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Después de aquel 9 de noviembre

Se esperaba tanto de aquel 9 de noviembre, que el Agustinet incluso creyó que iba a curar la mamitis de sus vacas...

Se esperaba tanto de aquel 9 de noviembre, que el Agustinet incluso creyó que iba a curar la mamitis de sus vacas…

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El 10 N llenó de alegría al pueblo, pero no mejoró nada la mamitis de la vaca de Agustí. Este no esperaba encontrar al día siguiente de la gran efemérides un Servei de Veterinari de la Generalitat de Catalunya levantado milagrosamente de la noche a la mañana junto a su propiedad. Sin embargo le habían vendido tanta ilusión de que su voto, la autodeterminación y a la postre la independencia iban a cambiar su vida, que contaba con que algún signo externo, del cielo o de la tierra, premiarían su comportamiento de buen ciudadano.

A más a más cuando yo sí que voy a cumplir con la promesa del Avi- se dijo.

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La promesa fue en realidad una deuda contraída por su abuelo, el senyor Esteve que, desgraciadamente, no pudo cumplir en vida. El senyor Esteve había abandonado el pueblo de niño para hacer fortuna en la Ciudad Condal. Después de muchos años en oficios diversos se jubiló como cochero de don Enric Prat de la Riba, insigne político y escritor catalanista. Como entonces ni el fútbol era religión ni el Barça era més que un club, el señor Esteve, con sólo escuchar desde el pescante del coche las eruditas conversaciones que don Enric mantenía con sus amigos y correligionarios, se hizo catalanista furibundo e independentista frustrado.

-Este Franco nos ha fotut– le diría a su nieto cuando muchos años después, siendo ya taxista en Barcelona, volvía al pueblo de vacaciones- Pero llegará el día en que Franco muera y podamos votar y ver una Catalunya independiente.

-¿I aixó será bueno? –preguntaba el Agustinet en su infantil ignorancia.

-¡Y tanto!…Será tan bueno que ese día, para que lo recuerdes siempre, te regalaré una pirindola.

Una pirindola en el año 1943 era un buen regalo para cualquier chaval de pueblo. En las jugueterías de Barcelona las había más lujosas, como una de chapa serigrafiada en colores y dibujos preciosos, con sirena e incluso con música que sonaba al girar sobre su eje. El regalo del senyor Esteve, entendió el Agustinet, habría de ser una señora pirindola de esta categoría.

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Se murió Franco. Se murió el Avi. Se murió el padre del Agustinet, al que la independencia le preocupaba menos que las vacas de las que vivía. Se votaron muchas cosas, pero nunca la autodeterminación. Entonces el Agustinet, soltero y solo en la vida, ya era lo bastante mayor como para que la pirindola no fuera precisamente el primero de sus sueños, pero todos los meses de noviembre se acercaba al cementerio y delante de la tumba de sus mayores le explicaba al senyor Esteve que aún no había llegado el momento del regalo póstumo.

-Pero no te preocupes, Avi- le decía- que el día que votemos la independencia me compro en tu nombre la mejor pirindola y la hago bailar sobre tu lápida, para que, aunque sea desde el más allá, te des el gustazo de cumplir con tu nieto.

La Rosé, que coincidía con él en la tumba de al lado poniéndole flores de plástico a su difunto marido, le mirada con cara de tonta. La Rosé había sido una mujer hermosa, pero había cosas del Agustinet que le ponían cara de tonta.

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La Rosé y Agustinet coincidían en el Hogar del Jubilado por las tardes, donde veían juntos Sálvame y luego jugaban al parchís. La Rosé era viuda sin hijos, y vivía con su gata de su pensión, de sus gallinas, de su huerto y de bordar mantelerías para una señora acaudalada que se las encargaba cuando tenía que hacer regalos de boda. Un día, en las fiestas del pueblo, se bailó en la plaza una gran sardana en la que el Agustinet buscó la mano de la Rosér, que apretó varias veces mandándole señales. Luego, en la sesión para los mayores amenizada por la orquesta del Pep Ferrerons, especializada en boleros, valses y foxtrots, el Agustinet, por primera vez en su vida, se arrancó y sacó a bailar agarrado a la Rosér. Como nunca se habían visto tan juntos, tuvieron que hablar. Apenas hablaban cuando se veían normalmente, pero se miraban mucho. Aquel día Agustinet debió de concluir que ya no les quedaba mucho tiempo para ocultar sus sentimientos.

-Que digo yo – le susurró mientras el Pep cantaba Toda una vidaque si no nos iría mejor juntando meriendas.

La Rosér puso su cara de tonta tradicional y retiró la mirada hacia el saxofón de la orquesta de Ferrerons.

-¿Que no sería una buena cosa que nos casáramos?- insistió el Agustinet.

La Rosér acabó la pieza sin decir palabra. Al final de la fiesta, cuando los viejos del pueblo emprendían la retirada y la banda de rock duro Pebre Catalá tomaba el relevo, el Agustinet le requirió una respuesta concluyente.

-Nena, si us plau…

-Ay, no se, no se –respondió visiblemente ruborizada la Rosér- Ja en parlarem.

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Dos días después de aquel que según los padres de la patria catalana iba a cambiar el destino de ésta, Agustí y Rosér quedaron en el cementerio. El Agustinet no tenía muy claro para qué, pero había votado el 9 de noviembre los dos síes que le pidieron. La Rosér también, y ambos debieron de pensar que era hora de ofrecer sus votos a sus difuntos, que al fin y al cabo celebraban calladamente su mes. Agustinet había ido antes al mejor bazar chino de la comarca para comprar una lujosa pirindola, que le permitiera homenajear al Avi. También compró el periódico, por si la Rosér se retrasaba y La Vanguardia era capaz de explicarle entretanto cómo la nueva Catalunya le iba a solucionar la mamitis de sus vacas, que ya eran cuatro las afectadas.

Bon día, Rosér –dijo cuando la vio aproximarse a la tumba en la que esperaba sentado tranquilamente mientras leía las noticias- Todo ha cambiado ya…

La Rosér se encogió de hombros mientras avanzaba trastabillando hacia la tumba de su difunto esposo. Mientras en su mano derecha portaba un nuevo jarrón decorado por un san Jorge alanceando al dragón, en la izquierda llevaba una bolsa del bazar chino por la que asomaban claveles rojos y amarillos.

Aixó mateig- respondió la mujer mientras sacaba brillo con su pañuelo a la boca del jarrón miniada en oro- Por eso he de cambiar las flores a mi Magí…¡Hasta las de plástico se destiñen, noy!…

Lo que siguió fue muy emotivo. La Rosér retiró los adornos descoloridos y plantó en su lugar el jarrón del san Jorge con seis claveles rojos y seis amarillos componiendo en abanico una senyera floral.

-¿Eh que es maco?- dijo la mujer mientras contemplaba su ofrenda con los brazos en jarras y por primera vez sonreía en un cementerio.

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Agustinet derramó entonces una larga mirada sobre las tumbas que les rodeaban y dejó escapar un suspiro.

-¿Sabes que hay una nave espacial que ha volado quinientos diez millones de kilómetros hasta un cometa que se llama Churynosequé sólo para que conozcamos mejor a nuestro sistema solar?–dijo mientras sacaba la pirindola de su caja y la ponía sobre la lápida de sus muertos.

-¿Y de qué cosas se entera la nave esa? –preguntó la Rosé mientras barría con una escobilla las hojas secas que se agolpaban alrededor de la tumba de los suyos.

-Qué se yo…No creo que averigüe nada de nuestro futuro. Ni de la independencia de Cataluña, ni de la mamitis de mis vacas, ni de si quieres que nos casemos, ni…

-Yo Agustinet –interrumpió la Rosér- igual me casaría, te lo aseguro…Pero como que con este lío entre el referéndum, el Mas y el Rajoy, una no sabe si es catalana o española, y, sobre todo, tampoco tiene seguro quién le pagará la pensión, hasta que no lo tenga claro no te puedo dar el sí…

-No fotis, Rosér –farfulló el hombre a punto de sollozar.

Lo siento, noy-dijo la Rosé- Pero de momento, aixó no pot se.

El Agustí, que había ido dando cuerda a la pirindola mientras escuchaba pacientemente a su amada esquiva, la lanzó con tal ira sobre la lápida del Avi que el juguete, después de girar frenéticamente como un trompo descontrolado, saltó a la tumba de al lado y fue a estrellarse contra el jarrón de la Rosér. Este cayó de su pedestal, se hizo añicos y dejó desparramada sobre la piedra musgosa la bella senyera floral made in China.

¡La mare de Deu, que absurda es la vida, collons!- clamó desesperado el Agustinet.

Mientras desde el cometa impronunciable la sonda Philae marcaba un hito sin precedentes en la historia de la humanidad, la Rosér arrodillada y tragándose las lágrimas recogía con la escobilla los restos del jarrón, las flores de plástico, y hasta la pirindola abollada. Definitivamente el Agustinet era un buen hombre, le daba pena verle tan preocupado por la mamitis de sus vacas y tan frustrado, y además ella misma estaba harta de vivir a solas con su gata y sus gallinas. Pero creía que las cosas de comer no eran como las de la patria, y que con las cosas de comer no se juega.

-A Dios pongo por testigo –gritó al cielo encendido por el crepúsculo como una Escarlata O´Hara– que, con independencia o sin ella, yo ni vuelvo a votar ni me caso hasta que sepa quién va pagar mi pensión.

Volvieron al pueblo juntos, agarrados del bracete y en silencio. Esperaban tal vez otro 9 de noviembre más claro que les pusiera su alma en paz.

 

Una ucronía catalana

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La historia había reservado esta fecha para nosotros –se dijo Magín orgulloso cuando recibió los resultados de la votación. Se sentó en una silla, puso su cartera de pie sobre sus rodillas, inclinó la cabeza sobre ella y se echó a llorar. Un observador insensible hubiera creído que sus lágrimas eran convencionales, agua y sal como las derramadas por cualquier lacrimal, pero él sabían que cada gota se descomponía en diminutas moléculas, que las había de color rojo y amarillo, y que cuando resbalaban por sus mejillas iban trazando sobre su rostro la inconfundible huella de la Senyera. Se sacó el pañuelo del bolsillo de su chaqueta y se las enjugó. El pañuelo, como el algodón, tampoco engañaba: eran lágrimas de emoción, pero inconfundiblemente catalanas Se levantó y buscó el cuarto de baño, levantó la tapa de la taza del retrete y se dispuso a orinar. El chorrito, como si fuera el de la fuente de Montjuich, también se descomponía en estrechas rayitas de líquido rojo y amarillo.
-¡Y no me escuecen!..-gritó jubiloso- No son las hematurias que de vez cuando bien me joden…¡Es que hasta mis riñones depuran catalanidad!…
Se lavó las manos, se refrescó el rostro, se miró en el espejo. No cabía en sí de felicidad. Sacó de su bolsillo el teléfono móvil y marcó el teléfono de la Nuria.
-¡Hemos triunfado, nena!- dijo entre sollozos-¡Ya podremos ser lo que queramos!…Pero no se lo digas al hereu, déjame que sea yo el que le dé la gran noticia.
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El plan había funcionado a la perfección. El comando secreto del FRENCOÑAR (Frente de Encoñados con la Autodeterminación y el Referéndum) había desplegado todos sus efectivos una semana antes en la capital del Reino. Valiéndose de una red de Mataharis y Philbys de nueva generación que actuaron con una meticulosidad, una discreción, una imbatible capacidad de seducción y una inteligencia excepcionales, habían conseguido inocular en los botellines de agua mineral de todos los representantes de los partidos opuestos a su proyecto un compuesto químico que durante veinticuatro horas alteraba sus facultades volitivas, y necesariamente les impelía a votar en contra de sus convicciones. Al fármaco le llamaron coloquialmente Arturina, y no tenía más efecto secundario que el dejar en los diputados la misma sonrisa autocomplaciente, como de soyelreydelmamboysonríoporquemesaledelníspero, que el ausente Molt Honorable President de la Generalitat exhibía en todas sus comparecencias públicas. En el momento de emitir su voto, un par de diputados del partido del gobierno llamaron tía buena a la diputada Pilar Rahola, y tres diputadas de la coalición ITAI (Irredentos y Tocapelotas por la Autodeterminación Imposible) hicieron ojitos a Rajoy y a Rubalcaba mientras les lanzaban besos y les piropeaban con epítetos como cachas y macizos, pero según el Observatorio de la Igualdad y de la Dignidad en los usos parlamentarios dichas actuaciones no restaban validez alguna a la votación. Por la misma razón tampoco se anuló el voto de un diputado en cuyo índice de la mano alzada se distinguía perfectamente un moco verduzco, ni el de otro padre de la patria que aprovechó el mismo gesto para hacer una peineta con incierto destino

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El caso es que, contra todo pronóstico, la propuesta del Parlamento de Cataluña para organizar una consulta secesionista salió triunfante. Y el cerebrín Magín, diseñador y ejecutor de la hábil estrategia de persuasión contra la intransigencia española, pudo al fin vivir su momento de gloria.
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Cerebrín Magín estaba tan ahíto de triunfo que prefirió desmarcarse del resto de su equipo y volver sólo en el AVE. Hasta Zaragoza sólo pudo sestear, soñando el primer desfile que festejaría a la nueva nación que inevitablemente saldría del referéndum. De Zaragoza a Lleida anotó pequeños problemas sin importancia que el nuevo gobierno habría de resolver para demostrar que la independencia tenía sentido. Cómo convencer a Europa de que ganaban un nuevo socio, cómo remendar el agujero de la deuda y el déficit, cómo poner en marcha una sanidad, una educación, una justicia y una defensa propias, cómo relanzar la economía, cómo acabar con el paro, cómo pagar la pensión de la yaya, cómo convencer al Estado de que el Barça debería jugar por el momento la Liga española…
Ah, el Barça…Habían sido sus últimas temporadas deslumbrantes el mejor argumento para que su pequeño Maginet, el hereu, entendiera lo que significaba la Catalunya triomfant que se canta Els Segadors. Y el noy lo entendería, claro que entendería que, pudiendo elegir lo que sus ciudadanos quieren ser, Cataluña sería la soñada por los nacionalistas de toda la vida.
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La capital estelada respiraba euforia. Pero Magín sólo quería llegar cuanto antes a su casa para abrazar a su pequeño y anunciarle la gran noticia por la que tanto había luchado.
-¡Maginet! –clamó el cerebrín abriendo los brazos al nen que le recibía con la samarreta del Barça- ¡Ya podemos celebrar el referéndum!…Ya podremos elegir la patria a la que queremos pertenecer.
El heréu se llevó el dedo a la boca, pensativo.
-¿Qué no lo entiendes, noy?-dijo el gran estratega sacudiendo al niño por los hombros.
El chico entonces se volvió de espaldas y le mostró al padre el nombre  estampado al dorso de su camiseta de su gran ídolo del Barça, el hombre que posiblemente más hecho por la gloria de Cataluña en los últimos años.
-Entonces, pare…-preguntó el hereu sonriendo como un ángel- ¿ja podrem ser de Fuentealbilla como el Iniesta?

Verificando, que es gerundio

Un poco harto de ciertas estupideces a las que conduce la política, tú también tienes algo que verificar...

Un poco harto de ciertas estupideces a las que conduce la política, tú también tienes algo que verificar…

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Te enteras de que llegan a Bilbao unos señores bastantes importantes a los que llaman verificadores.

Deduces que son importantes precisamente por eso, porque salen en el Telediario, aunque  parece que lo que tienen que verificar lo verifica cualquiera, o sea, que ETA  ya no asesina. Dan ganas de decir aquello de a buenas horas mangas verdes.

¿Por qué no venían a verificar los pistoletazos en la nuca, los coches bomba, los atentados en supermercados y casas-cuartel de la Guardia Civil? ¿Cómo no se precipitaron a verificar el número de mutilados y de enfermos mentales crónicos que ha dejado en España el terrorismo? ¿No se les ha ocurrido verificar cómo crece un niño huérfano o cómo sobreviven las viudas, los padres y los familiares de aquellos borrados inicuamente de la vida por una pulsión criminal? ¿Hace falta ser muy experto para verificar la ruindad de los autores de estos delitos? ¿No nos hubiéramos ahorrado todo el dolor y la vergüenza que produce el enmascaramiento de esta salvajada en la política si los ilustres verificadores hubieran verificado a tiempo que lo que ETA ha perpetrado es un sinfín de crímenes, y nada que merezca ninguna otra consideración?

Pero ya que se han decidido a verificar –algo tarde por cierto- que al menos verifiquen dos cosas. La primera, que los culpables de esos delitos van a cumplir sus penas como cualquier otro delincuente. Y la segunda, que los que hoy pretenden presentar a esta ralea como héroes o santos tampoco son la mejor receta para que los vascos se sientan orgullosos de serlo.

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Tanto jalean  a estos verificadores que te dan ganas de ofrecerte tú también para ese menester.  No te falta tiempo, ni capacidad para observar y verificar. Hoy mismo has echado un vistazo al panorama y has verificado cómo un día tras otro el hombre sigue tropezando en la misma piedra. Los dramáticos sucesos de Kiev, Venezuela, Ceuta, Artur Mas con su consulta, contumaz como Mateo con la guitarra, el PSOE que se comporta con el PP como el PP lo hacía con el PSOE cuando era este el que gobernaba, otro político bajo sospecha por una cuenta en Suiza, la consabida  mano  negra persiguiendo al Barça por un quítame allá esa presunta chorizada, el presidente de Iberdrola lamentando que los españoles no le seamos lo bastante rentables…

Nada es demasiado estimulante. Así que escapas al campo y verificas que sigue lloviendo, pero que a pesar de eso las flores del almendro asoman tímidamente, y una pareja de carboneros tontea ya presagiando la primavera. Nadie te va a sacar en los telediarios por estas verificaciones, pero tampoco nadie te podrá negar buena voluntad.

Totus Tuus, Tito

No eres ninguna figura del fútbol, pero estás en el mismo club que Tito, y te sientes tan protegido como él...

No eres ninguna figura del fútbol, pero estás en el mismo club que Tito, y te sientes tan protegido como él…

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El jueves 20 de diciembre sales de tu penúltima sesión de radioterapia  a vas la otra radio, la que aún se alimenta de voces y de música. Acudes a RNE por cumplir un acuerdo y dar fe de vida. Ya no tienes que molestarte en parecer ingeniosillo ante el micrófono, ni en hacer risas, ni mucho menos en  arreglar el mundo con un pensamiento preclaro o una frase genial. Apenas se te pide un detalle de de lo que eras, como a esos toreros que un día fueron figuras y acaban sus días de peones de brega. Un quite, un poner en suerte el toro para que se luzca el maestro, unas banderillas  graciosas a lo sumo.

Y estás encantado de tu papel de secundario.

Lo importante ese día no te concierne a ti, aunque a la postre te afecte. Y mucho. La noticia del jueves es que a Tito Vilanova, el entrenador del Barcelona ha recaído en su cáncer de parótida. Tú recordabas que hace un año pasó por un grave problema de salud, pero no creías haber leído en su caso ni la palabra cáncer ni la palabra tumor. Quizás aún imperaba el eufemismo como protección contra el severo mal. Ahora recae en su enfermedad y el cáncer sale del armario sin el menor recato. Ya no da mal agüero a terceros, ni yuyu, ni resulta tan extraño y odioso para la mayoría de la gente. Mejor es un gordo de la Lotería, claro, pero el que no tenga un tumor, o un pariente, o un amigo, o un conocido con él, que levante la mano.

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Sorprendentemente, la enfermedad maldita está dejando de ser tabú y se convierte por obra y gracia de los famosos que la padecen en un buen motivo para la solidaridad y, en cierto modo, la admiración. Es un banderín de enganche al que se apunta hasta el último de la fila. En el mundo del fútbol hay conmoción. Tito Vilanova no es una estrella, más bien se comporta como un tipo discreto y refractario al protagonismo. Pero lo valiente no quita lo cortés, o la rivalidad no mata lo humanitario. En estos casos tó er mundo es güeno. Y desde el  Madrid hasta el Iliturgi,  acaba recibiendo de todos los equipos un vendaval de adhesiones que casi comprometen a los más fieros enemigos del Barça.

Totus tuus, Tito-parecen decir parafraseando el lema de Juan Pablo II.

Tú te quedas pasmado. Raro, ¿no? ¿Pues no dicen que la envidia   forma parte del patrimonio nacional?… Contrario sensu esta desgracia de un gran triunfador debería provocar millones de alegrías. Si bien en el fondo estás encantado de que no sea así, porque aunque Tito sea del Barça y tu equipo sea el Aleti, ahora ambos estáis en el mismo club.

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Pertenecías al club Escépticos sin Fronteras, al Círculo de Escritores sin Escritos, al de Sufridores del Atlético de Madrid (en pleno proceso de reconstitución), a la Federación de Amantes de los Juguetes de Hojalata, al ateneo de Náufragos del Pensamiento Cierto, al parnasillo de Poetas Varados, a la Cámara de Adictos a los Polvorones,  a la Liga de Adoradores del Mago Tamariz, a la de Amiradores de Bach, a la Asociación de Discípulos de Groucho Marx y-admítelo, aunque ahora vayas de bueno-  a la gran Cofradía de Odiadores del Dale a tu cuerpo alegría Macarena. Aunque todas estas organizaciones te parezcan irrelevantes en este momento.

Ahora tu vida ha cambiado, y pones tu vista en otros puntos del horizonte. Ahora, cuando sólo eres uno más entre miles de afectados por tu enfermedad en los que antes ni reparabas, la gente se interesa por tu salud,  te cuidan, te miman y hasta te jalean por pertenecer al mismo club que Tito Vilanova. Y eso que tú no vas a hacer campeón de Liga a nadie.

Y el efecto es fantástico. El Totus Tuus que iba para el entrenador del mejor equipo de fútbol del mundo resulta que también es Totus Tui. No es que todos tus familiares, amigos y conocidos se afanen en agradarte. Es que este mundo,  que de puro absurdo y rompepelotas estaba dispuesto a acabarse el viernes, empieza a desplegar ante tu mirada las miles de pequeñas razones por las que, como recuerda siempre Frank Capra por estas fechas, ¡Qué bello es vivir!

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El viernes  aún llevas en la boca el regüeldo de la quimioterapia, que no es justamente el bouquet más agradable para empezar el día. Sin embargo, después de acabar con tu radioterapia, un café con tostadas en grata compañía femenina se convierte en Desayuno con diamantes.

 Luego ves a una niña rubia con coletas vestida de pastorcita dando saltos en el Auto de Navidad del Colegio Estudio al compás de las dulzainas y rabeles y casi se te saltan las lágrimas de la emoción, porque la obra tiene su encanto naïf, y estás convencido de que tu nieta será una Scarlet Johanson deslumbrante.

A continuación te llevan al campo. Y cuando llegas a tu casa de piedra en el monte apenas un lucecita y el tenue resplandor de la luna ya muy menguada que se cuela entre el espeso celaje de nubarrones plomizos te transporta a una atmósfera mágica, muy de cuadro de Caspar Fredrich  o de película de Tim Burton.

Luego cenarás una espinacas a la crema y gracias a la Cortisona, que potencia tu apetito hasta para comerte a un fraile por los pies, te parecerán como firmadas por Paul Bocusse.

Finalmente la paz del bosque de castaños y robles, el silencio de la noche sólo roto por el murmullo del chorrito de la fuente y el apacible manto del primer amago del invierno más bondadosos que se recuerda amparan tu sueño.

-¿Será esto para tanto como dicen? –te preguntas sorprendido de tu propio bienestar antes de dormirte.

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El Cyanopica  Cyanus, vulgo rabilargo, no deja de ser un córvido estiloso vestido por Armani. Picoteando las aceitunas de los olivos aún entre dos luces puede parecer un pájaro ligeramente siniestro, porque el sábado amanece gris y encelado. Es la primera estampa de vida animal que ves  al asomarte por la ventana en la mañana inaugural del invierno. Da igual, el avechucho te parecerá  tan precioso como un tucán o un guacamayo Jacinto. No sabes por qué, pero ahora has pasado de ver la botella medio vacía a verla del todo llena, como si antes tuvieras trastocada tu escala de valores.

Mientras desayunas dos tostadas de pan de hogaza con aceite y un café con leche, ya sin ningún regusto químico, ves también dos petirrojos jugueteando sobre la hierba al calor del primer rayo de sol del domingo. Sales al aire libre, doce grados de invierno de mentirijillas, paseas por el jardín estirando lo brazos entre las bolas rojas del acebo y los cotoneaster, todo muy navideño, y aunque tu fe es de la categoría porsi por si es vedad  lo que nos contaban los curas en la escuela, que decía Doña Maríate pones estupendo.

-Gracias, Señor, por enseñarme a tiempo lo que vale un peine- te atreves a decir por lo bajini.

Y te acuerdas de todos los que no han tenido la suerte de caer en el club del Totus Tuus, Tito. Es osado aventurarlo, pero quizás  no sepan lo que se están perdiendo.

El pintor de la partícula de Dios

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En el año 2.053  los avances de la ciencia habían rebasado los límites de lo imaginable. Habían conseguido incluso que los abrefáciles de los envases de alimentos abrieran fácilmente, como prometían, y que, contraviniendo a la Ley de Murphy la tostada no cayera ya del lado de la mantequilla, sino del otro lado. Por supuesto, la inmortalidad estaba ya al alcance de los mortales, si bien sólo algunos futbolistas del Madrid y del Barça y algunos ex directivos de Cajas de Ahorro indemnizados a tiempo podían permitirse el lujo  de pagársela.

Las mentes también habían evolucionado. La Iglesia de Roma, por ejemplo, después de echarse las manos a la cabeza cuando en 2.012 se empezó a hablar de la partícula de Dios, como si Dios fuera un jarrón de `porcelana que pudiera romperse en mil pedazos, había acabado admitiendo que siendo la razón patrimonio del ser humano, y éste mismo creación de Dios, debería asumir como razonablemente divinas, y por tanto ortodoxas, las conclusiones de la ciencia.

-Renovarse o morir –dijo el Papa Audacio I- Si la Iglesia sigue contemplándose en el pasado y no mira hacia el futuro podría podría pasarle lo que a la mujer de Lot.

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Entretanto, los discípulos de Eric el Belga y del electricista conocido como Manoliño, el Calixtino, se habían empleado tan a fondo que habían saqueado prácticamente toda la imaginería, los cuadros y los tesoros de todos los templos católicos.

Tanto avance y tanto progreso y aún no hemos ido capaces de inventar un antirrobo para nuestro patrimonio cultural- refunfuñó el Santo Padre cuando le comunicaron que había sido sustraído el último arcángel románico que aún se conservaba en el rincón más recóndito de la ermita más inaccesible del orbe cristiano.

El Papa  entonces llamó al director financiero de la Iglesia de Roma y le comunicó sus intenciones.

-A grandes males, grandes remedios. Vaya tirando de chequera, porque voy a convocar a los mejores artistas del universo para que decoren nuestros templos a la luz de la fe de nuestro tiempo.

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Entretanto, la ciencia había conseguido también el milagro de resucitar a los genios más interesantes de la historia. De modo que al concurso del papa Audacio acudieron especialistass tan acreditados como Berruguete, Rafael, Juan de Flandes, Leonardo, Mantegna, Fra Angélico, Tiépolo, Juan de Juni, Goya y Zurbarán, entre otros,  todos resucitados con muy buena cara y con ganas de trabajar. Amen de la pléyade de artistas contemporáneos que, dado lo prolongado de la crisis económica –más de cuarenta años ya- no vendían un clavel y estaban lo que se dice caninos.

-El proyecto es importante –dijo el Papa en la primera audiencia virtual que concedió a los convocados por teleconferencia- Por una negligencia continuada que aunque es imperdonable nosotros mismos nos hemos perdonado, pues para eso administramos el sacramento de la penitencia, todo el patrimonio y el tesoro artístico de nuestra Iglesia de Roma ha desaparecido. Así que vayan preparando un proyecto para una gran obra que servirá como modelo para empezar a reponerlo, y que deberá de recoger en un gigantesco retablo todo el orden celestial. Eso sí –remarcó Audacio I- El orden celestial a la luz de la fe de nuestro tiempo.

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Para que no tocaran de oído Audacio I repasó de carrerilla lo que se entendía por el orden celestial. A saber, desde Dios uno y Dios Trino, con el Hijo y el Espíritu Santo, al último angelito. Pasando por los apóstoles, los arcángeles, serafines, querubines, tronos, dominaciones, virtudes, potestades, profetas, santos del montón, beatos y otras criaturas con papeles notorios en la  historia de la Iglesia de Roma.

-Eso sí –insistió- Entiéndase que la doctrina evoluciona, y que después de esta perestroika vaticana que he organizado no debemos de olvidar que la fe se concilia con la ciencia.

No fue bien entendido este briefing por la mayoría de los concursantes. Los Berruguetes, Junis, Flandes, Rafaeles, Leonardos, Grecos, Serts y demás compañeros genios habían renovado en alguna medida su arte, pero se atenían a  los cánones clásicos. Después de una sesuda deliberación, el jurado de especialistas, presidido por el sumo pontífice Calvo Serraller, entendió que el elegido debía ser Miquel Barceló, único de entre los llamados que había retratado certeramente con sus mágicos pinceles y sus no menos misteriosos chafarrinones no sólo a la Partícula de Dios, sino a todos los bosones, leptones, quarks, gluones, protones electrones y no se cuántos corpúsculos de los co….. que, según los físicos cuánticos, constituían el nuevo orden de la creación.

Y Barceló fue el ganador del concurso.

 -No hay más que ver cómo ha retratado a los bosones-apuntó el secretario del jurado.

 -¿Pues qué me dice del verismo de sus quarks?…¿Y de la calidad de sus leptones?-subrayó el presidente.

Hubo unanimidad de la crítica en el fallo final. Aunque aquella interpretación de la ciencia, y no digamos del arte, no la entendiera ni el mismísimo Dios de toda la vida. El cual,por cierto, y a pesar de los progresos de la razón, seguía en sus trece, ojo avizor.

 

 

 

La Copa del Rey y otras que vendrán

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Diez años después de aquella jornada gloriosa en que los diputados nacionalistas incitaran a las puertas del Congreso a que se pitara al Jefe del Estado y al Himno Nacional el día del partido de la final de la Copa del Rey de Fútbol las cosas habían cambiado notablemente. Por ejemplo, en lugar de una, había varias copas. La del Rey, la del Lendakari, la del Molt Honorable President de la Generalitat, y la del Presidente de la Xunta. En lugar de una final, varias finales, en varios estados, con varios himnos que, estos sí, eran escuchados con sumo respeto y celebrados con cerrados aplausos. En los estadios había menos público. En las teles, menos espectadores. Las taquillas eran bastante ridículas. Los patrocinadores, bastante menos rumbosos. Txorizos el Morrosko (para la Copa del Lendakari), Samarretas La Tieta (para la Copa de Catalunya) y Oruxo das Bolas Peludas (para la Copa de Galicia).

En la final de la Copa de Euzkadi el Athtletic Club de Bilbao ganaba por penaltis al Indauchu, en la de Catalunya el Barça goleaba al Santa Coloma de Gramanet y en la de Galicia el Compostela se imponía al Celta de Vigo. Los nacionalistas se pusieron muy contentos, pero los aficionados no estaban tan entusiasmados.

-Esto de hacer nación a pelotazos resulta poco emocionante –decían.

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¿Cómo se había llegado a esa situación?

Después de aquella provocación de los diputados nacionalistas ante el Congreso de la nación a la que representaban, el TEIS (Tribunal Especial para Impertinencias Separatistas) se tomó en serio la afrenta, juzgó los hechos y emitió una sentencia en virtud de la cual conminaba al Congreso de los Diputados a que diera una patada en el trasero a los autores de la afrenta. Y no sólo invitaba a los provocadores a que se considerasen independientes del todo, sino que les obligaba a ello. Al menos en lo que se refería al ámbito de las competiciones deportivas. La frase final de la sentencia, anda y que os vayan dando, habría de sentar jurisprudencia.

En los considerandos pesaron argumentaciones jurídicas de distinto rango y procedencia. De la Declaración Universal de los Derechos Humanos se estimó el reconocimiento de la libertad del ser humano para elegir y decidir, derecho que hay que respetar incluso en el caso de que el pobre ser humano se equivoque.

De la doctrina de la culpa y el dolo del Derecho Penal se destiló el principio de la responsabilidad de los actos, y de la coherencia y la adecuación entre lo que pretende el indepentista impertinente y la respuesta del Estado. Así lo reflejaban los párrafos de la sentencia si estamos a Rolex, estamos a Rolex, pero si estamos a setas, estamos a setas. A lo cual le daba un matiz aún más severo esta expresiva frase que, por su justeza y pulcritud, parecía obra de Papiniano, de Justiniano, o de de Alfonso X el Sabio: si quieres caldo, toma taza y media.

Finalmente de la teoría del Abuso del Derecho se recogió el sentir de los diputados que representaban a los partidos no nacionalistas. Estos consideraban que la Ley Electoral primaba descaradamente a los partidos nacionalistas. Los cuales, abusando de su posición y su privilegio, hacían pedorretas malolientes a los símbolos de la nación española. A la que, en lugar de respetar y servir, como juraron o prometieron, ofendían para escarnio del resto de los españoles y de los simples aficionados al fútbol. Aquí los considerandos partían de citas de clásicos como CicerónQuosque tandem, Nacionalistas, abútere patientiam nostram?– para acabar con una rotundo pensamiento que el derecho moderno, que debe modular sus normas acoplándolas a las necesidades sociales, ha hecho suyo. La idea, piedra angular de esta sentencia que, como decimos, sería considerada ejemplar, es de una claridad meridiana: Estamos hasta los cojones de nacionalismos abusones.

3
No estaba muy clara la función del TEIS en la arquitectura institucional del Estado. Pero como el derecho en España es, sobe todo un deseo, un según y como, una realidad evanescente y a menudo sorprendente, pues unas veces se cumple y otras tararí que te vi, la cosa es que la sentencia de marras prendió en el espíritu de la mayoría del pueblo.

Y al contrario de otras muchas leyes y sentencias que jamás se cumplen, ésta se ejecutó haciendo actuar a los organismos competentes. Y se llevó a cabo, compensando así a esa inmensa mayoría del pueblo español que, respetuosa con la Constitución e incluso también con los desproporcionados mimos que la Ley Electoral ha venido concediendo a los partidos nacionalistas, estaba hasta entonces harta de sus descortesías y de sus abusos.

4
Y así es como la histórica y muy reputada Copa del Rey de Fútbol se convirtió en una Copa y unas cuantas Copitas que se jugaban en los feudos históricos donde los nacionalistas hacen de las suyas. Y todo fue bien. Relativamente bien.

Porque el caso es que, al cabo de unos cuantos torneos, esas figuras que ganaban millones en los grandes equipos, conducían flamantes Ferraris y se ligaban a estrellas mundiales de la canción, se habían convertido en futbolistas con un sueldo normal, un modesto utilitario y una novia alta o baja, regordeta o flaca, licenciada en filosofía, peluquera o farmacéutica. Como la de cualquier otro español.

-Jodó petaca –dijo el primer ídolo venido a menos que se atrevió a cuestionar la pequeña Copa del pequeño país, o así, donde jugaba al fútbol- No imaginaba yo que el nacionalismo también era esto…

La falta de respeto. La irresponsabilidad. Los polvos. Los lodos.

Cómo salir de dudas

A veces ni los sueños son capaces de sacarte de dudas...

1

A Homper, que es bastante antiguo, le siguen sorprendiendo los avances de la ciencia. Le deja estupefacto que un cirujano pueda operar desde este lado del  Atlántico el riñón de un paciente de Nueva York, y que el fenómeno de Internet pueda convertir a cualquiera en un pequeño sabio instantáneo. También le pasma que los padres puedan elegir el sexo de los hijos y que ahora algunas cadenas de televisión de pago ofrezcan al cliente la posibilidad de elaborar una programación a la carta.

Sólo echa de menos que no se haya inventado todavía el método para programar los sueños favoritos.

2

Cuando su querida prima Teresita era una prometedora adolescente, mantenía que si lanzabas una zapatilla al aire y antes de que cayera al suelo te metías en la cama con los ojos cerrados y un deseo, esa noche soñabas lo que habías deseado. Homper había comprado te en El Corte Inglés, donde le atendió una dependienta encantadora y muy guapa. Pues qué tipo de te quiere usted, el breakfast te, el de toda la vida, no me gustan nada las variedades aromáticas. A esas les llamaría, simplemente, infusiones, no te. ¿Alguna marca determinada? No. Que sepa a te como el que te sirve cualquier hotel de Inglaterra sin dar más explicaciones. Compre usted el de granel, es muy bueno. ¿No es mejor el Twinings? Bueno, usted paga la marca y la lata. Pero si tiene en casa una lata donde guardarlo, llene una bolsita de papel del te de granel y verá cómo le gusta este. Se lo digo yo, que soy una gran aficionada al te. Y ya que es usted tan amable, ¿cómo se llama? Margarita. Me llamo Margarita.

La dependienta era, como recuerda Hom, muy guapa. No muy robusta, menuda, pero de fino talle y cuello largo, aprincesado, rubio cabello y un rostro que recordaba a la Debie Reynolds de Cantando bajo la lluvia (luego ésta se cardó el pelo, se apasteló y se convirtió en un icono yanki algo cursi). La chica valía un sueño. Homper se preguntó si conservaría a sus años la agilidad suficiente como para repetir el ejercicio que recomendaba su prima Teresita, teniendo en cuenta, además, que la altura del  techo de su apartamento no daba para que la zapatilla volase muchos segundos. Se permitió una pequeña trampa: abrió el edredón, se sentó en la cama, cerró los ojos, pensó en Margarita, lanzó una de las zapatillas al aire, y antes de escuchar el ruido de su caída al estrellarse contra el suelo ya estaba tapado y dispuesto a soñar.

Pero el experimento no funcionó. El día –su vida entera, más bien- acumulaba muchas dudas por despejar. Y en lugar de soñar con la encantadora Margarita soñó con Sócrates.

3

Sólo se que nada se –le anunció el filósofo, fiel a sí mismo.

Pues buena la hemos hecho, pensó Homper.

Y el sueño se fue en repasar con el genio de la filosofía la ristra de dudas que le acometían en los últimos días. 1. La reforma laboral, ¿es tan necesaria como dice Rajoy o tan perversa como corean oposición y sindicatos? 2. El 11 M, ¿lo cabal es pasar página o seguir investigando? 3. Manifestarse contra la reforma laboral el día de tan nefasto aniversario: ¿necesidad o agravio? 4. ¿Es imprescindible ajustar el déficit, o es más recomendable seguir primando el gasto social y el que venga detrás que arree? 5. ¿Es tan grave lo que dijo Gallardón sobre el aborto como para tanta trapatiesta? 6. ¿Dónde hay más chorizos, en torno a Gurtel o alrededor de los ERE de la Junta de Andalucía? 7. ¿Qué es peor, pagar la energía a su precio o hacer la vista gorda sobre la amenaza nuclear? 8. ¿A quién favorecen más los árbitros, al Barça o al Madrid? 9. ¿Qué vicepresidenta elige mejor sus cirujanos estéticos, Soraya o María Teresa? 10. ¿Cuándo se irá el anticiclón a hacer puñetas y lloverá de una puñetera vez?

Sócrates le aseguró que estaba en plan colaborador, pero todo lo que hizo fue encogerse de hombros ante cada dilema. En vista de lo cual, y dado que su heroína ni había asomado por el sueño, Homper decidió al despertar que lo mejor era volver al Corte Inglés, comprar un poco más de te, que despabila mucho, y preguntarle a Margarita si tenía libre el próximo sábado para invitarle a remar en las barcas del Retiro.

 


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