Posts Tagged 'ETA'

Una heroína con estilo

Ana Vidal Abarca1

Sientes una lanzada en la espalda y la despiadada llegada del verano. Lo sientes mientras con tu amigo Eduardo pasas el sábado invitado en un cortijo rodeado de tierras de labranza, abiertas y despejadas, a orillas del Tajo. Estos paisajes en clima tan extremoso debieron de marcar la reciedumbre del paisanaje de antaño. Sólo la visión del río semiembalsado por el pantano de Azután, unos alfalfares verdes como esmeraldas y algunos pinos, fresnos, olivos y encinas refrescan la aridez del horizonte castellano manchego.

La lanzada va contigo: hoy pasarás por el despacho de los oncólogos que te vigilan para analizar el curso de tu herida. El resto de las circunstancias te llevan a evocar la grandeza del héroe tal como te lo explicaban don Celestino y Don Augusto, tus profesores de literatura. El anfitrión se llama Ramón, y es hijo de maestra. Por las noches, antes de acostarse, costumbres de aquellos tiempos, dice que su madre les recitaba poemas. A ti se te ocurre imaginar lo que sería una cabalgada del Cid campeador por esas tierras tal como la glosa Manuel Machado, el infierno que incubaba el so l bajo el casco, la cota de mallas y la coraza, el sudor que chorreaba desde la coronilla del caballero hasta las ijadas del caballo. Instintivamente dices en voz alta.

El ciego sol, la sed y la fatiga/ por la terrible estepa castellana…

-…al destierro, con doce de los suyos/ polvo, sudor y hierro, el Cid cabalga- rematan tus compañeros de cabalgada.

El Mío Cid, el Quijote, Guzmán el Bueno…Nuestros héroes, antes de que Supermán, Batman y el Capitán América saltaran de los tebeos a las grandes superproducciones de Hollywood.

2

También vivíais de heroínas. Si las queríais con armadura teníais a Ingrid Bergman o a Jean Seberg en sendas Juana de Arco. Pero a ti te gustaba más la Agustina de Aragón de Juan de Orduña, porque aquella Aurora Bautista, descotada y agitando la bandera con voz desgarradora mientras alentaba al pueblo contra el gabacho invasor te emocionaba mucho. Además ahí aprendiste El sitio de Zaragoza, una música muy marchosa que luego recreaba la Banda Municipal en los conciertos de primavera del kiosco del Retiro, y gracias a Fernando Rey te enteraste de que los grandes generales del siglo XIX como Palafox lucían patillas como hachones. La película la echaban en el colegio el día del Pilar, probablemente para alimentar la fe en la patrona de los marianistas. Qué ingenua se ve ahora aquella panoplia de heroínas, cuando las figuras eran Santa Teresa Agustina de Aragón, Florence Nightingale o Ana Frank, por ejemplo, y no Shakira, Lady Gaga, Belén Esteban, Ada Colau o esa concejala tan elegante que se presenta orgullosa recordando, lo primero, su condición de bollera, como si al pueblo le fueran a bajar por eso el precio del pan. Cosas tenedes, Cid, que farán fablar las piedras.

3

Tus heroínas de ahora son como Ana Vidal-Abarca, que se ha ido de nuestro lado discretamente, sin perderle la cara a la enfermedad, sin dejar de disfrutar la vida, por mal que la tratase, sin perder su elegancia y su sonrisa jamás y sin permitir que cayese en el olvido ni la vileza de los que asesinaron a su marido el comandante Velasco ni el valor cívico de la Asociación de Víctimas del Terrorismo que ella creó para perpetuar la memoria de los muertos por ETA y sacudir a las conciencias que, adormiladas por la desidia o por el miedo claudicaba ante el terrorismo. Todo lo sobrellevó y lo peleó con una fuerza, una dignidad y una generosidad de miras admirable. La última vez que te encontraste con ella en el Hospital de Sanchinarro la abrazaste emocionado, sabedor de que ahora vuestro enemigo común no hace tanto daño social como la canalla terrorista, pero también mata.

-Gracias, Ana María- debiste decirle.

4

Se las podría dar también cualquier español bien nacido, pero tú con razón de más. Pues al poco de instalarse en Madrid, viuda y con sus cuatro hijas, una de las pequeñas que presenció cómo los pistoleros mataron a su padre cuando las llevaba al colegio, entró a trabajar en tu agencia, y a todos impresionó que aquella criatura de dieciséis años fuera lo más dispuesta, eficaz, generosa y simpática que pasó por allí, como si en su casa nunca hubiera pasado nada malo. Años después la agencia cerró, y otros años más tarde tú ingresaste en el club de los cancerosos, y desde entonces, un ejemplo, no hay día de Navidad que esa deliciosa Inesita, hoy madre de tres jayanes como los Gasol, no se presente en tu palomar portando una caja de vinos, un bizcocho horneado por ella o cualquier otro detalle dedicado a ti. Como por diferencia de edad y otras circunstancias ambos quedáis fuera de toda sospecha, sueles darle las gracias, la felicitas y le dices que la quieres mucho, a lo que ella sonríe con cierta timidez y proclama.

-Tú siempre serás mi jefe.

La sonrisa de Inés. Otro argumento más para admirar a esa madre capaz de haber cabalgado por encima de la adversidad, del sufrimiento y el odio dejando a su paso una escuela de valor, de cariño y de simpatía que nos hace mejores a todos. Por sus frutos los conoceréis, dice Mateo de los árboles buenos. Tú has tenido la suerte de conocer los de una heroína de nuestro tiempo distinguida además por su discreción y por su finísimo estilo.

Verificando, que es gerundio

Un poco harto de ciertas estupideces a las que conduce la política, tú también tienes algo que verificar...

Un poco harto de ciertas estupideces a las que conduce la política, tú también tienes algo que verificar…

1

Te enteras de que llegan a Bilbao unos señores bastantes importantes a los que llaman verificadores.

Deduces que son importantes precisamente por eso, porque salen en el Telediario, aunque  parece que lo que tienen que verificar lo verifica cualquiera, o sea, que ETA  ya no asesina. Dan ganas de decir aquello de a buenas horas mangas verdes.

¿Por qué no venían a verificar los pistoletazos en la nuca, los coches bomba, los atentados en supermercados y casas-cuartel de la Guardia Civil? ¿Cómo no se precipitaron a verificar el número de mutilados y de enfermos mentales crónicos que ha dejado en España el terrorismo? ¿No se les ha ocurrido verificar cómo crece un niño huérfano o cómo sobreviven las viudas, los padres y los familiares de aquellos borrados inicuamente de la vida por una pulsión criminal? ¿Hace falta ser muy experto para verificar la ruindad de los autores de estos delitos? ¿No nos hubiéramos ahorrado todo el dolor y la vergüenza que produce el enmascaramiento de esta salvajada en la política si los ilustres verificadores hubieran verificado a tiempo que lo que ETA ha perpetrado es un sinfín de crímenes, y nada que merezca ninguna otra consideración?

Pero ya que se han decidido a verificar –algo tarde por cierto- que al menos verifiquen dos cosas. La primera, que los culpables de esos delitos van a cumplir sus penas como cualquier otro delincuente. Y la segunda, que los que hoy pretenden presentar a esta ralea como héroes o santos tampoco son la mejor receta para que los vascos se sientan orgullosos de serlo.

2

Tanto jalean  a estos verificadores que te dan ganas de ofrecerte tú también para ese menester.  No te falta tiempo, ni capacidad para observar y verificar. Hoy mismo has echado un vistazo al panorama y has verificado cómo un día tras otro el hombre sigue tropezando en la misma piedra. Los dramáticos sucesos de Kiev, Venezuela, Ceuta, Artur Mas con su consulta, contumaz como Mateo con la guitarra, el PSOE que se comporta con el PP como el PP lo hacía con el PSOE cuando era este el que gobernaba, otro político bajo sospecha por una cuenta en Suiza, la consabida  mano  negra persiguiendo al Barça por un quítame allá esa presunta chorizada, el presidente de Iberdrola lamentando que los españoles no le seamos lo bastante rentables…

Nada es demasiado estimulante. Así que escapas al campo y verificas que sigue lloviendo, pero que a pesar de eso las flores del almendro asoman tímidamente, y una pareja de carboneros tontea ya presagiando la primavera. Nadie te va a sacar en los telediarios por estas verificaciones, pero tampoco nadie te podrá negar buena voluntad.

La de Inés y otras webs pendientes

Inés hace fotos como ésta, que podría simbolizar el respeto y el cariño que guardas por ella

Inés hace fotos como ésta, que podría simbolizar el respeto y el cariño que guardas por ella

1

Es él, es él- piensas mientras algo dentro de ti se te encabrita- Su foto en esa revista que refleja y da lustre a la espuma de la vida no engaña. Es un hombre cargado de títulos nobiliarios y con un historial de amores y desamores que incluye a algunas de las mujeres más perseguidas por los paparazzi. Es propietario de grandes tierras y, como empieza a ser moda entre los emprendedores de sangre azul, ha bautizado con alguno de sus títulos a su vino más famoso. Es él –confirmas mientras lo ves con su catavinos entre las manos, mirando al horizonte con ese gesto de suficiencia y orgullo con el que probablemente contemplaba Felipe II aquel imperio sobre el que nunca llegaba a ponerse el sol-.

2

Tampoco se pone el sol sobre este tipo de personajes. Le siguen cayendo honores, consejos, patronazgos y, sobre todo, portadas y reportajes en el papel couché y los tabloides que sacian la curiosidad del pueblo. Pues ahora, además de su buen porte y su prosapia, es empresario vitivinícola. O sea, que seguramente creará algún puesto de trabajo y difundirá cultura. Neocultura, más bien, que quiere decir: a mí Pericles, Kant y toda esa panda me la refanfinflan, yo de lo que de verdad entiendo es de buena vida, del Gotha, de chataux-relais, de guapas con glamour, de restaurantes con muchas estrellas y de vinos como los míos. Échale al pueblo cotilleos de vecindona, mézclalo con estos contenidos y olvídate del rollo clásico, que ahora  lo que de verdad vende es la cultura (o incultura) de lo que entra por los agujeros  del body.

Pragmatismo inapelable el del señor marqués, hoy casi un héroe social por convertirse en productor de placer para el paladar. A tI eso no te parece mal. Lo que te rebela las tripas es lo que hace tiempo conociste por confesión directa de uno de los servidores de su tía. Acababa ésta de fallecer, dejando a él y a su hermano una considerable fortuna. No lo suficiente, al parecer, para que pudieran cumplir todas sus obligaciones.

-Es que desde que los señores recibieron la firma de su señora tía hace seis meses –te reveló compungido- a mi mujer y a mí que somos la que la hemos cuidado, no nos han pagado…

3

El día amanece tan oscuro y borrascoso que imaginas que va a aparecer por el camino ese coche de caballos de Drácula. Bajo un sombrero y un capote empapados de lluvia el pobre postillón fustiga a las bestias que galopan enfurecidas hacia el castillo propiedad del siniestro personaje. Dentro viaja el vampiro, el conde desalmado, el príncipe del mal que debe llegar a su guarida almenada para encerrarse en su ataúd antes de que termine de clarear. Entre nobles anda el juego. Relacionas a este con el susodicho marqués, y tú también te sientes vampirizado por el mal. Normalmente vas de bueno por la vida, crees que esa es la imagen que proyectas al exterior. Pero el recuerdo de estos personajes te ha inoculado el deseo de ser tú también malo, malísimo, perverso de solemnidad. Un malvado de nuestro tiempo, obsesionado, eso sí, con desenmascarar a todos los VIP a los que los medios jalean por el sólo hecho de ser guapos, lustrosos, postineros y capaces, por tanto, de vender lo que sea: vinos como el marqués o taparrabos como Cristiano Ronaldo.

-Ya está –decides- Lanzaré una web que sirva de guía de granujas ilustres. Superjetaspuntocom. Puntosfilipinospuntocom. Hipócritaspuntocom. Detestablespunto com. Chorizosperfumadospuntocom. Desconfíadeellospuntocom…

4

Tu brain storming particular termina ahí. De repente el viento cesa, las nubes se van evaporando y la mañana de ese 2014 recién estrenado se despeja en los aledaños de Gredos y se convierte en un espectáculo natural apacible, hermosísimo, limpio y esplendoroso. Sales al aire libre, te estiras, respiras profundamente el olor de tierra mojada y comprendes que en esas circunstancias es difícil convertirte en inquisidor. De repente, la veleta ha girado, y apunta en dirección contraria. Como si aún fueras personaje de un cuento de esa Navidad que se extingue, sientes ahora un irrefrenable deseo de ventear el nombre y los hechos de las personas buenas y positivas que te hacen la vida feliz, y cuyo ejemplo minimiza a los miserables. Y te propones destacarlo como guía para recordar que, aunque no todo el monte sea orégano moral, también hay mucha gente no famosa que  no sale en los papeles y es maravillosa.

5

Piensas en todos los que te han llamado, te han escrito, te han invitado y, de una forma o de otra, te han mimado porque les caes bien y para que sigas creyendo en la especie humana. Por ejemplo, en Ángeles, que ahora que casi nadie felicita por correo postal te ha mandado su christmas nada menos que desde Australia. O por poner otro ejemplo, en esa mujer casada y con cuatro hijos que trabajó contigo hace quince años y que aún te llama “jefe”. Tiene en su haber bastantes otros méritos morales, como el de haber soportado que los asesinos de ETA mataran a su padre cuando la llevaba al colegio y ser, pese a ello, treinta y tres años después, un tiovivo de sonrisas y una exportadora de felicidad. Pero además, desde que caíste malito, las mañanas de Navidad se presenta en tu casa para darte un par de besos y felicitarte con un regalo. Este 25 de diciembre te trajo un par de botellas de botellas de un magnífico reserva de Rioja –no el del marqués, ojoy un bizcocho de chocolate.

Cuando se fue, te ocurrió algo insólito. Te hiciste un café, quitaste al bizcocho su envuelta de celofán para peobarlo y tuviste que recordar el verso de Becquer: ya ves, yo soy un hombre y también lloro. Tus lágrimas no serían tan románticas como las del poeta, pero el hecho es que a ti también se te saltaron. Qué espectáculo, llorando como un niño ante un bizcocho de chocolate, tiene guasa la cosa.

Y pensaste que tendrías que implementar, como se dice ahora, muchas webs dedicadas a esos afectos que te apuntalan la vida. Graciasinéseresmidibilidadpuntocom para empezar la serie. Aunque no sabes si te quedará tiempo para cumplir con todas las webs pendientes.

Un 20 de octubre, por fin…

Este 20 de octubre ha traído sonrisas, lágrimas y arcadas...

1

Pepa había esperado ese día con una paciencia y un espíritu irreprochables. Ni siquiera ver a su marido asesinado por las pistolas de ETA  quebró su dignidad. Como tampoco su fe en que la especie humana es capaz de admitir sus errores y regenerarse de sus crímenes.

-Te prometo que, a pesar de todo, seguiré creyendo en la democracia, Chuchi -musitó entre lágrimas al antes de arrojar la  última rosa sobre su tumba.

Ese 20 de octubre podía ser el gran día. De una parte se anunciaba la muerte de Gadaffi, otro dictador, otro terrorista como los que le habían convertido en una viuda. De otra, a las pocas horas ETA, su tormento,  anunciaba el “cese definitivo de la actividad armada”.

-Qué alivio, Chuchi –le dijo al retrato que le miraba desde lo alto del televisor- El mundo es hoy un poco más respirable.

Y le sonreía mientras por sus mejillas se deslizaban dos lágrimas.

2

Pero al poco tiempo el propio televisor le ofreció el comunicado  de unos siniestros encapuchados.  Tras el esperado anuncio,  rendían homenaje a sus caídos y a sus presos, que tanto sufren, y reclamaban negociación a los gobiernos de España y Francia para solucionar “el conflicto”. Ni una palabra de recuerdo, ni una mísera disculpa a las familias de sus más de ochocientos cincuenta asesinaos. ¿Tienen enmienda los criminales? ¿Se puede seguir creyendo en la regeneración de canallas  así?

Y poco después, en las noticias internacionales, las imágenes del otro gran terrorista intentando zafarse de sus ejecutores y ya muerto a tiros y ensangrentado, ojo por ojo, diente por diente. El pueblo libio exigía ver a su sátrapa caído, y mostraban a Gadaffi semidesnudo sobre una manta como a los gladiadores muertos en el circo de Roma. Qué aleccionador: un cadáver ensangrentado, desgreñado y agujereado servido para saciar la sed de venganza de los patriotas libios. Y todo el mundo viendo el fabuloso programa doble.

Debería de haber sido un gran día para la gente de bien. Quizás de sonrisas, o de sonrisas y lágrimas. Qué cosas, sin embargo no fue exactamente así. Pepa no quiso aguarle la fiesta a nadie, ni menos poner barrotes entre las ruedas al optimismo oficial. Quizás fuera por  exceso de sensibilidad, pero a lo que ella sintió, sobre cualquier otra cosa, ese anhelado 20 de octubre sólo se le podía llamar arcadas.

Nos ponemos estupendos

Aún nos sacamos los mocos cuando conducimos y tenemos que parar en un semáforo rojo. Pero no hay duda de que nos estamos poniendo estupendos...

1

El disco se puso rojo, y Alicia aprovechó la pausa para observar a los demás automovilistas que se habían detenido a su alrededor. En una foto instantánea, a base de imaginación y con la única pista que daba su aspecto y la distinta calidad y cilindrada de sus vehículos, Alicia  había creído reconocer  a un alto ejecutivo, a un jefe de compras de de un supermercado, a un administrativo, a un jubilado, a dos estudiantes, a un carnicero, a un músico de jazz, a una secretaria, a un catedrático y a un musculitos de gimnasio.

No todos guardaban la misma compostura. Dos de los hombres hablaban, se supone que por el teléfono sin manos de su coche, uno se rascaba una ceja, la señora se miró al espejo de cortesía y se pasó el lápiz de labios, y uno de los presuntos estudiantes se manipulaba sus partes sin el menor pudor.

El resto se sacaba mocos con la mirada perdida.

-Con esa cara tan trascendente que ponen podrían aprovechar para filosofar-pensó Alicia- Pero no hay manera. Hasta los de los coches de lujo se entretienen en hacer albondiguillas.

2

Alicia era licenciada en derecho y económicas, y hablaba bien el inglés el francés y el italiano. También se desenvolvía en alemán. Sólo había conseguido sin embargo un contrato temporal como ayudante de la subdirección de marketing de una multinacional del automóvil. Viajaba en coche de empresa por la largueza de su director financiero, que le había conseguido un anticipo de tres mil euros para que comprara un utilitario de tercera mano y pudiera desplazarse diariamente a la oficina, a veintitres kilómetros del centro de la capital. El cascajo, coloradito y sin tapacubos, era literalmente un coche de empresa. Al menos hasta que Alicia devolviera el préstamo.

Pero eso no desanimaba a la joven trabajadora. Consciente de que hoy día las fábricas de automóviles compiten en ofrecer en todos sus modelos de lujo extras, muchos de los cuales ni se sabe para qué sirven ni se ponen en funcionamiento jamás, se había atrevido a mandar un memorando al departamento de diseño de la central en Alemania sugiriendo que incorporaran a la consola de mando de los coches un invento revolucionario e indispensable para el automovilista español que se le acababa de ocurrir.

3

El invento lo tituló: PROYECTO SNOTER.

Snot en inglés significa moco. Dado que el argot automovilístico está lleno de anglicismos y que además snoter sonaba (y nunca mejor dicho lo de sonar) más elegante que moquero, Alicia creía que un pequeño aspirador de secreciones nasales con terminal adaptada al tamaño de los orificios de la nariz podía evitar el penoso espectáculo de los conductores sacamocos y el deterioro de la imagen de marca de los coches que conducían.

-Bastará con que introduzcan la boquilla del aspirador en el orificio obstruido y aprieten un botón para que las molestias nasales desaparezcan en un instante- explicaba en su memorando- Así, en lugar de sacarse los mocos a dedo limpio (malo) o tocarse los cojones (peor aún), los conductores podrían aprovechar los discos rojos para liberarse de ese engorro nasal con la misma discreción y coquetería con la que, por ejemplo, perfilan sus labios  las señoras que cuidan su aspecto.

-Todo sea por nuestra imagen de marca –concluyó en su informe.

3

Un mes después de haber enviado su memorando,  los discos rojos que se interponían entre su casa y su oficina seguían dando diariamente el penoso espectáculo de los conductores sacamocos. En opinión de Alicia, la determinación de éstos era directamente proporcional al lujo de sus automóviles. A mejor marca y modelo de más alta gama, más aplomo y actitud desafiante se observaba en las maniobras digitales.

-Estos son mis mocos, ¿pasa algo?-parecían decir los conductores poderosos con su cochino gesto.

Lamentablemente, Alicia no había recibido de Alemania respuesta alguna a su proyecto. No es que la promocionaran de puesto, ni que le mejorasen un euro su sueldo miserable. Es que su propio jefe le había avisado de que estas iniciativas siempre iban directamente a la papelera de cualquier dirección que se precie.

-Ali, guapa –le dijo- Tú eres una chica lista, y si no me escuchara nadie te diría que estás buenísima. Pero lo del  PROYECTO SNOTER es una gilipollez. ¿Cómo le vamos a insinuar al comprador que es un maleducado y que se saca los mocos en el coche?

4

Un disco rojo más allá, y en el informativo que transmitía la radio de su cascajo coloradito, Alicia escuchó tres noticias que le dieron qué pensar. Una noticia hablaba de la gobernanza del consejo regulador de nosequé.

-Antes se decía gobierno, o gobernación. ¿Mola más la palabra gobernanza? ¿Tiene más estilo?

Eso no dejaba de ser una anécdota semántica con tufillo a eufemismo tonto . Pero las dos noticias siguientes eran menos frívolas. A Miguel Carcaño, confeso violador y asesino de Marta del Castillo al que se le debía empezar a juzgar hoy, no se le pudo tomar declaración por las hábiles maniobras dilatorias de sus abogados defensores. Pobre chico, no se vaya a quedar sin garantías. Y entretanto se inauguraba en San Sebastián un consejo de notables en materia de terrorismo para pedir a ETA que deje de matar, y a los gobiernos de España y de Francia que, si no les sirve de molestia, se pongan a hablar con los asesinos de ETA y arreglen los problemas pendientes. Mayormente los de sus presos, que como no tuvieron la suerte de morir, como sus víctimas, ahora se aburren mucho en las prisiones lejanas. Nuestra sociedad, que  de pura exquisitez moral se está poniendo tan estupenda como Max Estrella.

-Jó, qué sensibles somos -suspiró Alicia mientras se acordaba de aquel principio de in dubio pro reo que estudió en Derecho Penal- In dubio pro reo, in dubio pro getas, in dubio pro frescos…¿Como van a escuchar  lo que piense una chica como yo?

In dubio pro idiotas. Pero contentos, sabiéndonos estupendos.

Ecos de una Novena de Beethoven

Según algunos estudiosos del alma humana, resulta más fácil morirse si se ha cantado la Novena Sinfonía de Beethoven

1

En algún momento, Homper  creyó que su alma estaba en una sauna, abría sus poros a toda clase de sensaciones profundas y así se limpiaba sus impurezas. Notó que esa sobredosis emocional le abrumaba, le atornillaba al poder mágico que tiene la música.

-Gracias, Dios, por haber dado tanto talento a quien supo aprovecharlo.

Instantes después, en el segundo movimiento, se sentía volar. De repente su conciencia era un canguro que, dando saltos atrás a ritmo de marcha, recorría las vivencias más placenteras de su vida. ¿Cómo un arte sin soporte visual puede sugerir tal variedad de imágenes?

Llegaba el tercer tiempo de la sinfonía, el más íntimo y lírico. Y cuando después de un lento desarrollo del primer tema las violas enunciaban el segundo, el hombre concluyó que ese fraseo genial de Beethoven, repetido luego por la madera en otra tonalidad,  resumía en apenas medio minuto el sentido de su vida: la pregunta constante, la ansiedad de la belleza y de la armonía,  el amor siempre latente que, como las nubes, viene, va, se concentra, se disipa, reaparece. Se hace invisible y al cabo de unos días vuelve a dibujarse en el cielo. Y la certeza de no saber ni cómo interpretarlo ni qué pinta él en medio de tanto misterio que rodea al ser humano y que lleva también dentro de sí.

-Demasiado para el body, querido Ludwig.

2

Hasta que llegó el cuarto tiempo y Homper se puso de pie, porque era uno de los muchos voluntarios que tenía que cantar la celebérrima Oda a la alegría. Allí, parte del coro en el Auditorio Nacional, con una gran orquesta sinfónica y un director sensible y meticuloso llamado Janos Kovács que es titular de la Ópera de Budapest. Estaba obsesionado por no perder el compás, el resuello y una dicción en alemán medianamente decorosa. Pero aún así le quedó lucidez para agarrarse a las barbas del Creador y ver desde su ojo privilegiado lo pequeñito que con aquella música quedaba el mundo en la inmensidad del espacio. Tan azul, tan indefenso, tan contradictorio, tan injusto.

Y, sin embargo, precisamente en ese momento, y desde su insignificante punto de vista, tan grandioso, tan hermoso y tan capaz de seguir emitiendo destellos de inmensa felicidad.

3

Dos días, después, cuando aún no se habían apagado los ecos de esta Novena Sinfonía de Beethoven, la humanidad celebraba alborozada la desaparición de Bin Laden, y buena parte de España, también el frenazo inicial que el Tribunal Supremo ha puesto a las aspiraciones electorales de los amigos de ETA.

Sin embargo,  sigue la trifulca en todos los niveles.

Unos empiezan a decir que el difunto líder de Al Qaeda también hubiera merecido un juicio justo. Otros, que hay que pasar la bayeta definitivamente por los crímenes etarras para que el independentismo deje de ser el coñazo nacional. Homper, como es natural, sigue confuso y perplejo ante estos espinosos asuntos. Pero, aún a riesgo de parecer egoísta e irresponsable, confiesa que después de haber vivido la gran música dentro de ella,  le parecen temas menores. Chocante hablar de Beethoven para acabar en Julio Iglesias, pero, evidentemente, la vida sigue igual.

Meditando un lunes santo

Todo son preguntas. Y algunas veces, reacciones inesperadas...

1

Despierta Homper el lunes santo ante un bosque de pinos, encina y castaños que vierten hacia el valle, y un horizonte de montañas limpias que se alzan al otro lado del río que discurre por su lecho. Homper tiene un amigo que de vez en cuando se retira a este lugar, donde construyó una gran casa de campo. El amigo es un hombre pausado. De vez en cuando le invita a acompañarle y a no hacer otra cosa que lo propio de un monasterio para ejercicios espirituales laicos. Aquí se juntan los dos en plan Sócrates y Platón o como Tip y Coll, según se lo pide el cuerpo y el tenor más o menos caprichoso de las horas. Conversan mucho, repasan recuerdos de la lejana amistad que nació en la universidad, leen y pasean. Más él que el amigo, poco partidario de castigar al cuerpo con ejercicios exagerados.

El amigo no es madrugador, y Homper se sorprende del lujo que son unos maitines en solitario para escribir una sencilla meditación.

2

Él no se tiene por un gran filósofo. Sólo sabe sorprenderse por casi todo, especialmente por lo menos denso y significativo. Le complacen las oportunidades que ofrecen las pequeñeces de la vida. misma. Piensa, porque tampoco la mollera le sirve para cosas más útiles, pero no muy profundamente. Quisiera arreglar entuertos y reformar el mundo. Quisiera hacer cosas más útiles para los demás. Pero su pensamiento más sublime se le derrite como un helado de vainilla, y se va en un pispás sin haber germinado en nada. Luego va al blog y levanta acta de su curiosidad fugaz.

-Queridos lectores incautos-escribe-Hoy voy ahorrarle tiempo y esfuerzo intelectual a la humanidad. Porque tampoco tengo nada importante que deciros.

3

Antes de sentarse a escribir, escuchó por  la radio que ocho de cada diez españoles no se moverán de casa para disfrutar de las vacaciones de Semana Santa. La crisis.  Entre ésta y los días feriados, la actualidad se destensa, y, como en Navidad,  cunde la sensación de que hay que serenarse, aparcar las preocupaciones y ventilar el espíritu. Si no se le quiere buscar sentido a la pasión de Cristo, que es la que nos ha dado el asueto, se puede reposar y vaguear en el dolce far niente. A veces, oh sorpresa, en estos estados ya casi milagrosos uno acaba descubriendo recónditos rincones del alma. E incluso encontrándose a sí mismo.

En el monasterio laico del amigo hay  muchos libros, y el lujo un de un soberbio equipo musical que se extiende discretamente en altavoces camuflados por las distintas estancias. Hoy nos trae untema de Henry Purcell que toca a la flauta Alvaro Marías. Sobre este mismo tema Benjamín Britten compuso en el pasado siglo unas variaciones y fuga que tituló como Guía de Orquesta para Jóvenes,  una composición admirable que ilustra los sonidos de los distintos instrumentos integrados en una orquesta sinfónica. Muy recomendable para curiosos de la magia de la música, como era el propio Homper en su primera juventud.

-Gracias, música-reza calladamente en sus maitines-Por venir a aliviarnos a incluso en tiempos de zozobra.

4

Lamentablemente un blog acaba degenerando en un diario. Sostiene Homper que las personas de vida gris deberían de guardar recato ante la tentación de escribir sobre sí mismos.

-Eso es para tipos como Hemingway o la Mata Hari, que sí tenían algo interesante que contar.

Pero si la carne es débil, cómo no lo va a ser el ego. Admitida esta premisa, se pone en la piel de los pocos demás que haya por ahí y piensa que quien peine su blog estos días no querrá disquisiciones hegelianas, sino impresiones ligeras. Aunque sean sinceras. Por ejemplo, el periódico cuenta que uno de los etarras excarcelados apodado Gatza es recibido en su pueblo como un héroe. Lo muestra en el balcón de su casa alzando los brazos jubiloso, en ademán de victoria. Qué estimulante: le acompañan los papás, la esposa y la hijita, orgullosos de la criatura. Para ellos el chico es tan meritorio como  Alexander Fleming o Teresa de Calcuta, aunque haya matado o colaborado con los matarifes de personas que, como él, tenían padres, esposas e hijos.

5

Quiere parecer conciliador, demócrata y flemático, pero la noticia le revuelve las tripas. El próximo jueves será el día del amor fraterno, y la grandeza del cristiano es poner la otra mejilla, perdonar y olvidar. Pero hoy, incluso en este idílico ambiente, tan propicio a la meditación trascendente, no puede reprimir Homper un odio razonable hacia estos troitiños y compañía que, cumplida su condena, siguen apuñalando la memoria de los muertos que nos dejaron.

Por explicarse lo inexplicable, invoca las palabras de Cristo en la cruz.

Perdónales, Señor, porque no saben lo que hacen.

Y añade a continuación.

-Y a mí también, por derramar tanta bilis en un lunes santo tan plácido como este.  


Siluetas de RNE

Duendes suscritos:

Suscripción

Suscripción por email

Publicaciones:

PARAÍSO DE HOJALATA
Una Infancia de Hojalata

Ir directamente a

Blog Stats

  • 1,338,061 hits

A %d blogueros les gusta esto: