Posts Tagged 'El Duende de la Radio'

Saliendo de dudas, literal

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Cada vez que trabajo un poco más en el libro de El Duende de la Radio, no dejo de preguntarme si a El Duende le parecería adecuado cada paso adelante en el proyecto. Nos ha dejado casi 1,200 escritos que él ya empezó a seleccionar con vocación editorial, pero que su personalidad dubitativa unida a un t(h)umor que poco a poco le restaba las fuerzas, propiciaron que este proyecto se quedara sólo en eso, un proyecto, y no llegara hasta nuestras manos en forma de libro.

Pero siempre ha sido él muy habilidoso en lograr el cariño de sus amistades, quienes ahora le devuelven los favores que él repartía generoso. Francis me ha ayudado a seleccionar los posts de Viajes y Cine, y Begoña hace lo propio con la selección de posts dedicados al Sentido del Thumor, Homper, Cuentos, los Relatos o sus Inquietudes Inquietantes. Rafo Hernández ha volcado su generosidad en el diseño y maquetación. Quién mejor que este artista que siempre ha apoyado al Duende en toda clase de proyectos publicitarios y personales como fue la creación del libro “El Cuento de Pedro Juan”.

Crear el libro sin su presencia nos privará de anécdotas tan graciosas como esta que hace muy poco recordaba Javier Capitán. De ella recoge el incansable colaborador de este blog, Wallace97, la increíble habilidad de El Duende para fotografiar o filmar todo lo que veía a su alrededor sin ayuda de cámara alguna, con la sola ayuda del poder de la observación y el meneo de su cabeza prodigiosa.

Estamos ya más cerca de contar con El Duende en nuestras estanterías. Una cajita de 7 tomos que contienen una selección cariñosa de sus artículos de Homper, de sus crónicas de Viajes, Cine, sus Relatos de final tan incierto como chisposo, los Cuentos marca propia de su imaginación y sus Reflexiones e Inquietudes más brillantes.

El paso final es que se pronuncien ustedes, duendeadictos:

  • ¿quién querrá ejemplares, y cuántos? Debemos calcular volúmenes de cara a la imprenta
  • ¿quién sería generoso de incluir algún escrito sobre El Duende dentro del libro? Es una opción que cotejamos, en un tomo homenaje dentro del estuche, para ampliar más aún la figura de El Duende
  • Y de nuevo ¿cuáles son los posts o comentarios que no perdonaréis de no encontrarlos en el estuche?

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El Duende necesita ayuda

Vanitas vanitatis...El bloguero también se ha hecho ilusiones de que alguien leería un libro suyo

Vanitas vanitatis…El bloguero también se ha hecho ilusiones de que alguien leería un libro suyo

(Mujer leyendo, de Alexander Deineka)

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Pasan más días de la cuenta sin que alimentes este blog y no sabes cómo remediar tu anemia literaria. Quieres imaginar que a los escritores de verdad también les sucede: cada día que ven sus cuartillas vacías o su ordenador abierto con la página en blanco les inspira más respeto la labor de escribir bien, y  más y más pereza volver a hacerlo  sin un rumbo cierto. Para qué, si ya está todo escrito. Para qué si las ideas que se te ocurren son bengalas efímeras. Para qué, si nadie te reclama la columna. Para qué si hay tanto por ver y por disfrutar lejos de la soledad de tu difícil idilio con las palabras.

2

Hace unos meses te dio una especie de ataque de vanidad intelectual producto de aquella educación recibida de tus padres, cuando la cultura no se había desparramado y seguramente trivializado. Se consideraba entonces que un libro era una cosa importante. Un hombre tenía un hijo, plantaba un árbol, escribía un libro y la sabiduría popular entendía que había colmado sus ambiciones. Ahora es cierto que hasta Belén Esteban ha publicado el suyo, casualmente titulado Ambiciones y reflexiones. Belén Esteban no debe de ser Erasmo de Rotterdam precisamente, pero un libro publicado algo tendrá para que se arriesgue el editor. Tu amigo Homper, que una vez más se sorprendió al enterarse de ello –como si no supiera que los frikis también escriben- fue el que te puso los perros en danza.

-Pero si Belén esteban tiene su libro –te dijo-…¿por qué no rastrillas entre las historias de tu blog para hacer tú el tuyo?

Luego, en un arranque de realismo te quiso evitar el sonrojo de aquel plumista de antaño que peregrinaba inútilmente de editorial en editorial tratando de cumplir su sueño.

-Además…¿para qué se ha inventado la autoedición?

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El pato lo acabó pagando la periodista Begoña Ortúzar, tan excelente en su oficio como generosa en su sentido de la amistad. Begoña era la directora de la revista Casa y Campo. Lo fue hasta que la consabida crisis y las malas artes de un tipo de comportamiento, si no oscuro y fétido como la mierda, sí al menos tan marrón como su apellido, la puso de patitas en la calle en las condiciones peores que se pueden esperar de un empresario digno.

Begoña es tan válida que, a pesar de ello y de que su edad no es la más fácil para el reciclaje, ha sabido reencontrar su camino. Mérito infinito el de esta estupendísima y orgullosísima abuela, al que hay que añadir el de aceptar el encargo que le hiciste de peinar EL DUENDE DE LA RADIO desde sus orígenes y entresacar de su verborrea algunas historias o pequeños ensayos que pudieran vertebrar un pequeño libro. Tú aún no le has pagado ese inmenso favor. Pero Dios sí lo ha hecho, al menos en parte: su nieto Tomás le ha salido del Atlético de Madrid.

4

Cumplida la primera parte de tu proyecto vino la siempre desagradable bofetada de la realidad. Al revisar los escritos que Begoña te había seleccionado, se te cayeron de las manos. Lo que cuando subió como post al blog te parecía una observación oportuna o una historieta graciosa, ahora te sonaba a cuento ñoño y esaborío, literatura tan menor y prescindible que hacía pretencioso cualquier intento de encuadernarla aunque fuera con el modesto título de Para leer en el cuarto de baño.

5

Ahora andas sobe las palabras desmotivado y despistado, sin saber ni qué terreno pisas ni qué camino seguir. Sobre todo, se te hace un mundo recorrer marcha atrás tu propia estela de letras escritas al desgaire, como las piedras tontas que tiraste al agua cuando no tenías nada mejor que hacer. Begoña cree humildemente que algo de aprovechable hay en el material seleccionado, y que sólo tendrías que limpiarlo de menciones concretas referidas a los sucesos o anécdotas del día que se subió el post y buscar un hilo conductor que justifique el título. María de la V., la amiga que hace dos posts regeneró a Drácula cree en eso que ahora se llama la transversalidad, o sea, el duende que respira en posts/relatos, posts/ensayos o posts/chorradas que, al cabo, según su parecer, sigue siendo el mismo. A ver quién le pone el cascabel ese gato.

Tú te aferras por primera vez a lo que te recomendó tu hijo Juan.

-Un blog tiene que interactivo- te dijo.

6

Y apelas a la interactividad para pedir ayuda. Sean buenos: si aún quedan lectores por ahí y les divierte, y pueden perder unos minutos, que hagan memoria y dejen algún comentario citando algún tema, o título, o fecha de algún cuento, o relato, o artículo, o pieza indescriptible que les llegó a través de este blog y les hizo gracia, y que crean que merece la pena seleccionar. El hilo conductor del libro será pues el que marquen los amigos del Duende de la Radio, a quien él mismo dedicará, a modo de homenaje el escrito elegido.

Es una idea. Para ahorrarle el mal rato de tener que repasar todo lo escrito y, de paso, para ayudarle a sentirse tan orgulloso de publicar como Belén Esteban. Ya saben, se acerca la Navidad y es tiempo de las buenas obras.

Los pequeños imponderables

¿A quién no le llueven los imponderables?...

Fue comparable, en su opinión, al día en que se despidió para siempre de Elvirita. Había quedado con su compañera de oposición para fugarse juntos a  pasar el fin de semana a Salamanca,  y dio la mala suerte de que cuando salía con su maleta  una avería y la ausencia de vecinos que oyeran sus gritos le dejaron encerrado siete horas en el ascensor. Se desataron sus nervios, se estropeó el fin de semana, se frustró la fuga, naufragó aquel idilio secreto. La cosa sucedió hace más de cuarenta años. Los imponderables de la vida misma.

-Fue una de las primeras veces que me quedé estupefacto comprobando hasta qué punto el destino depende de chorradas- confesó Homper- Pero lo de hoy…

Lo de hoy, según le contó al Duende mientras tomaban café, fue así. Se iba a cocinar unas ensalada de judías verdes templadas con gulas. Había preparado las judías en juliana con un cuchillo sueco de los que cortan con sólo su peso, y no había pasado nada. Pero, ay, hervidas las judías y puestas sobre una fuente, no le quedaba más que abrir una pequeña bandejita de gulas ya guisadas, calentarlas en su aceite en una sartén y volcarlas sobre el verde lecho. Nada más y nada menos. En una esquinita de la tapa de plástico termosellada, je, había una lengüeta con un ominoso letrerito: abrefácil.

-Abremierda- rezongó Homper mientras mostraba  indignado su mano izquierda vendada- Primero tiré de la lengüeta, como recomienda el envase. Imposible que aquello se abriera. Luego, desesperado, tuve que utilizar el cuchillo como la madre de Norman Bates…Y no asesiné a Janet Leigh en la ducha, pero me acabé cortando un tendón…Las judías con gulas se regaron con sangre, un bodegón de Pinazo vistoso, pero muy macabro. Y pasé dos horas en urgencias…

Homper  volvió a exhibir su mano vendada mientras su gesto afectaba frustración..

-Ya ves, amigo –suspiró- Aquella misma tarde había quedado a tomar café con Elvirita…No la había vuelto a ver, se que enviudó, que  es una abuelita  a punto de jubilarse y que conserva un cierto encanto otoñal. Lo tenía todo planeado: al cabo de un ratito, después de lamentar que el ascensor me gastara aquella mala pasada, iba a coger sus manos entre las mías… En mi época lo llamábamos hacer manitas. Pero…¿se puede hacer manitas con las manos vendadas?…

El Duende lo entendió. Comprendió que la vida está llena de  pequeños imponderables. La tarde anterior había reunido a sus hermanos para visitar la tumba de sus padres y merendar después un chocolate con roscón. No lo hacen nunca, pero se le ocurrió que aquel era el domingo apropiado. Del palomar del Duende a la Sacramental de san Isidro sólo hay un agradable paseo por el parque que les separa. No tendría la pasión del reencuentro con Elvirita, pero aquel grupo caminando con un ramo de siemprevivas sería una de esas  curiosas secuencias de Woody Allen donde se habla mucho y, entre bromas y veras, tanto se toca la muerte como las rebajas o el abrefácil de los envases modernos.

-Tampoco salió el plan –se lamentó el Duende- Antes de que llegaran se me ocurrió llamar al cementerio,  y me dijeron que desde hace un mes los camposantos en Madrid se cierran a las  tres. El caso es que merendamos tan ricamente, hablamos de lo divino y lo humano…Pero me dejaron las  acusadoras siemprevivas en casa con el encargo de que las llevara yo y que excusara su ausencia, porque ellos viven lejos y no tienen tiempo para volver al cementerio. Ya ves el plan, amigo Homper…

El Duende pagó los cafés, se levantó y sacó de debajo del velador una bolsa de El Corte Inglés por la que asomaba el ramo de siemprevivas.

-Siemprevivas, siempremuertas. –masculló- No las puedo soportar ni un minuto más en casa…¿Me acompañas? Es un agradable paseo…

Y por el parque de San Isidro, en aquel soleado y frío lunes de enero, fueron vistos dos señores de abrigo y sombrero caminando hacia el cementerio. Uno iba con una mano vendada, y el otro con un ramo de siemprevivas. Aunque, como el resto de los mortales, sólo llevaban sus particulares imponderables.

Una broma de Berlanga

Aunque no lo escuche, le diremos lo que pensamos de él antes de que sea demasiado tarde...

-Que no se me muera nadie sin haberle dicho lo que le tenía que decir-dice la anciana tía Clota a su sobrino Homper.

Estupefacción, una vez más. ¿Por qué se desayunaba hoy con una reflexión así?

La tía Clota se lamenta de que una vez, cuando aún vivía en España, se cruzó con José Luis López Vázquez por la calle. Acababa de verle en aquellas comedias que hacía con Alberto Closas y Analía Gadé. Pensó pararle, decirle qué simpático es usted y darle un beso. No se atrevió…Y ahora piensa: qué tontería, nos hubiera hecho ilusión a los dos…

-¿Por qué hay que ser pudorosos con los sentimientos?-pregunta la anciana.

-¿Por qué?-repite Homper. Y se contesta calladamente, para sí mismo. Porque equivocadamente, uno cree que la gente es tanto más fuerte cuanto más embrida el corazón.

Extracto de la conversación entre estos dos habituales del Duende un 19 de noviembre, víspera del trigésimo cuarto aniversario de la muerte de Franco. Ya es casual que coincida con una anécdota de otro grande del cine del que hace tiempo no se tiene noticia. Justo hace unos minutos el Duende ha recibido un enlace de You Tube con grabaciones de varios Francos de coña, más o menos logrados. En la última bufonada aparece su propia voz en una recreación de Franco haciendo de Pepe Isbert.

Expañolz todos…-dice el prenda con aquel ceceo suyo tan característico-Como caudillo vueztro que zoy, oz debo una explicación…Y eza explicación oz la voy a dar como caudillo vueztro que zoy…

Es la misma bobada de la película. Aquella frase circular repetida una y otra vez por el alcalde de Bienvenido míster Marshall. Hace unos años, cuando se celebraba el medio siglo de su rodaje, el travieso Luis García Berlanga quiso añadir dos guindas más a la tarta: el sueño erótico de la maestra (suprimido por la censura en su estreno) y esta broma chaplinesca con el pequeño dictador.

-Luis –le dijo al Duende- Me han dicho que tú haces muy bien la voz del Caudillo.

-Sólo la voz, maestro.

Grabaron un discurso surrealista. Cómo disfrutaba  el ya viejo y señorial Berlanga con la broma que, por cierto, nunca hasta hoy llegó a ver el Duende. Al gran cineasta, a pesar de su retranca gamberra el más fino y elegante que uno ha conocido en este gremio, lo vio una vez más, en una larga entrevista que le hizo Olga Viza. Ya dejaba las frases inacabadas.

-Ésta es la peor censura que he sufrido nunca- dijo sin perder la sonrisa.

No ha aparecido ni en las exequias de López Vázquez porque debe de estar muy mal. Y no le conocía mucho el Duende, apenas tres encuentros en su vida. Pero, al igual que tía Clota, no quiere dejar para cuando sea inútil su tributo de admiración por él. Amigo Luis, gracias por tus películas, gracias por tu humor, gracias por hacer de la vida un astracán. Gracias por convertir a este tu tocayo en efímera estrella de You Tube.

Los polvorones evocan a Lawrence de Arabia

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Aquel aventurero amaba el desierto porque era limpio...como los polvorones

Lawrence de Arabia explicaba así su fascinación  por el desierto: me gusta porque está limpio.

El Duende guarda pocas similitudes con aquel héroe. Ama la aventura, pero sin llegar al arrojo del coronel británico. Su vida, al lado de la que recreó  tan excelentemente David Lean, es como uno de aquellos recortables en los que nos entreteníamos los niños antiguos. Casi todo imaginación para siluetearla cuidadosamente con la tijera, ponerla en pie con peanas de papel sobre la mesa del comedor y soñar que se podía ser héroe. El Duende también va en moto, su Vespa no es aquella ruidosa máquina que montaba el coronel cuando se encontró con la muerte, hay diferencias. También lleva gafas, pero espera que las suyas no se queden colgadas de un arbusto, como ocurre en la escena que abre y cierra el filme de Lean: hay películas que hacen mella en la memoria, y pequeños detalles de un plano que son como el pin que las identifica. Las gafas de Lawrence ahorcadas en un matojo, qué pena, el hombre que amaba el desierto porque era y estaba limpio.

El Duende se acuerda de él cada vez que desenvuelve el papel sedoso del polvorón. Porque al encanto de su sabor añade su belleza sencilla y natural. Se desmorona al primer mordisco y presenta la misma textura de una duna. Y es limpio, como el desierto que amaba Lawrence: la harina es la arena. Su capa de azúcar, de almendra molida o de ajonjolí, la superficie, la piel de ese desierto golosina. Y es limpio, limpio. Puedes comértelo en un pispás, para aliviar ese golpe bajo que a veces te propina el hambre a mitad de mañana, y quedar tan elegante y bien compuesto como Peter O´Toole.

Sorprendentemente, ninguna universidad ni centro de estudios de esos que periódicamente ofrecen informes pintorescos han publicado nada interesante sobre el polvorón. El inquieto Duende ahora selecciona en los supermercados los polvorones-polvorones, que afortunadamente se venden a granel, a elección del consumidor, y permiten  esquivar la filfa que a veces incluyen los llamados surtidos. Va a lo clásico: el polvorón de almendra, nevadito. O el que llaman mantecado, peinado con granos de sésamo. Y entre su estudio de campo sobre las inmensas ventajas de salir de casa con dos o tres polvorones repartidos en los bolsillos de la chaqueta, ha llegado a la conclusión de que se puede abrir y consumir un polvorón en el transcurso de un viaje de cinco pisos en un  ascensor convencional. Eso sí, cuando se abren las puertas en el final de trayecto, aún puede que le pillen a uno relamiéndose.

-Buenos días –dijo llevándose las manos al bolsillo cuando se topó con una bella dama en el portal- Es que tomaba un polvorón mientras bajaba- se excusó- ¿Quiere uno?…

La mujer se quedó pasmada. La segunda conclusión del estudio de campo es que la sociedad aún no está preparada para aceptar golosinas de un extraño a la puerta del ascensor.

Y la tercera es que quizás haga falta subir al Empire Estate para enamorar a una mujer con los argumentos de Lawrence de Arabia y el irresistible encanto de esta joya de nuestra dulcería llamada polvorón.

Hay gente pa tó

Hay oyentes de radio que se quedaron algo trasnochados...

Hay oyentes de radio que se quedaron algo trasnochados...

Lo bueno de tomar un  micrófono y hablarle a los que escuchan la radio  es que siempre le gustas a alguien. Lo malo, si no te ajustas al tópico –es para mí un placer dirigirme a este público maravilloso, etc, etc- es que inevitablemente también disgustas a otros tantos.

Creía el Duende, como solemos creer todos, que hay valores sobreentendidos, mentirijillas aceptadas por la generalidad de los ciudadanos, sentido común y sentido del humor más o menos repartidos por todas las zonas de la sociedad.  Hablamos y sentimos como nuestra familia o nuestra pandilla, y creemos erróneamente que el mundo es como refleja nuestro espejo. La cosa es que el Duende no era él, sino su alter ego doña María, que se presentó en su nueva emisora  de punta en blanco. Imagínensela, recién pasada por la pelu y coquetamente maquillada, las uñas de manos y pies pintadas de carmesí, abanico español, dos aretes en las orejas, y un elegante vestido indio de algodón que le había regalado su amiga Jocelyn para la ocasión. Y no es que estuviera particularmente dicharachera ni chocarrera. La presentaron, hizo dos o tres comentarios de su familia y aquí paz y después gloria.

Pero hay gente pa tó, que sentenció el famoso torero cuando dicen que le presentaron como filósofo y pensador a un señor que se llamaba Ortega y Gasset. Hay bibliotecarios y sexadores de pollos, funcionarios y okupas,  bailarinas de la danza del vientre y habilitados de clases pasivas, afinadores de pianos y pendolistas, criadores de caracoles y trapenses. Y muchos más, cada uno de su padre y de su madre. En tantos mundos tan diversos, cada cual puede entender el mensaje a su manera.

El caso es que Ely del Valle y Enrique Campo, que son los conductores del programa  donde interviene la gran dama del Bloque los Arándanos habían invitado a los oyentes de la COPE a que mandaran sus comentarios por correo electrónico. Los más eran amables, algunos evocaban con nostalgia a Jiménez Losantos y a César Vidal. La radio es, sobre todo, una costumbre,  y los que no mueven jamás el dial son por lo general refractarios a los cambios de voces. En ese listado de mensajes hubo uno, sin embargo que le dejó descolocá a nuestra heroína. María es el nombre de la madre del Señor –decía el email- y no parece el más adecuado para tomárselo a broma.

-¡Santa Coloma parió por un deo, y no me lo creo!- exclamó la doña sin poder ocultar su contrariedad.

Hubo que consolarla a la pobre mujer recordándole que en todas partes hay gente pa tó.


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