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Prioridades

Debías haber priorizado, pero el recuerdo de todo lo que te había hecho sentir aquel actor llamado Alfredo Landa magnetizó tu atención...

Deberías de haber marcado otras prioridades, pero el recuerdo de todo lo que te había hecho sentir aquel actor llamado Alfredo Landa magnetizó tu atención…

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Priorizar. De vez en cuando te da un ataque de importancia y piensas que lo que caracteriza a los grandes hombres, a esos que luego pasan a ser las glorias de la patria, es saber priorizar. Te imaginas que hoy, por ejemplo, habrán saltado enloquecidos de la cama gritando su obsesión del día.

-¡Educación!…¡Reformémosla como sea! ¡Educación para todos, pero como la que me gusta a mí!

Es lo prioritario. O debería serlo.

¿Por qué carajo en España nos ponemos barrotes entre las ruedas y perpetuamos los problemas que en otros países han resuelto ya hace tiempo? ¿Por qué hemos hecho del sentido común un imposible metafísico? ¿Cómo es posible que no estemos e acuerdo en los conocimientos que necesita un ser humano español para afrontar la vida? Tú ya no piensas en reformar casi nada de tu patria, porque careces de carácter para ello. Es una suerte que no pertenecieras a la  generación del 98, porque entonces tu escepticismo te hubiera rebosado hasta por las orejas, y hubieras sido una suerte de amargado de los que acaban hastiando al personal. Groucho decía que cuanto más profundamente conocía al género humano más amaba a su perro. Si hubiera sido español y renegado de todo lo que puede unir, como parece que ordena el ADN nacional, acabarías amando desesperadamente a la salamanquesa que vigila tus sueños en el campo.

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Deberías priorizar. Pero como lo único que tienes claro es que no tienes nada claro, se te ha entreverado un sueño que te deja trastornado, y no estás para priorizar nada. Te situaba el sueño en la casa de un compañero de colegio que reúne el dudoso honor de haberse hecho multimillonario, ser conocido de toda España por sus amoríos y sus negocios y condenado por notoria estafa de muchos ceros a la derecha. Un prenda. Nunca fue compañero de pupitre, ni propiamente amigo. Tampoco sufriste las humillaciones y las gamberradas que solía prodigar con los más apocaditos de la clase. Sin embargo aparecía en el sueño como si fuera un tipo normal, incluso más bien atento contigo. Tú sabías que era un perfecto bellaco, pero te planteabas una cuestión que siempre te ha inquietado: cuando un pajarraco te ofrece su cara más buena…¿lo correcto es volverle la espalda o, por el contrario, corresponderle con la generosidad y el buen trato que merece incluso el delincuente?

Ni en el sueño despejaste la duda. Al revés, se vio ésta emponzoñada porque de repente, cosa muy de colegial, te dio un apretón, corriste al cuarto de baño y al final se te rasgó la piñata de caca antes de que te diera tiempo a centrarla en la taza del retrete.

-Pobre Alberto –pensaste- Encima  de lo que piensas de él le dejas el cuarto de baño regado de mierda.

Sentiste vergüenza, y quisiste escapar de aquella pesadilla a toda costa. Cuando despertaste, no eras capaz de dar lecciones de buena educación a nadie. Todo por no saber priorizar a tiempo, y haberte largado de la casa del compañero rana antes de cagarte por la pata abajo.

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Gregory Peck  y Marlon Brando no necesitaban más que su rostro para ser actores-sostenía la tía Clota, que en paz descanse- Por mucho que aprendieran en el Actor´s Estudio y le dieran al método Strasberg, se lo debían todo a haber nacido así de guapos e interesantes. El mérito es tener cara de berenjena como Alfredo Landa y que te haga reír, llorar y emocionarte como si habitara un mago dentro de su cuerpo.

La tía de Homper  pasó en Estados Unidos más de la mitad de su vida, y era una apasionada del cine. Hoy recuerdas esta anécdota que te contó tu amigo porque no puedes estar más de acuerdo con ella. Algunos actores no son más que el pueblo mismo carrozado con su fisonomía, y este era el caso del fallecido Landa.

Últimamente el destino furibundo ha inflado sus carrillos y se va llevando de un soplo a muchos de de los personajes del cine y del teatro que llenaron tu vida. Te van abriendo el camino, demostrando que la muerte discreta, después de todo, no es tan mal final. El último ha sido el gran Alfredo, al que la mayoría echará más de menos que a muchos de sus familiares. Lo prioritario era desvivirse hoy por la negra suerte de la educación en España. Pero tú te desvives –o sea, vives un poco menos- suspirando por la ausencia de otro de los tuyos, otro de los nuestros. Menos mal que la carrera de relevos continúa.

Verano 14. Un interludio de Boccherini

El Festival Boccherini se celebrará en Arenas de san Pedro los días 28 y 29 de septiembre de 2012. Una conferencia a cargo Paloma Olmedo sobre “Boccherini y el Infante Don Luis”, dos conciertos, una Cena Dieciochesca en el palacio de la Mosquera y una Excursión al Monasterio de Yuste integran el programa. Los precios son popularísimos. Y este Duende es el encargado de presentarlo…

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Viajar en soledad no sólo te le lleva a los lugares que espontáneamente te pide el cuerpo. Esa es la ventaja de no tener que dar explicaciones a nadie: te permite también asomarte a las regiones del alma a las que te puede invitar un recuerdo, un pensamiento, un nombre que ves en un cartel, una noticia, una llamada de teléfono.

En pleno horno veraniego al bloguero le sorprendió una llamada de Carina Ferrer Sauermann, canaria de origen alemán residente en Arenas de San Pedro. Estas mezclas de orígenes distintos y distantes, que diría Leopoldo Calvo-Sotelo, enraizadas donde menos se espera, siempre le han interesado al bloguero. Cree que con fenómenos migratorios semejantes se forjaron los Estados Unidos, primera potencia mundial a pesar de todo, y quizás por la riqueza que aportan los mestizajes. Carina apareció por esos pagos por una cuestión de amor. Al que sería su marido, un hijo de Arenas al que el valor y otras virtudes se le suponían, se lo rifaban las lugareñas y las señoritas de Madrid, mayormente cuando le veían pasear con su uniforme de piloto militar. Ahora Carina alimenta en Arenas otros amores. Tiene hijas y nietas que paran por ahí, en una de las pocas casas tradicionales del pueblo antiguo que permite ver por sus ventanas únicamente lo mejor de la villa: el pico de la Mira al fondo, el paisaje de roca y pinos de la sierra de Gredos, el Palacio de la Mosquera en el lado opuesto del valle y la torre renacentista que remata la iglesia parroquial de la Asunción, edificada sobre una base gótica. También tiene otra pasión que es también una dedicación de muchas horas. Se llama Boccherini.

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-¿Te gustaría ser el presentador del Festival Boccherini?-le dijo por teléfono a este bloguero errante.

Carina es la presidenta de la Asociación Boccherini de Arenas de San Pedro. Si la presencia de una canaria hija de alemana en un pueblo del sur de Ávila puede resultar curiosa, no digamos lo sorprendente que debió de ser en el siglo XVIII la de un compositor italiano nacido en Lucca que vino a España siguiendo a una soprano y se enroló en la corte de don Luis de Borbón, que también –oh casualidad- eligió este lugar para establecerse. Cherchez la femme y el temor de Carlos III por las posibles aspiraciones al trono de los descendientes de su hermano y se encontrará respuesta a lo que a priori parece un cierto enigma. Ahora que se escriben tantas novelas históricas, aquí hay una muy palaciega de amor, de celos, de recelos reales, de viajes y de sueños de cortes paralelas. Y todo con el protagonismo de figuras humanistas como las de Don Luis y la de Boccherini, que compuso precisamente en Arenas su famoso Quinteto que convirtió la Música nocturna para las calles de Madrid en una de las piezas dieciochescas más recordadas por el personal. ¿Verdad que promete?

Como promete, incluso en tiempos de vacas no ya flacas, sino medio anoréxicas, el Festival por el que tanto trabaja la amiga Carina.

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Al final, como la Torre de la Iglesia de la Asunción, como el anclaje de Boccherini en Arenas, como Carina o como este mismo bloguero, todos somos depósito de los siglos y fruto de los mestizajes.

-¿Y por qué me invitan a presentar ese festival? –se preguntaba el Duende- ¿Y qué pinto yo allí?…

Porque él es aficionado a la música clásica, cierto, pero no un especialista. Y amante de la historia, cierto, pero nada ilustrado. Y algo así como periodista o comunicador, pero sin cara televisiva, que es lo que vende. Y además veraneó muchos años de su infancia en Arenas, seguro, pero como tantos otros. Y fue pregonero de sus fiestas cuando realmente se le escuchaba en la radio, aunque ya quizás nadie se acuerde del pregón. ¿Bastan esos títulos para hablar del gran Boccherini con un mínimo de solvencia?

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En esas dudas estaba cuando se le ocurrió bucear en su linaje y recordar que un cuarto de sí mismo procede de un contemporáneo de Don Luis y de Boccherini que sin duda convivió con ellos en el Palacio de la Mosquera. Pues sucede que él lleva el apellido Lletget en cuarto lugar, y es chozno de don Diego Lletget y Maixer, que según unos libros fue sotaayudante de la furriera en la corte de don Luis de Borbón. Este hombre casó con una arenense, fue padre de don Diego Lletget y Pérez del Olmo, catedrático de Farmacia, y murió en la villa de la Triste Condesa probablemente después de haber servido al autor del famoso Minuetto y de la Ritirata más de un aperitivo, pues aquel cargo tan rimbombante debía de ser algo así como jefe de intendencia o, como mínimo, sommelier de palacio. Menos prosapia da una piedra.

Para más curiosidad enrevesada Lletget y Maixer era un catalán de pura cepa. ¿Qué hacía en siglo XVIII un catalán por Arenas de San Pedro? Item más: ¿por qué se llamaba Lletget, que en catalán significa literalmente Feíto, siendo así que en la familia, aunque no constan misses de belleza reconocida ni Apolos notorios tampoco éramos tan horrorosos? Misterios de la vida misma, y de algunos países tan ricos en sociología variada como es España.

Hé ahí el sedimento de los siglos y el mestizaje, la misma historia de la Torre de la Iglesia de Arenas, de la estirpe de Carina y de la de este presentador del Festival Boccherini, para servirles. Sin negar que él también se llama Lletget, que significa feíto, puede asegurarles que tanto la historia de Don Luis de Borbón, de Boccherini, y del palacio de la Mosquera, como el Festival de Música que el último fin de semana de septiembre se celebrará en recuerdo suyo quedarán muy requetebonitos. Hay planes mejores, pero probablemente no tan dieciochescos y mucho más caros.

Diez pollitos

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En ese baúl de imágenes cinematográficas donde uno guarda lo que acumula a lo largo de su vida, el Duende recuerda un zoom de ida y vuelta que le impresionó particularmente. Pertenecía a esa época en la que todavía los efectos digitales no nos habían familiarizado con lo imposible. La cámara retrataba un corpúsculo indescriptible, que resultaba ser la raíz de un cabello, y a continuación el cuero cabelludo del joven al que pertenecían ambos. Se alejaba la cámara un poco más y aparecía el joven sobre una alfombra de césped abrazado a una chica, se alejaba un poco más y veíamos la terraza ajardinada del edificio donde retozaba la pareja. Un poco más y Manhattan. Desde más altura, Nueva York, y a continuación los Estados Unidos, el continente americano y finalmente el planeta Tierra, que cuando se iba perdiendo en la distancia era sólo un puntito en el espacio similar al que abría la secuencia.

Todo en unos segundos. Entonces la cámara vertiginosa deshacía el camino hecho y nos retrotraía a la raíz del cabello inicial. Quizás para recordar –oh sorpresa- que lo micro y lo macro son iguales, y que todo depende del punto de vista.

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Recordó esta secuencia el Duende al despertar el pasado miércoles. De repente veía que la casa/mundo donde vivía había sido bombardeada por los macroproblemas habituales. Aún ardían entre los escombros la crisis, los recortes, el paro, la prima de riesgo, el déficit, la pobreza, la irritación callejera, los devastadores incendios del verano. Y Siria, que también duele. La casa Usher casi daba envidia.

Entretanto, en la suya aún pasaba algo casi peor. Por si no tuviéramos bastante con la mundial, una fuga de la lavadora había inundado la habitación a la vecina del cuarto, mientras el ordenador le hacía pedorretas y le negaba el acceso a Internet. O sea, microproblemas. Que, al cabo son casi peores que los macroproblemas, pues ante estos el Duende, como casi todo el mundo, se inhibe por incompetencia, mientras que nadie responsable puede esquivar la obligación de buscar un fontanero o un técnico que solucione las chapuzas informáticas.

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Lo macro y lo micro. Esperaba el Duende- no sabe si en vano- que Dios se encarnara en sí mismo y con la infinita bondad y sabiduría que le caracterizan, si no curaba el mundo, al menos se pusiera el mono de trabajo y arreglara sus entuetos domésticos. Pero en tanto se producía el milagro, se aliviaba con una micro buena noticia que también puede ser macro, según se mire.

-Abuelo –le decía por teléfono su nieta Marina rebosante de ilusión- ¡Hemos tenido pollitos!…

Es la primera noticia de este calado que se registra en la familia. A ciento ochenta kilómetros de las averías, en esa casa de campo donde se ha organizado un campamento de verano para nietas, primitos y otros niños agregados, el horizonte no se ve tan oscuro. Han nacido diez pollos de gallina, y aunque el mundo entero es una pollada, las nietas lo celebran como si el acontecimiento fuera el natalicio de diez exóticos rinocerontes blancos o de diez extinguidos tigres de Tasmania.

Tienen razón las chiquillas. Lo micro es igual que lo macro, todo depende del punto de vista y del criterio. Hasta este abuelo descreído está dispuesto a admitir que el piar de un pollito y la ilusión de unas niñas puede mitigar el clamor del cabreo universal.

Feliz como el pavo que indultó Obama

En el campo donde el Duende pasaba las vacaciones de su infancia había ua tropa de pavos. Había que criarlos con mucho mimo: a los pavos pequeños, por ejemplo, no se les alimentaba con cualquier cosa. Se les suministraba leche cuajada con hortigas. Luego, de adultos, los pavos paseaban por el encinar y se ponían morados de bellotas. Pobres, finalmente se les asaba con manzanas, castañas y mucho coñac y estaban buenísimos.

A los pavos les gustaba pasearse en comitiva, con los machos al frente, que se vez en cuando se inflaban orgullosos y lucían su ridícula cascada de moco rojo que les colgaba como un chorro de gelatina por encima del pico. Parecían la corte de los Austria -por lo negro del plumaje- camino de una coronación. Orgullosos. El jefe de la comitiva cacareaba -no recuerda uno que exista palabra específica para el canto del pavo- y los demás le coreaban como unos pelotas. Al Duende le divertía mucho aquel desfile. Entonces imitaba el canto del pavo jefe, y la tropa le respondía como si en la realidad lo fuera.

El Duende es tan mayor que recuerda a los pavos en el mercadillo de la Plaza Mayor. Los madrileños compraban allí su cena de Nochebuena, como si los pavos de verdad fueran figurillas de nacimiento.Luego venía el sainete tgragicómico de la degollina: alguien tenía que ejecutar al pavo en casa. A veces el pavo rebelde se escapaba de las manos del verdugo y salía corriendo por el pasillo con la cabeza colgando y dejando a su paso un reguero de sangre. Todo muy goyesco, muy solanesco, muy de Berlanga. En una de las primeras películas del gran director valenciano se veían estas escenas de la Navidad de entonces.La película era tan tierna y tan ingenua que se titulana Felices Pascuas, ahora que hasta los católicos fetén olvidan el origen religioso de la celebración y felicitan “las fiestas”. ¿De qué fiestas se trata?, pregunta uno. ¿Tanto molesta la Navidad?

Más tarde se enteraría el bloguero de que los norteamericanos anticipan este ritual navideño el Día de Acción de Gracias. Los estadounidenses se comen ese día pavos grandes como avestruces, quizás para que quede claro que a pesar de las crisis siguen siendo la primera potencia mundial. Y de esa sacrosanta fiesta que tan magníficamente pintó Norman Rockwell y tantas veces hemos visto en el cine, lo que más le impresiona al Duende es que el presidente abandone por un momento sus altísimos quehaceres y que indulte a un pavo elegido no se sabe cómo entre todos los pavos de los estados de la unión.QUé privilegio.

Bueno, pues todo esto es para decir simplemente que en vísperas de la Navidad de 2011 el Duende se siente como el pavo indultado por Obama. Con la misma cara de pavo que tanto sorprende a los que le conocen, que, no sin razón, le consideran generalmente un tipo frío e inexpresivo. Pero también con la felicidad interior de sentirse librado de los males de nuestro tiempo. Libre de la enfermedad, libre del paro,libre del desánimo,libre de grandes depresiones. Sólo prisionero de afectos o amores de distinto matiz a los que quizás no sabe corrresponder precisamente por ser como un pavo Y, pese a las triquiñuelas de la informática, centro aún de la mirada de algunos amigos blogueros que todavía se aventuran a leerle.

Debería de confesar paladinamente que él si que puede sentir una Feliz Navidad, y que le gustaría que todos los que le felicitan en sus comentarios vivieran al menos algo parecido. Debería decirlo sin timidez, con alegría y firmeza, como anunciaron los ángeles aquéllo de paz a los hombres de buena viluntad Pero ya lo ha recordado varias veces: es tan pavisoso y está tan sorprendido por la serenidad de su estado de ánimo que no es capaz de ser más elocuente que el pavo indultado por el presidente de Estados Unidos

Pues eso: Feliz Navidad les desea un pavo afortunadamente indultado.

La baba nacional

Se puede mirar con respeto. Pero también con estupor, con ternura, con guasa, con piedad. Y, no se ofenda nadie, con rubor...

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Homper vuelve a quedarse perplejo. Super, super, super, superperplejo, como diría una niña pija. Hace ya tiempo que no hablaba de la tía Clota, la tía andaluza que fue profesora de español en Estados Unidos, casó con un granjero americano de Vermont, enviudó de él y se quedó a vivir para siempre en Nueva Inglaterra. Era la única tía que le quedaba, y hablaba con ella una vez a la semana utilizando el Skype. Pero anteanoche ella se despidió de él.

-Puede que sea para siempre, sobrino- le dijo mientras se tomaba una infusión en un mug decorada con la cara de Leonardo di Caprio Ya me ha dicho el cirujano que este corazón tiene muy difícil arreglo. Fíjate qué pena si me muero en la mesa de operaciones sin haber visto nada de la boda.

-¿De qué boda, tía?

-De cuál va a ser…De la boda de la Duquesa. La gran fiesta de la baba nacional, ¿no?

No parece que le apenase mucho. La anciana está ya muy debilitada, y hecha a la idea de que su suerte final está al caer.

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Se quedó perplejo, como no podía ser de otra forma. La gran fiesta de la baba nacional…Qué manera de expresarse. Pero pronto comprendió que su tía conservaba su lucidez,  y que desde sus años y desde la distancia no tenía por qué andarse con rodeos.

-Se casa por tercera la Duquesa de Alba, 85 años –rumió Homper en sus pensamientos-  Está en su derecho de hacer lo que le venga en gana, el amor tiene razones que la razón desconoce (Pascal) y el amor no tiene edad, que lo cantaban en la zarzuela Don Manolito. Todo muy comprensible. Incluso plausible.

Y ella, la Duquesa, es una mujer liberada que a pesar de sus años aún cree creer en el amor. Y es simpática. Y generosa, según cuentan las personas han sido beneficiarias de su caridad y que hoy le felicitaban por la radio. Y divertida. Y pintoresca. Y es verdad que empieza a acusar su edad en algunos detalles poco amables para su imagen. Pero Homper está seguro de que lo de la fiesta de la baba nacional no lo decía la tía Clota porque a Cayetana se le pueda caer la baba, cosa que nos podrá pasar a cualquier a su edad. Sino por todas las demás babas que supuran de su boda.

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La mala baba (portada deINTERVIU, mensajes de Twitter poco piadosos con la noble enamorada). La baba de los aduladores profesionales. El baboseo asqueroso de los que se chotean de ella y luego la jalean como heroína del pueblo para vender sus revistas, sus programas de radio y televisión y los libros que se escriben a cuenta del personaje. Y la baba, la simple baba del tonto de baba que somos todos.

-¿Por qué voy a decir que el pueblo siempre es sensible e inteligente, si no soy político?-se dice el Hombre Perplejo.

Últimos detalles del esperpento. Los balcones con vistas al Palacio de Dueñas se llegan a pagar a 8.000 €. Y la eterna chiquilla que cree ser la novia se marca una rumba tambaleante ante la iglesia que  si, por una parte es ternura,  por otra parte resulta patética. Dos flashes iluminan el confuso pensamiento de Homper: el recuerdo de la cara de El bobo de Coria que pintó Velázquez. Y a continuación, la cínica razón con la que el fénix de los ingenios Lope de Vega justificaba su producción de comedias alimenticias en serie: El vulgo es necio y, pues lo paga, justo es hablarle en necio para darle gusto.

 -Tiene razón la tía Clota- concluye Homper- Todos necios, todos formamos parte del tinglado de la nueva farsa. Hasta yo, por entrar al juego y creer que mi punto de vista sobre la boda de la Duquesa puede ser de interés. Qué disparate.

Y al día siguiente de la boda, aún es noticia preferente la gran fiesta de la baba nacional.

Homper no entiende nada de nada

No cree que se deba hablar de "la nefasta manía de pensar", pero Homper piensa que deberíamos renunciar a pretender entenderlo todo...

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Homo sapiens. Homo ignorans. ¿La curiosidad es la madre de la ciencia? ¿De verdad que la razón lo explica todo?…Medita estas cuestiones nuestro amigo Homper mientras afila la punta de su lápiz con un sacapuntas. Cuando termina la operación, acerca el ingenio a sus labios y lo besa.

-No sabes lo que me gusta entenderte.

Le llena de satisfacción que una concavidad acoja la punta del lápiz, y que una cuchilla de acero afilada  afeite la madera alrededor de la mina con sólo girar aquel. Qué bien inventado está esto, piensa. Y qué gratificante entender el funcionamiento del sacapuntas.

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Porque en estos tiempos e exaltación desmesurada del hombre y de culto a la razón como clave de su superioridad, se pretende que la pobre especie humana lo entienda todo. Llevamos tres años de crisis, y aún a veces, cuando los especialistas recuerdan sus causas, Homper no sabe por  qué las trapacerías de cuatro granujas que hicieron quebrar a Lehman Brothers y de unos buitres que quisieron abusar de los que necesitaban casa en Estados Unidos explican el estado de postración del planeta.

-Un día nos cuentan que la culpa es de la prima de riesgo. Otro, de Grecia. Otro, de Portugal o de Irlanda. Ahora de Italia. Dicen que Bélgica está a caer, y que luego iremos nosotros. Se caen las Cajas de Ahorros. Se descubre ahora que tenemos dieciocho administraciones especialistas en el despilfarro. Resulta que la responsabilidad es de los que nos acostumbramos al estado de bienestar. Y entretanto, con los mismos recursos naturales, la misma fuerza bruta y las mismas capacidades humanas, ni las mejores cabezas saben qué hay que hacer para producir más, crear empleo y devolver la confianza.

Homper volvió a besar el lápiz y el sacapuntas.

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Pero pretenden que sigamos creyéndonos homo sapiens. En su noble afán de divulgación,ONDA CERO incluye a veces en su programación píldoras científicas, y ese día Homper se sorprende escuchando la enésima explicación del Acelerador de Partículas. Parece ser la madre del cordero de la física cuántica, un invento que, si funciona, resolverá todos los problemas de energía que arrastramos, y además recreará las mismas condiciones físicas en las que surgió el Big Ban. O sea, que puede reproducir el fenómeno de la creación del mundo, como si ya no tuviéramos  bastantes problemas en este. Y consiste en un túnel circular de 29 kilómetros por el que lanzan partículas para que choquen entre sí. Las partículas dan 11.000 vueltas al túnel por segundo, y se supone que deben chocar entre sí con alguna que venga en dirección contraria. Si chocan, se descomponen en otras micropartículas.

-Y parece que, si eso ocurre, se organiza la de Dios -piensa Homper- Y nunca mejor dicho.

¿Y cómo lanzan las partículas? ¿Con catapulta? ¿Con compresores de aire? ¿Con pistolitas de agua? ¿Y por donde se abre el túnel circular para que metan las partículas que han de chocar entre sí? ¿Y qué haremos con ese otro mundo que puede recrear el nuevo Big Ban? ¿Esperaremos a que vengan otra vez  cuatro canallas a hundirlo sin que volvamos a entender nada de nada?…

Homper contempla   con cariño  su lápiz y su sacapuntas, tan sencillos y eficaces ellos, tan fáciles de explicar y entender. Y pone bálsamo a su ignorante perplejidad mirando a la luna llena. Tampoco sabe muy bien cómo se mantiene ahí, pero luce bonita, y además le invita a soñar.

Otra película espera

Nunca sabe uno qué historia se va a encontrar en el cine...

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Eugenia miró por el ventanuco. Sólo una cabeza en las veinte filas de butacas de la sala.

-Qué rollo-suspiró.

Eugenia no se lo explicaba, pero el dueño sostenía que había que mantener abierto el cine, porque los fines de semanas el aluvión de palomitas y Coca-Cola salvaban el negocio.

-¡Qué desperdicio!-volvió a suspirar.

Y a continuación puso en marcha la proyección. Quedaban por delante dos horas de paisajes suburbiales con fábricas abandonadas y medio destruidas, de macarras calvos malhablados, vestidos de negro y con gafas ahumadas. De persecuciones, de automóviles destrozados. De drogas, maderos corruptos, palizas y explosiones.

-¿Quieres callar tu puta boca de una jodida vez?- oyó que gritaba un facineroso en las primeras secuencias.

Todo filmado con mucho primer plano,  sangre a borbotones, cámara nerviosa y montaje histérico. Todo exhibido con un derroche atronador de decibelios.

-Los jóvenes necesitan mucho ruido-le había remachado el jefe para que no se le ocurriera bajar el volumen de sonido-Así no piensan demasiado.

Sólo le sorprendió a Eugenia ver que el único espectador de la noche no parecía demasiado joven. Las ráfagas de luz que venían de la pantalla iluminaban una cabellera casi blanca.

-¡Qué desperdicio!-volvió a suspirar mientras se olvidaba del negocio y se sumergía en un novelón.

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Y qué desperdicio de vida la suya. Una educación inútil, una buena planta, una sensibilidad perdida, un único amor que le dejó hacía años, una hija bióloga que vivía en Estados Unidos con un camionero de Arkansas y las pocas esperanzas puestas en que acabara la película, culminara el novelón y la ganara el sueño.

-El sueño es la única película que me interesa ya- pensó.

Echó un vistazo por el ventanuco y vio que la solitaria cabeza que sobresalía por encima de las butacas había desaparecido.

-Perdone –sonó una voz al otro lado de la puerta de la cabina- ¿Está obligada a continuar la proyección aunque no haya nadie en el cine?…Lo digo porque yo me voy. La película no me interesa nada, buenas noches.

El único espectador se dio la vuelta y se marchó.

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Eugenia paró el proyector, se puso el abrigo, cogió su bolso y su novelón y apagó todas las luces de la sala. Cuando ganó la calle observó que un hombre de buen porte y con las sienes plateadas se fumaba un cigarrillo a la puerta del cine. Era el espectador decepcionado.

-Yo siempre he buscado en el cine alguna historia interesante- le dijo él

Ella movió las cejas, como excusándose por el desencanto de la película. Levantó la mirada buscando un taxi, y en vista de que no aparecía se echó a andar.

-¿Me permite que la acompañe hasta que aparezca  uno?- preguntó él poniéndose a su altura.

Ella bajó los ojos y asintió con timidez.  No pasaba nadie por la calle oscura, y aquel hombre que buscaba historias le infundía confianza. Aunque el título de la película que dejaban atrás era No esperes nada, Eugenia notó que por primera vez en muchos años el corazón le latía con ilusión.

No esperes nada- repitió para sí misma-, pero no dejes de esperarlo todo.

Y vieron juntos uno de esos peliculones que empiezan cuando se acaba el cine.


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