no dice frases hermosas como aquello de que la tierra sólo es del viento, es visceralmente incapaz de seducir a Ana Belén, a Bosé y a Almodóvar. Pero da la impresión de haberse leído muchos papeles antes de rechazar su plácido futuro de registrador de la propiedad para embarcarse en el arriesgado empeño de presidir un gobierno en España.

-Y mira que el ZP tenía labia. Pero…¿por qué no se leyó los papeles que hay que leer para saber donde te metes y qué terrenos pisas?

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No se leyó libros de economía y le estalló la crisis. No hizo las cuentas bien, ni se tomó el trabajo de calcular lo que tenía para gastar. Política energética, Plan Hidrológico, Informes PISA sobre Educación…¿de verdad leyó algo de todo eso?  Tampoco debió de haber leído a fondo la Constitución, pues la reventó él mismo después alentando estatutos imposibles. Pasó de Europa y de toda política exterior que no fuera Castro, Chávez y su fantasmagórica Alianza de Civilizaciones y así nos luce el pelo. Y, oh, sorpresa, en su gobierno y en su partido no hubo nadie con el suficiente peso y el valor necesario para darle un toque de atención y recordarle que hay que leerse bien los papeles antes de tomar decisiones importantes.

-¿Era lógico que el pueblo confiara en Rubalcaba, el mismo que ha secundado sin chistar todos los disparates de un jefe que se creía como Alicia en el país de las maravillas?

Faltó en los derrotados preparación y percepción de la realidad. Y faltó valor y autocrítica en el partido que los apoyaban. Homper piensa en cambio que lo que  no ha faltado es sentido común en el electorado, que harto ya de vendedores de crecepelo y utopistas de cristal prefiere ahora a un tipo serio que al menos se leerá los papeles.

 

 

El sueño de la Alianza de Civilizaciones

"¿QUO VADIS, PRESIDENTE, QUE ME TIENES TAN OLVIDADA?", dice la seductora ninfa del sueño...

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En la nebulosa amable que envolvía su sueño, se adivinaba la silueta de una bella mujer semidesnuda que trataba de seducirle.

-Ay mi Jose, mi Jose –decía mientras le besaba en el cuello buscando el encuentro con sus labios-Tanto que presumías de mí y ahora , que sí está el horno para bollos, me tienes olvidada…

El Presidente se estremeció entre las sábanas, como queriendo equivar aquella presencia espectral. Tenía fama de templado, casi frío e inaccesible en esta materia. Pero la ninfa onírica le acechaba de modo irresistible.

-¿Es que ya no te gusto?-insistió la mujer- Tanto dinero como te gastabas en mí. Tanto como presumías y me sacabas a pasear…¿Es que ya no te sirvo?

-¡Los pactos, los pactos!..-gritó el Presidente agitando los brazos mientras se incorporaba del lecho-¡Eso es lo que importa!….Convenceremos a Angela…Saldremos de la crisis…Volveremos a la Champions de la economía

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Se levantó de la cama. Encendió su aparato de radio y esperó a que decreciera su media erección antes de hacer el primes pis de la mañana. Las noticias de cabecera no hablaban de sus logros en las políticas sociales y económicas. Sino de la oleada de cambios en el mundo árabe y de la resistencia a dimitir del presidente Mubarak.

Sin embargo, por encima de este clamor, él seguía escuchando en su interior la voz del sueño.

-¿QUO VADIS, JOSE? –seguía quejándose su enamorada-¿No era éste el momento para que hablaras de mí? Con lo que se te llenaba la boca cuando llegaste al poder, y ahora ni palabra…

El presidente impecable se acordó entonces de su fiel Curro Moratinos, vehemente intérprete de la política exterior que debía cambiar este mundo convulso.

Un excelente ministro –pensó mientras  se sacudía la última gotita dentro de la taza, como era de esperar en hombre tan pulcro- Lástima que se tomara tan en serio lo de la Alianza de Civilizaciones...

El fenómeno de la Feria del Libro

Cualquier parecido entre esta historia y la realidad es pura coincidencia

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Según dos o tres críticos expertos en causas perdidas, Sergio Onday era el mejor escritor de la última generación. Su novela corta El abrecartas  sin filo les había dejado sin aliento.

Con una prosa sencilla, directa y limpia, la historia narraba la desazón de Mónica Blaz, una tuberculosa internada en el mismo hospital donde se desarrolla La montaña mágica de Thomas Mann. Un día Mónica recibe como regalo para aliviar su aburrimiento una novela titulada Desazón, impresa en cuadernillos que, como en tantos libros entonces, estaban sin abrir. Para ese menester sólo dispone de un abrecartas  sin filo. Mónica quiere rasgar las hojas para leer el libro, pero sus débiles manos son incapaces de accionar ese instrumento frustrado, y su timidez natural le impide solicitar ayuda al personal del hospital. Les estoy pidiendo que curen mis pulmones –escribirá en su diario-¿Cómo voy a distraerles rogándoles que me rasguen las páginas de una novela?

Primero desesperada y luego resignada, Mónica, cambia de pasatiempo. En lugar de emplear sus energías en tratar de rasgar las hojas de Desazón, se distraerá escribiendo. Y poco a poco, a una página por día, va contando en un cuaderno su propia historia, mientras la novela regalada permanece intacta en su mesilla. Hasta que una tarde el médico que le gira visita se apercibe de ello, se  ofrece a rasgar las hojas con una pequeña navaja que saca del bolsillo de su chaleco y le devuelve el libro apto para ser leído. Cuando el médico se despide y Mónica  se encuentra a solas con la novela abierta por su primera página, descubrirá asombrada que está empezando a leer exactamente la misma historia que ella estaba escribiendo.

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-Mis asesores mantienen que la novela es original-le dijo el director de la editorial al leerla- Y que además tienes todas las cualidades de un buen escritor. Pero para vender hace falta intriga, tensión, sexo, violencia y adobarlo todo con temas de actualidad…Qué se yo, léete a los best-seller, fíjate en sus temas y trabaja un poco en lugar de escribir chorradas de tuberculosos, que eso ya está pasado de moda…

A Sergio Onday le molestó sobremanera el mercantilismo de su editor. Pero más aún le dolió que pusiera en duda sus capacidades. Así que en menos de un año puso en las librerías La sangre de Malco, una historia complejísima en la que un agente del Mosad y una espía de la CIA llamada Alba Gómez –hay que innovar también en los nombres de las espías-, aparte de fornicar dos o tres veces por capítulo y en lugares tan pintorescos como la antorcha de la Estatua de la Libertad o en la cámara que guarda la momia de Lenin, desmontan una conspiración en la que los chiitas y Walt Disney –previamente descongelado, abducido por habitantes malignos de otro planeta y convertido en enemigo del capitalismo- conspiran para acabar con la civilización occidental.

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La novela, interesantísima, mezcla con esa maestría que sólo alcanzan los magos del best seller intriga, espionaje, política y ciencia ficción, e interconecta problemas y personajes actuales como el narcotráfico, la esteticienne de Berlusconi,  la mafia rusa, una red de obispos ludópatas que se juegan las custodias a las cartas, las relaciones entre Paco el Pocero y el implante capilar de Bono, las profecías de Nostradamus, las bragas de Belén Esteban, el sabotaje a los pozos de petróleo de BP y el idilio secreto, para consternación de la ONU, entre Ahmadineyad y la Duquesa de Alba, que ha dejado a su novio actual por poco marchoso. En el último capítulo Bin Laden avisa de que sus agentes secretos tienen minados el Museo del Prado, el MOMA, el Ermitage y la Basílica de San Pedro, que serán destruidos si no se le entrega en mano la receta secreta de la Coca-Cola y se le deposita en un barco especialmente habilitado para ello en aguas del Índico diez mil jamones de Jabugo indultados por el Corán. La ratificación del acuerdo ha de hacerse entre su hermano gemelo y la reina Isabel de Inglaterra, como jefa de estado más veterana de Occidente, y tendrá lugar en el balcón donde asoma el Papamoscas de la Catedral de Burgos. Pero una maniobra maestra de Alba Gómez y su colega del Mosad –que no podemos adelantar por no destripar el best seller – disfrazados ambos de intrépidos canónigos, da un giro imprevisto al argumento. Las cosas cambian,  se salva el mundo y La sangre de Malco acaba batiendo todos los records de ventas de libros conocidos hasta el momento.

Por cierto, el título hace referencia al incauto que, según el Evangelio de san Juan, desorejó san Pedro cuando las turbas pretendieron asaltar al Maestro en el Huerto de los Olivos. Enhebrar ese pasaje en el relato le costó lo suyo, pero Sergio Onday ya sabía que, aunque estamos en un mundo descreído y más bien laico, cualquier toque bíblico vende mucho, y purifica los réditos del pelotazo editorial.

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Para ese logro, Sergio tuvo que pasar una última y dolorosísima prueba. Tuvo que aceptar la tortura de ir tres tardes a firmar ejemplares del novelón en la caseta que la editorial había instalado en la Feria del Libro de Madrid. Como en todos los verdaderos éxitos editoriales, el boca a boca tardaba en calar, y la primera tarde fue un bochorno para el autor. Instalado en esa especie de microondas que es una caseta al sol furioso del junio madrileño, Sergio se vio igual que, cuarenta años atrás, había visto él a los animales salvajes de la cercana y ya desaparecida Casa de Fieras. La multitud pasaba ante aquel infeliz cabizbajo y de mirada perdida y le contemplaba extrañada, como si se tratara de uno de aquellos dromedarios o elefantes aburridos que habitaban en el primitivo zoológico del Retiro. Ni un solo lector compró un ejemplar o le pidió una firma.

La segunda tarde no fue mucho más halagadora. A la hora de ostracismo penoso, que él aliviaba siguiendo las evoluciones de un moscardón muy aficionado, al parecer, a las letras, sufrió un golpe de calor del que tuvieron que asistirle los del SAMUR. Una vez repuesto, sólo cuatro personas se le acercaron. La primera le preguntó si sabía donde firmaba Antonio Gala, la segunda si sabía dónde firmaba Alfonso Ussía, la tercera si dónde quedaba la caseta de Arturo Pérez Reverte y la cuarta si no le servía de molestia indicarle dónde quedaba el urinario más próximo.

Pero antes de la tercera y última tarde, ocurrió una de esas extraordinarias conjunciones astrales que le funcionan a todo el mundo, menos a Leire PajínLuis María Ansón le había dedicado a Sergio Onday una de esas encendidas cartas abiertas con las que pontifica desde su periódico amigo, Juan Cruz había elogiado con inusitado entusiasmo la novela en Babelia, el ministro Pepín Blanco, a la sazón, la gran esperanza del mismo color para salvar a su partido, confesó que era su lectura de cabecera para aliviar el stress de poder, Almudena GrandesBoris Yzaguirre no tuvieron inconveniente en reconocer que la novela les ponía, monseñor Rouco amenazado con excomulgar a los lectores de semejante aberración, el director  de la Alianza de Civilizaciones había lamentado en nota de prensa una publicación que podía herir la sensibilidad de los pueblos árabes y, finalmente, un apasionante reportaje televisivo titulado Cuando la Roja no juega revelaba que en las mesillas de noche de XaviCasillas, Fernado Torres y Villa, concentrados ya para el Mundial de Sudáfrica, destacaba un ejemplar de La sangre de Malco.

Se agotó la edición de la novela. Se agotaron también treinta ediciones más. Y antes de que Sergio Onday fuera internado en una clínica por el  agotamiento propio del autor con síndrome de éxito, la editorial le arrancó un compromiso al que él sólo tuvo que añadir unos cuantos ceros.

-Lo que quieras, lo que pidas- le rogó el director-Pero escribe otro libro para volver a firmar con nosotros en la Feria del Libro del año que viene.

-De acuerdo –musitó con voz débil antes de que se lo llevaran los camilleros- Siempre que me dejéis escribir lo que quiera y editarlo a mi gusto.

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El fenómeno de la Feria del Libro del año siguiente, fue, naturalmente, Sergio Onday, convertido ahora en el Stieg Larsson español. Y para cumplir su compromiso, se presentó en la caseta de su editorial el día previsto, no sin penetrar varias veces una cola inacabable que se enroscaba en torno al perímetro de la feria como una gigantesca rueda de churros. Le esperaban ya miles, decenas de miles de lectores ávidos de su firma.

El libro especialmente editado para la ocasión era un misterio. Se había empezado a propalar la especie de que Onday iba a sorprender con algo excepcional, y eso había aumentado aún más la expectación. Intuitivo para darse cuenta de que su destreza de best seller debía adobarse con guiños dirigidos a la crítica más ilustrada, aprovechó el redescubrimiento de una escritora como Carmen Laforet y de su famosa novela Nada para inspirar el título de su nuevo libro. Este sería, efectivamente, Otra nada.

En la caseta, las columnas de libros que esperaban su firma se amontonaban dejando sólo el hueco preciso para que se sentaran el escritor, su fisioterapeuta y su agente editorial. Sergio Onday fue recibido entre salvas de aplausos. Saludó, se sentó, se arremangó su camisa, tomó  una pluma estilográfica y sin dejar de sonreir abrió el primer ejemplar de Otra nada que le presentaron y comenzó su ardua tarea. Para Natalia –escribió en la dedicatoria- a la que espero sorprender con este nuevo libro que le dedico con tanto cariño…

-Muchas gracias-dijo con lacónica cortesía mientras entregaba el libro a la primera afortunada de la cola.

Nadie de entre sus miles de fans allí congregados se había percatado de que los ejemplares de Otra nada que firmaba Sergio tenían una peculiaridad  característica de las ediciones antiguas. Estaban  impresos en cuadernillos sin abrir plegados en cuarto, como había sido capricho de su autor. Cuadernillos intonsos, como, con más propiedad, dicen los encuadernadores y como contaba él en aquella  su primera novela que no le quisieron publicar.

A pesar de ello, la gran mayoría de los compradores se retiraron encantados de su compra. El libro apenas les interesaba, pero estaban convencidos de que la firma de Onday era en sí mismo un documento de inmenso valor. Los pocos audaces que se aventuraron a abrir los cuadernillos con un abrecartas –esta vez afilado- tampoco se vieron defraudados. Aunque las páginas aparecían en blanco, sin una sola letra impresa, y  aparte del título y de la dedicatoria manuscrita  no había en ellas nada que leer, el libro respondía a lo prometido por su autor. Incapaz de fallar a los que le habían encumbrado, Sergio Onday acababa de añadir otra nada más a la historia de la literatura.

El hombre de plastilina

El_monstruo_Gehena_en_plastilina

Al mirarse al espejo, Homper notó que tanto relativismo moral le estaba cambiando la fisonomía...

Se afeitaba Homper y veía en el espejo su cara de bobo más estupefacta que nunca. Estaba escuchando las noticias de la radio. Y se acordó de una de las frases más geniales de su admirado pensador Groucho Marx. Estos son mis principios –dijo éste- Claro que, si no le gusta, tengo otros. A eso ahora le llaman relativismo, o sensibilidad social

El siniestro secuestro del Alakrana. Se ha gangrenado entre el gobierno y la judicatura y ahora no hay genio de la política capaz de resolverlo. La vida de los secuestrados frente la firmeza del estado derecho. A ver quien ata esa mosca por el rabo.

No se intervino por la fuerza porque aunque al gobierno le amparase el derecho internacional se lo hubieran impedido sus escrúpulos: el diálogo balsámico, panacea universal de todos los males, el buenismo naif, el pacifismo a ultranza, la Alianza de Civilizaciones. In dubio, semper pro criminale. Y si  éste chantajea, ni un cachetito de niño malo: un poco más de déficit y que siga resplandeciendo la aureola del Obama descafeinado de Occidente. Este es mi estado de derecho- parece querer decirnos ahora. Pero si molesta a alguien, ya lo modificaré, siempre que no se comente demasiado.

-Es el estado de derecho de plastilina- le comentó a Homper un viejo compañero de la Facultad de Derecho mientras tomaban un café- Cuando la violencia es legítima, no la utilizo, porque no queda bien. Cuando la fiscalía me conviene, le pongo cachonda para que actúe. Pero si me mete en un lío, ya buscaré la manera de de burlar su celo. Al fin y al cabo, también nos enseñaron  que la política es el arte de lo posible. Menos mal que al personal el imperio de la ley le importa un comino. Mientras funcione el estado de bienestar, Belén Esteban y Jorge Javier Vázquez nos canten las uvas y haya fútbol gratis por la tele, adelante con los faroles.

Escucha Homper a la familia de los secuestrados mientras se da el alter shave. Y, como a cada quisque, se le desgarra el alma. También se le rompe pensando que poco a poco, a base de rebajar las aristas de las leyes,  nos van cambiando la arquitectura del alma. Hoy se mira ante el espejo como un ciudadano de nuestro tiempo y, sin llegarse a ver tan feo como el retrato de Dorian Gray, se siente extraño. Sin darse cuenta, se ha convertido también él en un hombre de plastilina.

Conoce tus fuerzas…ocultas

 

Se refiere a tus fuerzas armadas, claro. Pero la buena conciencia recomienda  maquillar algo la cruda realidad...

Se refiere a tus fuerzas armadas, claro. Pero la buena conciencia recomienda maquillar algo la cruda realidad...

Barak Obama es en sí mismo eso que ahora llaman un mantra. O sea, una fórmula de encantamiento cósmico que a él le ahorra mayores esfuerzos para triunfar. Por lo que piensa, lo que dice y lo que parece, el resto de la humanidad le hace la ola. Sólo los consabidos talibanes irreductibles le niegan su inteligencia y su liderazgo. Bush, que era torpe y encima poco simpático, se lo había puesto bien fácil. Pero de ahí a concederle a su sucesor el Premio Nobel de la Paz  por lo que hasta ahora ha sido sólo un sombrerazo de buenas intenciones, va un trecho.

-Mis amigas Edwina y Thelma están encantadas- dice la tía Clota- Ven la historia de Obama como una película de Frank Capra…Pero yo para chincharles les he dicho que este premio sólo es un desagravio por el feo del Comité Olímpico la semana anterior. Total, como las dos cosas vienen de Escandinavia, y ellas apenas distinguen…

-En España pasa lo mismo con algunos premios literarios-dice Homper– Se presentan cientos de novelas en sobres cerrados y bajo seudónimo. Pero luego casualmente el premio se lo lleva un escritor conocido que vende estupendamente.

-Ya entiendo… No dan puntada sin hilo.

-Elemental, tía Clota. Los premios son para los que se los merecen…y además dan lustre, claro.

Mantiene la tía Clota que antes que a Barak Obama deberían  haberle dado el Premio Nobel de la Paz…¡a Zapatero! Y como Homper se cae de culo de la sorpresa al escuchar semejante boutade, ella se explica.

-Mira, sobrino…No sólo fue el primero en hablar del talante y el diálogo como panacea universal. Sino que se sacó de la manga eso de la Alianza de Civilizaciones, que supongo que sonará muy bien en la Academia de Suecia. Y además, acabo de ver en la tele un anuncio de la campaña del Ministerio de Defensa y aparece Concha Velasco con un lema que dice: CONOCE TUS FUERZAS…Pueden ser tus fuerzas físicas, tus fuerzas mentales, las fuerzas eléctricas, las fuerzas vivas de tu pueblo, las fuerzas sociales…Nunca vi un ejército tan disimulado. Más pacifismo y les visten a los soldados de hermanitas de San Juan de Dios.

Subraya  Homper con una sonrisa la maldad de su anciana tía. Y se queda perplejo preguntándose cómo, puestos a premiar,  no dan un Nobel de la Gilipollez a los que, maquillando las palabras, pretenden  convertir la amarga realidad de la guerra en algo así como La ciudad de los muchachos. Y se acuerda del cabo Cristo Ancor, que en paz descanse. El creía combatir en unas fuerzas armadas, y seguramente estaba dispuesto a morir por la patria en Afganistán. Pero cayó perteneciendo a unas fuerzas innominadas y en un lugar donde, como en cualquier otra parte, sólo ocurren accidentes

 

 

Manifiesto por unos calcetines sostenibles

Exijamos unos calcetines que no se caigan y con refuerzos po encima del borde del zapato...¡Calcetines sostenibles YA!

Exijamos unos calcetines que no se caigan y con refuerzos po encima del borde del zapato...¡Calcetines sostenibles YA!

En Madrid, a veintinueve de mayo de 2009, comparecen el Duende y su Circunstancia .Ambos declaran estar en la plenitud de su facultades mentales, y se reconocen recíprocamente incapacidad general para casi todo. No obstante  lo cual, y por aquello de parecer más o menos apegados a la condición humana, EXPONEN

  1. Que están encantados con los primeros brotes verdes de la economía, y ojalá que no sea una figura retórica más del gobierno. Por cierto, a tenor de las fotos de EL PAÍS, lo que parece haber rebrotado de verdad es la juventud en el cutis de la vicepresidenta correspondiente.
  2. Que aunque no piensan consultar a la familia si se van a retocar las tetas, creen que el Ministerio de Igualdad está lleno de buenas intenciones. Si no, no tendría a la ministra que tiene.
  3. Que  entre las bombas atómicas de Corea del Sur y las centrales nucleares que el gobierno ignora,  pero a las que compra la luz que producen en Francia, prefieren las segundas.
  4. Que aplauden con las orejas las buenas noticias  laborales de Alfonsina, cuyas piernas, a diferencia de lo que cantaba Luis Aguilé de las de Carolina –¡Qué lindas piernas/ que tiene Carolina!/ No son cortas, no son largas/ no son gruesas no son finas- son largas y finas, pero estupendas. Además, expresan su confianza en que esto signifique un impulso para todos los que, como ella, necesitan trabajar.
  5. Que no saben si están más contentos por la triple corona del Barça o por la asunción de Florentino Pérez a la presidencia del Madrid. Vamos, es que viven sin vivir en ellos.

Por todo lo cual, ACUERDAN

  1. Escribir  y subir este post, a pesar de que durante dos días seguidos han sufrido el espantoso trauma de descubrir a mitad de la jornada sendos tomates en sus calcetines,  y precisamente a la altura del talón, donde  eran más fáciles de ver y, por ende, más susceptible de perjudicar a su imagen.
  2. Manifestar que, a pesar de la comprensible depresión derivada de tan infaustos hechos, y una vez superada la misma,  es su deseo renovar la cadencia habitual de los posts de este blog comentando noticias tan estupendas como las de la parte expositiva.
  3. Apelar al insaciable espíritu reformista de este gobierno para que, una vez arreglado el paro, la crisis económica, el sector del automóvil,  la vivienda, la educación, la justicia, los estatutos de autonomía, la memoria histórica, la regulación de Internet, la Alianza de Civilizaciones, el cambio de modelo económico, Europa, el aborto, las tetas y el agujero de ozono, prohíba la fabricación calcetines  cuyos refuerzos en el talón siempre quedan por debajo del borde del zapato y, por ende, facilitan agujeros casi más oprobiosos que los anteriormente citados.

POR COHERENCIA CON LAS REFORMAS SOCIALES  DE ESTE GOBIERNO: OPONGÁMONOS A LOS CALCETINES DE ESPALDAS AL PUEBLO. MANIFIÉSTATE  COLGANDO TUS CALCETINES CON TOMATES EN LA VENTANA O ENVIÁNDOLOS AL PALACIO DE LA MONCLOA. CONTRATO SOCIAL POR UNOS CALCETINES SOSTENIBLES ¡YA!

La quimera de la igualdad entre sexos

¿es que  la incontinencia de orina es sólo un mal femenino?...

La tía Clota está indignada: ¿es que la incontinencia de orina es sólo un mal femenino?...

El último mensaje de la tía Clota le había dejado a Homper aún más perplejo de lo acostumbrado.

-¿Qué pasa en España?-preguntaba-No decían que hay una ministra de la Igualdad? ¿Y a qué se dedica?

Homper le contestó que a las buenas intenciones: a depurar las desigualdades entre los hombres y las mujeres que la legislación democrática aún no ha conseguido superar.

-Digamos que es un desideratum, tía-contestó Homper-Los buenos propósitos concentrados en una especie de brindis al sol del gobierno Zapatero. Igual que la Alianza de Civilizaciones…Son como el azafrán  que ponemos en el arroz: no cambian el punto, pero lo dejan más bonito.

-Pues hijo, no lo entiendo-Hay discriminaciones tontas que a mí como mujer me molestan y que serían bastante fáciles de evitar…

La tía Clota sigue por Internet muchos programas de TV españoles. Admira Cine de barrio, y considera que al cirujano facial de Carmen Sevilla le debían  de dar el Premio Nacional de Restauración. Pero no resiste ciertos anuncios que pasan en éste y otros programas que concentran en la mujer los  más feos oprobios de la edad.

-¿Es que los hombres españoles son inmunes a los achaques de los años?-preguntó airada.

Homper le replicó que ya tenía algún amigo operado de cataratas y varios con problemas de sordera.

-Sí, hijo,sí -admitió tía Clota- Pero no es lo mismo eso que la incontinencia de orina o que se te caiga la dentadura por picar una croqueta en un cocktail. ¿O crees que a Beethoven y a Goya les gustaría que se supiera que se contaran esas cosas de ellos?

Repasó otras bajezas de la condición masculina que raramente se airean. Reconociendo que su marido Oscar, que en gloria esté, pase a ser un granjero de Vermont, también dejaba los aledaños de la taza del retrete sembrado de gotitas cada vez que iba a cambiarle el agua al canario.

-Yo aguantando y limpiando, y nunca le dije nada…-refunfuñó-…Para que ahora los anunciantes españoles me hagan sospechosa de hacerme pipí mientras tomo el te con las amigas….¿Dónde está la igualdad?

-La respuesta está en el viento- le dijo silbando la famosa canción de Joan Báez-Pero no te preocupes, seguro que de un momento a otro Bibiana Aída toma cartas en el asunto.

Se quedó perplejo Homper de lo aguda que era tía Clota en sus observaciones. Y lo cierto es que la primera vez que visitó el cuarto de baño tras esta conversación, se esmeró en apuntar bien para no esparramar la amarillenta quintaesencia de la desigualdad.


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