Posts Tagged 'España'

Invierno con mirlo y Montoro asomando las garras

También el honrado invierno tiene su encanto, a veces en forma de pájaro...

También el honrado invierno tiene su encanto, a veces en forma de pájaro…

1

Te has retirado al campo, donde por primera vez te recibe el señor invierno. Supones que arriba, en las crestas del Almanzor, habrá nevado, pero en tu cota de los setecientos lo que ha caído es una manta de agua que se ha llevado por delante las hojas que aún se resistían en las ramas de los árboles. Adios, otoño, adiós. Llueve incesante, pero mansamente.

Agua bendita, al contrario de lo que ha caído en otras partes de España, que era agua cabreada, iracunda, como queriendo decir: ya que, a lo que se ve desde arriba, tenéis tan poca estima por lo que es vuestro país, o nación, o patria, llamadlo como queráis, allá va un temporal para ponerlo un poco más patas arriba. Los temporales no tienen ideología, pero a veces, son el quinto o sexto jinetillo del Apocalipsis. Afortunadamente en tu contornada se han portado. En lugar de estacazo y tentetieso el plomo del cielo se ha desleído en eso, en una suave, pero espesa y persistente manta de agua de las que calan la tierra y alimentan los acuíferos.

-Nieblas meonas –escuchaste hoy en el pueblo- Estas son las buenas.

2

Porque al parecer el día de Nochebuena se pasaron de meonas.  En Madrigal de la Vera, en Candeleda y en Arenas cayeron por más doscientos litros por metro cuadrado, tres cuartas partes de lo que puede llover en Lorca en todo un año. Te duele que el temporal haya sido una pesadilla para los que perdieron su casa, su coche o alguna cabeza de ganado lejos de tu aquí, pero esta salutación mojada del invierno te encanta. Mientras escribes estas líneas junto al fuego tomas una taza de té y, siguiendo  el ritual de todas tus Navidades, escuchas el Mesías de Haendel y al fondo, el tamborileo de los goterones que resbalan del tejado. Estas esperando la llegada de tu familia, pero entretanto disfrutas tanto del momento que te empieza a preocupar. Piensas que de un momento a otro descenderá por el tubo de la chimenea Montoro disfrazado de Papá Noel, y querrá cobrarte el IMOFEI.

-¿Y eso qué es lo que es? –le preguntarás ingenuamente.

-¡Pardillo!- te dirá  frotándose las manos con cara de Mr. Scrooge y relamiéndose de gusto como si aún le quedaran en la barbilla restos de la sopa de almendra de la cena de Navidad- El novísimo Impuesto sobre Momentos Felices Imprevistos. ¿O es que crees que yo me toco los cojones?…

3

El invierno muestra la honradez del campo, desnudo como queda de todas las hojas de los caducifolios y con el pasto agrisado por las heladas. La frialdad. Todas las otras estaciones son más gratas con él, pero así y todo aguanta el tipo sin engañar a nadie (la primavera y el otoño disfrazan incluso a la tierra más feúcha, que acaba dando el pego gracias a su maquillaje). Aún pintan de distintos verdes los pinos, los olivos, las encinas y, sobre todo, los madroños y los cítricos. Por cierto, te preguntas por qué no convertimos al naranjo y al madroño, tan coquetos en esta época gracias a sus  frutos de color vivo, en el árbol de Navidad autóctono, ahora que tanto se lucha por la marca España.

4

Un día  como hoy hay bien poco que hacer en el campo, sobre todo a tu edad, demasiado avanzada para calzarte las katiuskas y patear los charcos. Travesuras inocentes de otros tiempos. Sólo escribes, escuchas música y  de vez en cuando te asomas a la ventana para ver a un mirlo picoteando las aceitunas.

Velay otra muestra de la honradez del invierno: sin ramas tras las que camuflarse, se ve nítidamente el plumaje negro brillante de este pájaro tan vulgar rematado por el llamativo contraste de su pico amarillo vivo, y te parece casi un ave aristocrática. En la sobriedad, la adustez y, a la postre, la honradez del paisaje invernal de un día frío y lluvioso, cualquier pequeño detalle de vida  animal se te antoja un prodigio de la naturaleza que merece ser guardado en el album de tus cromos favoritos. No se lo cuenten a Montoro, vaya a ser que se saque otro impuesto por observar al mirlo o deleitarse con el vuelo en escuadra de las grullas.  Otro regalo  por cierto, para no despericiar, que nos hace por estos pagos el honradísimo invierno.

 

Lo que da de sí el mapa de España

Uno se pregunta cuántos veranos le harían falta para conocer, aunque sólo fuera muy por  encima, todo lo que ofrece el mapa de España...

Uno se pregunta cuántos veranos le harían falta para conocer, aunque sólo fuera muy por encima, todo lo que ofrece el mapa de España…

1

¿Cuánto más vives más sabes?…Tal vez sí, tal vez no. A Homper  le sigue sorprendiendo descubrir a su edad cualquier cosa. Como su margen de ignorancia es infinito, circula por la vida con cara de semitono, que es esa expresión mitad de pasmo mitad de tonto que se le pone a un cantante aficionado cuando tiene que afinar un bemol o un sostenido.

-Tu acuérdate del bobo de Coria, pon su cara y ya verás cómo das la nota justa-le recomendó un veterano compañero de coro.

Desde entonces no deja de mostrarse como el bobo velazqueño en todos los órdenes de la vida. Su abuela le recordaba aquello de nunca te acostarás sin saber una cosa más y, aunque ya no tiene edad, sigue preguntando como un niño.

2

Vuelve a ser actualidad el contencioso del Peñón de Gibraltar. Homper, que ya es cuasi perro viejo, se sonríe recordando que en su colegio le enseñaron a cantar una de esas marchas del estilo de Pomporrutas imperiales con un estribillo reivindicativo que clamaba simplemente por un Gibraltar español. Como no podía ser de otra forma.

Franco también dijo aquella frase señera de que Gibraltar caerá como una fruta madura- piensa para sus adentros- Pero el maldito peñón debe de ser como esas ciruelas y nectarinas de los supermercados, que te los venden duras como bolas de cañón y jamás maduran.

Todo es dejá vu, como se señala a menudo en este blog. El  Reino Unido no declinará su arrogancia secular, el gobierno español  dejará bien claro que vale, pero sin abusar ni jalear la demagogia llanita, y al final no llegará la sangre al río. La razón es algo que el espíritu imperial tiende a pasarse por el forro de sus blasones. Por otra parte …¿valdría la pena un malvinazo hoy en la punta sur de Europa?

3

También le sorprende a Homper que, una vez autorizadas en las terrazas de verano esos pulverizadores de agua que alivia la calorina ya hayamos puesto el carro antes que los caballos, y la administración se apresure a regularlos para evitar que esas etéreas duchas refrescantes propalen enfermedades como la salmonelosis. Salmonelosis, sí. Otros veranos también saltaba a la palestra la aluminosis que ataca a los edificios. Probablemente esta es igualmente virulenta en primavera, en otoño y en invierno, pero como en verano flojean las noticias se tira de ella y de otros riesgos parecidos para dar pasto a la información, que tiene que llenar las mismas horas de radio y de televisión y los mismos periódicos todos los días del año.

Aunque a Homper y a muchos otros Gibraltar estos problemas no sean precisamente los que les quitan el sueño.

4

Nunca tan poco territorio pudo ocasionar tantos conflictos durante tanto tiempo,  piensa el Hombre Perplejo parafraseando a Churchill. Se roza el tema en una conversación que mantiene Homper con su amigo Ramón, que es diplomático y experto en política exterior, pero doctor cum laude en casi todo lo demás. A Homper le saltan las dudas como resortes inesperados, y plantea entonces una que va de topografía, y que le inquieta desde siempre.

-La superficie de un territorio…¿se mide en planta o recoge también los accidentes del terreno?

Homper imaginaba que si el Creador fuera topógrafo, sacaría la plancha, la pasaría por nuestra piel de toro quitándole las arrugas de las montañas y valles como si planchara una sábana y mediría así la auténtica superficie de España. Pero su amigo Ramón le confirma que no, que los planos y mapas se hacen sobre una medición  en planta. Por  lo cual resulta que países como el nuestro o Suiza, de suelo tan accidentado, son particularmente ricos, como bien advirtió el ínclito Bárcenas, pues entre montañas y valles suman muchas más hectáreas que las que refleja su foto satélite.

De eso va, de riqueza natural, de montañas y valles que son auténticos tesoros, de joyas del Románico primorosa y milagrosamente respetadas por el tiempo. De acostarse cada noche sabiendo una cosa más de este país que siempre guarda sorprendentes rincones  en cada hectárea de su territorio. Perdido en algún lugar de los Pirineos, Homper no tiene fácil acceso a internet, pero algo acabará contando en este dietario errático que firma el  Duende.

Verano 7. Por el norte de Portugal, a bolsillo casi parado

Desde el Monte Santa Lucía dicen que se divisa “una de las mejores vistas del mundo”….

1
Se pasará su vida y el Duende no habrá conseguido interpretar sobre el terreno aquel mapa con perfil femenino que presidía las aulas de los colegios y escuelas y se llamaba indubitablemente España.

No era España, que era en realidad la Península Ibérica. Quizás desde niños nos inculcaban que Portugal, a pesar de Aljubarrota, era el extranjero, pero menos. De hecho uno no termina creerse extranjero ahí. Entiende algo el idioma, conecta fácilmente con la gente, se siente en el mismo el clima que en su país, según el paralelo. Y ya en algunas regiones, y con la sola excepción de unos precios y unos salarios más bajos, no se aprecia tanto que el nuestro –y menos ahora- sea mucho más reluciente que el luso.

2
Se paseó el bloguero por el norte. Por Valença do Minho, por Viana do Castelo y por Caminha. La primera vez que pisó suelo portugués, hará treinta años, al viajero le pareció que aquella era una patria desportillada y ligeramente deprimente. Y eso que siempre fue admirador de decadencias. Ahora quizás se asomó a una zona más bonita y especialmente aseada, pero la encontró mejor. Aunque una noche que se sentó a cenar en una terraza de la plaza más guapa de Caminha, en la que había montado un escenario para la clásica actuación verbenera, no había una sola mesa ocupada.

-¿Pero no son las fiestas del pueblo? –le preguntó a la camarera extrañado.

– Si señor –contestó en perfecto español- Ahora cuando empiece la música vendrán algunos. Pero es la crisis. Una ruina, señor.

La camarera era una gallega de Tomiño, un pueblo del lado español del Miño. Y español era todo su menú de picoteo, bien ajustadito por cierto. Ración de pulpo a feira, 8 €. Ración de pimientos de Padrón, 3 €. No necesitó mucho más el viajero. Hacía fresquito –sí, en este verano aciago en un punto de la península ibérica se echaba de menos el jersey- y el pueblo estaba vacío. Los pimientos, bien fritos, el polvo (pulpo en gallego) bien aceitado y empimentonado. Todo al gusto del viajero.

Antes, en Viana do Castelo, villa de arquitectura elegante (quizás sea el manuelino la clave) y muy bien mantenida, había paseado buscando la sombra de los nobles alerones de sus calles, porque hacía calor de verdad. Subió al monte de Santa Lucía, desde donde, a decir de un reportero del National Geographic del que han rescatado la frase para ilustrar mucho carteles turísticos, se divisa “una de las más bellas vistas del mundo”, con la ciudad a los pies asomada al río Limia que se ensancha en un delta buscando el Atlántico. Almorzó luego en una taberna sardinas asadas, arroz, queso con membrillo y dos finos, que es como allí llaman a nuestra caña de cerveza. Y aquella pitanza, a la que se añadió un café, importó la astronómica cantidad de 7 €. Viajando en soledad, el Duende es aún más austero de lo habitual, tratando de hacer realidad lo que su amigo Félix Bragado diagnosticó con su gracejo gaditano cuando, dos añas atrás, incluyó su casa asturiana en el periplo estival.

-Macho, eso es lo que se dice veranear a bolsillo parao.

A bolsillo parao, si señor. No del todo, pero bastante parao. Como mandan los tiempos. El espíritu y las piernas inquietos y ágiles, pero el bolsillo sin sobresaltos.

3
Desde su modesto hotel Sao Pedro a la espléndida playa de arena blanca y fina que mira al Atlántico había no menos de cuatro kilómetros. Cuatro kilómetros gratos, que corren al borde de la orilla portuguesa del estuario del Miño y luego junto al mar. El Duende los hizo trotando, pues aún recuerda de cuando que fue maratoniano. Desde la playa, girando la mirada al norte en la orilla opuesta contempló La Guardia, que ya no podrá optar a estar en el ranking de los pueblos más bonitos del mundo, bajo el monte de Santa Tecla, al que otras veces había subido precisamente para avistar Portugal. No compró sábanas, ni toallas, ni manteles, ni cristalerías, ni gallos de colores. No tiene sitio en casa, ni demasiado interés en acumular casi nada. Ya sólo compra impresiones y colecciona recuerdos.

Hablando de impresiones: el carillón del reloj de la torre de la iglesia de Caminha reproducía una melodía que le resultó familiar y le retrotrajo a su infancia, cuando los escolares españoles veneraban una imagen fosforescente de la virgen de Fátima que iluminaba sus vidas. El trece de mayo/ la virgen María/ bajó de los cielos/ a Cova de Iría. Muchas veces ha pensado uno en lo que deben soportar los vecinos de tantas iglesias que vocean las horas a golpe de campana, pero por otra parte qué ternura, despertarse así en un pueblecito costero del norte de Portugal. Impresión anotada, a la mochila de los recuerdos. El Duende se levantó, se aseó, desayunó, metió en el coche en un ferry que le cruzó el Miño por una tarifa ridícula y continuó su veraneo a bolsillo, si no del todo parao, al menos casi parado.

De la utopía al posibilismo

...Y cuando curó la "utopitis" que le aquejaba, se convirtió en un posibilista como cualquier otro gobernante

1

Qué fatalidad. Decían los observadores que el presidente mejoraba de la utopitis crónica que le aquejaba desde su llegada a la Moncloa. En vez de concebir  una España imposible, era ya tan posibilista que hasta consideraba que no toda la energía nuclear significaba  Hiroshima y Nagasaki.

Y en éstas se enfadó la tierra, desató un terremoto y un tsunami sobrecogedor en Japón y reventó la  central nuclear de Fukushima. El mundo lloró –un poquito- por las más de diez mil víctimas. No lloró más  porque el fantasma de Chernobil aventaba el miedo, y medio mundo tenía elecciones a la vista y una viña que guardar.

-España no es Japón –escribió en su informe el Director General de Argumentarios del gobierno de España.

2

Últimamente nada era lo que parecía. Japón no era España. Grecia no era España. Irlanda no era España. Portugal no era España. Ni Libia era Irak. Y el faisán tampoco la cándida paloma de la paz que pretendían.

Pero en el debate nuclear, las cosas cambiaban. Donde antes se cerraba una central, ahora la necesidad obligaba a hacer la vista gorda sobre las demás.

-Digamos digo donde antes decíamos Diego –subrayó el el Director General de Argumentarios- Desde que la gente probó el agua caliente, la calefacción y  el coche, y se ha emborrachado de estado de bienestar, no hay manera de sacar adelante la utopía, jefe.

El presidente se secó una lagrimilla con un pico de la portada de EL PÚBLICO, que usaba habitualmente como pañuelo e, hincando la rodilla, declamó como Tenorio desesperado.

Clamé el cielo y no me oyó/ y, pues sus puertas me cierra/ de mis pasos en la tierra/ responda el cielo, no yo.

La entrada de su secretaria alivió aquel amargo cáliz.

-Que mientras se flagelaba, ha llamado don Emilio Botín para insistirle: que no decaiga, que no dimita, y que si le fallan los sindicatos, ahí está él para ayudarle, que por algo lleva siempre la corbata roja.

Bendito posibilismo.

3

Entretanto, y hastiados ya de encuestas electorales que no trataban sino de socavar la moral del gobierno, empezaron a proliferar las que abundaban en el punto flaco de la energía nuclear. Y Homper, el Hombre Perplejo, se quedó turulato al saber que la mayoría de los encuestados creía que las centrales nucleares que hay en nuestro país son seguras.

-Es asombrosa su sabiduría–pensó- No sólo conocen palmo a palmo la geología de nuestro suelo y la solidez de sus placas tectónicas. No sólo tienen pruebas del alto grado de resistencia del homigón armado. Sino que saben que la fusión parcial de las barras del reactor, aunque produce una radiación de  1.000 milisievert por hora, no nos afecta. Como dijo Leopoldo Calvo Sotelo de la guerra de las Malvinas, el nuestro es un problema “distinto y distante”.

4

Entretanto, en el piso de arriba, Emlio y Solita, un matrimonio con ciento ochenta y cinco años a sus espaldas, escuchaban los alarmantes datos de un científico sobre la longevidad del peligro nuclear.

-El cesio radiactivo decae a la mitad a los treinta años –decía la radio- El plutonio que se está escapando ahora en Fukushima tardará veinticuatro mil en perder sus efectos nocivos.

-No llegaremos a eso, ¿verdad?-preguntó temblorosa la anciana mientras acercaba sus manos frías al radiador de calefacción.

-No, Solita-respondió el anciano- Estaremos ya en la vida eterna.

-Pues entonces, ande yo caliente y ríase la gente.

Les faltó añadir que el que venga detrás arree. Que es más o menos lo que acaban aceptando, con amarga resignación, eso sí, los políticos posibilistas.

Carta de un español desengañado

Los de ahora no son soldaditos recortables. Son manejables, matables, homenajeables y, paradójicamente, humillables por los que defienden España de una manera un tanto exytraña...13. 10.2010

Querida Mamasita

Muchas gracias por haber asistido al desfile y a la ofrenda a los caídos. Lloraste mucho, pero estabas muy guapa, y yo desde aquí te vi, me emocioné y también lloré.

A pesar de que muchos de mis compañeros se enojaron mucho por ver al Rey, el Presidente la Ministra y las otras autoridades en plan figurones, a mí me consoló verles.  Hace un año yo era no más un soldado en Afganistán,  un desgraciado. Pero ahora, gracias a su presencia, al izado de bandera, a La muerte no es el final y a caritas de pena como la tuya,   me estoy dando cuenta de que soy un héroe. A mí no me arregló nada la medalla aquella que me prendieron de la bandera que me cubría cuando nos despedimos, pero espero que al menos eso de que me consideren héroe  te consuele y te llene de orgullo a ti también.

Ahora, mamasita, lo uno no quita la otro. He sido soldado porque necesitaba trabajo,  porque me parecía bonito arriesgar la vida por un mundo un poquito mejor y por servir a este país que nos ha acogido. Pero ahora no estoy tan seguro de que haya merecido la pena mi sacrificio, porque los primeros que no parecen amar a su país son los propios españoles. Tú me dirás si no: ¿qué clase de fiesta nacional es esa en que ni los que tanto aman a España son capaces de respetar  el homenaje a sus soldados muertos? ¿Es que no hay otro momento para silbar al Presidente? ¿Es que la libertad de expresión ha matado en sentimiento de las personas? ¿Es que para cargarse al gobernante que no les gusta nos tienen que ofender de esta manera?…

Ay, mamasita, me dijo un oficial de broma un día que el Código Civil antiguo decía: es español, primero, el que no puede ser otra cosa…Y España será muy grande, y muy noble, y muy histórica y todos esos rollos que se dicen. Pero para lo que nos ha servido a ti y a mí ser españoles, y recordando nuestro pueblecito allá en América, la verdad, si lo se no vengo. A mí, sinceramente, esta patria no me ha gustado un pelo. Antes no podía decírtelo, pero ahora me da igual, y después de ver cómo sufriste ayer no me voy a callar. Ya que esta España no sabe amar ni respetar nada importante, que celebren la próxima Fiesta Nacional a garrotazos entre ellos y nos dejen  en paz, y así no llorarás más.

Te juro mamasita que te sigo queriendo igual desde aquí, y te mando el beso más fuerte y lleno de amor que puedas imaginarte.

Tu hijo querido, caído por la democracia y por España y maltratado por ellas.

Newton José

Cambiando de aires 4/ Francia, grande

Hasta el lugar más impresionante del mundo puede convertirse en un horror cuando millares de turistas caen sobre él al mismo tiempo...

Francia es el país más grande de la Unión Europea. Es casi 140.000 km2 más extensa que España, pero sostiene este bloguero que la diferencia psicológica puede ser aún mayor.

Ocurre, en efecto, que en España la mirada del curioso se puede conformar con sobrevolar determinadas zonas para darles por conocidas. Tal es caso de las mesetas y llanuras castellanas, o de las vasta zonas semidesérticas de Los Monegros, Murcia y Almería, o de la llamada Siberia Extremeña, o de los mares de olivos del plateado Jaén, o de las  muchas montañas o abruptos serrijones que son, cuando menos, tortuosos y difícilmente accesibles. Tanto terreno que uno no podrá andar, y que, abarcado a veces en una sola mirada, cree absorber de un solo golpe de vista. A estas alturas de la vida, y aún valorando sobremanera los dramáticos  y, quizás por ello,  fascinantes contrastes de nuestra tierra, uno agradece mucho los paisajes mansos. A veces demasiado previsibles, pero casi siempre bonitos.

-Me gustaría morir después de haber recorrido todos los caminos –dijo una vez el Duende.

Francia está llena de caminos. Casi todos gratos. De hecho, una de las conclusiones de este viaje estival es que en agosto se debe huir de cualquier punto señalado en la guía con tres estrellas. Por curiosidad, por paletería, por aprovechón, por aquéllo de al menos poder contarlo y, en definitiva, por falta de personalidad, este viajero no se quiso perder, en vivo y en directo, una de las postales más famosas del mundo. Y alargó su itinerario hasta el Mont Saint Michel.

Me quiero morir- se dijo cuando, después de sortear una masa multirracial de turistas consiguió penetrar la muralla que lo rodea.

No llegó a entrar siquiera en el recinto de la abadía. Fue sólo asomarse a la ciudadela que la guarda para sentirse tan agobiado como en el primer día de rebajas de El Corte Inglés. Se dio la vuelta, escapó del gentío que se agolpaba en una única calle atestada de tiendas de souvenirs y, aprovechando la marea baja, dio un paseo circular alrededor del famoso monte para ver ese monumento de la Humanidad desde el único punto que podía evocar su razón de ser. Sólo desde el mar sugería el Mont Saint Michel la soledad y el misterio que uno busca en esos lugares. Lo de dentro,  arte y piedras aparte, que apenas se podían disfrutar, era sencillamente un espanto.

Así que anduvo el bloguero por otros caminos menos transitados. En todos ellos vio cosas interesantes. Y en todos se preguntó cómo siendo Francia tan grande, tan bella, tan cercana,  tan rica en su oferta cultural, tan placentera en la mesa y, fuera de París, no mucho más cara que España, despierte en los españoles menos interés que muchos otros destinos turísticos más complicados.

¿Pasó el encanto y la fascinación que la France despertaba en la generación del Duende? El aroma de la libertad, la cultura, el cine, la canción, el arte y el buen gusto que tanto nos embobaban entonces…¿dicen algo ahora a los jóvenes de hoy? Todos saben o quisieran saber inglés, pero…¿se molestan siquiera en aprender nociones básicas de francés?

Malgré tout, piensa el bloguero, Francia sigue siendo grande en todo. Tanto, que uno puede perderse por sus entrañas y olvidar que el mes de agosto es el peor para echarse a la carretera y ver mundo. No aburriremos con muchos pequeños detalles, pero aún contaremos algunas impresiones más que anotamos en nuestro cuaderno de ruta.

A ver nenas, ¿sabéis que España no es Grecia?

Las Paraskevopoulos -las dos rubitas. Tan ignorantes y tan felices, sin tener nada claro que España no es Grecia...

Atormentado está el Duende. En su cabeza retumba sin cesar el mensaje oficial. “España no es Grecia, España no es Grecia”.  Y eso le confiere una gran responsabilidad. Dos de de sus nietas son mitad griegas y mitad españolas. A ver cómo les explica el abuelo la historia.

-A ver nenas –les dirá- Menos soñar con princesas y menos Pocoyó, que tengo que deciros algo fundamental…

Y les dirá que España no es Grecia porque no va a recortar el sueldo a los funcionarios un catorce por ciento. Ni va a subir tanto el IVA como los helenos. Ni va incrementar un diez por ciento los impuestos sobe el alcohol y el tabaco. Ni va eliminar a los pensionistas sus pagas extraordinarias. España no es Grecia porque su presidente José Luis Rodríguez Zapatero es la suma de los saberes de David RicardoKeynes, Samuelsson, Stiglitz, Milton Friedman y Paul  Krugman. O al menos eso se cree él.  Decía cuando llegó al poder que tenía talante y que dialogaría con todo el mundo, pero cuando las autoridades económicas le dijeron que había que apretarse el cinturón  les escuchó con el mismo interés que podría escuchar a Bertín Osborne.  Para listo, él, que había dado dos clases de economía con Jordi Sevilla y hasta hace un año disponía de una chistera sin fondo de la sacaba conejos ad libitum...

-¿Sabéis que España es, como el de Alicia, el país de las maravillas?…No, niñas…¡España no es Grecia!

España no es Grecia, pero su presidente algo debería de aprender de su colega griego si quiere rebajar el déficit al nivel que le exige la Unión Europea. A todos nos gusta más ser generosos y repartir que pedir, pero un presidente de gobierno no tiene por qué ser un hijo del Rey Midas y de Antoñita la Fantástica. Administrar un país es como gobernar una empresa, y no hay ningún gran empresario que no haya tenido que tomar alguna vez  decisiones dolorosas para sus empleados.

Pero España, claro no es Grecia. En España no hay valor `para hablar de sacrificios.

-Mirad, nietecitas –les dirá- España es el país donde nació mamá, y Grecia es donde nació papá. La abuela de aquí se llama Abuela, y la de allá, Yayá. Lo del jamón bueno es España, pero lo del mejor yogur es Grecia. Donde vivís es España, pero donde vais en verano es Grecia…

Felices ellas, que son griegas, españolas y, sobre todo, niñas. Y que no entienden de la viscosidad y la sinrazón de la política. Escucharán a su abuelo, que, para qué negarlo, no lo tiene mucho más claro. Y luego volverán a las princesas y a Pocoyó, que de economía tampoco saben mucho, pero que, al menos, son más amables y no arruinan a nadie.


Siluetas de RNE

Duendes suscritos:

Suscripción

Suscripción por email

Publicaciones:

PARAÍSO DE HOJALATA
Una Infancia de Hojalata

Ir directamente a

Blog Stats

  • 1,338,061 hits

A %d blogueros les gusta esto: