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Platero y el encanto de los burros

Las burradas del género humano son noticia siempre. Los cien años de un burro tan entrañable como Platero, sóloahora...

Las burradas del género humano son noticia siempre. Los cien años de un burro tan entrañable como Platero, sólo ahora…

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Juras que nadie te programa para poner tu atención sobre todo en naderías, en cosas insignificantes de la actualidad. Pero despiertas, lees los periódicos mientras tomas tu primer café y entre tantos noticiones, escándalos y datos escalofriantes que ilustran la crueldad y, sobre todo, la estulticia del género humano, te quedas con una que te causa especial indignación. En Lucena, provincia de Córdoba un mozo quiso divertirse a costa de un buche que hacía su papel en un belén viviente. La gracia consistió en subirse a sus lomos, sin tener en cuenta que en este caso el peso del jinete rebasaba los cien kilos. El pobre borriquillo murió por aplastamiento. El burricida puede ser juzgado por mal trato a los animales: la memez no está tipificada como delito.

Da casi vergüenza este memento de burros difuntos cuando acaban de ser asesinados ciento veintiseis escolares en Pakistán, y el mundo sigue campando por sus respetos (más bien debería decirse por sus faltas de respetos). Es uno más de los absurdos nuestros cada día, qué le vas a hacer. Desde que en tu infancia leíste Platero y yo y las deliciosas Memorias de un burro de la Condesa de Segur siempre sentiste debilidad por los burros.

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Te imaginas que eres millonario y pujas por uno de los dos Renoir que salen a subasta. Uno de ellos es un paisaje en que culebrea un camino flanqueado por chopos. El otro es exactamente igual, pero con una diferencia: por el camino va un borriquillo. La crítica subraya que el primero es mejor lienzo, pero aunque el precio de salida es idéntico tu levantas la mano hasta adjudicarte el Renoir con burro. La pintura no diferirá tanto, y sin embargo el cuadro que te llevas inspira, vida, sencillez, ternura. Todo gracias al jumento.

También recuerdas un día de playa en Hydra, una bonita isla del Egeo. Tú eres poco playero, y menos en una cala como aquella, que era un puro pedregal, así que te sentaste en un sillón plegable y te embarcaste en la lectura de una novela tan original como apasionante, La vida instrucciones de uso. Sólo te distraía de su lectura la presencia cercana de una pequeña burra atada junto a un chiringuito aguantando pacientemente la terrible solanera. La complicada trama de la novela absorbía casi toda tu atención, pero de cuando en cuando no te podías reprimir, te levantabas y te acercabas a la borriquilla para ofrecerle los higos caídos que recogías de una higuera cercana o para darle de beber en un cubo. Te daba pena ver a la pobre burra resignada a su suerte mientras los bañistas se refrescaban y tú volabas gracias al genio de Perec. El burro, un símbolo para el Opus Dei y para Cataluña, no sabes muy bien por qué (los del Opus hablan de su humildad, los catalanes -ante todo la diferencia- de que hay una raza de asnos autóctonos, aunque esta especie abunde en cualquier parte del mundo). Te cae simpático, te retrotrae a la infancia, te evoca paisajes bíblicos: en el nacimiento que ponía tu madre había un burro. No tienes apenas sitio en el tuyo, pero si se lo haces y encuentras un pollino a escala apropiada entre las figuritas del mercadillo de la la Plaza Mayor te lo llevarás a casa. Todavía te puedes permitir algún capricho sentimental.

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Un capricho sentimental, algo así es el Platero y yo prologado por Andrés Trapiello, que publica ABC en una bella edición. Te llama la atención que tu admirado escritor de referencia pondere no sólo la calidad y la oportunidad del relato de Juan Ramón Jiménez, que cumple en estas fechas el primer siglo de publicación, sino también el refinamiento de las ilustraciones y de la tipografía de esta edición facsímil. Andrés Trapiello es un infatigable y exquisito escritor, poeta, prosista, ensayista, observador de cualquier cosa que roce la sensibilidad. Pero también un obseso y un erudito de la tipografía, arte a la que dedica una extraordinaria atención. Lo recuerda en una de sus últimas entradas de su blog Hemeroflexia, en la que no se le caen los anillos haciendo publicidad de esta pequeña joya bibliográfica que sin duda es un excelente regalo de Navidad para los que ya creen tenerlo todo. La joya tiene un precio de menos de veinte euros, y a ti tampoco te da vergüenza pregonarlo, porque te gusta la poesía de Juan Ramón, te asombran todos los registros del prologuista y te encantan los burros. Más que por humildad, porque en el fondo debes de ser muy simple.

Cartas de Pena y fuente de alegrías

A veces uno descubre que un tío abuelo al que no conoció es tan responsable de tí mismo como tus propios padres...

A veces uno descubre que un tío abuelo al que no conoció es tan culpable de tí mismo como tus propios padres…

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Estimado Don Fulgencio

Espero que al recibo de la presente se encuentre bien. Lo veo por la ventana del patio y desde luego está usted con magnífico aspecto. Por el 3º A esta su segura servidora tampoco se puede quejar, a Dios gracias.

El motivo de la presente, aparte de interesarme por su salud, es comunicarle que he encontrado enganchado en una pinza de mi tendedero un calzoncillo blanco clásico que debe de ser suyo, pues entre su piso y el mío sólo está el de Mari Nieves, que desde que murió su esposo José (q.e.p.d.) no vive más que con sus dos hijas. Lo normal es que el calzoncillo en cuestión se le cayera a su asistenta cuando le tendía la ropa limpia, y que quedara atrapado en la pinza de mi tendedero. Suerte que no cayera al fondo del patio, que está sucísimo. Ya me he quejado de eso al administrador, pero, como siempre, este se hace el sueco, el muy fresco.

Quedo a la espera de que Vd. me diga si bajará a por el calzoncillo perdido o si prefiere que se lo deposite en el buzón del portal. No tengo el menor inconveniente en hacerlo, pero pensaba que, dada la intimidad del asunto, preferiría recogerlo personalmente o mandar a su asistenta. Si bajan ustedes, tengan en cuenta que todos los días de 11 a 12 voy a la rehabilitación de mi omóplato, y que los martes y jueves de 18 a 20 tengo reunión en la Parroquia.

A la espera de sus noticias, y alegrándome mucho de su buen estado de salud, le saluda muy atentamente

Florita Ancila Cifuentes, 3º A

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Antes de meterla en el sobre se la mostró a a su nieto Gustavo, que venía a comer con ella todos los miércoles.

-Mira si se entiende bien mi letra –le pidió- Porque veo tan mal que ya casi ni se lo que escribo.

Gustavo leyó la carta y se echó a reir. Después sacó su teléfono móvil del bolsillo, picoteó con su dedo sobre el teclado veloz cual pájaro carpintero y le mostró a su abuela el texto que acababa de escribir: fulgen san kaido tus gayunvos 3º A.

-Esto ahora se hace así, abuela –dijo mostrándole a la anciana su mensaje- No tienes más que poner el número de Fulgencio y apretar a enviar…¿Ves que sencillo?

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Florita era maestra jubilada. No era tan mayor como para desconocer las ventajas que los SMS, los correos electrónicos y el twiteo aportaban a la humanidad, pero creía que escribiendo correctamente el ser humano se entiende mejor.

-Además –le explicaba a Gustavo – Si no escribimos cartas ¿qué ilusión quedará `para abrir un buzón lleno de facturas del banco, de la compañía eléctrica y de propaganda del chino del barrio?…Más grave aún: ¿qué será de la literatura epistolar?

La cara de Gustavo fue la misma que si se le hubiera aparecido una pin-up extraterrestre con varias tetas repartidas por su cuerpo de langosta.

-¿Literatura epistoqué?-dijo aguantando la risa.

Entonces Florita pensó que habría que crear un Cuerpo Estatal de Escribidores de Cartas. No tanto para alimentar la oferta pública de empleo, que también, como para ayudar a las nuevas generaciones a mantener una costumbre que antaño era una necesidad y hoy languidece tristemente hasta su presumible desaparición.

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Nunca has aspirado a demasiados cargos, no has sido lo que ahora llaman un tipo competitivo. Pero reconoces que te gustaría ese nombramiento: Director del Cuerpo Estatal de Escribidores de Cartas. De cartas de amor, de pésame, de reconocimiento, de felicitación, de agradecimiento, de porquesí, porque hoy pasé por el puente donde nos conocimos y me acorde de ti. Cartas incluso para ofender, sentar principios o para fijar posiciones, pero mayormente para aliviar un dolor, potenciar una autoestima alicaída o provocar tres suspiros y alguna sonrisa, aunque fuera tímida.

-No hace falta póliza ni certificado ninguno- dirías al escribidor despistado- pero sea conciso, póngale un párrafo con algo de emoción y despídala con un beso, que no pasa nada.

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Además, las cartas a veces dan pistas sobre tu propia personalidad. Lo recuerdas hoy porque tienes en tus manos un libro  que recoge la Correspondencia entre Pau Casals i Joaquim Pena. Pau Casals fue un violonchelista genial y un músico de talla universal. Joaquim Pena, un gran intelectual, crítico y musicólogo, tan fanático de Wagner como para traducir casi todas sus obras al catalán y fundar la Asociació Wagneriana. Este gran tipo, que hoy da nombre a una plaza de Barcelona, seguramente  alentaba la idea de una Cataluña independiente, porque murió en 1944, cuando el estado de las autonomías era sólo un sueño imposible. Pero hoy te importa porque ese hermano de tu abuela Mercedes  es el venero escondido que, dos generaciones después, alimenta tu pasión por la música. Tu abuela Mercedes tenía un oído pésimo. Su hijo Luis era un buen aficionado y afinaba, pero la España que le tocó no estaba para músicas celestiales, y bastante tuvo con ganarse la vida. Tú has tenido la suerte de caer en un momento histórico donde, aún con las penurias actuales, es posible acariciar la gloria disfrutando de la música clásica. Donde tu tío abuelo ponía a Wagner como Dios absoluto tú prefieres hablar de Bach o de Mozart, algunas de cuyas óperas más famosas, por cierto, también fueron traducidas por don Joaquim. Pero lo importante es dar con tus raíces, el venero y la fuente de este seguro de felicidad que proporciona la música. Y qué paradoja saber, a través de unas cartas añejas, que tu apellido Pena  es desde su cuarto lugar el que  te está dando más alegrías.

 

Dormir cableado, vivir cabreado o mejor soñar

Nunca supo si dormía, soñaba o simplemente deseaba, pero comprendió que entre la áspera realidad y la ensoñación siempre era esta más agradecida…

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La salud es un estado transitorio del organismo que no presagia nada bueno. Desde el la frase de Pascal de que el corazón tiene razones que la razón desconoce, no había dado con un pensamiento tan atinado. El caso es que uno despertó en una cama de hospital, y como el sufrimiento genera solidaridad, a partir de ese momento se acordó de Frankestein y empezó a justificar su mal genio y a comprender sus desmanes. El desdichado monstruo también había despertado a la vida cableado de arriba abajo, y no hay nada más molesto que descansar aherrojado por electrodos, amenazado por unos kilovatios que a saber si se desmandan, y encima controlado desde un monitor por un experto que luego te dice.

-Pues sí. Tiene usted apnea del sueño.

Es decir, que tu dormir es una mierda. Vamos, que roncas, que no te relajas, ni oxigenas el cerebro ni nada, y que a poco que te descuides te puedes levantar de la cama desmemoriado, incapaz de rellenar una quiniela, o víctima de eso que llaman un ictus.

O sea, que aparte de dolor espaldas, que si no es crónico ya va para medio año, este bloguero que hasta hace nada se creía Peter Pan y tan sano como el negrito del Cola Cao, empieza a encontrarse ligeramente artificial, mechado de la realidad que vive y de los sueños que, como no duerme bien, le vienen incluso en la vigilia. Como si fuera un Arlequín vestido con los cuadritos multicolores de lo poco que ve, lo mucho que imagina y lo nada que sabe.

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¿Desde cuándo dejó de dormir bien? De pronto le aaltan a uno las dudas. ¿Qué habrá habido de realidad y qué de sueño en lo que ha vivido hasta el momento? ¿Somos lo que creemos o Segismundos mal informados? Recordaba el bloguero que en las noches de su niñez cruzaba las grandes avenidas de París, que no conocía, pedaleando en una bicicleta que tampoco tenía. También volaba a menudo sobre Madrid en un aerostato que de repente se pinchaba y le precipitaba al vacío por la zona de Rosales. Qué alivio despertar segundos antes de estrellarse contra el suelo, y al fin y al cabo en un barrio tan bonito. Peor era pasear por la calle de Serrano, el tontódromo donde se chicoleaba a las niñas pijas de entonces, y descubrir que la única camiseta que le vestía no daba de sí para tapar sus vergüenzas, expuestas a la mofa pública.

-¡Qué indecencia! ¡Qué niño tan golfo!- le remordía el subconsciente integrista.

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Y el sueño más persistente y más turbador, anticipado siglos ha en los dos o tres cuadros que Tiziano dedicó a Venus y la música. ¿Qué se escondía en ese rincón de la entrepierna femenina que entonces sólo tenían licencia para ver los los casados, los pecadores o los ginecólogos? La misma curiosidad que denota el músico del cuadro –fíjense en la dirección de su mirada- atizaba los sueños del bloguero. Claro, que como Venus quedaba muy lejana era mejor especular con Pilarín, que era un nombre de niña muy de la época. ¿Cómo tendría su cosita Pilarín? No lo contaba Tiziano, ni Botticcelli, ni Rubens, que bien que trabajaban a pincel la carne fresca, pero que donde no ponían una hoja de parra colocaban un pliegue de tela de damasco o la guedeja de una nube con tal de no contar el misterio. Y así tenía que inventarse uno la realidad, a base de sueños. La cosita de Pilarín podía ser lo que quisiera, porque entonces no había manera de verla. Sólo quedaba el recurso de echarse a dormir y soñar lo justo.

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Pero uno salió del hospital después de su estudio del sueño y se encontró con que ese día concurrían noticias extravagantes. Algunos fustigaban a Amancio Ortega por haber donado veinte millones de euros a CARITAS, otros zurraban la badana al escritor Javier Marías por renunciar al Premio Nacional de Narrativa, gesto que se entiende aún mejor si se recuerda que su padre, un buen filósofo y un excelente ensayista en cuyos artículos de La Gaceta Ilustrada sobre el cine y la vida uno aprendió mucho, murió a los 92 años sin un solo premio oficial. Había sido el anciano profesor maltratado por el franquismo, pero no se sabe por qué tampoco cayó especialmente bien a la progresía, así que, con toda la razón, su hijo aprovechaba que el Pisuerga del éxito pasaba por su bolsillo para decir las verdades del barquero y cabrear a unos cuantos custodios de la cultura oficial.

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Había más cosas chocantes. Como gran argumento de autoridad, el veterano periódico monárquico ABC mostraba en portada el rostro de la Duquesa de Alba diciendo (sic) que la independencia de Cataluña es muy poco patriótica. Ante la escandalera provocada por los últimos suicidios de deudores hipotecarios, otro titular afirmaba algo tan surrealista como que “la banca se humaniza y paraliza los desahucios”. Hasta el sobaco tendría que meter el brazo el mismísimo Santo Tomás en la llaga para creer que la banca se haya enternecido de la noche a la mañana. Realidad o ficción, esta tele que no para de regenerarse en aras de la autoestima y so pretexto del déficit, devolvía al primer plano al eximio Giménez Arnáu, español ejemplar donde los haya, que contó con gran desparpajo cómo se había tirado a treinta famosas y hasta se le había insinuado su suegra, la Duquesa de Franco. Si no hay dinero público en esa tele que le promociona, habrá pasta de anunciantes honorables y connivencia de directivos respetables. ¿Quedará cal para blanquear tanto sepulcro?…

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No sabía si seguía cableado y era sueño o estaba en la realidad y por tanto no cableado, sino cabreado. Pero deambulaba como Frankestein, desesperado y sin rumbo, hasta que en la portada de un periódico se encontró con que el Guadiana vuelve a las Tablas de Daimiel por primera vez en más de veinticinco años.

No entiende nada, hace apenas un mes atravesábamos la sequía más espantosa de cincuenta años y en un solo un otoño de lluvias se regenera ese paraíso ecológico. Con todo, lo bueno no es que con el agua regresen las avocetas, las malvasías, los azulones, las garzas, las grullas y la cigüeña negra. Lo más emocionante es que a la orilla de las Tablas una niña soñada también recogía flores, que algunas hay en otoño, y por ahí, no sabiendo si despierto o en fase onírica, apareció el monstruo con apnea que uno lleva dentro

Se acercó a la criatura y esta, lejos de asustarse, le sonrió y le ofreció una flor. Y mi Frankestein particular, que ya no distingue la realidad de la ficción, imitó el gesto más tierno y seductor de Richard Gere, cosa no fácil, mientras una lágrima de emoción le rodaba por su mejilla remendada de cadáver.

Te quiero, Montse

Sorpendentemente, hubo que convencer a las autoridades de que no todos los aviones son un peligro…

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Ah, carambas, quién iba a imaginar que la nena iba a salir tan romántica. Con lo sensata y bien plantada que había sido siempre la familia, aquel abuelo tan despabilado y trabajador que llegó de Almería en una camioneta de tomates y acabó convertido en un provechoso industrial. Y el padre, y la madre, ya ricos por herencia y más ricos aún por la propia competencia, forjada a base del ejemplo del avi, de los estudios de Profesor Mercantil y del instinto, que en eso del comercio el que no corre vuela. Y también el hereu, joven adalid del empresariado, miembro de la patronal, exportador laureado y, si no millonario del Forbes, sí lo suficiente para ser directivo del club de fútbol local y presumir de chalet y de yate anclado en el puerto de Sitges. Cataluña había cumplido como la tierra de promisión

Pero, ah, carambas, la Montse, la pubilla de la casa, tan sensible, tan enamoradiza….¿Estaba preparada la familia para esos delirios? Resulta que en la escuela se enamoró literariamente de Tirant lo Blanc, porque era muy novelera, y luego, de jovencita, más realista, de Viggo Mortensen, que aunque tampoco vivía en el barrio, al menos era carne mortal, y a lo mejor paraba por ahí en uno de esos rodajes de lanza, adarga y cabalgadura medieval que tanto le favorecían.

-Ah, carambas, nena –le decía la madre- ¿Qué no te gustaría más que en lugar de Viggo se llamara Reus, por ejemplo, que es más nuestro?…

Pero el amor, como dice la canción, nada sabe de nombres de razas ni colores, y menos de nacionalidades. Una se enamora de Brad, de Viggo, de Reus o de Marcelo. Y la nena, sin reparar en nombres, respiraba fantasía, y miraba al cielo como si el amor, al igual que los grandes sueños, fuera a llegar volando.

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No se lo dijo a los papás, ni a su hemano Ferrán, el poderoso, porque el hombre había salido más listo para la vida, pero menos vulnerable a estas fruslerías del corazón. Alguien dijo que la chica se había enamorado de un joven piloto. Se había formado éste en la Academia de San Javier, aunque luego dejó el ejército del aire, y trabajó para compañías privadas. El caso es que él cumplía el sueño de volar, y ella miraba el cielo esperando que cada avión que surcaba el cielo fuera pilotado por él y, le arrojara invisibles confettis de amor.

-Dime que me quieres –le dijo un día- Aunque todo sea tan efímero como ver pasar tu avión.

La nena había ganado su oposición, y esperaba el momento en que le llamaran para cubrir su plaza en la administración. Ilusa. Así que entretanto, por no desesperar, leía, leía, se escribía con el piloto con el que apenas podía verse y pasaba largas horas en la azotea. Primero argumentó que subía a ver la luna. La luna de noche y en plenitud, cuando estaba repleta de luz, o de día, cuando pintaba mentirosa, y era una D en creciente y la cuerna de un astado cuando decrecía.

-¿Qué no estará convirtiéndose en una lunática? –se preguntaba la madre alarmada.

-Va tú, Nuria –le tranquilizó el esposo- La nena es joven, y como que no le llaman para cubrir su puesto, pus se distrae así. A más a más, que me ha dicho que cuando sube a la terraza se lleva el punto, y así mientras mira el cielo me está haciendo una chaqueta que me vendrá muy bien para cuando sople la tramontana…¿Eh que ya lo ves mejor?…

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Pero la política lo acabaría empreñando todo. Cuando los guardianes de las esencias patrias difundieron el rumor de que el enemigo exterior no descansaba, el Servicio de Observación de Vuelos Sospechosos, alertado a su vez por la Consejería de Integridad Identitaria, que había recibido un telex del embajador en Bielorrusia contado que varios turistas de dudosa reputación habían bailado una sardana por las calles de Minsk al ritmo del Viva España de Manolo Escobar, y por la noticia, contrastada por el SASS (Servicio de Atención a Síntomas Sospechosos) de que dos coroneles jubiletas habían comentado mientras jugaban al mus que la unidad de la patria no debería romperse así como así, no tuvo más remedio que tomar cartas en el asunto.

-Oigame –les avisaron a los padre de Montse- Ojo con la nena, ¿eh?…Que tanto mirar los aviones puede ser peligroso.

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Cuando don Magin y doña Nuria, acompañados por el inspector destacado al efecto, subieron a la azotea, eran las doce de la mañana, y lucía un cielo azul purísima de inmaculada limpieza. La Montse, con la chaqueta de punto del padre ya terminada sobre el regazo, miraba a las alturas sonriendo como si esperase el Santo Advenimiento.

-¡Qué oportunos! –dijo la chiquilla enamoradiza- Llegais en el momento justo del día D

Osti, tu, non fotis!-exclamó el inspector llevándose las manos a la cabeza.

Por el horizonte apareció entonces un avión, que se fue acercando y sobrevoló el edificio describiendo varios círculos a su alrededor. Cuando al inspector se le estaba poniendo la cara verde, no se sabe si de ira o de terror, la aeronave empezó a soltar un chorro de humo, y con una grafía evanescente de algodón en rama dibujó un corazón al que añadió este mensaje: Te quiero, Montse. Tras esta filigrana, el aparato se alejó por el horizonte.

El rostro de la chiquilla resplandeció entonces de felicidad, y lanzó besos al avión que se alejaba mientras los padres suspiraron pensando que aquella maniobra había disipado cualquier amenaza ante los celosos guardianes del nacionalismo más estricto. Pero, como si el piloto hubiera sospechado que el inspector no quedaba del todo contento, volvió sobre su ruta, se acercó de nuevo al edificio donde vivía su amada, trazó un nuevo corazón sobre su pedazo de cielo, y reescribió con su tinta de humo blanco un mensaje tan cariñoso como el anterior, pero más políticamente correcto: T´estimo,Montse.

Y no hubo más remedio que dar carpetazo al asunto.

Jóvenes admirables


Esta fotografía ha sido tomada del blog manuelmadriddelgadoblogspot.com
Dicho sea con el respeto que merecen sus derechos de autor y en la confianza de que nuestra admiración por la calidad de la imagen compense el abuso de confianza. Gracias, Manuel.

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Le da al escribidor por debatir consigo mismo si está el día para ser moderadamente feliz. Qué riesgo. El País Vasco, cada día más cerca de ser otro país. Nuestra Constitución, de la que tan orgullosos nos creíamos, cayendo como un castillo de naipes. ¿Qué pasará si Cataluña y las antiguas provincias vascongadas se ponen chulas y consuman su suprema pedorreta a la ley de leyes? ¿Servirá la Unión Europea de barrera de contención a a su independencia, o hará la misma vista gorda que hicieron cuando eran Alemania y Francia las que incumplían con el déficit? ¿Resucitamos a Narváez, a Serrano, al implacable Weyler, a Martínez Campos, a O’Donnell y a cualquiera de esos espadones que no se la cogían con papel de fumar para restablecer el orden?

¿O contemporizamos, y admitimos que esto del imperio de ley es una filfa, y que no hay más ley que la que dictan los que saben que esta no se atreverá contra ellos?

O sea, no estaba el día para caramelizar el ánimo. Pero velay las ventajas de ser superficial: había cogido el bloguero unos boletus del campo, cocinó un risotto con ellos y se le puso buen cuerpo. Además: en un buzón había una carta. Para más milagro, era una carta manuscrita. Y ya al borde de éxtasis, descubrió que la firmaba una mujer joven.

Más aún: estaba escrita en inglés, y encima se entendía.

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Catherine Hood es la novia de Jack Spearman, un sobrino inglés de los varios que coinciden en la familia política de este duende. Catherine y Jack pasaron un fin de semana en Candeleda, y , como es natural, se hospedaron en casa de sus tíos. Ese fin de semana el Duende estaba pero no estaba, pues tenía que presentar en Arenas de san Pedro el Festival Boccherini. El Duende sospechaba que Boccherini no es un Justine Bieber, ni Shakira, ni siquiera Bisbal, que probablemente les entretendrían más, pero como sabía que no podría pasar mucho tiempo con sus sobrinos les invitó a que se acercaran a Arenas con su hija Isabel y escucharan esa delicada música de los tiempos de la peluca, la polvera y el rapé. La joven inglesa, a la que apenas conocía de dos encuentros anteriores, no sólo le gustó el concierto, sino que tuvo el emocionantísimo detalle de expresar su agradecimiento por escrito. Como en el siglo pasado. Le puede tanto la vanidad a este duende que no resiste la tentación de saltarse a la torera la inviolabilidad de la correspondencia y airear las últimas líneas de la carta:

Pedrojuan (es el pintoresco nombre de la finquita) is an incredibly beautiful house, and the garden too, and it was so nice to walk in the countryside around with Jack, hearing the bells of the goats ringing.

Muchas gracias (en castellano). Best wishes.

Catherine

O sea, de la Ritirita de Boccherini al bucólico tintineo de las esquilas del ganado. El detalle de una carta en estos tiempos, la educación, la sensibilidad. Juventud, divino tesoro cuando sabe balancear la delicadeza con la justa indignación. que correrá por sus venas. Motivos, seguro, no le faltarán.

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Esa misma noche escucha el Duende con estupor y preocupación que está entre los pocos españoles cuya economía no ha empeorado. Es verdad: por ahora, la Caja de la Seguridad Social cumple con los pensionistas. Toca madera.

Así las cosas, se distraen los jóvenes con la tristeza de Cristiano Ronaldo, los pases de moda Xabi Alonso y de Piqué, el bebé que espera Messi o con cantantes de moda, Seguras y otros frikis museables. Se ríen y abrazan al botellón por no llorar. Tantos MBA de lujo y tanto JASP para acabar mendigando un puesto de trabajo en Alemania o en Shanghai. Qué poca envidia no ser joven, aunque sea con dolor de espalda. Le duele decirlo, pero lo siente así. Lo de la España invertebrada de Ortega empieza a parecernos paraíso.

Tanto más dolor porque hay muchos jóvenes valiosos que no sólo se van de España por sobrevivir, sino que nos dejan para siempre. Hay uno en particular que le obsesiona desde que hace un mes supo de su muerte. Se llamaba, o se llamará siempre, Nacho de la Mata Gutiérrez. Le impresionó tanto conocer su vida, tan corta como fructífera, que empezó a escribirle un post y lo dejó en agraz, suspendido temporalmente, por temor a que no quedara a la altura de las circunstancias. Lo tiene que rematar.

Por homenaje a su figura y quizás a la de tantos jóvenes ejemplares de los que este duende, ignorante enciclopédico y obsesionado en sus propios alifafes físicos o mentales, suele pasar.

Galgos, podencos, ilusos y caraduras

Si seguimos discutiendo si son galgos, podencos o lo que sean, la crisis acabará comiéndonos, ya les digo…

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Galgos, podencos, soñadores. O simplemente caraduras. Qué bonito entretenerse como los conejos de la fábula de Iriarte.

-Para mí que lo que se nos viene encima es el galgo del federalismo.

-¿Federalismo normalito, o federalismo asimétrico?

-Cuarto y mitad.

-Ni puñetera idea. Para mí que es el podenco de la independencia, Vamos, que está cantado.

Lo cantan los idealistas que lo creen de buena fe y los barandas que agitan cualquier bandera con tal de distraer al personal para que olviden su incompetencia o su golfería. La culpa siempre será de otros. Porque, obviamente, nosostros somos nosotros, y para qué vamos a quererles, con lo estupendos que somos y lo que nos gorronean, caramba.

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Hace nada Cristiano Ronaldo declaró que estaba triste. Y durante medio mes el debate sobre los motivos de su tristeza llenó muchas horas en los foros deportivos. Realmente asombroso: como si la cuestión fuera creacionismo versus evolucionismo.

El Duende ecuerda que hace años otra figura del Madrid, Michel padeció una lesión en el pie que tardaba en curar, y la discusión entre el cuerpo médico, el entrenador, la directiva y el propio jugador, que tenía sus propias ideas sobre el alcance de su dolencia y la conveniencia o inconveniencia de precipitar su vuelta al equipo. El temazo desató igualmente toda suerte de polémicas trascendentes. Después de tanta tinta derramada sobre semejante majadería un periodista zumbón ironizó en su columna con un título enigmático: ¿De quién es el pie de Michel?

Ignorantes manipuladitos somos. Y así seremos mientras no nos demos cuentos de que el mundo es de los que saben tomar el pelo y encima guardar la ropa.

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El ministro Wert quizás fue poco prudente. Un buen sociólogo debe saber que hay verdades incómodas, y lo de españolizar a los niños catalanes parece que produce rechinar de dientes incluso a los que antaño creían que España era una unidad de destino en lo universal. Cualquier buen entendedor entiende lo que quería decir, aunque apelar a la patria de nuestra Constitución sea ahora como mentar la bicha. No le falta razón, pero en la necedad generalizada incluso la lógica resulta insolente, y ya es triste. Eso sí: lo ha pagado, y al ministro le han dado hasta en el carnet de identidad.

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En cambio el señor Artur Mas alumbra la frase clave de su soñado referendum sobre la independencia de Cataluña y suelta esta perla: ¿Desea que Cataluña sea un nuevo estado de la Unión Europea? Podría haber añadido: ¿Desea que su pareja sea tan atractiva como Naomi Watts o Brad Pitt, según el sexo que le apetezca? Como si se pudiera ser nuevo estado de la Unión sin antes independizarse de España y conseguir que todos los estados miembros voten por unanimidad la bienvenida al nuevo aspirante. O sea, brindis al sol, fuegos artificiales, enredar, querer pescar peces sin mojarse el culo,prevalerse de la ignorancia de unos y del romanticismo de otros para escurrir el bulto, camuflar lque verdaderamente compromete -ah, la independencia, tan deseada y tan temida- y disimular que no se sabe cómo salir de la crisis y gobernar lo que verdaderamente importa.

¿Va a acabar España con el hecho diferencial catalán? ¿Va a enjugar el federalismo asimétrico el déficit de Cataluña? ¿Va a derramar la soñada independencia el cuerno de la abundancia sobre sus campos, pueblos y ciudades? No está claro, pero pocos critican esta pregunta que pretende ser decisiva y sólo encubre una vacua estolidez. Mientras tanto el debate sigue, llena portadas y alimenta las tertulias.

Y los conejitos especulando. ¿Serán galgos? ¿Serán podencos? ¿Serán jetas? ¿Serán incompetentes?…Podemos seguir entreteniéndonos jugando con las cosas de comer hasta que tengamos que alimentarnos con nabos y palulú. Pena que los perros de la crisis sean más veloces y más voraces que los de la fábula de Iriarte.

Yo soy dos tontos

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Yo era madrileño, y lo que he visto me ha hecho doblemente madrileño –piensa Homper mientras se afeita ante el espejo-Nacido en Madrid y hecho mayorcito en la comunidad autónoma de Madrid.

No sabía muy bien para qué había que ser de la autonomía de Madrid. A los de Madrid casi nos daba igual ser de Madrid que de Albacete. Aparte de los castizos de salón, pocos alardean de la condición de nacidos en el foro. Las más de las veces se nace en Madrid  porque hay que nacer en algún sitio, y aquí dejan nacer a cualquiera. Luego se vive, se pasea en primavera o en otoño por el Retiro o por los jardines de Aranjuez y hasta se le coge gusto a la ciudad y a la provincia.

Pero vino la fiebre autonomista, aquello de culo veo, culo quiero, y mariquita el último y hale, a inventarse una comunidad autónoma, una nueva bandera roja con estrellitas blancas, un himno que no conoce nadie y a sacar pecho. Además del Madrid de Carlos III, de Mesonero Romanos, de Chueca, de Arniches y de Gómez de la Serna, ahora teníamos el membrete de madrileños autonómicos. Jó qué gustirrinín, ¿no?

Aunque luego hablé con amigos que además de murcianos eran murcianos, otros que además de asturianos pasaban a ser ciudadanos del principado de Asturias, canarios duplicados por su autonomía y logroñeses que se sentían a gusto como tales, aunque ahora fueran riojanos, y me dijeron que no era para tanto.

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Ya se sospechaba que un gobierno central más diecisiete gobiernos autonómicos más diputaciones y ayuntamientos eran mucho mantel para tan poca merienda. No era cosa de hacer arqueología con el espíritu de Isabel y Fernando, ni nostalgia imperial del haz y las flechas, pero algunos se preguntaban si por aquello de las economías de escala no hubiera resultado más práctico seguir administrando los servicios esenciales de la comunidad nacional desde el estado central.

Ahora viene Esperanza Aguirre y reconoce una verdad palmaria: el estado de las autonomías se inventó para reconducir a los nacionalismos históricos e intentar mantener a Cataluña, País Vasco y Galicia en buena armonía dentro del estado español. No ha servido para eso. Item más: alguien decidió que café para todos y ahora, además de cornudos,  los gobiernos autonómicos nos han dejado arruinados.

Se veía de venir- dice Homper emulando al pueblo soberano- Como lo de una Unión Europea alegre y confiada, que derrama el cuerno de la abundancia sobre los pigs y no marcó desde el principio las normas de control sobre la economía de sus  miembros. Como el despelote de la banca, como la dictadura de los mercados…¿Pero no están para esas cosas los que dicen saber? ¿No se preparan para eso los  políticos? ¿O es que no se leen los papeles antes de ser elegidos por los que no sabemos de esas cosas?

Y recapitula el Hombre Perplejo: yo era español y ahora soy europeo, español, madrileño, doblemente madrileño y engañado.  O, como escribió Alberti en uno de sus poemas gamberros, Yo era un tonto y lo que he visto me ha hecho dos tontos.

 


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